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Azabache y aurirojo — capítulo 2

Sobreviviste

No podía creerlo, te miré mientras respirabas lentamente. Habías sobrevivido. Miré hacia tu cuello, no lo pude evitar. Esa fea marca en tu cuello, esa serpiente había clavado los colmillos en ti y aún, aún así después de todo... estabas vivo. Me incliné para mirar más de cerca y ladeaste la cabeza hacia mí. Me asusté y retrocedí. Te quejabas de algo, parecía que te dolía y sangraba.

Miré a mi alrededor y lo primero que encontré, fue un viejo pañuelo. El que había usado en el entierro de Albus. Lo tomé y cuidadosamente lo acerqué a tu cuello. ¿Qué iba a hacer? Lo posé allí y enseguida lo tomaste con tu mano y lo empujaste allí. Yo lo solté de inmediato.

Lentamente comenzaste a ladear tu cabeza hacia mí. Querías saber quién sostenía el pañuelo en tu cuello. Supuse, pasaría muy pronto. El día en que tú y yo nos volveríamos a ver. El día en que yo podría entender todo.

O quedar igual, no comprender nada y que aquella verdad... Dumbledore se la llevara a la tumba. No dije nada. Débilmente parpadeaste y bien, te sorprendió verme allí sentada. Mi gesto severo ya no existía. Mi cabello en el perfecto moño, ya estaba desecho. La guerra había sacado lo peor de cada uno.

De ti; mucho más que de otros. Te miré en silencio y bien, lo que sea que te pasara por la cabeza, yo me lo imaginaba.

— Minerva... ¿qué haces allí?

— Miro los sobrevivientes. Hogwarts no es lo suficientemente grande como para ser un hospital, pero al menos podemos dar algunas atenciones. Aún seguimos siendo leales con la comunidad mágica.

No sabía qué estaba diciendo, ni siquiera sabía por qué me molestaba tanto. El hecho era que verte a salvo y ver muerto a Dumbledore, no me hacía ni una pizca de gracia. Aunque no le deseaba la muerte a nadie.

Pero no lo encontraba equilibrado. Sonreíste suavemente y me miraste una vez más. Sí, era gracioso lo que decía.

— No creías que me salvaría y por eso me miras con esa cara y dices cosas que ni tú entiendes— acertaste en el blanco.

— ¿Por qué, Snape? ¿Por qué nos traicionaste?

— No traicioné a nadie, hice lo que Albus Dumbledore me pidió que hiciera. Aún en lo arriesgado y doloroso que fuera, lo hice.

No sé si usabas tu oclumancia en mi contra o si decías la verdad. De todas formas, eso se lo llevaba Albus a la tumba, suspiré y me levanté de la silla. Me miraste en silencio y yo hice lo mismo.

— Recupérate pronto— dije y suspiré antes de darme la vuelta y marcharme— tenemos mucho trabajo que hacer y muy poco tiempo.

No contestaste e igualmente, no te di la oportunidad. Al salir, respiré profundamente y me pregunté; por qué albergábamos a un gran traidor a la causa.

Porque no teníamos pruebas...

¿No? ¿La muerte de Dumbledore no contaba? Pero él confiaba en Severus y no podía hacer otra cosa; que descubrir el motivo.

Antes de verlo partir, tenía que saberlo. Graciosa ironía que se salvara.

Pasaron algunos días y él parecía recuperarse. Podía caminar cortas distancias y la enfermera le había vendado el cuello.

Aún yo; podía ver la fea herida y cómo borboteaba sangre. Pero claro, me aseguraba de reprimir esas horrendas imágenes.

Esos horrendos recuerdos. Me miraste con una sonrisa, cuando me detuve en el podium del gran comedor y traté de dar palabras esperanzadoras. Una vez más, yo era la subdirectora y tú el director de la escuela de magia y hechicería.

Aquella, que habías traicionado.