Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 58087 · de

Historia 58087 — capítulo 2

"Yo tengo un deseo, que interrumpe los de otros…

y esos otros seguramente desean también cosas

que impiden el deseo de alguien más…"

Aún estaban frescas las rosas sobre la tumba. Se inclinó para acomodarlas y de paso poner los claveles blancos que había llevado consigo; era un día frío. El polvo fino había dado una patina de pasado a la lápida blanca, pero no habían transcurrido ni siquiera dos semanas; era notoria la presencia de alguien más ahí hacía poco, quizá de la familia, quizá una antigua amiga. Suspiró mirando el nombre de nueva cuenta y leyó con calma otra vez, como si aún le costara trabajo comprender que era ella la que reposaba ahí. Volvió a leer y se fijó en el piso oscuro, memorizaba todo para después contarle a él cómo estaba la tumba.

Alicia Spinnet se inclinó un instante para tocar la fría piedra. Al levantarse, unas palabras le hormigueaban en los labios y aunque le parecía embarazoso hablarle, se resignó a charlar con una muerta.

-Lamento mucho que esto haya pasado, que estés aquí… habría jurado que ibas a tener una vida larga y feliz. -Pareció esperar una respuesta, pero no la hubo, tontamente creyó que el silencio esperaba más información. -No hemos sabido nada de Ron, nadie lo ha visto… Hermione fue a buscarlo a Grinmauld Place, pero ahí no estaba, tampoco hemos podido encontrarnos con tus padres o con tus hermanos, ninguno de nosotros ha podido hablar con ellos… sólo sabemos por otras personas lo que hacen… Ginny. -La llamó como si la tuviera sentada delante. -Ginny yo hubiera querido salvarte, juro que habría hecho lo que fuera para impedir que Ron te hiciera esto… si tú hubieras visto lo que pasó después…

La encontró vuelta hacia el piso, la cara a un lado y el brazo derecho en una posición por completo irrisible, no se atrevió a levantarla con premura, por el contrario, primero le revisó el rostro y pudo ver que tenía la nariz sangrante y la boca entreabierta; le quitó el cabello de la cara y escuchó los pasos a su espalda, era Pansy que contuvo una exclamación de espanto al verla y no pudo evitar dar un paso atrás acometida por el miedo.

-Voy a levantarla y me apareceré en San Mungo. -Parecía que más bien hablaba para sí mismo y no para Pansy, que atinó a tocarle la espalda para darle apoyo aunque no entendía lo que pasaba.

-¿No está muerta? -Preguntó con el ceño fruncido le parecía casi imposible que en toda esa palidez y cantidad de golpes quedara aún existencia, Neville pasó su brazo bajo el de Luna y la alzó poco a poco, mientras de debajo de ella, el pequeño Tambor maltrecho y tambaleante se presentaba ante ellos. -El conejo…

-No, no lo está. -La acomodó en sus brazos sin mirar a Pansy que no sabía si seguirlo, desapareció con un estallido y la Parkinson se quedó ahí, mirando al conejo que al fin cayó ante sus pies; alzó una ceja y se inclinó a levantarlo.

-¡Qué genial, ahora debo salvar conejos! -Tomó al animalito, que tenía un tacto acuoso e incómodo y pensando que estaba así de débil por causa de su ama, se apareció siguiendo a Longbottom en San Mungo.

Se le había quedado la boca abierta en el grito, aferrado como estaba a ese cuerpo helado no se había dejado mover y Hermione batallaba por sujetarlo y poder llevárselo de ahí; Oliver y Alicia miraban sobrecogidos y al fin optaron por ayudarle a separar al chico, no fue algo sencillo. Harry se negaba con todas las fuerzas que le quedaban, que increíblemente eran demasiadas, a separarse de Ginny, quien aún con los ojos abiertos clavados en el infinito, se había deshecho en sus brazos; Oliver tomó al moreno por la espalda, mientras Alicia y Hermione se hacían cargo de Ginny, pero Potter se negaba a cooperar y por cada tirón que daban de él, soltaba un nuevo gruñido de rabia y el llanto volvía a descender por su rostro, hasta empaparle la camisa, ya húmeda de sangre.

-Harry, suéltala… por favor. -Pidió Oliver susurrándole al oído, pero él desorbitó los ojos clavándolos en ella, en su rostro pecoso y seco; se aferró más, como se aferra un recién nacido a la vida y Hermione miró a Alicia suplicante, con tal cara de desesperación y pena que ella tragó saliva y se puso a llorar.

-Por favor, Harry. -Susurró ella también, pero él seguía empeñado en aferrarse a la muerte, porque la vida ya no le representaba sentido, no si miraba esos ojos abiertos como puertas inmensas, esperándolo.

-Harry… tenemos que llevarte a San Mungo, por favor. -Hermione apenas podía hablar entre los sollozos, pero su amigo no hizo caso; entonces Alicia cayó en la cuenta de que el hombre ante ella sólo miraba una cosa y eso era los ojos de Ginny, nerviosa y asustada, tendió la mano hacia el rostro de Ginny y con suavidad le cerró los ojos.

-Ginny. -El rostro de Harry se desencajó del todo, su boca tembló como convulsa, mientras un hilo denso de lágrimas le descendía por las mejillas, abrió la boca como para decir algo más y lo único que pudo emitir fue un sollozo denso y ronco que le erizó la piel a Oliver; Hermione dio un grito de pena y en ese momento, Potter perdió toda luz, las vivas y las muertas, y sin más se desvaneció por completo en brazos de Wood que sólo atinó a mirar a las dos mujeres que lo acompañaban.

Caminaba por Londres, manchado enteramente de sangre, la cara mirando al piso; algo de todo lo ocurrido antes no andaba bien, algo había salido mal, era el aroma de una persona, una que ya no debía siquiera expedir perfume. Con las manos en los bolsillos anduvo varias calles sin prestar atención a los pocos transeúntes que le miraban raro, al llegar a una esquina alzó la cara al cielo y volvió a sentir ese olor, se desapareció sin siquiera ocuparse de las miradas de muggles y llegó al sitio del que venía esa sensación. Un departamento cerrado y solo en la parte sur de Liverpool, un departamento cuya puerta estaba cerrada desde hacía mucho; pasó los dedos por la superficie de los muebles, dejando dos caminos entre la capa de polvo sobre ellos, entonces lo vio, era una fotografía de los dos habitantes de esa casa.

A él lo reconoció como Viktor Krum, a ella como Cho Chang y ya no tuvo duda alguna; inclinó la cabeza a un lado y se tomó el tiempo de apreciar bien la foto, esos dos eran el uno para el otro y sin embargo, él había muerto hacía tiempo y ella, no estaba muy lejos de hacer lo mismo.

-Así que ella acudió a Ginny en el último momento… -Sonrió alzando una ceja, y tomando el portarretratos en su mano, soltó incluso el intento de una risa que apenas se escuchó como un golpe de aire salido de su nariz. -… hay que castigar al que acude a interrumpir un sueño de muerte. -Dejó la foto en su sitio y volvió a desaparecer, el rastro del perfume, que ahora sabía era de Ginny mezclado con el de Cho, lo guió a San Mungo.

Recargado en el muro miraba a esas figuras en el otro techo, oculto por las sombras que lo rodeaban le era del todo posible apreciar cada movimiento, desde los gritos, hasta los sacudimientos y ahora, veía con cierta mueca de desagrado, cómo dos sujetaban al vivo, mientras sólo uno se encargaba del muerto; era terrible, ella había abandonado el mundo y seguramente era la que más ayuda necesitaba, era la desconsolada, la engañada y sin embargo, sólo una persona le tomaba en brazos.

Frunció el ceño recordando la última vez que la había visto, entonces le parecía tan bella; Ginebra Weasley era una mujer asombrosamente bella, aunque muchos le reclamaran por expresarse así de una traidora. Él no la sentía traidora, él la sentía hermosa. Sonrió de mala gana, pensando en que en otro momento, bajo otras circunstancias, habría metido las manos para defenderla; ahora habría significado suicidio.

-Nunca he entendido la manía de la gente por mirar la pena ajena. -Murmuró Lavender arrodillada a la orilla del edificio mirando hacia ellos también, Blaise abandonó sus pensamientos y se volvió, sonrió, era muy hermosa. -¿No deberíamos estar más bien buscando a Ron?

-Padma dijo que debíamos venir a mirar esto, por eso estamos aquí, aunque tampoco a mí me complazca. -Admitió ignorando la pregunta sobre Ron, Lavender comprendió que lo dejara ir de largo, no sentía simpatía por el pelirrojo.

-Es tan extraño… sé que no vimos nada de lo ocurrido y sé que de haberlo visto tampoco hubiera hecho nada, pero… -Lavender tragó saliva con dureza y se volvió a Blaise. -… pese a todo, eran de mi casa.

-Es comprensible. -Blaise le sonrió y cuando ella se levantó para ir a ponerse a su lado, le permitió acercarse más de lo que esperaba y la sintió apoyar su cabeza en su hombro izquierdo; pensaban los dos en cosas muy distintas, él en esa hermosa chica muerta ahí abajo, ella en ese guapo hombre en algún lado, cuando una sombra se apareció ante ellos.

-¿Voyerismo? -Draco sonreía con la cabeza inclinada hacia el sitio donde ellos también miraban.

-Para nada. -Dijeron los dos a coro con un tono irónico; entonces Lavender se fijó en que el pantalón de Draco estaba manchado y escurría.

-¿Dónde estabas? -Preguntó mirándolo con fijeza, él fue a sentarse en una respiración del edificio y sacó un cigarrillo con calma.

-Fui por ahí. -Murmuró viendo a las cuatro figuras allá abajo, distinguió perfectamente a Hermione que lloraba al lado de Ginny y a Alicia ayudándole al ex capitán de quidditch a sostener a Harry, entonces un hombre apareció con ellos, hizo una inclinación y dialogaron un poco; para cuando Draco tiró el primer resto de ceniza de su cigarrillo, Granger, Wood y Potter ya habían desaparecido, mientras Spinnet y el otro sujeto, esperaban un momento, antes de marcharse con el cuerpo de Weasley y dejar el lugar como si nada hubiera pasado.

Se apareció en la recepción del hospital y de inmediato una horda de gente lo rodeó, empujándolo sin misericordia mientras luchaba por sostener de la mejor forma a su amiga, pronto a su lado apareció Pansy y sus ojos desorbitados le informaron que estaba tan asustada como él; lucharon por desplazarse hasta una enfermera que con una lista intentaba organizar a la gente que clamaba por ayuda, atención o información, pero por cada paso que daban, la muchedumbre los regresaba tres. Desesperado porque ahora veía la sangre de Luna correr desde su rostro hasta caer al piso, hizo esfuerzos sobrehumanos por deshacerse de la gente, mientras Pansy aferrada con sus dedos delgados a su camisa, intentaba avanzar a costa de serle un lastre; ante la enfermera, que impresionado reconoció como Madame Pomfrey, le salió la voz como un chillido.

-¡Por favor, necesito ayuda! -Clamó. La mujer al reconocerlo se acercó apenas lo posible y al mirar a la herida palideció.

-Señor Longbottom, es imposible atenderla debe llevarla a otro sitio. -Aseguró a voz en cuello y Pansy a su espalda empujó a una mujer que llevaba un niño llorando.

-Pero está mal herida… ¡No soportará más tiempo! -Arremetió al darse cuenta que Tambor entre sus brazos se iba haciendo cada vez más difuso.

-Lo lamento, estamos llenos, el ataque a Hogsmeade ha sido terrible. -Neville frunció el ceño preocupado por saber eso, pero convencido de que Luna no soportaría más, la aferró con fuerza y se volvió a Pansy, al tiempo que Pomfrey lanzaba un par de hechizos sobre la rubia que lo asustaron. -He impedido que se desangre más, y he reducido su ritmo cardiaco para que no gaste energías, ¡de prisa!, que no tiene mucho tiempo. -Ordenó mirándolo a los ojos con autoridad y Neville asintió mientras tomando de la muñeca a Pansy, daba unos pasos lejos de la enfermera para luego desaparecerse.

-Hay que llevarlo a San Mungo. -Dijo Oliver en medio del silencio sepulcral en que el desmayo de Harry y los ojos cerrados de Ginny les habían sumergido, Hermione estaba confusa, tomada del cuerpo de su amiga con fuerza, llorando en silencio mientras su mirada temblorosa intentaba aclarar lo que veía.

-Démonos prisa. -Alicia puso su mano débil en el hombro de la castaña, que se atragantaba de tanto llorar, entonces alguien se apareció ante ellos, un hombre del Ministerio al que habían visto al llegar a buscar a Pavarti.

-No deben ir a San Mungo, la señorita Patil los espera en el Departamento de Misterios. -Exclamó con voz autoritaria y ellos le miraron desconfiados y dispuestos a atacarle, entonces lo escucharon.

-San Mungo está lleno, ha habido un ataque en Hogsmeade en que se vieron involucrados alumnos de Hogwarts y profesores, deben venir conmigo. -La voz de Pavarti sonaba directo a sus mentes y aunque en principio les sorprendió al poco se habían acostumbrado.

-Él necesita un sanador. -Alicia miraba al cielo, como si sobre ella pudiera estar Pavarti esperando a que le hablara.

-Tengo aquí a los mejores, dense prisa, Harry no debe morir. -Oliver miró a Alicia que asintió, se dispuso a desaparecerse con él cuando Pavarti volvió a hablar. -Alicia, tú vienes con el cuerpo de Ginny… Oliver, tú y Hermione traigan a Harry. -La voz de Pavarti no era dura, tampoco estaba siendo autoritaria, por el contrario, parecía incluso tan dolida por todo como ellos; Hermione apartó su rostro de Ginny y comprendió lo que Pavarti quería, en ausencia de Ron y de Ginny, era ella lo único que le quedaba a Harry, ella debía estar con él.

-Está bien. -Miró a Alicia dejándole el cuerpo de Ginny y fue hasta Oliver, él la sujetó de la mano y desaparecieron los dos camino a buscar salvar la vida de Harry.

-Lo lamento. -Murmuró el hombre cuando hubieron desaparecido ellos y al ver que Alicia miraba con profundo pesar el cuerpo de Ginny, ella atinó a asentir en forma de agradecimiento e inclinándose le quitó el cabello a la chica de la frente y le sonrió.

-Espero… que ahora estés mejor. -No pudo evitar llorar al decirle eso, luego se fue con el enviado de Pavarti.

Los pasillos estaban atestados y los que le miraban no lo reconocían, porque Ronald Weasley no era moreno y tampoco caminaba tan erguido, nadie le reconoció, nadie le dijo nada; entró en la que había sido habitación de Cho y la encontró ocupada por cinco niños que padecían quemaduras terribles, con el ceño fruncido, vio cómo los sanadores luchaban por curarles, igual que a sus madres acometidas por el llanto. El aroma de Cho estaba ahí impregnado, pero ella no estaba y decidió marcharse y seguir buscando ese perfume en otro lado; mientras andaba por el pasillo camino a la salida, una niña pequeña de cabellos rubios y ojos verdes se atravesó en su camino, persiguiendo una pelota.

La chiquilla chocó contra su pierna derecha por no ir viendo su camino y cuando volvió su cara pecosa y linda hacia él, la sonrisa en sus labios era franca y sincera, ella por el contrario, se espantó.

-¡Está herido! -Dijo dando un salto hacia él, como para alcanzarle el rostro, Ron arrugó la frente y se inclinó para que pudiera tocarlo. -Debe ver al sanador.

-¿Tú crees? -Preguntó sonriente, dejándose tocar, ella le buscaba heridas.

-Sí, porque usted no quiere morir, ¿verdad? -La niña le miraba a los ojos con intensidad, mientras su boca formaba una sonrisa tierna; él rió y le acarició la mejilla.

-No linda… nadie desea morir. -Aceptó inclinando la cabeza. -Por eso, tú debes tener mucho cuidado… ¿de acuerdo? -La pequeña le miró con cierta confusión, pero aludió aquellas palabras a una recomendación clásica de adulto a niño, como cuando mamá dice todo el tiempo "cuidado".

-Sí, lo tendré. -Aseguró abrazándolo, le parecía un hombre hermoso y bueno.

-Muy bien, ahora ve con mamá y no la dejes sola. -Recomendó poniéndole la mano en la cabeza, ella se despidió con una mueca y la vio perderse por otro pasillo. -Porque si le toca la mala suerte de morirse, al menos estará contigo. -Se irguió cuan alto era y con las manos en los bolsillos abandonó el hospital, sin que nadie lo notara.

-¡Un médico, por favor un médico! -Neville entró corriendo luego de aparecerse en la calle a un hospital muggle cualquiera, Pansy ofuscada le seguía con el ceño fruncido, mientras unas enfermeras corrían a atenderlo.

-¡Por aquí, venga por aquí!

-Estás loco, son muggles, ¡la matarán! -Aseguró ignorando a las enfermeras que guiaban al hombre hasta una camilla, para luego salir corriendo por el pasillo, acompañadas de un hombre con algo raro colgándole del cuello.

-Necesito un quirófano, llamen a un traumatólogo, de prisa.

-Si es lo único a mano, voy a tomarlo… no me importa quién la salve, mientras la salve. -Se le quedó mirando un momento y luego echaron a correr siguiendo la camilla, Pansy con los brazos frente al pecho, como si cargara algo, o eso pensaban las enfermeras del lugar.

-Esto es estúpido, debimos ir a otro lugar… a un sitio con sanadores calificados. -Pansy miraba a Tambor que era casi tan transparente que podía ver sus manos a través de él.

-No hay tiempo, es el único sitio que conozco… además, la tratarán bien, aquí se atiende la familia de Hermione. -Se paraba en puntillas intentando ver por la ventanilla de la puerta que no les habían permitido cruzar. -Vete al Ministerio, ve a ver a Pavarti, quiero saber qué pasó con Harry, Ron y Ginny… anda Pansy, corre. -Le pidió desesperado y confusa, no supo si enojarse porque le ordenara o hacerle caso.

-¿Y qué hago con él? -Preguntó como para zanjar su primer titubeo y Neville miró a Tambor preocupado.

-Aquí no puede estar, nadie lo ve de todas formas, llévatelo, Pavarti puede cuidarlo un rato. -Neville se escabulló cuando una enfermera entró a la zona de urgencias y Pansy, sola en un sitio por completo desacorde a ella, salió a la calle molesta, buscó un callejón y fue directo al Ministerio.

Temblaba tanto que le castañeaban los dientes. Los sanadores atendían a Harry de la mejor forma posible y sin embargo, no habían dado muchas esperanzas; la sangre perdida les hacía creer que era un milagro que continuara con vida, pero lo que más les preocupaba, era su estado anímico. El pasillo era oscuro y no le costó trabajo saber que todo era nuevo, había sido creado por magia como si alguien en el Ministerio supiera que todo eso iban a pasar; parecía como si alguien confabulara en su contra, como si desde mucho tiempo antes se supiera que esto podría pasar. Alguien sabía.

Se frotaba los brazos con las manos entumidas, cada parpadeo era volver a verlo a él, su novio, arrancando la espada con que había matado a su hermana y dejado agónico a su mejor amigo; otra vez llorando desconsolada pegó su cara al cristal de la ventana junto a la que estaba de pie como esperando, dio un berrido de dolor y sacudió la cara negando que todo aquello fuera cierto. Empezaba a no creer en nada y eso iba contra todos los años que tenía ya en ese mundo, de niña había soñado con hadas, con magos, con magia; cuando la magia le apareció en las manos, cuando la magia la rodeó se sintió la niña más afortunada del mundo; en la adolescencia lamentó muchas veces tener magia, porque ella sólo traía peligro para los que amaba y pena para ella. Adulta, la magia le escupía en la cara. A él, la magia no le había servido de nada.

-Dios… mató a su hermana, casi mata al único hombre al que le habría confiado su vida… Dios mío, Ron, ¿por qué?, no tiene sentido, ¡No es posible!... si yo hubiera estado con él…

-No habrías podido hacer nada y estarías muerta. -Pavarti a su lado le miraba compungida, Hermione alzó la cara para verla de frente, pero no tenía sino reproches para ella y prefirió callar; nada tenía sentido, sabía que desde mucho antes de lo que pensaba las cosas se habían acomodado para que terminaran así, los sueños de todos, los sucesos del estadio, las acciones extrañas que habían llevado a Ginny huir de su hermano y luego, eso que Ron no sabía reconocer dentro de sí mismo, todo parecía estar desde un principio planeado y Pavarti, algo tenía que ver en todo. -Envié a alguien a traer la espada, ya está guardada… no sabemos nada de Pansy, Neville o Luna. -Quiso contestarle lo que tenía en la cabeza, soltarle de un golpe que sospechaba de ella, pero en lugar de eso, se volvió al tema que Pavarti planteaba.

-Luna llegó antes que nosotros y creo que Ron la hirió, Neville fue a ayudarla y ya no supe más… yo me concentré en Harry y en… -No pudo decir el nombre de Ginny, no pudo siquiera hacer la referencia a que estaba muerta, no se atrevía a decirlo, porque de hacer algo así, lo volvería más real. -… ¿dónde está Oliver? -Preguntó para cambiar de tema un poco, Pavarti miraba fijo hacia donde tenían a Harry, si él moría, si perdían esa vida, la vida del Guardián, todo se iría al caño, nada quedaría, nada tendría sentido.

-Con Ginny, están organizando a alguien para que le avise a la familia. -Pavarti fue hasta la puerta de cristal que las separaba de Harry, para darle tiempo a Hermione de derrumbarse sin ser vista, no era grato ver a la mujer más fuerte e inteligente que conocía, irse hecha trizas al suelo, acometida por la verdad; la castaña se dejó caer a lo largo del muro y quedó sentada con la espalda rígida, pegada a la pared, los ojos desorbitados temblorosos, paseándose de lado a lado en el piso delante de ella, abrió la boca para decir algo, pero nada salió, no era capaz de enlazar sus ideas con sus sentimientos, se llevó la mano al pecho comprendiendo lo que tanto le dolía.

-Molly. -Masculló sintiendo un dolor inmenso en la garganta, un dolor que la hizo llorar sin darse cuenta apenas, las lágrimas le descendían por las mejillas como un caudal que le empapaba la blusa.

-No podrás acercarte a ellos, los Weasley están ahora prohibidos para nosotros, no podemos ni verlos, ni hablarles, se han vuelto algo lejano. -Pavarti veía cómo luchaban por salvar a Harry, los destellos azulosos de los conjuros, los frascos de pociones que se iban vaciando sin parar; sabía que iba a vivir ahora que estaba ahí, pero no sabía cómo lo harían regresar del infierno en que Ron lo había sumergido, era igual a verlo morirse poco a poco; la impotencia le abordó como un golpe de viento helado y tuvo que poner las manos en el vidrio frente a ella, para no terminar decayendo en ese sueño en que veía a Harry llorándole al cadáver putrefacto de Ginny.

-¿Cómo que no podré verlos? -Hermione le miraba ansiando que se volviera, pero ella no lo hizo, se aferró a la vista de la vida atraída de nuevo a la tierra por el poder de la magia y de la razón; eso era ya lo único que les quedaba, la magia y la razón, la fe y quizá el amor que los unía, era todo lo que tenían para intentar salvar un mundo que parecía escurrírseles de las manos.

-El conjuro que Ginny lanzó para protegerlos de Ron, los hace incontrables para nosotros también, todo aquél que ponga en riesgo a un Weasley, no podrá acercársele… es el poder de la sangre de Ginny, magia antigua muy poderosa, casi equivalente al hechizo que protegía en su momento a Harry de Voldemort. -Hermione desorbitó los ojos y se abrazó las rodillas intentando comprender las dimensiones de las cosas, apoyó la mejilla en su rodilla y frunció el ceño entre un llanto casi abandonado, inerte de tan natural que se le había vuelto.

-Se está acabando el mundo. -Masculló escuchando pasos, era Pansy que venía apresurada al lado de Alicia y Oliver, cuando la Slytherin vio a Hermione frunció el ceño y tragó saliva; Hermione esperó un aguijonazo, pero no pasó, Pansy miró a otro lado como buscando no herirla más; Oliver y Alicia al ver a través del cristal a los sanadores y a Harry, se fueron de inmediato a mirar más, preocupados por lo que le pasaba al chico.

-No, Hermione… esto es apenas el comienzo. -La voz de Pavarti sonaba partida y hueca, la castaña gimió y siguió llorando, Pansy se cruzó de brazos y miró por la ventana tras de Hermione, afuera llovía.

El aroma lo llevó a esa construcción casi mal hecha al final de la colina, en la puerta ya alguien le esperaba, era Padma, que sonreía emocionada; sonrió también al verla y como si fuera lo más ansiado de su vida, la chica corrió hasta él y se le tiró al cuello, a abrazarle emocionada, mientras él con los ojos abiertos y una sonrisa, murmuraba.

-¿Te gusta mi infierno, verdad? -Padma sonrió de lado y recordó aquél sueño, lo apretó más contra su pecho y luego le susurró al oído.

-Quizá más de lo que debiera. -Confesó con una mirada encantadora, que él ignoró por ver dentro de la casa, donde Cormac esperaba.

-Cho. -Exclamó mirando a Padma que asintió dejándolo pasar, Ron entró ignorando a McLaggen que le seguía paso a paso, sorprendido por verlo tan distinto y fue hasta la sala donde Cho reposaba en un sillón.

-¿Qué intenta? -Preguntó Cormac a Padma cuando la tuvo cerca, mientras un "plop" anunciaba la llegada de Draco, Blaise y Lavender.

-Déjalo hacer. -Comentó ella como quitándole importancia, Ron se inclinó al lado de Cho y tras mirarla un momento con fijeza, la sujetó del cuello alzándola.

-¡Carajo! -Fue lo único que salió de la garganta de Draco al ver cómo Ron zarandeaba a Cho que pendía de su mano, Cormac echó a andar hasta él pero Padma se interpuso conteniéndolo.

-¿Qué haces? -Cormac quiso hacerla a un lado, pero ella se aferró sin dejar de mirar a Ron.

-Tú viste su sueño de muerte, tú acudiste a su llamado… -Ron miraba a Cho que se ponía poco a poco morada, pero seguía con los ojos cerrados. -… ¿por qué fuiste?

-¡Ella no puede contestarte! -Clamó Lavender desconcertada, Blaise sacó su varita mientras Draco fruncía el ceño; entonces todo alrededor de ellos cambió y se vieron en un sitio azul cuyo suelo de agua los reflejaba.

-¿Qué pasó? -Blaise miraba a todos lados sin saber qué ocurría.

-Estamos en un sueño de Cho. -Murmuró Padma arrugando más la frente, sintiendo un hueco en el estómago.

-Me necesitaba. -Cho tenía los ojos abiertos y Ron la sostenía todavía, asfixiándola, todos los demás guardaron silencio, acometidos por la sorpresa de ver el poder que ahora ostentaba la oriental.

-¿Para qué? -Preguntó bajándola al piso, Cho se quedó de pie ante Ron, la frente en alto y la mirada seria, Cormac quiso acercarse ya sin afán de atacar a Ron, pero Padma continuó impidiéndoselo.

-Tenía un mensaje para ti y para Harry. -Contestó y Ron frunció el ceño y alzó una ceja, Lavender se volvió a Draco que miraba todo a su alrededor.

-¿Qué mensaje? -Cho se acercó y parándose de puntillas, le susurró al oído algo que ninguno de los demás pudo escuchar; al alejarse de él, Ron tenía la cara seria y pensativa, sus ojos estaban brillantes y su boca formaba una línea casi difuminada del todo en su rostro pálido. -Ginny, sólo era una niña con muchos sueños.

-Sí… quizá así sea. -Comentó Cho y se alejó caminando hasta que fue tan pequeña que la perdieron de vista. -Pero también puede ser que ella, como yo, haya visto más que sólo un sueño. -Ron la miró alejarse sin atreverse a seguirla, aunque ahora una sonrisa le poblaba la cara, entonces fue como salir de un dibujo y se encontraron en la misma sala de antes, con Ron pensativo y Cho recostada en su sitio.

-Todo aquí es una locura. -Atinó a decir Draco, antes de subir las escaleras.

-Ahora hay que esperar. -Comentó Padma, Ron se sentó frente al sillón de Cho a mirar al vacío, los otros no sabían si seguir con su vida o no.

… Harry, él… -Alicia miró hacia la salida del cementerio, alguien venía a visitarla y ella no debía ser vista ahí, nadie debía saber de su presencia ahí. -… tú sabes mejor que yo las cosas. -Concluyó preparándose para irse, hizo una inclinación y se despidió con una sonrisa; entonces volvió al Ministerio, donde Oliver debía estarle esperando.

-Con cuidado, con cuidado. -Repetía como hablándole a una niña pequeña, sólo que inquieta y locuaz; cuando al fin pudieron bajar el último escalón, sonrió tranquila y la guió hasta la silla que la esperaba.

-Es asombroso lo que pueden hacer los muggles, esto es duro… y pesa mucho, pero cura igual que una poción. -Luna parecía emocionada de andar por ahí con su yeso, firmado por todos y cada uno de los miembros del hospital. -Cuando me lo quiten, lo voy a guardar en casa de papá.

-No sería mala idea. -Acepto Hermione viéndola con una sonrisa de complacencia, una semana en terapia intensiva había sido tan estresante como saberla agónica, poco a poco se las habían ingeniado para darle pociones a escondidas hasta que los muggles resolvieron que era un milagro médico y que su evolución era tan favorable que podía marcharse a casa, con ella en el Ministerio, donde prácticamente ya vivían, la respiración de Hermione no sólo era más tranquila, sino además más segura.

-Quiero verlo Hermione. -Pidió sonriendo, convencida en absoluto de que no estaba tan mal como decían; la castaña le miraba fijo y recordaba a Ginny, frunció el ceño y miró a otro lado, porque las ganas de llorar no la dejaban pensar bien. -Ella está bien… ya no sufre. -Aseguró la rubia aunque sus ojos se pusieron nebulosos y no fue difícil para Hermione saber que le dolía igual o más que a ella.

-Lo sé. -Admitió desconsolada y se llevó dos dedos al tabique de la nariz para contener la emoción, entonces se volvió a ver a Luna y sonriendo con tristeza tragó saliva arrugando los labios y dijo con voz cortada. -Estaba tan preocupada por ti. -Luna desorbitó los ojos y frunció el ceño. -No sé qué haría si pierdo a otro de ustedes.

-Vivirías Hermione, eso es lo que harías… -Luna le tomó la mano con fuerza y le sonrió. -… vamos, llévame a ver a Harry. -Pidió casi saltando en su asiento.

-Primero hay algo que debes hacer. -Seamus apareció ahí a su lado, seguido por Tambor que corrió a ver a su ama quien lo colmó de besos y caricias, el chico le entregó a Hermione varios frascos de pociones y se dispusieron a curar por completo a Luna.

-¿Es normal que no haga nada? -Preguntó con cara de pocos amigos, Lavender estaba leyendo las cartas de Tarot otra vez, Padma asintió débilmente y a él no le quedó más que suspirar de nueva cuenta cansado de esa situación; sentado ante Cho que como siempre dormía o parecía hacerlo, Ron esperaba, mirando casi todo el tiempo al vacío no se había movido de ese lugar más que para ausentarse de pronto, seguía sin hablarle a nadie, sin hacer nada más allá de mirarlos fijo, con una espantosa sonrisa de secretismo, como si él supiera más de lo que ellos mismos podían creer.

-No sé si sea normal, lo que sé es que debemos dejarlo tranquilo… su energía es tan… -Padma se estremeció y la sonrisa que desde el día de la muerte de Ginny y la llegada de Ron le pobló la cara llenándola de una apariencia loca, desapareció por completo dándole paso a una mueca de confusión y pánico que a Blaise le causó desconcierto. -… fría. -Concluyó respirando profundo, luego se volvió a la mesa y tomó su taza de té como si no dijera nada importante, sonriendo incluso de ver a Lavender tan distraída en las cartas.

-Eso debería preocuparte más, Padma, no sabemos cómo vaya a reaccionar. -Blaise fue hasta Lavender y miró por sobre su hombro las cartas, ella le tocó la mano y sonrió. -A mí no me da confianza que sea tan ajeno a todo, que sea tan inhumano. -Lavender apoyó su cabeza en la mano tibia de Blaise como para decirle que el tacto le agradaba, aunque por dentro no estaba muy de acuerdo con sus palabras; ella había comenzado a sentir una atracción fiera y más profunda que antes por Ron, era casi la obsesión de poseerlo y ese aire de ajeno, incrementaba en ella la idea de que seguramente tarde o temprano lograría obtenerlo.

-Por el contrario, es lo mejor que puede pasar… si fuera más como el antiguo Ron, deberíamos preocuparnos, ahora no es que no haga nada, es que está buscando lo que debemos hacer… él sabe lo que sigue y nos dirá cuando tenga que hacerlo. -Aseguro mirándolo de reojo, Ron se acomodó por quinta ocasión en el sillón y quizá cansado de la misma posición, se puso de pie y se dispuso a salir, la quinta salida en lo que iba de la semana.

-El temblor de 11.5 que sacudió la placa del Caribe y la de Cocos, causó terribles daños en México y la zona sur de los Estados Unidos… aún se desconoce el número de víctimas mortales en los estados de Guerrero y Oaxaca y se ha perdido todo contacto con más de la mitad de la Ciudad de México, las autoridades han mencionado que se teme sea una catástrofe de dimensiones históricas, con un número de víctimas mayor a lo antes visto… por ahora la alerta de Tsunami se ha extendido por las costas del Pacifico, mientras olas de tremendas dimensiones atacan a Guatemala, El Salvador y Costa Rica; países del Cono Sur como Chile y Perú, buscan prevenir a sus habitantes de la zona costera… se teme que las réplicas del terremoto afecten…

Apagó la radio antes de escuchar más, no quería saber de lo que pasaba en el mundo, no quería saber de más muertes, de más dolor, de más pena; se volvió a la puerta de la habitación contigua, era el cuarto en que Katie tenía puesta la cuna de Danielle, su hija tenía dos semanas de nacida y era hermosa, sus ojos vivos se le quedaban viendo como si él fuera lo más importante del mundo, él era su mundo. Y ellas el de él.

-No has dormido bien, Oliver. -Susurró Katie mirándolo desde la puerta, se volvió a mirarla un tanto confundido, al fin pudo sonreír y contestarle algo coherente.

-Es el trabajo en la oficina, las publicaciones decaen un poco, nos quitan espacio de página las alusiones a las tragedias muggles. -Katie fue a sentarse a su lado, él la abrazó con fuerza soltando un suspiro, en su cabeza, Pavarti llamaba con urgencia, quizá ya sabía qué hacer, tendría que irse pronto, pero no quería alejarse de su esposa todavía. -Hay cosas que me preocupan. -Murmuró como para decirle al menos un poco.

-No te preocupes, las cosas empeoran un poco sólo para volver a mejorar, tú lo sabes amor. -Katie le besó la frente mirando hacia la habitación de su hija, era tan feliz en ese momento, con Danielle durmiendo plácidamente y su amado esposo abrazándola con vehemencia por la cintura, Katie no tenía por qué darse cuenta que por el rostro de su esposo, por el rostro del Guardián, una lágrima rodaba.

-Deben encontrar los Sellos, deben encontrar la forma de fundirse con ellos… ha llegado el momento. -Pavarti no las miraba, veía a ese hombre sobre la cama ataviado con un pijama verde, sentado rígido contra la cabecera, metido entre sábanas blancas, que como velos, inundaban el lecho en que, perdido en sueños, se negaba a encontrarse con esos siete sujetos alrededor de su cama.

-No te entiendo. -Atajó Alicia con la barbilla alzada, sin siquiera notar que Luna a su lado, sonreía como si ella sí lo supiera todo.

-¿Qué quieres decir con Sellos?, ¿Por qué no te explicas? -Hermione estaba impacientada, sentada en la esquina de la cama, tenía puesta su mano derecha sobre el pie izquierdo de Harry bajo la manta; Neville frunció el ceño sin decir más nada y miró de reojo a Oliver que en la puerta, miraba el piso sin parecer afectado al menos.

-Los Sellos son lugares del mundo, siete lugares del mundo con una relevancia mágica indispensable para la tierra… de esos siete lugares, depende la estabilidad mágica del mundo, ustedes deben encontrarlos, conectarse con ellos y protegerlos, antes que los Mensajeros los localicen y destruyan. -Pavarti tragó saliva intentando aclarar ideas, Pansy soltó una risilla que sacó a Luna de su contemplación de las orejas de Tambor sobre su regazo.

-Ahora resulta que tú nos das clases… que tú lo sabes todo. -Murmuró sin intención de ser oída, Hermione le miró un instante mas no con ira, sino sólo con complacencia, algo le veía de bueno a su actitud.

-Yo lo sé. -Pavarti no miró a Pansy pero el tono de su voz bastó para que todos sintieran un dejo de autoridad casi pasmoso, entonces Neville dio un paso al frente, acercándose a Alicia que miraba a Harry sin poder dejar de sentir atracción por esos ojos fijos en el vacío y esos brazos extendidos y doblados como congelados ante su cuerpo; Neville dudó un poco antes de poder decir algo coherente.

-Por eso nos llamas Guardianes… entonces, es lo que tenemos que hacer, proteger un lugar. -Oliver alzó la cara para mirar a Pavarti, clavarle los ojos en la nuca a la espera de una respuesta, si era que debía marcharse y proteger un sitio, ¿qué pasaría con su esposa e hija?

-No, sólo deben ir ahí una vez, conectarse con el sitio y hacer una unión entre él y su deseo más profundo… donde esté su deseo, estará su amor y con ello, su poder para salvar al mundo. -Pavarti veía cosas en su mente, las mismas de los últimos sueños que no la dejaban descansar y la consumían, sombras de lugares, de personas, de sucesos; entre todo, las luces, las siete luces de las siete estrellas, de los siete Guardianes. -Sólo con el amor y con su deseo, serán capaces de resistir esta guerra, es una batalla de resistencia, mientras tengan su deseo, tendrán motivos para vivir y para ser Guardianes, para proteger el Sello.

-Nuestro deseo. -Hermione miró a Harry y entonces por primera vez en las dos últimas semanas, le contempló las manos con detenimiento y comprendió con espanto la razón de la posición en que las tenía:

Harry aún sostenía entre sus brazos el cuerpo sin vida de Ginny.