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La vida de Snape — capítulo 45
Epilogo final
Lo habían traído hasta ahí, lo habían traído hasta la casa de los gritos, el lugar era sombrío y apenas y estaba iluminado por algunos raudales de luz que entraban por algunos hoyos en la casa.
Recordaba a la perfección ese lugar, era la misma sala en la que había visto a Remus Lupin convirtiéndose en licántropo, se le hizo un nudo en la garganta al recordar que Lupin había muerto haya en el castillo.
Tenia miedo, pero no por estar en el mismo lugar donde casi muere, no, tampoco tenia miedo de morir, porque al fin y al cabo eso era por lo que estaba ahí, ¿Acaso su señor había descubierto al fin que su lealtad siempre le fue a Albus Dumbledore?
No, por primera vez en su vida no le tenia miedo a la muerte, de echo la recibiría como una vieja amiga, una vieja a miga que lo estuvo evitando todos estos años hasta que cumpliera una peligrosa misión. Eso era lo que le preocupaba, no había terminado la misión.
Ahí estaban un Horrocruxe frente a el, Nagini estaba claramente protegida en una bola encantada, enroscándose, observándolo, deseándolo.
No podía mover su varita, a su amo podría resultarle como un ataque hacia el y ahí moriría, se sintió apenado de no poder terminar su misión, O si quiera matar a un horrocrux el mismo.
El lord continuaba parloteando acerca de cómo su varita no había destruido a Potter, escucho un leve gemido, y miro sin que Riddle lo notara.
Era Potter, ahí estaba, su inconfundible cabello negro estaba presente, con su puño en la boca. Seguro le dolía la cicatriz, Severus se sintió apenado de no haberle enseñado Oclumancia mas a fondo, así no tendría que pasar por esa horrible experiencia.
Al parecer si podría terminar su misión, podría dejarle a Potter, si Lord no lo mataba, algunos pensamientos servibles, cosas que Dumbledore le había contado para destruir a aquel a quien aun seguía llamando amo.
¿Por qué le seguía llamando amo a aquel quien había matado al amor de su vida?, por ordenes de Dumbledore, fingir hasta la muerte.
La muerte, ¿Qué extraño pensamiento no?
Sev continuaba respondiendo vagamente con la mirada fija en la serpiente cuando supo que al morir nadie recordaría su vida.
Quizá Potter lo recordaría, como aquel hechicero que le ayudo a derrotar a Voldemort, nada mas, no sabría sobre el amor de el hacia esa pelirroja. Nadie lo sabría así como el le había echo jurar a su director años atrás. Ahora en esa condición le parecía muy lejano ese día, y esa promesa.
Harry tendría que saber todo, el porque siempre lo odio y el porque siempre lo protegió.
-Conseguí una tercera varita, Severus, la varita anciana, la varita del destino, de la muerte, la tomé de su anterior dueño, la tomé de la tumba de Albus Dumbledore -
Ahora Snape miró a Voldemort, su cara era como una mascara de muerte, de mármol blanco, y tan dura que cuando hablo fue sorprendente ver que alguien vivía detrás de sus ojos vacíos.
-Mi señor, déjeme ir por el chico - Continuo parloteando mientras recordaba algunos momentos para entregarle a Harry
-Toda esta noche cuando estoy a un paso de la victoria , estoy sentado aquí - dijo Voldemort, con voz un poco mas fuerte que un susurro- Pensando , pensando porque la varita anciana se rehúsa a lo que la leyenda dice para su dueño...y creo que tengo la respuesta.
Snape no habló, continuaba absorto en sus pensamientos
-¿Quizás ya lo sabes? Tú eres inteligente después de todo, Severus, has sido un bueno y fiel sirviente y lamento lo que tiene que suceder-
-Mi señor...-
-La varita anciana no me sirve correctamente porque no soy su amo verdadero, la varita anciana pertenece al mago que mató a su último dueño. Tu mataste a Albus Dumbledore , mientras vivas, Severus, la varita anciana no será verdaderamente mía-
-Mi señor - protestó Snape, levantando su varita. No tenia intención de matar a aquel hombre, quería que no lo matara de forma definitiva para que pudiera terminar su misión
-No puede ser de otra forma - dijo Voldemort - tengo que tener la varita, Severus. Dominar la varita y dominar a Potter finalmente- Voldemort surcó el aire con la varita, no le hizo nada a Snape que por un segundo pensó que había sido perdonado, pero entonces la intención de Voldemort se hizo clara. La jaula de la serpiente rodaba por el aire y antes de que Snape pudiera hacer algo mas, lo había atrapado en la cabeza y los hombros, y en lengua parsel Voldemort dijo.- Mata-
Snape grito, la serpiente le estrujaba los hombros y la cabeza, por primera vez sintió un verdadero dolor físico ya que los Crucios solo provenían de la mente, fue perdiendo el aire, pero sus pensamientos aun quedaban intactos, tenia que terminar su misión, tenia que hacerlo.
Continuaba de rodillas y trataba de empujar la jaula lejos ya que le mordía el cuello.
Finalmente perdió sus fuerzas y cayo al suelo.
-Lo lamento- dijo Voldemort finalmente.
Pero Snape no creyó ni una sola palabra de ese hombre, su cuerpo estaba sangrando, la vida se le salía y solo podía esperar, esperar ahí tendido en el suelo a que el niño que vivió llegara para conocer la verdad.
-¡Harry! - dijo la voz de Hermione Jean Granger, la chica mas lista después de Lily que Snape había conocido
Harry se acerco a el, y con sus dedos trato de detener la hemorragia, de haber podido hablar Severus habría reído, ¿tantos años enseñándole y aun Harry trataría de detener una herida con sus manos?
Harry sacó la capa de invisibilidad y Snape sabia que era ahora o nunca, tendría que hacer lo que podía para que ese niño supiera la verdad.
Harry se acercó mas a él y Snape lo tomó de la túnica y lo atrajo hacia él. Un terrible gruñido salió de su garganta.
-Tómalo...tómalo....-
Con todo su esfuerzo saco sus pensamientos, un color plata y azul, ya sea gas o liquido salió de sus orejas, de su boca y de sus ojos. Harry sabia lo que era, pero no sabia que hacer. Un cuenco apareció en el aire y cayo en su temblorosa mano, conjurado por Hermione. Harry llenó éste con la sustancia ayudándose con la varita. Cuando estuvo lleno, y Snape parecía no tener mas sangre susurró:
-Mírame...-
Había una ultima cosa que quería hacer antes de morir, y era ver esos hermosos ojos verdes, los ojos verdes encontraron los negros, quiso tratar de decir algo mas, pedirle perdón pero el aliento desapareció y lo que antes creyó que era oscuridad se convirtió en tinieblas. La mano que sostenía a Harry cayo al piso y Snape no se movió más.
Todo era oscuro, estaría en el mismo infierno seguramente, había matado gente y seguro Harry no lo habría perdonado.
Se sentía acorralado como si hubieran más ojos observándolo, comenzó a correr, no podía ver nada era imposible, como si una venda negra le cubriera los ojos.
Por eso se sentía indefenso, su corazón aunque debería estar golpeando bruscamente no se movía.
Continúo corriendo por bastante tiempo hasta que recordó que era un hechicero. Saco su varita, aquella varita, madera de sauce y tres pelos de unicornio macho de 35 centímetros que había comprado hace años en Ollivander's.
-¡Lumos! - Dijo pero la vara no produjo ni un destello, su corazón no podría soportarlo, pensó en la cosa más divina - Lily - Dijo y continúo con - ¡Expectro Patronum!
Una cierva plateada apareció frente a el, un calor realmente agradable se vino sobre el.
Ya no sentía mas esa horrible sensación de estar acorralado, ahora podría observar el lugar en el que se encontraba.
Estaba en el rio cerca de su casa, el mismo rio bañado de un hermoso dorado corría tranquilamente, y los arboles se movían susurrándole cosas al oído.
-Quejicus gracias - Dijo una voz que hacia bastante no escuchaba
Snape giro su cabeza y saliendo entre los arbustos James Potter apareció seguido de Lily Evans.
El corazón de Snape que creyó jamás produciría de nuevo sonido comenzó a latir velozmente.
Lily se acerco a Sev y acaricio el cetrino rostro.
-Muchas gracias príncipe, Harry no pudo tener mejor hombre en su camino que tu
Snape tomo esa tersa mano y la beso, era ella, no podía estar en el infierno.
-Muchas gracias - Dijo Potter con una sonrisa
-Perdón - Logro decir el cetrino asombrándose por su voz, ya no estaba ronca, estaba rejuvenecida
-Te perdonamos - Dijeron ambos al unisonó
Vio a la pareja Potter y comprobó que eran felices y el… también, se sentía bien consigo mismo.
Miro hacia su derecha y encontró una puerta blanca, un nuevo destino seguramente, pero de algo podía estar seguro era que ahora haría las cosas bien desde el principio.