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Historia 59764 — capítulo 1

La primera vez que se había encontrado con aquella chica había sido en la primavera, un día de viento y un sol radiante que calentaba poco y nada a toda la población de Inglaterra. Albus estaba con su familia en el Callejón Diagon, tenía solo 11 años y estaba tan entusiasmado porque era su primera visita a ese lugar, en donde compraría todo para ir a Hogwarts, si, ya le habían enviado la carta.

Y estaba en Florean Fortescue cuando una niña, cargando varias bolsas, se tropieza con sus propios pies y se le caen algunos libros y túnicas, Albus observó a la chica oyendo a su hermano mayor, James, carcajear junto con Lily, su hermana menor, y decidió ayudarla.

  • Albus, el caballero -lo fastidió James.
  • Ya silenciate -fue lo único que dijo el ojiverde tratando de ocultar que se había sonrojado por las palabras de James, de hecho, siempre su hermano lo hacía quedar en ridículo frente a todos.
  • Gracias, eh -dijo la muchacha cuando ya habían recogido todo- No puedo con todo esto.
  • ¿Dónde están tus padres? -curioseó él.
  • Con mi hermana menor, se puso a hacer un griterío porque yo entraba a Hogwarts y se quedaron en una tienda de mascotas comprándole una lechuza o un sapo -explicó- Bueno, gracias de nuevo.
  • No fue nada -dijo él- ¿Cómo te llamas?
  • Maureen -sonrió la chica, que en ese momento tenía el cabello corto y castaño oscuro, unos ojos marrón y grandes, como observando siempre todo lo que pasaba, y una estatura un poco más baja que el muchacho- Tú eres...
  • Albus... Albus Potter -le estrechó una mano- Si quieres te ayudo con tus cosas hasta donde tus padres, yo también tengo una hermana menor que hace rabiar porque aún no le llega la carta, te comprendo -ambos rieron.
  • Bueno, entonces si no te molesta vamos -se encogió de hombros.

Se fueron hablando de lo que esperaban ver en Hogwarts y de lo que harían, Maureen era de madre Muggle y padre Brujo, pero veía pócas veces a su padre por lo que no conocía casi nada del mundo mágico, Albus se encargó de explicarle sobre las casas y el sombrero seleccionador, ella se veía simplemente maravillada...

  • Espero ir en... Gryffindor, si dices que es tan maravilloso -se encogió de hombros la pequeña luego de pensarlo- Aunque mi color favorito es el verde...
  • Ni pienses que por eso irás a Slytherin -se horrorizó Albus- No, no y no...
  • ¿Le temes a una casa?
  • Toda mi familia ha estado en Gryffindor, en verdad, no le temo a Slytherin pero, ¿Qué sería de mi si yo cayera en una casa diferente a todos? -ella se quedó en silencio, mirándolo- Pero bueno.
  • Me caes bien -dijo Maureen luego de un rato, él lo tomó por sorpresa, generalmente todas las personas se sentían atraidas a quedarse con James, no con él, pero sin embargo la chica le estaba diciendo que le había caido bien, esbozó una sonrisa- Si es que nos vemos en Hogwarts, puedes llamarme Mo, así me llaman en casa.
  • Nos veremos entonces -dijo Albus- Y ya llegamos a la tienda.
  • Si, allí está mamá con Agus -observó ella despreocupadamente- Gracias, Albus.

No sería, claramente, la última vez que la vería...

5 años más tarde...

Las cosas habían cambiado un poco desde aquel sueño infantíl en donde los chicos no hacían nada más que divertirse y estudiar  cosas básicas. Sexto año era el reto y además la adolescencia no era nada fácil, pero Albus y Maureen sabían que permanecer tranquilos ante todo un mundo que los quería estresar era la técnica. Albus finalmente había caido, irónicamente, en Slytherin, y aunque en primero estuvo buscando el por qué a tal desgracia, logró entender que algo de bueno tendría esa casa. Claro que tuvo muchos problemas con James, quien no aceptaba que su hermano fuera una serpiente, y se dejaron de hablar por un buen tiempo hasta que ambos maduraron y todo eso quedó en el pasado. Por el lado de Maureen, la chica quedó en Ravenclaw, la vez que Albus le había hablado sobre las casas no le había interesado mucho, "Gente vestida de color azul con una gran cabezota que soporte su cerebro" habría pensado a los once, pero claro, al pasar los años se dió cuenta de que adoraba estar en esa casa.

Albus había tenido un par de novias solamente, no muchas y tampoco muy vistas, pero toda relación acababa rápido, al parecer no servía para tener un noviazgo duradero. No le fastidiaba, en absoluto, le gustaba estar más solo, pero sin duda la chica que más lo había acompañado desde pequeños había sido ella, Mo, quien ya crecida, con el cabello largo ahora y castaño como siempre, seguía siendo su amiga.

  • ¡Mo! -en el tren se habían reencontrado luego de las vacaciones, ella iba caminando sola y buscando compartimento, aún no encontraba a ni una de sus amigas por lo que se mantenía distraidamente paseando la mirada por el tren hasta que su amigo la llamó.
  • ¡Al! -sonrió.
  • ¿Cómo estás?
  • Pues, no me quejo -se encogió de hombros- ¿Buscas compartimento conmigo o te vas con tus amigos?
  • Busco contigo -sonrió él, afable- Vamos

Y siguieron avanzando por el pasillo.