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Historia 58445 — capítulo 1
REGRESANDO A STILLWATER
Hermione Granger paro a un lado de la carretera comarcal y miro la granja en la que se había criado. A pesar de la pesada oscuridad de una noche de verano en Mississippi, con solo media luna brillando tétricamente en el cielo, podía ver que su hermano mayor cuidaba bien de aquel lugar.
Pero por otra parte, las cosas no eran lo que parecían. Nunca lo habían sido. Ese era el problema y por eso había prometido no volver nunca allí.
La luz amarillenta que brillaba en el dormitorio de arriba se apago. Harry se acostaba, seguramente a la misma hora que todas las noches, Hermione no podía entender cómo vivía solo allí. Como podía comer, dormir y trabajar en la granja a solo cuarenta pasos de distancia donde habían escondido el cuerpo de su padrastro.
Sonó la alarma que indicaba que se había dejado las llaves en el contacto y salió de su pequeño BMW. No había sido su intención adentrarse en la propiedad, pero ahora que estaba allí, tenía que comprobar por sí misma que no hubiera nada que los delatara a pesar de los años transcurridos.
La falda de algodón le acariciaba con gentileza las pantorrillas al caminar. Nohabía viento ni ningún sonido aparte de las cigarras, las ranas y el crujir de las grava bajo sus sandalias. Había olvidado lo silenciosa que era esa parte del estado y como brillaban las estrellas lejos de la ciudad.
Se recordó de niña, durmiendo en el césped delante de la casa con su hermana pequeña Pansy, y con Cho, su hermanastra más mayor. Eran momentos especiales en los que hablaban, reían y miraban el cielo de terciopelo negro para buscar todas las estrellas que les guiñaban su luz como una promesa silenciosa de cosas buenas venideras. Todas eran muy inocentesentonces. Cuando Cho estaba allí, Hermione no tenía nada que temer. Pero Cho no podía estar a su lado en todo momento. Ni siquiera era consciente de que debería hacerlo. Todavía no sabía cómo era entonces la vida de Hermione y la noche en que sucedió todo, ella estaba en casa de una amiga.
Grace se estremeció al llegar al establo. Situado a la derecha de la propiedad, acechaba entre los sauces lloronesy los álamos. Odiaba todo lo relacionado con aquel viejo edificio. Era allí donde limpiaba el apartado del caballo que su padrastro no dejaba montar a nadie que no fuera él. Era allí donde recogía los huevosy se peleaba con el gallo cruel que se echaba sobre ella con intención de sacarle los ojos. Y allí, en el rincón frontal del edificio, era donde el reverendo tenía un pequeño despacho en el que se retiraba a escribir los sermonesdel domingo… y hurgar en el archivador cerrado con llave.
El olor a tierra mojada y magnolias la devolvía al pasado y un sudor frio bañaba su piel. Se clavo las uñas en las manos para recordarse que ya no era una niña indefensa y alejo sus pensamientos del despacho del reverendo. Se había prometido así misma que olvidaría aquello.
Pero no lo había olvidado todavía. A pesar de sus esfuerzos, no pudo evitar preguntarse si aquella habitación seguiría intacta como antes, con excepción del archivador. Su madre había insistido en que sería una tontería cambiar nada. Les había inculcado a todos, salvo a Cho, por supuesto, que debían seguir refiriéndose al reverendo en presente. La gente del pueblo ya recelaba bastante de todos modos.
Los habitantes de Stillwater tenían una buena memoria, pero habían pasado dieciocho años desde la repentina desaparición del reverendo. Seguramente Harry habría desmantelado ya el maldito despacho…
Una voz profunda surgió en la oscuridad.
- Salga de mi propiedad o disparo.
Hermione se giro hacia un hombre que media más de metro ochenta y parecía hecho de piedra. Era su hermano y la apuntaba con un rifle
Se echo a reír. Harry era tan vigilante como siempre. Aunque eso no la sorprendía nada, pues el siempre había sido El Guardián.
-¿Qué? ¿No reconoces a tu propia hermana?- pregunto; y salió de las sombras del edificio.
-
¿Hermione?- el cañón del rifle apunto al suelo y el hizo un movimiento nervioso como si quisiera abrasarla. Hermione tuvo una respuesta similar, pero no hizo ademan de acercarse a él. Su relación era demasiado… complicada-. ¡Por Dios, Hermione! Hace trece años que te fuiste. Casi no te reconozco. Podía haberte pegado un tiro.
-
¿De verdad?- murmuro ella-yo te habría reconocido en cualquier parte
Tal vez porque pensaba en el tan a menudo. Además, había cambiado poco. Seguía teniendo el mismo pelo negroespeso, más oscuro que el de Pansy, ella no entraba en esa categoría ella había salido a su padre castaña pero se había pintado el cabello de negro no quería tener nada que le recordara a su pasado en el cuerpo y su cabello era una de esas cosas, el mismo remolino en la frente; los mismos ojos de su madrey la misma determinación en la mandíbula prominente. Probablemente había puesto algunos kilos de masa muscular, cosa que hacía que ella se sintiera pequeña con su metro sesenta y dos y sus cincuenta y cinco kilos. Pero el aumento de tamaño era la única diferencia.
-
creía que estabas dormido- dijo
-
he visto pararse tu coche.
Y no quieres que merodee nadie por aquí.
Si el capto la tensión de su voz, no respondió a ella, excepto con una mirada furtiva hacia el grupo dearboles que marcaban la tumba de su padrastro.
- te ha sentado bien vivir en Jackson- dijo Harry después de un silencio- estas muy guapa.
Le había ido bien en la ciudad. Hasta que Ronald Weasley, abogado le había pedido que se casara con él. La tercera vez que ella no pudo aceptar, aunque los dos sabían que quería hacerlo, el acabo por romper la relación y le dijo que no quería volver a saber nada de ella hasta que fuera a un psicólogo y resolviera los problemas de su infancia.
Había probadoa ir a un psicólogo, pero no le había servido de mucho. Había demasiados puntos que no quería examinar y otros que quería contar pero no podía, ni a un psicólogo ni a Ronald. Aunque este había cedido últimamente y había empezado a llamar de nuevo, los problemas de Hermione se seguían interponiendo entre ellos.
Confiaba en que eso no fuera así mucho más tiempo. O superaba el pasado o el pasado la vencería a ella. No sabía cómo acabaría todo aquello, solo podíaprometerse que no regresaría a su vida en Jackson hasta que aceptara lo que había sucedido en Stillwater.
-
Trabajo mucho- dijo
-
mama, me conto que te licenciaste la primera en tu clase en Georgetown.
Seis años atrás. Ella sonrió con indiferencia. Harry parecía impresionado; pero ella no había logrado nada que consiguiera tenerla satisfecha mucho tiempo.
-
es increíble lo que puedes hacer cuando te aplicas, ¿eh?
-
¿Cómo conseguiste entrar en esa universidad?
Hermione se había ido del pueblo dos días después de termina el instituto y había trabajado y había trabajado de camarera en Jackson para sobrevivir y estudiado todo el tiempo libre, durante dos años, para preparar sus exámenes de entrada en la universidad. Consiguió entrar primero en la Universidad de Iowa y más tarde la admitieron en Georgetown.
Pero no veía que tuviera sentido comentar los detalles con Harry. No recordaba con orgullo ni nostalgia su época universitaria, cuando dormía solo tres o cuatro horas por noche. Mientras todos los demás combinaban las clases con una vida social normal, ella se relacionaba poco y no se permitía otra cosa que no fuera las mejores notas.
Había intentado compensar el pasado, intentando probar que era más de lo que todos pensaban, pero después de terminar la carrera de Derechos y trabajar cinco años como ayudante del fiscal del distrito, había acabado por comprender que escapar no era la solución. Que todavía no podía seguir adelante con su vida personal-
-Tuve suerte- dijo simplemente
El miro la casa
- ¿Quieres entrar?- su voz sonaba esperanzada.
Hermione observo el porche donde solían sentarse en los escalones a escuchar a su madre leer la Biblia. El reverendo había insistido en que estudiaran la Biblia una hora por día. Pero no había sido una mala experiencia. Hermione se servía un vaso de limonada y sentía que el calor opresivo del verano se aliviaba al acercarse la noche. Escuchaba la voz mientras las tablas del porche crujían bajo el peso de la mecedora y las luciérnagas bailaban cerca del porche. Siemprele había gustado eso… hasta que el reverendo llegaba a casa.
-
No creo que debo irme- empezó a alejarse. Era suficiente con ver a Harry y saber que todavía estaba en guardia. No podía afrontar más recuerdos esa noche.
-
¿Cuánto tiempo te quedaras en el pueblo?
-
No lo se
El hizo una mueca y ella pensó que parecía muy áspero para ser un hombre tan atractivo. Obviamente, el también sentía el peso del oscuro secreto de la granja.
-¿Por qué has vuelto después de tanto tiempo?- pregunto
Hermione achico los ojos con aire retador
- A veces me apetece hacer lo correcto y contarle a todo el mundo lo que paso aquí.
-¿Y cómo sabes que eso es lo correcto?- pregunto él con suavidad
-
Porque llevo cinco años como defensora de la verdad y alentando a la gente a aceptar la responsabilidad de sus actos.
-
¿Estás segura de que siempre capturas al culpable y de que recibe el castigo apropiado?
-
Tenemos que confiar en el sistema, Harry. Sin él, toda nuestra sociedad se desmorona.
-¿Quién merece pagar por lo que paso aquí?
El hombre que estaba enterrado bajo la tierra, pero Harry ya sabía eso, así que ella no contesto
-
¿Por qué no lo has contado ya?- pregunto él.
-
Por la misma razón que tú sigues guardando este sitio con ese rifle- confeso ella.
-
el la observo por un momento.
-
Me parece que te espera una decisión difícil.
-
Supongo que sí.
No hubo respuestas
-
¿No vas a intentar disuadirme?- pregunto ella con una risita amarga
-
Lo siento- repuso el-. Tienes que tomar tus propias decisiones.
Ella odiaba esas respuestas y estuvo a punto de decírselo así. Quería una discusión, algo a loque oponerse, alguien a quien echar la culpa. Era muy propio de Harry esquivarla de ese modo; pero el cambio de tema antesde quepudiera decir nada.
-¿Has dejado el trabajo?-pregunto
- No, estoy de vacaciones.
No había faltado ni un soloen cinco años. Le debían dos meses de vacaciones y estaba dispuesta a ampliarlos con un permiso sin sueldo.
-
Has elegido un lugarinteresante para tus vacaciones.
-
Tu estas aquí ¿no?
-
Yo tengo un buen motivo
Hermione esperaba que él le guardara rencor por haberse marchado, como le ocurría a su madre, pero parecía que se alegraba de que hubiera escapado. Quería que siguiera fuera, que viviera su vida y se olvidara de él, de Stillwater y de todo.
Su generosidad hizo que ella se sintiera mal por desear lo mismo.
-
Podrías irte si quisieras- señalo, aunque sabía que él no lo creía así.
-
Yo ya tome mi decisión- respondió el
-
Eres un hijo de perra muy terco- repuso ella-.Probablemente te pasaras aquí toda la vida.
-
¿Dónde te hospedas?
-
He alquilado la casa de Minerva.
-
O sea que ya lo sabes.
Hermione sintió una punzada de dolor en el pecho.
-
Me llamo Pansy cuando murió
-
Pansy vino al funeral.
-
Pansy viene muchas veces- repuso ella. Quería hacer lo mismo que su hermana, ir y venir a su antojo, actuar como si ella fuera como todos los demás, pero no podía con todas las contradicciones-. Yo tenía un juicio muy importante.
Era verdad, pero también lo era que no había hecho ni el más mínimo esfuerzo por acudir. Tres meses atrás seguía atrincherada en la creencia de que no volvería nunca, excepto quizá para el funeral de su madre y aun eso era dudoso.
- Se que querías mucho a Minera- dijo Harry-. Era una buena mujer.
Minerva Mcgonogall, una viuda sin hijos de piel color arena y ojos que veían lo mejor en casi todo el mundo. Tenía sesenta y seis años cuando Hermione se marcho de Stillwater. Solía sentarse, hiciera el tiempo que hiciera en el jardín delanterode su casa en la calle Mayor a vender jabones y lociones caseros y, dependiendo de la estación, productos del huerto, huevos, conservas, melocotones, tomates, tartas de manzanas y bizcochos de chocolates.
Minerva era una rareza en Stillwater por tres motivos. Nunca había apreciado al reverendo, siempre se había ocupado de sus asuntos y había sido amable con Hermione.
- Me envió todas sus recetas por correo- dijo Hermione
El paquete, enviado por un bufete de abogados una semana después del funeral, era lo que había convencido por fin a Hermione a volver. Eso y la insistencia de Ronald de que lidiara con lo que fuera que le impidiera casarse. Había vuelto a llamarla pero le había dado un ultimátum de tres meses, pues decía que no quería pasarse la vida esperando algo que empezaba a pensar que no sucedería nunca.
Harry cambio el rifle al otro brazo.
-
La gente de por aquí cree que se llevo esas recetas a la tumba.
-
No- habían sido un regalo de despedida, el único paquete que había recibido Hermione de Minerva.
-
Seguramente te eligió porque la ayudaste mucho cuando eras adolescente- dijo él.
Hermione creía que era porque Minerva sospechaba lo que había ocurrido en la granja sin que nadie se lo hubiera dicho. Sintió una pena profunda que casi le impidió hablar.
-
Nada es fácil, ¿verdad Harry?
-
Nada es fácil- asintió el
Ella retrocedió un paso hacia el camino
-
Es tarde. Tengo que irme.
-
Espera- él le agarro la muñeca un momento y después la soltó como si temiera que su contacto pudiera ofenderla-. Lo siento, Hermione. Lo sabes ¿verdad?
Ella no podía soportar la expresión torturada de su rostro. Prefería imaginarlo indiferente, no quería saber que sufría tanto como ella. No podía soportar también eso.
- Lo sé-. Musito. Y se alejo
"Tienes que tus decisiones"
Las palabras de Harry resonaron en la mente de Hermione como una letanía toda la noche y toda la y toda la mañana. Su hermano había implicado queno la culparía si decidía confesar. No les había señalado lo serio de las consecuencias de ese acto ni mencionado a las personas que sufrirían. Simplemente le había dejado la decisión a ella.
Y Hermione lo quería y lo odiaba al mismo tiempo por ello.
Sonó el timbre de la puerta empujo a un lado la caja que estaba desempacando y cruzo el suelo de madera. Las hermanas y primas de Minerva se habían llevado casi todos los muebles y pensaban hacer un rastrillo con lo que quedaban, pero Hermione había llamado a Horace Slugors, el único agente inmobiliario del pueblo y había alquilado la casa justo a tiempo de salvar los últimos platos, utensilios de cocina, alguna mesa que otra, los rastrillos del jardín y unos cuantos cuadros. Ahora esperaba que Ronald le llevara su cama, su cómoda, el sofá, las sillas y una mesa desde Jackson. Solo se quedaría tres meses en Stillwater, pues era el tiempo que tenia para <>, como lo llamaba Ron, pero necesitaba muebles, y no tenía sentido alquilarlos si podia llevárselos a Jackson.
Por un segundo deseo que ron tuviera prisa por volver a casa. Desde su reconciliación, la relación entre ellos resultaba algo incomoda y, aunque debería haberse alegrado ver una cara amiga, la realidad era que no podia lidiar con la presión de saber que el queria algo que ella no podia darle todavía. Y tenía miedo de que quisiera hacer el amor. Ese aspecto le resultaba más forzado que ningún otro
El timbre volvió a sonar
-
Voy
-
ella abrió la puerta pero no era Ron el que estaba en el umbral, sino un niño adorable de ojos grises, pecas en la nariz y mechones de cabellos rubio asomado por la gorra de beisbol
-
Hola- dijo ella sorprendida
El arrugo la nariz y la miro
- Hola
Ella espero, pero él no dijo nada más
- ¿Querías algo?
-¿Quiere que le corte el césped por cinco dólares?- pregunto el
Hermione enarco las cejas
- ¿Eres lo bastante mayor para manejar tu solo un cortacésped?
La expresión de el indicaba que no le gustaba que dudara de sus habilidades.
- A Minerva se lo cortaba- contesto con indignación.
Durante años, siempre que Hermione se acercaba con su bicicleta, Minerva le ofrecía algún trabajillo. Seguramente no necesitaba su ayuda, pero si podía darle melocotones y conservas que le gustaban a Hermione y algunos dólares.
Dios sabia que la familia de Hermione necesitaba el dinero, en especial después de que Lili insistiera en que Harry fuera a la universidad.
- Estoy ahorrando- añadió el niño
Hermione no pudo reprimir una sonrisa
- ¿Para que?
El vacilo.
-
Es un secreto.
-
¡Oh!- ella miro las deportivas llenas de barro, los vaqueros desgastados en la rodilla y la camiseta grande. Definitivamente, no estaba limpio, pero daba la impresión de que ya había comenzado así el día. Costaba saber si estaba bien cuidado o no-. ¿Cuántos años tienes?- pregunto-
-
Ocho.
Hermione saco la cabeza por fuera y miro arriba y debajo de la calle, pero no vio a nadie que pareciera estar con él.
- ¿Eres vecino?
El asintió
- Entiendo. Bueno, teniendo en cuenta que la familia de Minerva no ha dejado aquí ningún cortacésped, creo que te voy a dar el trabajo.
En vez de sonreírle como ella esperaba, el se volvió a mirar la hierba y se rasco la cabeza debajo de la gorra como si tuviera al menos veinte años.
-
¿Quiere que lo haga hoy?
-
Mejor no. A mí me parece que está bastante corta.
El chico hizo una mueca, claramente disgustado con la perdida de una perdida de una oportunidadinmediata.
-
Puedo arrancar malas hierbas- sugirió
-
¿Por cinco dólares?
-
Si quiere que haga también el jardín de atrás, no.
A ella no le extraño. El jardín ocupaba una extensión apreciable y estaba lleno de maleza.
-
Vale, ¿Por qué no haces las zonas de plantar de delante y detrás?
-
¿Los cinco dólares y una galleta de chocolate?
Hermione sentía deseos de reír, pero reprimió el impulso. Sospechaba que él se ofendería si sabía que no lo tomaba tan en serio como esperaba.
-
Eres un buen negociante, amiguito.
-
Solo es una galleta.
-
Pero yo acaba de mudarme y no tengo ninguna.
El frunció el seño
-
¿Puede conseguir una para mañana?
-
¿Estás dispuesto a trabajar a crédito?
-
Si- el sonrió por primera vez y mostro que le faltaban dos dientes delanteros-. Una galleta mañana es mejor que ninguna ¿no? Y quizá me de dos, ya que he tenido que esperar.
El chico no tenía nada de tonto.
-
¿Cómo te llamas?- pregunto ella con una sonrisa.
-
Scorpius
-
Yo soy Hermione. Y me parece que tenemos un trato.
-
Gracias.
Scorpius corrió al lecho de flores y empezó a arrancar malas hierbas. Una furgoneta de mudanzas apareció calle abajo con Ron al volante. Al verla, le sonrió, la saludo con la mano y para delante.
-
Es una casa interesante- dijo cuando salió delvehículo.
-
Ven a verla. Es vieja, pero me encantan los techos altos, las ventanas de cristales gruesos, el papel de las paredes y los suelos. Es tan… de ella, ¿sabes? Cierro los ojos y casi puedo oler las especias que usaba. Es casi como si ella estuviera aquí.
-
¿Quién es ella?
-
Minerva
-
¿La mujer que murio hace poco? ¿La dueña que vendía cosas en la puerta de su casa?
Hermione asintió y le sostuvo la puerta para que entrara.
-
¿Cómo has conseguido hacerte con ella?
-
Te lo conté por teléfono cuando te di la dirección, ¿recuerdas?
-
perdona, estaba preocupado por el caso de Barty Crouch. Me esta dando muchos dolores de cabeza.
Ella cerró la puerta cuando entro Ron.
-
¿La violación?
-
Si.
-
Eso es un problema- comento Hermione.
Pero no lo sentía así. Había visto las pruebas contra su cliente y sabia en su interior que el albañil de cuarenta y un años era peligroso y violento. No quería que quedara libre solo para que Ron ganara el caso.
-
Si que lo es. Pero dime otra vez como has conseguido esta casa. Pareces muy contenta con ella
-
En realidad, fue pura casualidad. La familia de Minerva quería vender, pero aquí eso o es facia, así que los convencí de que cobraran tres meses de alquiler antes de sacarla al mercado.
-No te vas a instalar demasiado tiempo aquí, ¿verdad?
- ¿En Stillwater?- reuso ella
Era él el que la había empujado a ir allí, a resolver por fin la situación con su familia. ¿Y ahora n se alegraba de que hubiera seguido su consejo?
-
OH, si - el se seco una gota de sudor que le caía del pelo rojo, el cual el cual empezaba a ralear por arriba-. Supongo que no, ¿eh? Odias este pueblo.
-
No tengo ningún problema con el campo, el ritmo de vid lento ni la arquitectura- repuso ella, mirando a su alrededor. Lo que la molestaba eran los recuerdos. Y ese día, también el calor. Pero en Jackson también tenía que lidiar con el calor.
-Tienes razón. Hay algo clásico y digno en esta casa- comento el
- Vamos a la cocina. Te serviré algo frío.
El señalo la puerta con la cabeza.
- ¿Quién es el niño?
Scorpius había hecho una pausa para mirar a Ron cuando este llego, pero Hermione vio por la ventana que había vuelto al trabajo.
-Uno de los vecinos.
-Es muy guapo. Menos mal que no tiene veinte años mas o tendría celos de el.
Hermione vacilo. Quería a Ron. Aunque el no entendiera siempre sus necesidades, había un amigo leal. Cuando hubiera remendado su corazón, quería casarse con el y formar una familia.
- No me vas a perder- dijo
El le tomo la mano y se inclino para besarle la frente.
- Me alegra oírlo. Cuando vuelvas a casa, lo olvidaremos todo y seguiremos adelante.
¿Lo olvidarían? el intentaba a menudo alentarla con ese modo de hablar, pero el no tenia cicatrices de las que preocuparse; simplemente, no quería oiránada que fuera un "si".
- Por supuesto- repuso ella, porque necesitaba que el mantuviera su fe ene ella
Ron la observo como si no supera creerla.
La beso y Hermione le echo los brazos al cuello y disfruto el beso… hasta que el lo hizo mas profundo. Entonces sintióla resistencia subir en su interior como bilis, se aparto y sonrío para ocultar su respuesta poco entusiasta-
-Voy a servirte algo de beber, ¿vale?
-Me parece bien- la siguió entre las pocas cajas que ella había llevado consigo en su coche-. ¿Qué vas hacer aquí tantos días?
-He pensado en eso.
-Yo también ¿Por qué no te traes el ordenador y me ayudas con mi trabajo?
Ella enarco las cejas
-¿Pondrías en peligro a tus clientes permitiendo que una fiscal tenga acceso a tus archivos?
-¡Santos cielos, Hermione! ¿quieres relajarte? Estarás tres meses fuera, no llevaras ninguno de esos casos.
De todos modos seria poco ético y Hermione no tenia ninguna interésen hacer algo así.
-Gracias, pero no. He dejado mi ordenador en casa por un motivo; quiero unas vacaciones completas- estaba decidida a enfrentarse por fin a sus demonios, no a anestesiarse con mas de lo mismo.
-- ¿Y que vas hacer?
En la cocina estaban rodeados de armarios alto pintados y molduras de escayola.
- Voy a usar las recetas que me envío Minerva.
La expresión de el se volvió condescendiente.
-¿Hacer jabones y lociones caseras y esas cosas?
--Exactamente- ella saco una jarra de te de moras frío del frigorífico y le sirvió un vaso.
-Ahora ya no estoy nada preocupado- bromeo el.
Hermione le paso el vaso
-¿Por qué no?
-No me imagino a mi fiscal sentada ahí fuera vendiendo productos caseros por mucho tiempo.
Hermione se metió detrás de las orejas unos mechones de pelo escapados de la coleta. Tal vez el trabajo no supusiera el mismo reto que el suyo habitual, pero tampoco seria tan interesante. Una ayudante de fiscal siempre limpiaba los líos de otros, intentando arreglar cosas… tanto como podían arreglarse después de un crimen violento. Y ella quería olvidar los casos de robo, violación y asesinato que había llevado y crear algo sencillo y puro.
-Me ayudara a pasar el tiempo aquí- comento
-Y Quizá haga que estés desesperada por volver a un trabajo de verdad.
-Posiblemente.
-Te doy una semana
Hermione pensó que seguramente duraría más que eso. Tal vez no le gustar mucho lo que acechaba en la granja, pero allí, en la residencia de Minerva, se sentía en casa por primera vez desde que podía recordar.