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El torneo de jefes de casa — capítulo 2
Minerva trataba de no alarmarse al notar que Albus, traía entre sus manos, un enorme pergamino. La competencia comenzaba y él parecía dispuesto a no darse por vencido con la idea. Con una sonrisa afable, se detuvo junto a ellos y los miró cuidadosamente. A cada jefe de casa.
Sprout estaba muy nerviosa y no podía comprender el por qué. Estaban dispuesto como si fuesen militares y Dumbledore pasaba frente a ellos.
— Comencemos con las aclaratorias de este concurso tan importante.
Dumbledore suspiró lentamente, ante la mirada enfurecida de Snape. Como siempre, terminaba ignorándolo y continuando con sus proposiciones.
— Lo primero que revisaremos, es el trato a los niños. En lo cuál, mi querido Severus, tendrías mucho en lo que perder.
¿Trato? Tenía que tratar bien a esos mocosos decerebrados; para poder ganar. ¿Para poder ganar? Oh claro, como si deseara ganar. Como si incluso deseara participar en algo como eso.
Minerva pensó igual que él.
— El trato a los niños es importante. Se puede ser severo, pero no demasiado. Se tiene que cuidar la imagen, pero tampoco dar una falsa impresión. Yo sé que todos ustedes son amables y que pueden brindar lo mejor de sí.
Flitwick miró a Snape, imperceptiblemente y Albus sonrió.
— Incluso Severus. Y sé por qué lo digo— dijo, guiñándole un ojo y con una sonrisa a medias.
Snape decidió que lo mejor era encerrarse en su cabeza y jamás salir. Porque si preguntaba de qué hablaba; iba a arrepentirse.
De todas formas, Dumbledore igualmente se lo hizo saber. Abrió el extenso pergamino y mientras este flotaba a su lado, señalaba los puntos a tocar.
— Amabilidad. Carisma... diciplina... y atención ante una sorpresa. Respuesta rápida. Un buen jefe de casa, hace todas estas cosas.
— ¿Todas?— dijo Sprout, mirándolo con un suspiro lento. Esperaba poder recordar eso, para cuando comenzara la competencia.
Dumbledore asintió y Minerva soltó un bufido suave. Bien, las cosas no podían resultar más raras. Apesar de que estaba hablando y pensando en Hogwarts. La escuela donde la mayoría de las situaciones raras, eran permitidas.
Y esa no iba a ser una excepción.
— ¿Cuál es el premio?— dijo Snape y Dumbledore sonrió.
— Será secreto, al que gane... él lo sabrá. Él o ella.