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Historia 58802 — capítulo 1

Caminaba por la playa, dejando huellas en la arena y mirando el agua que se le acercaba y mojaba sus pies, intentando que hiciera de goma de borrar para quitar las marcas que tenía en su interior, pero esas marcas se negaban a borrarse. Su rostro se cubrió de lágrimas y el sol que hacía en ese día tan oscuro para ella se encargó de borrarlas nada más aparecer. Amaba el mar, su arena, su calidez y la sal que siempre se le quedaba pegada a la piel. Y no podía odiarla por mucho que quisiera, porque siempre sería su compañera cuando más lo necesitaba. La realidad la reclamaba aunque no quisiera surgir a ella, la ataban unas manos cálidas, morenas y fuertes que quería con toda su alma a la vez que intentaba alejarse para no caer en esa trampa.

-Cielo, estoy aquí contigo.- Unas manos cálidas le rodearon la cintura y se pegó a ellas tanto como pudiera porque las necesitaba más que nunca. Sus ojos llorosos buscaron los marrones de quién estaba a su lado para ver en ellos lo mismo que añoraba ella. Lo abrazó, porque no necesitaba nada más, mientras las lágrimas empaparon su camiseta. Él la estrechó más fuerte, intentando ser una tirita que le curara la herida que tenía en su interior, pero no sabía cómo ponerla.

-Gracias, Burns... Siento esto, yo..

-Tú no tienes la culpa.- le interrumpió. -Fue idea de ambos.- Y así había ocurrido. Se habían ido de vacaciones a visitar otras playas, cuando quién la necesitaba era la suya. Una catástrofe había ocurrido en su pueblo rodeado de mar. Todas las casitas viejas que rodeaban la costa, ya no existían, ni tampoco sus habitantes. El mar, podía ser un buen amigo con sus olas, pero también traicionero con ellas. Y ella no estaba preparada para afrontar aquello, no podía odiar al mar por mucho daño que le hubiera hecho.- Ven aquí.- La cogió por la cintura y le susurró al oído.- No estés triste, necesito que estés contenta y ellos también.

-Ya, pero..

-Anda, calla.- Entrelazaron sus manos y caminaron por la orilla del mar dejando que sus mentes aclararan lo ocurrido.


Más tarde, sentados en la arena mirando el horizonte, recuerdan. Ella cierra los ojos y ve su pequeño pueblo y sus habitantes sonriendo, jugando, cantando, corriendo. Todo lo que hacían siempre en la pequeña plaza del centro. Ella siempre se comía un helado de fresa, golosa como ella misma, y a su lado, él. Odiaba su pequeña manía de comerse un helado en el banco, pero también le encantaba como se sentaba. Le encantaba toda ella, pero nunca tenía la valentía de decírselo. Y tampoco ahora cuando la estaba mirando, viendo como su pelo ondulaba al viento y el sol bañaba su rostro.

Él también recordaba cosas, pero lo que más recodaba era a ella. Porque le encantaba levantarse por las mañanas y pasar a recogerla, le encantaba andar, nadar y hablar con ella por la playa, le encantaba correr con ella por las noches y reírse a carcajadas. Porque le encantaba ella. Ella era la razón por la que siempre estaba contento. Sonrió aun con todo lo que había pasado, estando contento por estar con ella, y sabiendo que la tendría a su lado.

Pero ella no salía a la realidad, estaba sumida en sus pensamientos de su pequeño pueblo. Unas gotas saladas cayeron por sus mejillas. Y él se encargó de limpiarlas y sustituirlas por una sonrisa. De sacarla, y traerla a la realidad. Porque se había decidido y la necesitaba. Y sus manos la reclamaban.

-Lils- Dijo con una enorme sonrisa.- No desperdiciemos más tiempo pensando en esto..

-Ya, pero es que..

-Vamos, te necesito.

-Y yo.

No hay nada más que decir. Las marcas de sus lágrimas aun están allí, pero se intentan dejar atrás. Lo que ha pasado les dejó una huella que siempre estará ahí, pero es hora de dejarlo estar, tenerlo en la memoria y saber vivir con ello afrontándolo poco a poco. Su contacto les aleja de eso, reviviendo así nuevos sentimientos que no habían sentido antes por el otro. Le rodea la cintura con una mano y con la otra le acaricia la cara cariñosamente, como si él fuera el calmante que necesita y acerca sus labios a los de ella.