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Historia 59010 — capítulo 1
4 de setiembre 1992…
Bajo la tenue luz de la diosa plateada de la noche, cuyos rayos se colaban por la translucida figura de una ventana, con la brisa suave desacomodando sus cabellos; los pies descalzos, los ojos fijos en la penumbrosa noche, en la cúpula oscura que se abría sobre sí; la pequeña de piel morena no se podía dormir por la pregunta más inmensa que había cruzado su mente.
Una arruga del tamaño de sus pequeños dedos, cruzaba la frente. La mueca de disgusto en el rostro que le había dejado la cena de esa noche, incrementada aun más por la ausencia de ellas en el cielo.
¿ Las estrellas, dónde habían ido a parar?. Llevaba noches esperando verlas brillar de nuevo, como si fueran ases de sol robadas por la luna a su amigo el mañanero; iluminaban con sigilo la alfombra terciopelo de la noche.
Pero en su contra se habían puesto las pequeñas, ya no salían y la alegraban, se escondían como si de un juego se tratase y ella no hubiese logrado encontrarlas aún.
Dibujo un puchero de resentimiento en sus labios; con una lagrima escondida para que no la vieran llorar por la ausencia de los astros.
¿ Quien diría?, gases quemándose a millones de kilómetros de distancia, eran el motivo principal para el llanto de una niña, para su mal humor en la mañana y para los regaños casi constantes de sus padres por sus malacrianzas.
- - ¿Dónde están?, por qué se fueron y me dejaron?- pregunto la niña en voz de suplica- es que acaso ya no me quieren?
- - Si te quieren, te adoran- respondió una voz lejana
- - ¿ Quién eres?
- - Ellas no se han ido, ni se han escondido; sólo que tú las has atrapado.
- - No entiendo… ¿Quién eres?!- gritó la pequeña, temiendo que alguien en su casa se hubiese despertado.
- - Soy un poema, un arrullo; soy quien guarda tus sueños y los teje cada noche, soy quien te tiene la respuesta a lo que te atormenta.
- - ¿Dónde están las estrellas?- inquirió la niña, hincándose en su cama y mirando el vacio cielo de eso día.
- - Están en ti
- - Mientes- recriminó con furia- y mentir es malo… yo no me he comido ninguna estrella
- - Tienes razón, no lo has hecho; pero te aseguro, las estrellas están en ti
- - No es cierto
- - Escucha, solamente escucha… de tu interior flotaran las respuestas y veras que no miento, que ahora son ellas las que hablan por mí.
La habitación quedo en silencio, ni voz interna, ni voz lejana; mala broma pagana?. Se sentó a esperar, y apunto de reclamar surgió, la voz que venía no de lejos, estaba en ella.
"Oh lucero de la noche, que te has hecho?
de entre todos mis juguetes te prefiero,
acaso un bandido tu belleza se ha robado?
porque con ello mis sueños ha maltrecho.
Ha dejado todo sin vida,
sin luz, sin alegría.
Ya sin mano no camino
ya no hay guías de amor y brillo.
Se han perdido las estrellas?
O ha nacido la más bella?
Tan iguales, tan preciosas
cual mínima visión parece piel de rosas.
De el cielo, hacia la Tierra
equivocándose de morada,
ha bajado y quedado
en cuerpo pequeño su esencia ha perpetuado.
- - No entiendo- susurró la pequeña, evitando espantar la dulce voz
- - Espera, al final encontraras la respuesta- le respondió la voz
Pisó mundo, esperando no equivocarse
halló casa, decidida a adaptarse.
Entre todas las personas,
escogida; sólo tú las extrañas.
Dentro de ti se ha escondido,
no es que se haya perdido
es que le ha parecido magia
lo que causaba tu alegría.
Ahora te respondo,
las estrellas no se han ido
sólo se encuentran en lo más profundo
de su cuerpo preferido.
Siguiendo tu mirada se encontraron
en remolino de emociones se adentraron.
Lo más justo es decirte
que tu nombre no es otro más que Estrella."
La niñita sonrió triunfante; la voz en su interior era la voz de las estrellas, y ahora sabía bien que ella era una más entre ellas, era Estrella.
La Luna, vieja amiga inseparable; vieja voz lejana, la acurrucó con su canto hasta que la pequeña viajara a un mundo de sueños perfectos, abrazada a su inseparable Principito...
Miró más abajo, allá al sur. Tres casas, tres risas, tres bebés en distintos lugares, en un mismo país; cuatro historias que un día se unirían, sólo quedaba esperar.
En todo su esplendor la Luna decidió, que su Estrella los iba a iluminar, que entre palabras se iban a encontrar.
- - Duerme ya, mi Estrella… que mañana será un año más.