← Historia 58336 · de
Historia 58336 — capítulo 3
Noviembre comenzó con las primeras nevadas de ese invierno. Sirius Black se sorprendió durante un segundo al despertarse con el llanto de un bebé en su propio dormitorio. Sólo entonces recordó lo que ocurría… Definitivamente, sus días de dormir hasta el mediodía habían acabado, su ahijado Harry jamás dormía hasta más de las nueve y media.
-Voy, enano - murmuró entre bostezos mientras se estiraba en la cama. Se levantó y se dirigió hacia la cuna. Apenas lo vio, el bebé le estiró los brazos.
Sirius alzó al niño que dejó de llorar solamente durante unos minutos, hasta que comenzó a hacerlo con más fuerza.
-Sí, lo sé, chiquito… Debes tener hambre. Voy a darte la mamadera.
El hombre sentó al niño en la sillita alta, y con los llantos como sonido de fondo comenzó a preparar la leche.
-¡No te he abrigado! - exclamó alarmado Canuto al darse cuenta de que el niño estaba en pijama y que hacía frío - Vamos a ponerte un sweater y un pantalón de invierno. Si tu madre te viera así me mataría… - agregó con nostalgia. Daría cualquier cosa por oír la voz histérica de Lily diciéndole "Canuto ¡¿Quieres que mi bebé se enferme?!" y la risa de James ante la escena de la pelirroja apuntándole con la varita.
Sirius cambió al bebé y lo abrigó. La leche que había puesto a calentar se había hervido y rebalsado.
-¡Oh, no! ¡Ahora entiendo por qué la gente tiene hijos de a dos! ¡Uno solo no puede estar en todo! Harry, cálmate, pequeño… Ya deja de llorar - suplicó mientras lo acunaba y lo mecía en sus brazos, pero el bebé solo lloraba y pataleaba - Tendré que dejarte llorando en el coche mientras preparo una nueva leche…
Preparó nuevamente la leche, y esta vez no se le pasó. La puso en la mamadera y se la dio al pequeño, que comenzó a tomar feliz. Finalmente el bebé no lloraba. Canuto aprovechó para vestirse, ya que aún no había tenido un segundo para sí mismo. Tomó El Profeta, iba a comenzar a leerlo cuando sintió que alguien golpeaba a la puerta casi con desesperación. Harry volvió a llorar. *"Fantástico"*pensó el hombre antes de preguntar:
-¿Quién es?
-Lunático - respondió una voz totalmente apagada ¡Cierto! Remus iba a irse los dos días de luna llena a internarse en el bosque de Dean, y él le había dejado una carta en donde explicaba lo ocurrido en su departamento. Hoy él volvería… Y ya había visto la carta de su amigo...
Sirius abrió sin decir una sola palabra, y recibió al hombre lobo con un fuerte abrazo que él le devolvió. El semblante de Remus era en parte parecido al de cualquier día posterior a la luna llena, pero a la vez bastante peor. Su rostro estaba aún más pálido, parecía de más años, sus ojeras eran más pronunciadas. Intentó sonreírle al bebé que lo observó desde el coche antes de continuar llorando, pero apenas se dibujó una débil mueca en su cara.
-Había entendido que tú serías el guardián… No sabía que habían elegido a Colagusano. - Exclamó Lunático.
-Esa era la idea en un primer momento - respondió Sirius mientras alzaba a Harry e intentaba calmarlo nuevamente - pero luego creí, porque fue idea mía, yo se los sugerí a Lily y James, que sería menos obvio si fuese Peter… Se nos ocurrió que todos creyeran que yo era el guardián secreto mientras en realidad lo era Colagusano. - luego de una pausa añadió - Lamento de verdad no haberte dicho nada a ti, Remus ¡Oh, Harry, no sé qué hacer para calmarte!
La puerta se abrió dando paso a Cassandra, una joven de cabello castaño y ojos marrones, que era la novia de Sirius desde hacía casi un año. En Navidad sería su primer aniversario.
-Hola Remus, - saludó - Hola amor, hola bebé… - Harry le estiró los brazos a la mujer, y ella lo sostuvo.
Cassandra comenzó a hacerle muecas al niño, y luego buscó un peluche y jugó con él. Harry dejó de llorar y empezó a reírse. Sirius la miraba atónita.
-¡¿Cómo has logrado tranquilizarlo en un solo segundo?! Hace horas que está llorando, no sé qué le pasa… Nunca ha sido un niño caprichoso, ni de hacer berrinches. - se sorprendió.
-Sólo le he dado algo para que se entretenga, he jugado un poco con él. Es un niño, los niños juegan, Sirius. Y es lógico que llore mucho más que de costumbre, debe de extrañar horrores a sus padres, y está en un lugar que no conoce, con gente que conoce poco… No sé qué esperas, mi amor. - Contestó la mujer con un tono de quien habla de algo obvio.
-¡Eres una genia! - le dijo mientras le plantaba un beso.
Por suerte para Sirius y Harry, Cassandra pasó todo el día en la casa… Por lo que ambos sobrevivieron.
Al día siguiente, comenzaría el juicio a James.