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Historia 58203 — capítulo 1
POV James
- ¿Que habéis hecho esta vez? Ya era algo habitual ir a ver a Mcgonagall y cada vez prestaba más atención al profeta que a nosotros ( tampoco se podía quejar, éramos los que más la íbamos a visitar a su despacho, tendría que estar agradecida).
- Mira querida profesora Mcgonagall, por cierto no se que tiene esta habitación que la rejuvenece.- Dijo Sirius acompañados por unos gestos exagerados.
- ¡Señor Black, basta de juegos y explicarme de una vez que ha ocurrido! Señor Potter recuerda que usted también esta implicado así que no se ria. Asentí con la cabeza, era imposible no reírse con los comentarios de mi mejor amigo, mi hermano, Sirius Black.
- Bueno la cosa empezó con que...
- los leales merodeadores estaban paseando por los jardines hasta que...
- Quejic.. digo el señorito Snape se cruzo con nosotros y entonces...
- Nos maldijo en voz muy baja pero gracias a mi sentido del oído...
- ya que de la vista anda un poco miope. Le golpeé en la cabeza por aquel comentario, vale si, estoy un poco miope por eso llevo lentes pero no hacía falta decirlo.
- Lo escuché, y accidentalmente se le formó un enorme agujero en la capa... no sabemos muy bien como paso y...
- Nos demostró su exquisito estilo para elegir su ropa interior, una vez más.
- Nunca falla, blancos y con rayas verdes.
- Ni que se lo hubieran preparado por el camino.Esta bien, esta bien... Ya pueden marcharse.
- ¡¿Cómo?!- exclamamos al unísonos. ¿Ya esta? Ningún grito, ningún castigo, ningún menos 10 puntos para Gryffindor, ¿nada de nada? solo un "ya pueden marcharse", Canuto tuvo que pensar exactamente lo mismo, nos quedamos los dos con la misma cara de perplejidad.
- Ya me han oído, márchense y procuren llegar puntuales a vuestra próxima clase. Nos marchamos del despacho de la profesora sin entender exactamente lo que había pasado, pero que más daba, lo importante es que habíamos salido en perfecto estado y sin ningún tipo de castigo.
- ¿Crees que la profe se ha rendido? - Me preguntó Sirius.- Aún sigo sin entender bien lo que a pasado entre esas cuatro paredes.
- Parece ser que si, yo ya lo hubiese hecho. Piensa, cinco años haciendo travesuras sin parar y normalmente con los mismos conejillos de indias, ¡los de Slytherine!
- Sin olvidar nuestro querido Snivellus. Soltamos una sonora carcajada al recordar lo último que le habíamos hecho a Quejicus e Sirius imitó la escena que hizo Snape cuando su trasero empezó arder dejándonos a la vista sus calzones. ¿Qué teníamos contra el? Nada en especial, sólo que des de el primer momento que nos vimos en la estación de King Cross ya nos empezamos a odiar, odio a primera vista diría yo. Pero durante nuestros años en Hogwarts nuestro odio siempre a ido en aumento, pero esta vez si que había una razón, al menos para mí: Lily Evans.
- James.- Sirius me saco de mis pensamientos y le mire.- No te parece que todo esta muy tranquilo.
- Tienes razón.- Mire a mi al rededor y luego nos miramos, no había ni un alma en los pasillos.- ¡POR MERLÍN SIRIUS LLEGAMOS TARDE!
- ¡CORRE! Una vez más arrancamos a correr como si nuestra vida dependiese de ello (y en un principio así era si no llegabamos a tiempo a la clase de Pociones). POV Lily
- Lillian, ¿otra vez?
- Sí, Alice, si...- Suspiré. Últimamente mi tiempo libre se dedicaba a coser las capas de mi amigo Severus, él había insistido que no pero por alguna razón lo que le hacia Potter y Black me hacía sentir responsable de que la mayoría de su ropa acabara hecha... hecha un desastre.
- ¿No puedes arreglarlo con un hechizo?
- Crees que si pudiera arreglarlo con un simple hechizo, ¿estaría cosiendo?- Soné un poco grosera, pero es que mi paciencia de santa estaba llegando a sus limites.- Lo siento no quería sonar de esta manera.
- Tranquila, no me extraña llevas dos años arreglando sus capas, a mí también se me estaría acabando la paciencia. Se sentó a mi lado y miro la capa que había sido victima de esa misma mañana, con un enorme agujero justo en la parte trasera. Alice me ayudó ha arreglarla.
- ¿Que tal con Frank? No pude evitar sonreír al ver el fuerte rubor que asomaba por sus mejillas. Alice Longbottom siempre había estado enamorada de Frank des de que él, en segundo curso, le ayudó con un problema con un hechizo y él acabó hechizandole el corazón.
- ¡Eres tan mona! No pude evitarlo y la abracé. Era muy buena amiga y siempre nos ayudábamos en superar cualquier obstáculo. Lo que no sabía era que se me iba a presentar un obstáculo de grandes dimensiones que me iba a ser muy difícil de superar, incluso con ayuda.