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Historia 58812 — capítulo 1
N/A: Querida Primix XD Sólo tú me podías haber hecho volver con los ones jeje
De hecho, tuve un lapsus y casi no vuelvo a PF (Sorry por preocupar a Mako y Villa, les había comentado que quizás me iría je)…creo que volveré pero muyyy esporádicamente (así que nadie se extrañe si no me ven por un tiempito por acá jeje)...aún puede que sea pronto para dejar PF…(De hecho tengo otros dos ones esperando a ser escritos en este instante).
Te adelanto que no es un yaoi, ni un yuri ni nada que se parezca a animes o a mangas XD… peroooo me he esmerado para que de todas formas pueda gustarte esto XD
Besos
Yop
Under The Rain
Los ojos marrones miraban hacia ningún punto en concreto, su largo pelo castaño claro estaba desparramado como un abanico sobre su almohada. No dejaba de mirar al techo repleto de las múltiples estrellas fluorecentes que lo adornaban. Su padre se los había puesto hacía ya muchos años a ella y a su hermano pero seguían teniendo el mismo efecto en ella que la primera vez. La hacía soñar despierta.
Sin embargo lo que la preocupaba no era esa práctica habitual en ella, sino que ahora no estaba haciendo eso, sino reflexionando. No dejaba de darle vueltas a lo que había sido hasta ahora el sueño más extraño y atemorizante en su vida.
Besaba a un chico, más bien el chico la besaba a ella. Pero eso no era lo importante, ya se había visto a si misma besar a Yami, Draco y Sebastian, todos personajes de ficción, irreales hasta la médula; el problema es que esta vez era alguien muy conocido en un sueño demasiado vivido como para no sorprenderse a sus dieciséis años. Le parecía casi haberlo sufrido en carne propia.
"Pero él jamás me daría un beso así, ¡Por Merlín! ¡Es mi mejor amigo!"- Pensó Sophie. No dejaba de buscarle una explicación razonable a la adrenalina y esos nervios (que se negaba a describir como "mariposas en el estómago") que sintió cuando, con una pasión que jamás hubiera creído, aquél chico, literalmente, la comía a besos.
Negando con la cabeza, intentando sacarse las imágenes como si de una ilusión se tratare, saltó de la cama y se concentró en encontrar sus típicas ropas negras para ir a su Liceo de Bachillerato.
Sólo bastó una mirada a su placard para desesperarse, nada negro. Nada. Ni una minúscula remera. Por lo que la opción era clara: Sacar todo para afuera. En dos minutos su cama, no era ya cama, sino que estaba enterrada bajo una pila de ropa.
La madre, apareció en el umbral y le bastó decir apenas unas pocas palabras para que ella comprendiera que ese día iba a rabiar, aunque sabía perfectamente que su vida era por completo imperfecta: "Tu ropa negra está en el lavadero, la llevé hoy de mañana. Te lo dije anoche ¿No lo recuerdas?".
En el lavadero. Puso los ojos inmediatamente en blanco y bufó, porque bien sabía que le había dicho que no, y que podía haberla llevado otro día, no el Lunes. La muchacha evito retrucarle, ya estaba cansada de pelear tooodos los días, y a toda hora, cuando siempre su madre hacía lo que quería. Para colmo pensaban demasiado distinto. Tomó lo primero que encontró, una blusa blanca con los hombros al descubierto más los jeans de siempre y se cambió en dos minutos, sin darle casi tiempo a su madre de decirle nada.
Pero fue un "casi".
Mientras Sophie salía por el umbral de la puerta de calle le recordó el trabajo más pesado del mundo: " Y no te olvides de ir a buscar a tu hermano a la escuela, ¿me oiste?".
Refuñando, enojada y con frio (olvidó tomar algún abrigo con el fastidio que tenia encima), fulminó a su madre con la mirada mientras se iba a tomar el bus.
Por si fuera poco en el medio del camino el bus se le rompió, dando un resultado "genial": Llegar tarde al liceo, o sea, no vería sus amigos de Cuarto A.
-"Merlín me odia"- Pensó Sophie.
Pelo corto y negro. Ojosde un gris gélido, misterioso e inconquistable como el hielo. Piel morena. Sonrisa irresistible, y un cuerpo que iba cambiando (para placer de muchas femínas) a medida que crecía. Con diecisiete años recién cumplidos era el chico malo más popular del liceo Dámaso. Sin embargo sólo seis chicas lo conocían tal cual era, cuan vulnerable e imperfecto era, desde que iban todos a la Escuela.Era el grupo de las Frikies Japonesas. De sólo escuchar el apodo que le pusieron sus compañeros de curso a Bel, Cami, Sol, Caro, Kuran y Sophie,inevitablemente se reía porque recordaba que, orgullosas, siempre los corregían a todos y les decían que no eran las Frikies Japonesas, sino lasOtaku Uruguayas.
En ese momento estaba despatarrado en unas sillas afuera de su clase, en los pasillos, jugando al truco con su casi más íntimo amigo, tan encantador y con la misma onda que él. Sin embargo las cartas no eran la razón para juntarse en ese lugar, sino para ver pasar a sus amigas, las Otaku, que tenían clase en el piso de arriba. Antes de que llegaran sus respectivos profesores era la única vez en toda la tarde que podía verlas, que podía saludarlas y hablarles ya que estaban en grupos diferentes y de lo contrario sus amigos lo cargarían de por vida si terminaba los recreos con ellas.
Miró la hora de su celular y suspiró profundamente apenas sin darse cuenta del gesto.
Su amigo lo miraba de reojo y reía para sus adentros al haber captado ese gesto.No dejaba de sorprenderle lo terco que podía ser un hombre cuando se trataba de negar al corazón.
-No me digas, ya saludaste a las cinco Otaku y ya extrañas a Sophie…
El morocho lo asesinó con la mirada mientras le sonreía de forma tétrica. Estaba a punto de retrucarle que ella era su mejor amiga y darle los fundamentos que últimamente él le obligaba a dar, aún a sabiendas de que en los últimos días le pasaban cosas extrañas cuando estaba cerca, la manos le sudaban, y el tíc de los nervios en su pierna era un martirio, lo cual jamás le contaría a nadie, simplemente porque era una verdadera locura, probablemente algo pasajero. Sin embargo sólo recordar el último sueño que había tenido le hizo brillar los ojos y tragar como pudo la saliva….
En eso estaban cuando la profesora de su curso de física entraba como un vendaval, haciendo que se levantara de un salto, evitando, a toda costa a su amigo, quien empezó a reir casi como un desquiciado.
El patio de su amada escuela estaba idéntica a como la recordaba de sus días en que todo era un juego de niños. La fachada de ladrillo a la vista, el suelo de granito gris, las jardineras rojas con los frondosos árboles cuyas hojas dejaban a la vista la alfombra amarilla y marrón de cada otoño/invierno, las tres banderas mirándolo todo, y la estatua de Artigas como cómplice eterno de trampas de la mancha y saltos de cuerda. A lo lejos también veía los infaltables juegos coloridos para los más pequeños y la cancha de fútbol de las primeras pasiones con aquél deporte de todo un país.
Nostalgia y silencio. Combinación extraña pero feliz. Estaba completamente sola en aquel patio cubierto de recuerdos y oscuros nubarrones grises cubriendo el ansiado cielo azul. Probablemente llovería pero ya no le importaba. Sólo quería estar un rato a solas mientras esperaba que su hermano apareciera por esa puerta para llevarlo a casa.
-¿Sabés? Estás más bonita cuando sonreís así, de verdad.- Le dijo con voz medio en serio medio en broma.
Sophie se sobresaltó, giró y miró hacia su interlocutor directo a los ojos. De inmediato sonrió aún más y lo abrazó.
-¡¡Loquiiiii!!!- Gritó ella, llamándolo por su apodo, en honor al "Loco" Abreu de su ahora liceo.-¿Qué hacés acá?
-Vine a buscar a mi prima. Mi tía tuvo un problema en el trabajo y no la dejaron salir a esta hora, como siempre le dejan. Así que me pidió a mi.- Dijo orgulloso de que confiaran en él.
El aguacero que se había aguantado todo el día cayó sin aviso previo alguno en todo Montevideo mientras los primeros truenos se manifestaban sublimes para que los oyeran con toda su intensidad.
Sophie, por primera vez en mucho tiempo se sentía libre. Dejó que las finas gotas de agua la mojaran mientras reía y bailaba en el solitario patio sin vergüenza alguna, como si nadie la estuviera viendo.
-Sos hermosa…-Dijo él con la voz quebrada, pero después se arrepintió y deseó que lo tragara la tierra al ver que ella paraba su baile y lo miraba estuperfacta de haber escuchado aquél susurro.
Hielo y tierra se conectaron en ese instante.
Ninguno de los dos tenía la fuerza como para cortar aquél momento, aquellos minutos que parecían ser horas.
Tragaban saliva forzadamente.
Temblaban imperceptiblemente.
Los nervios de ella iban en aumento pero él…él se sentía más fuerte a cada segundo.
Se acercó lentamente a ella y, desde su altura, le quitó el pelo de la cara, esperando que ella comprendiera la situación. Mas ella estaba paralizada por completo, sin poder dejar de mirarlo.
Él se mordió el labio y sin poder evitarlo más, la besó.
Primero un beso lento, pausado, esperando que ella le propinara un cachetazo como imaginaba que haría por su fuerte personalidad.
Pero su lengua, la de él, ni lenta ni perezosa fue por más al ver que ella no se negaba al beso y el placer resultaba ahora su más sabia consejera.
Ella también sintió inevitable placer, pero placer completo y sobre todo real al dejarlo entrar, dejándose llevar a un terreno donde ya no conocía nada.
Pero él se sintió morir cuando ella le siguió el juego.
En instantes, sus labios fueron uno y perdieron por completo la noción del tiempo.
Ahora ambos sabían, lo que era, real y literalmente, partirle la boca de un beso al otro.
Un rubio de unos 9 años miraba la escena con ojos asesinos hacia el chico que osaba besar a su hermana. A su lado una niña rubia de ojos azules de unos 7 años lo observaba todo impactada y emocionada, sin poder creer que aquél Don Juan era su primo favorito.
Pero el rubiecito no tuvo mejor idea para llamarles la atención que propinarle una buena patada en una de las rodillas (aunque la intención era darle una patada, "delicadamente", en otro lugar) del morocho.
La niñita rubia logró evitarlo a tiempo y mientras ambos peleaban sobre que era mejor, ambos chicos no pudieron evitar escucharlos. Abochornados y con claros signos de nervios se separaron muy lentamente, como sin ninguno de los dos quisieran atender a los menores. Sophie dio un suspiro de resignación al ver a su hermano en aquél estado, pero al volver a ver al morocho se mordió los labios y sonrió. Lo más rápido que pudo le dio un corto e impulsivo beso en los labios, tomó a su hermano que la observó con la palabra en la boca y profunda sorpresa, mientras se iban corriendo del lugar antes de que el diablillo rubio comenzara a incomodarlo a él.
Le tocó paralizarse, pero sus ojos grises tenían un brillo especial. Sonrió como embobado, sin poderse creer lo acontecido mientras se pasaba la mano por la nuca.
Finalmente una felicidad entre tantos problemas familiares que tenía.
Miró al cielo del que seguía lloviendo y tomó entre sus brazos a su primita que con su paraguas rosado la miraba extrañada.
Sabía que era el comienzo de una historia.
Tomó su celular y no dudó cuando escribió la pregunta, dirigida a ella:
¿Te gustaría ser mi novia?
Fin
N/A: Hey Flo…¿tú qué dices?¿Que respondería Sophie? Jejeje…
Bueno espero que te haya gustadooooooooooooo muahahahahahahahaha
Y si dios quiere mañana hay otro muahahaha…
Gracias por leer XD
Besotes a todoooss
Cass
P.D: Si hay algún regionalismo…pues me lo dicen y lo cambio…Espero que esta vez no sean marys o garys sues…y sino ¡¡Me dicen como cambiarlooooooooo!!!!!!!!! (Detesto caer en esos personajes pero caigo, y caigo y caigo una y otra vez O.o….)