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Instant Star — capítulo 19
Me encontraba en el prado que habíamos encontrado con Edward en la tarde, se veía hermoso como ese día y parecía el lugar más perfecto del mundo. Caminé por el lugar y acaricie con mis manos los troncos de los árboles mientras mis pies descalzos rozaban el pasto suave. Miré a mí alrededor a ver si encontraba a alguien pero el lugar estaba vacio por lo que me dejé caer sentada al suelo mientras abrazaba mis rodillas.
-Bella - me llamó una voz.
Me giré a ver y encontré a Edward parado vestido de blanco completamente.
Cuando quise hablarle alguien más dijo mi nombre.
-Bells - volví a girarme y me encontré con Jacob también usando ropa blanca.
-¿Qué…? - pero otra voz me interrumpió.
-Bella - me giré y encontré, por alguna extraña razón, a Cédric.
Cada uno estaba en un punto exacto del prado, formando un perfecto triangulo conmigo al medio.
-Edward - miré a este primero pero no dijo nada -. Jake - él tampoco habló -. Cédric - tampoco dijo nada - ¿Qué sucede aquí?
Ninguno me respondió solo me miraron.
Quise volver a preguntar pero de pronto sentí como si el suelo desapareciera y yo cayera por un poso sin fondo. Sentía que mi cuerpo me decía que hiciera algo pero no había nada de lo cual sostenerse. No debía entrarme pánico, era un sueño, no debía asustarme. Pensé en quedarme callada sin reaccionar a nada, en pellizcarme para despertar, pero no podía por lo que, pocos segundos después, comencé a mirar hacia todos lados intentando buscar algo a lo que sostenerme. Todo estaba oscuro a mí alrededor, no había nada. Cerré mis ojos para no ver nada ni pensar en nada, y cuando los abrí…
Ya me encontraba despierta. Me quedé unos minutos en la cama mientras controlaba un poco mi agitada respiración. Llevé una mano a mi cabeza para moverme un poco el cabello y me di cuenta que estaba sudando como loca. Me puse de pie rápidamente y corrí al baño, el sol estaba comenzando a asomarse, encendí la ducha con agua caliente y mientras buscaba algo que usar esperé a que se calentara el agua. Cuando estuve bajo el agua pude sentir como mi piel agradecía el contacto del agua caliente por lo que estuve allí varios minutos hasta que recordé que a las ocho debía ir a el estudio que me había dicho Edward. Apagué la ducha y me sequé con una toalla para luego vestirme con una remera de "The Runaways" que también había hecho y unos pantalones marrones claro de tela vaquera ( ) dejándome el cabello suelto y alocado. Salí a mi habitación para buscar una mochila donde guardé el móvil, mi cuaderno de canciones, el cheque y las pastillas, pero primero me tomé una antes de salir del baño. Colgué el cuadro con el contrato en mi habitación, dejé mi guitarra en su lugar de siempre, puse el trofeo sobre mi repisa y las flores las puse en un florero. Bajé las escaleras y me encontré con mis padres ya listos, eran las siete y media. Charlie estaba sentado leyendo y Renné preparando el desayuno, escuché un televisor en la sala por lo que supuse que Jamie estaría allí.
-Buenos días, ganadora - me saludó mi madre acercándose a mí y abrazándome con fuerza.
Me quedé helada al sentirla abrazarme, ¿qué estaba ocurriendo?
-Mmm… hola - dije yo cuando ella se soltó.
Me senté en mi asiento de siempre desde que nos habíamos mudado y me sirvió frente a mí un plato con panqueques en forma de "B" y un vaso de jugo de naranja.
-Aquí tienes tu desayuno - me dijo ella.
-Gracias - susurré yo mientras tomaba el vaso.
Mientras comía podía sentir como mis padres se miraban entre ellos felices.
Comencé a comer lentamente, no tenía mucho apuro, quería disfrutar la comida que hacía mucho tiempo no probaba. Mañana se iría Renné a Jacksonville así que estaría sin probar su comida por un tiempo y no quería olvidarme de los deliciosos panqueques que hacía. Cuando terminé levanté las cosas, mis padres me miraban con los ojos abiertos, y me puse a limpiar los platos hasta que terminé y los guardé.
-Es hora de irnos, Bella - comentó Charlie mientras tomaba las llaves del auto -. Pronto serán las ocho y debemos llegar.
-Okey - tomé la mochila.
-Le diré a Jamie que ya venimos - Renné desapareció por la puerta mientras yo y mi papá nos íbamos afuera para subir al coche.
Llegó mi madre y subió para que pudiéramos encenderlo y Charlie comenzaba a conducir.
Yo iba en la parte de atrás con la cabeza apoyada en el vidrio de la ventana mientras pensaba en lo que había soñado. Podía entender que Edward apareciera en mi sueño, era de esperarse después de lo mal que la pasamos el día anterior, pero no lograba entender por que Jacob o Cédric habían aparecido también. Cuando vi a Cédric la primera vez en la televisión me había parecido un chico muy… muy guapo y además era joven, casi de mi edad. Quizás el sueño solamente se trataba de algo normal, algún capricho con conocer de frente a Cédric o de que Jacob estuviera conmigo como la banda del disco o que Edward dejara de lado su orgullo para poder estar conmigo. Sueños son sueños… y así se van a quedar. Prefiero que todo siga igual a que cambié en algo malo.
Después de unos minutos escuché como se detenía el coche frente al edificio "Musical Obsession" y mis padres se bajaban conmigo siguiéndolos por detrás. Prefería que ellos fueran al frente para no ver sus rostros al ver el lugar, entramos por las puertas y Charlie habló con la de la recepción para luego decirnos que debíamos subir a la tercera planta donde nos esperaba Mason Hudson, el jefe y dueño del lugar. Nos subimos al ascensor y marcamos el número 3 y este comenzó a moverse. Charlie parecía algo nervioso por que me miraba a mí y mi madre a todo momento mientras que Renné se veía relajada, ambos se habían tomado de la mano y estaban frente a las puertas del ascensor mientras que yo me apoyé en la pared con los brazos cruzados y la cabeza gacha. Sostuve mi mochila con más fuerza y vi como las puertas se abrían y, justo frente a nosotros, había un pasillo con sillas, plantas y cuadros, a lo lejos otra mujer sentada en un escritorio que debía de ser la secretaria y solo una puerta. Caminamos por el corto pasillo y Charlie le dijo a la secretaria que nos esperaban a las ocho, ella se puso de pie y abrió la puerta para entrar antes que nosotros a decirle y, en cuanto salió, nos dejó entrar. La oficina era enorme toda de vidrio, vidrios de vidrio, mesa de vidrio, adornos de vidrio, piso que reflejaba tu silueta en él, todo estaba tan limpio y ordenado. Sentado en una silla estaba Mason Hudson con una sonrisa en su rostro.
-Adelante, familia Swan - nos dijo mientras se ponía de pie para apuntarles unos sofás que había en la sala -. Siéntense.
Mis padres lo hicieron en un sillón mientras yo me mantenía parada mirando las paredes del lugar que estaban llenas de fotos o discos de platino, todos de cantantes famosos o solamente familia y amigos.
-Bien, creo que ya saben por que están aquí - admitió el señor Hudson mientras yo los escuchaba dándoles la espalda.
-Así es - respondió la voz de Charlie.
-Bueno, puedo asegurarles que esto será solo un disco - comenzó a hablar -. Ella estará completamente libre de todo contrato y si quiere irse a mitad del disco o cuando quiera puede hacerlo. Edward Cullen hizo un concurso, "Instant Star", y yo ofrecí mi premio al igual que él ofreció el suyo que fue el dinero - sentí la mirada de mis padres, ellos no sabían del dinero que había ganado -. ¿Aceptan?
-Debería preguntárselo a Bella - dijo la voz de mi padre.
En ese momento estaba viendo una fotografía de Edward con Mason sosteniendo un disco de oro en las manos.
Me giré a verlos, ¿acaso al fin podría tomar yo una decisión? Vi a mis padres y ellos me sonrieron para animarme por lo que caminé hacia el señor Hudson y él se puso también de pie para verme.
-¿Y si el disco es un fracaso? - pregunté insegura.
-Eso no es un problema ya que no firmamos ningún contrato - respondió sonriéndome a medias.
-¿Y si… es un éxito?
-Pues, creo que ahí si tendré una charla con tus padres de negocios, ¿no crees? - me guiñó un ojo.
Que bien, tendría que poner todo mi esfuerzo en este disco y podría grabar otros más. Debía hacerlo lo mejor posible.
-De acuerdo - estiré mi mano con una sonrisa -. Tenemos un trato - él sonrió y estrechó mi mano feliz.
-Bueno, ¿qué te parece si empezamos mañana? - preguntó.
Tuve que pensarlo.
-Tengo escuela mañana - admití.
-Después de la escuela puedes ir y allí podrás terminar tus tareas y grabar - opinó y yo asentí -. Edward compró el edificio, ve a esta dirección - se sacó un papel del bolsillo y me lo dio -. Es la calle de un nuevo estudio de grabación que, desde ahora, será tuyo.
-¿Mío? - pregunté con los ojos abiertos como platos.
-Así es - me respondió sonriéndome.
Soltamos nuestras manos y él se sacó de su saco una hoja.
-Será una clase de contrato, pero no es uno - explicó -. Ella terminará el disco si eso es lo que quiere, pero será tratada como una estrella.
Se volvieron a sentar todos mientras yo volvía a ver los cuadros de las paredes.
Había varias fotos de Edward en la pared, parecía ser el mayor éxito que tuvo esa disquería por lo que su rostro estaba en todos lados. Logré ver una donde se veía mucho más joven, quizás tendría mi edad, y estaba con Mason estrechándose las manos y con una sonrisa en el rostro. Debía de ser cuando aceptó unirse. Después había una de toda la banda con Edward y el señor Hudson. Junto a esa estaba una foto del rostro de Edward de su primer disco, se veía tan hermoso en esa foto con sus ojos verdes brillando con la luz y su cabello alborotado como siempre, y su sonrisa blanca y perfecta deslumbrante. Sin darme cuenta me quedé mirando su foto unos minutos hasta que sentí como alguien me llamaba. Me giré a ver y encontré al señor Hudson solo, mis padres debían de haber salido para dejarme a solas con él.
-Antes de dejarte ir - comenzó a hablar -, necesito presentarte a unas personas - se dirigió a una puerta y abrió para llamar a las personas que estaban del otro lado.
Me acerqué a la puerta y vi como salían de allí una mujer adulta que debía tener unos treinta y pico de años y otro chico junto a ella que debía tener la misma edad de piel oscura y cabello negro.
-Ya conoces a Edward que trabajará contigo - habló el señor Hudson -. Ahora quiero que conozcas a Ashley Reed que será tu diseñadora de imagen y a Justin Grenne que trabajara con Edward en tu disco.
Saludé a Ashley y Justin con la mano.
-Bueno, Bella - habló Ashley -, mañana tendrá una entrevista donde mostrarás una nueva canción que compondrás con Edward mañana así que será mejor que me acompañes unos minutos para que puedas ver que usar, ¿si?
-Podré usar algo que valla conmigo, ¿no? - pregunté antes de salir con ella.
-Claro que si, tú elegirás la ropa - me dijo sonriendo.
-Okey - saludé a los demás y me fui con Ashley.
Mientras caminábamos por el edificio ella me explicó que ahora tendría que estar aquí hasta que llevaran todos los muebles y demás cosas a MI estudio. Que lindo se escuchaba decirlo: MI ESTUDIO. Mi estudio de grabación donde comenzaría mañana a grabar mi disco. Ashley me explicó que, cuando todo estuviera listo, llevarían toda la ropa que sería desde ahora mía a uno de las habitaciones donde yo me vestiría antes de ir a algún lugar. La entrevista sería en Seattle por lo que, después de terminar de grabar la primera canción y que hiciera mis deberes, debería viajar con ella, el señor Hudson y mis dos productores para allí. Bajamos unos pisos hasta que nos detuvimos frente a una puerta, Ashley entró antes que yo y logré encontrar un montón de cajas y percheros donde había ropa. Me quedé mirando con los ojos y boca abierta.
-¿Todo esto es mío? - pregunté sin poder creerlo
- ¿Cómo sabían quien ganaría?
-No lo sabíamos - admitió encogiéndose de hombros -. Esta ropa es mixta, para hombres y mujeres de todo tipos, buscaremos algo ahora y, cuando todo este listo en tu estudio, podremos salir de compras y gastar el dinero del señor Hudson - me guiñó un ojo y yo reí.
-Será mejor que empecemos - solté dejando mi mochila en el suelo.
Estuvimos abriendo cajas y viendo los vestidos de los percheros para buscar algo que me gustara, había todo tipo de vestidos y cosas así. Rosas, verdes, violetas, blancos, todos los colores y también estampados: floreados, corazones, estrellas, había algunos vestidos que eran tan extraños que me parecían horribles. Estuvimos unos minutos viendo toda la ropa que había lo cual hizo que me aburriera bastante ya que ella me hacía verlos a todos y, si había alguno que apenas me pareciera pasable, ya me obligaba a ponérmelo para ver como me quedaba. Después de haber elegido uno que a Ashley no le gustaba mucho terminé con todo eso, me despedí de ella, tomé mi mochila y me largué rápidamente de allí antes de que decidiera que siguiéramos viendo. Me di cuenta que el ascensor estaba siendo usado por lo que decidí bajar las escaleras que era mucho más rápido que esperar. Comencé a bajar apresuradamente con la mochila golpeándome la espalda de vez en cuando, mirando los carteles que decían en cual piso iba hasta que algo logró que terminara sentada en un escalón. Me di cuenta que estaba yendo demasiado rápido y, teniendo en cuenta el dolor que sentía, debía de haber chocado con alguien pero estaba tan confundida que apenas pude pensar en que tenía la espalda matándome.
-¿Te encuentras bien? - me preguntó una voz que reconocí como la de Edward.
Abrí mis ojos y miré arriba para encontrármelo con su mirada en mí, preocupado por mi estado.
-Si - mentí mientras me arrodillaba en el suelo ya que mi mochila se había rasgado con algo y había quedado con todas sus cosas esparcidas por el suelo.
Tomé mi cuaderno y el cheque mientras guardaba mi móvil en mi bolsillo pero no encontré las pastillas por lo que miré por todo el piso a ver si las encontraba hasta darme cuenta de que Edward, arrodillado frente a mí, estaba con las pastillas en las manos. Se la saqué de sus manos y la guardé en mi bolsillo, terminé de juntar algunas hojas que habían caído de mi cuaderno y me puse de pie tomando la mochila para ponérmela debajo del brazo.
-¿Qué… qué haces aquí? - pregunté intentando cambiar de tema para poder irme sin responder preguntas.
-Trabajo aquí - respondió mirándome -. Mason me llamó para poder estar con Ashley y Justin cuando te presentaran pero creo ser lo bastante cuerdo para notar que no estabas muy feliz de verme la última vez.
-No es eso - aseguré -. Es que estoy algo cansada y creí verte algo nervioso e incomodo así que no quería ponerte peor.
-Supongo que ambos nos equivocamos con el humor del otro - admitió y yo sonreí bajando la cabeza -. Pero algo te sucede, estoy seguro. ¿Esos calmantes son tuyos?
Oh, shit.
-La verdad… - pensé unos segundos - la verdad es que… - me estruje el cerebro pero nada se me ocurrió -. Sí, son míos - solté un suspiro - ¿Por qué?
-No me imaginé que los necesitaras - se encogió de hombros - ¿Para que son?
-Eso ya es mi problema - me atreví a responderle.
-Soy tu productor, creo que ahora tus problemas también son míos así que debes decirme.
-Ahora solo eres Edward Cullen - le recalqué -. Mañana cuando seas mi productor, quizás pueda decirte.
-De acuerdo, no lo olvidaré - me aseguró serio.
-Bien - terminé.
-Bien.
-Adiós.
-Adiós.
Pasé a su lado chocando apropósito con su hombro y continué bajando las escaleras.
A mitad de camino ya me encontraba algo mareada por todo lo que había pasado por lo que llegué al primer piso y me dirigí al baño que había más cerca. Entré a uno de los sanitarios y cerré la puerta para poder arrodillarme cerca del inodoro y vomitar. Intenté sostenerme el cabello para que no me diera en la cara mientras apoyaba una mano en el piso para no caerme. Mis cosas terminaron en el suelo.
-¿Hola? - llamaron a la puerta - Señorita, ¿se encuentra bien?
Parecía la voz de un hombre.
Después de haber expulsado todo lo que tenía dentro de mí decidí ponerme de pie, limpiarme la boca con el papel higiénico y acomodarme un poco la ropa y el cabello. Respiré hondo y abrí la puerta para ver quien era, encontrándome con Cédric Quincy. Me miró con los ojos como platos, sorprendido de verme allí seguramente, pero pronto su expresión paso a felicidad.
-Hola - me saludó con una sonrisa.
Pasé a su lado y me fui a una canilla para poder poner mi boca debajo de ella y llenarme la boca de agua para luego dar algunas arcadas y escupir.
-Hola - lo saludé yo ahora con mejor gusto en la boca.
Me giré y logré verlo mientras alzaba mis cosas del suelo.
-¿Estás bien? - me preguntó girándose a verme.
-Si - mentí de nuevo -, estaba algo descompuesta, nada más.
-De acuerdo - puso mis libros bajo su brazo y estiró una mano -. Déjame llevarte a casa, al menos.
Dudé unos segundos pero luego pensé en que sería mejor que me llevara antes de desmayarme en el camino.
-Claro - tomé su mano y ambos salimos del baño.
Salimos del edificio con algunas miradas extrañas en nosotros.
Cédric me guió hacia una camioneta negra que parecía nueva por lo impecable que estaba, me abrió la puerta y yo entré sin protestar al asiento del copiloto para que él pudiera dar luego toda la vuelta para ponerse en el asiento del conductor. Mientras él conducía yo me mantuve con la ventana baja y los ojos cerrados, concentrándome solamente en el sonido del viento para no tener en mi mente el movimiento del coche al doblar o el recuerdo de la discusión con Edward.
-Bella - me llamó la voz de Edward… quiero decir, Cédric.
Abrí los ojos y me giré a verlo.
-¿Estás bien? - me volvió a preguntar.
-Si, solo… - me encogí de hombros - no lo sé.
-¿Podrías darme tu número? - me preguntó y yo lo miré alzando una ceja - En caso de emergencia, me gustaría tener tu número. Ahora que trabajarás en un disco, si necesitas alguien que cante una canción contigo, solo dilo.
Me reí.
-Okey - estiré mi mano y él me puso su súper móvil último modelo sobre ella.
Coloqué mi número y se lo guardé como "Bella".
-Aquí tienes - se lo devolví.
Le dije mi dirección y él me llevó hasta mi casa, en cuanto se detuvo frente a ella yo tomé mis cosas en manos y me bajé para luego volverme y besarle la mejilla.
-Gracias - cerré la puerta y lo miré por la ventana para saludarlo con una mano.
Cuando estuve ya dentro de mi casa intenté escuchar la voz de mi madre hablando por teléfono por lo que subí arriba y entré en mi habitación. Una vez dentro me fui directo a mi baño, comencé a buscar como loca por los cajones arrojando todo lo que había al piso mientras buscaba algo que tomar para que toda esta locura se me pasara. Comencé a sentir como entraba en calor por lo que me quité la remera quedando con el sujetador y continué buscando por todos lados, arrojando todo al suelo, hasta que encontré un nebulizador metido por allí. Me lo llevé a los labios, apreté el botón y comencé a respirar. Estuve así unos minutos hasta que estuve completamente calmada, terminé de sacarme toda la ropa quedando con la ropa interior, me puse una bata y me senté en mi cama. Me quedé meditando unos segundos hasta que tomé mi cuaderno y un lápiz para ponerme a escribir algunas cosas que pensaba que tuvieran un ritmo.
"He estado tratando demasiado duro. He estado dando vueltas. La gente se me persigue abajo. Tengo que encontrar un camino de vuelta a mi mundo de alguna manera, de alguna manera. "
Me puse a pensar un poco más mientras miraba mi habitación, algunas fotos de Joan Jett por allí, preguntándome: ¿Qué haría ella?
"En este momento quiero perderme dentro de una canción. Donde no hay bien o mal. En mi cuarto solo es donde pertenezco."
¿Por qué la gente no puede elegir de quien enamorarse? ¿Por qué la gente no puede elegir que clase de vida quiere? ¿Por qué no hay esperanzas en el mundo? ¿Por qué debo estar toda mi vida preguntándome en que momento me voy a morir?
"Mi vida es mía una vez que estoy tras la puerta."
Quisiera poder irme, quisiera ser otra persona menos yo, por lo único que quiero ser quien soy es que estoy a punto de grabar un disco con la disquería más famosa del mundo, teniendo a Edward Cullen como productor (solamente viendo el lado bueno de la parte que tiene que ver con el trabajo), mañana tenía una entrevista y podría ser conocida por las personas.
"Siempre que estemos juntos nadie es una estrella. Puedo verter todo esto desde el corazón. Si depende de mí, nunca vamos a estar separados."
Lo único que me queda es mi guitarra.
"Estoy enamorada de mi guitarra"
Cuando comencé a pensar de nuevo en ella, en la cosa más preciada del mundo para mí, en el objeto que más adoraba en el mundo, fue cuando comenzó a venirme la inspiración completamente. Tuve que tachar varias partes, arrojé hojas por los aires para poder estar más concentrada, me senté en el suelo, en una silla, sobre la cama, me puse de espaldas en ella con la cabeza colgando, todas las poses que existían yo las hacía para saber con cual podría venirme la inspiración, pero la verdad era que necesitaba moverme, de esa manera tenía algo que escribir. Podía ver como el sol se movía por el cielo y yo no me movía de mi habitación, cuando terminé la canción me puse a tocarla con la guitarra para buscarle un ritmo bueno.
Después de varias horas de música escuché como alguien llamaba a la puerta y yo, acostada en el suelo con las piernas sobre la cama, respondí que pasaran.
-¡Bella! ¿Qué haces? Deberías estar cambiándote - me comenzó a hablar Jane.
-¿Qué? - pregunté yo confusa todavía en el suelo.
-Mmm… ¡Hola! ¿Se te olvidó? - yo la miré sin entender - ¡Tu cita con el galán Cullen!
¡Me había olvidado completamente!
Me paré y comencé a pasearme por la habitación mientras buscaba algo que usar.
-¿Qué hora es? - pregunté.
-Seis treinta - me respondió.
Tenía una hora y treinta minutos para prepararme así que bajé un poco la velocidad.
-Recuerda que tienes tu vestido - me dijo.
Recordé el vestido que ella me había comprado y busqué a fondo en mi armario hasta encontrarlo colgado.
Lo dejé sobre mi cama mientras Jane buscaba unos zapatos que podría usar así que me metí en el baño y me di una ducha rápida. Terminé en el mismo instante en que Jane entraba para poder conectar una plancha para el cabello, yo estaba envuelta con una toalla y el secador en manos para secarme mi pelo más rápido. Cuando estuvo completamente seco, Jane comenzó a plancharme el cabello, dejándolo lacio, y me agregó un pequeño flequillo que me gustó bastante. Después sacó su set de maquillaje de una mochila suya y comenzó a pintarme la cara con todo lo que había, por un momento pensé que no sabía lo que hacía. Me quité la pintura de los dedos de las manos e intenté usar una de esas cremas que mi mamá me compraba y yo nunca usaba para poner las manos suaves. Una vez que Jane terminó me di cuenta que faltaba media hora para que Edward llegara por lo que me vestí sola en mi habitación, me puse mis zapatos negros que veía demasiados altos pero haría el esfuerzo de caminar, y me vi al espejo antes que Jane entrara. No podía ser, ¿esa era yo? Ni siquiera logro reconocerme. ( ) Nunca me había gustado mucho mostrar las piernas pero adoraba la parte del cuello y la espalda de la mujer, era la parte que más me gustaba de las personas. Adoraba ver el cuello de los chicos, me daban ganas de besárselos. Tenía una piel muy blanca pero Jane había logrado que se viera con un poco de color.
-Te ves perfecta - me dijo Jane mientras se ponía a mi lado.
-Gracias - le agradecí yo.
Ella puso un bolso en mis manos que podía colgarme al hombro, al menos algo que si iba conmigo podría usar esa noche.
-Antes de que bajes necesito decirte algo - me dijo Jane mientras me miraba.
-Si, claro - le dije.
-Debo volver a Jacksonville - soltó - pero la buena notica es que quizás sea solo esta semana y luego vuelva para incorporarme en la escuela de aquí con Alec.
-¡Es genial! - grité mientras nos abrazábamos.
-Lo sé. Ahora sigue con tus cosas, ¿okey?
Guardé dentro de él mi móvil, algunos billetes, llaves de la casa y las pastillas para calmarme (las cuales las metí sin que Jane se diera cuenta) Bajamos abajo con Jane y nos fuimos a la cocina donde encontramos a mis padres de nuevo, quienes se me quedaron viendo esta vez pasmados por mi cambio.
-Guau - fue lo único que le oí decir a Charlie.
-Gracias - dije yo -, creo…
-¿Tienes una cita? - me preguntó.
-Así es - respondí yo mientras guardaba dentro de mi bolso unas galletas que había en la cocina.
-¿Con quien?
-Edward Cullen - Renné se giró a verme y escuché como Jamie dejaba de hablar por teléfono para escucharnos a nosotros.
-¿Tu nuevo productor? - me preguntó mi padre.
-No era mi productor cuando me lo pidió, pero puedo prometerte que no es nada - aseguré -. Será una cita doble.
-De acuerdo - dejó escapar un suspiro y luego sonrisa -. Espero que te diviertas.
Le sonreí lo mejor que pude, en ese momento llamaron a la puerta.
Me despedí de mis padres, le agradecí de nuevo a Jane y caminé a la puerta con la mirada de Jamie clavada en mi espalda. Puse una mano en la manija y abrí la puerta con la mejor cara que pude, ya que después de lo de esa mañana no debería ni siquiera haberme vestido. En la puerta estaba Edward usando una camisa blanca con unos pantalones negros y una corbata negra, y el cabello alborotado como me gustaba y sus ojos brillantes. En cuanto me vio me di cuenta de lo atónico que lo había dejado así que no pude evitar sonreír. Cerré la puerta y me di cuenta que él no se había podido mover por que seguía parado allí y yo a solo unos centímetros.
-Edward, hola - moví una mano frente a su cara -. Es hora de irnos o los chicos se enfadaran.
Él parpadeó y movió un poco la cabeza.
-Si, lo siento - me dejó pasar primero -. Adelante.
Pasé derecho a su auto.
-¿A dónde debemos ir? - me preguntó mientras nos dirigíamos a su coche.
-A "La Bella Italia" en Port Ángeles.
Abrí la puerta del asiento del copiloto y me senté para luego dejar mi bolso sobre mi regazo. Edward se sentó en su asiento, encendió el coche y comenzó a conducir por la calle para luego subir a la ruta con dirección a Port Ángeles. Parecía como si su mente estuviera a quilómetros de allí, con una cara de desconcierto pero decisión. Comencé a golpear con una mano mi pierna mientras hacía el ritmo de la canción que estaba haciendo antes de que tuviera que cambiarme para esta noche. Moví la cabeza un poco, tarareé y canté la poca letra que tenía bien despacio e intenté buscar otras notas que quedaran bien con la canción para poder terminarla. Tuve que parar en el momento que escuché como Edward seguía la canción inventando una frase:
-*Guardián de mis secretos -*yo seguí haciendo el ritmo que tenía en mente con mis manos -. Parte de todos mis sueños. De alguna manera estamos conectados. De un susurro a un grito.
-Cuando estamos juntos nadie es una estrella -terminé yo -.Puedo verter todo esto de mi corazón. Si depende de mí, nunca vamos a estar separados -y ambos dijimos -. Porque estoy enamorada de mi guitarra.
Continuamos haciendo el ritmo hasta que lo terminamos.
-Ya comenzamos a llevarnos bien de cantante a productor - admitió Edward mientras sonreía.
-Eso creo - susurré yo encogiéndome de hombros -. Mañana podremos comenzar con la canción para la noche, ¿o quieres que cante esta?
-Esta es mejor para una ocasión más público, quizás deberíamos hacer otra - opinó -. Si no terminamos la canción mañana, puedes cantar alguna de las que ya tengas.
-De acuerdo - acepté -. Quizás pueda cantar Criminal o Your Eyes.
-Así se habla - dijo mientras me empujaba juguetonamente con su hombro.
Le devolví el empujón yo también mientras le sonreía.
En ese momento llegamos a un semáforo por lo que él puso verme también con esa insoportable mirada.
-De nuevo lo haces - le reproché sin quitar la sonrisa.
-¿Qué cosa? - preguntó desconcertado.
-Eso con los ojos - dije.
-¿Qué? ¿Hablas de esto? - y cruzó sus ojos haciéndose ver como visco.
Nos reímos.
-Eres un tonto - comenté mientras reía.
-De verdad te gusto - bromeó volviendo a empujarme con su hombro amistosamente.
-Eso quisieras - le devolví el empujón.
Cuando dije eso, Edward me miró con esa sonrisa y esos ojos de nuevo, pero esta vez me di cuenta que apropósito.
-Si.
No respondí ya que en ese momento el verde apareció y él siguió manejando.
Llegamos al restaurante pocos minutos después, se trataba de un lugar poco concurrido donde dos personas conocidas por el mundo (Edward y Stan) podrían cenar sin ser reconocidos por nadie. Nos bajamos del coche y Edward se puso una gorra con unos lentes oscuros mientras caminaba para que no lo reconocieran los que pasaban a nuestro alrededor. Entramos por la puerta, pedimos una mesa para cuatro donde nos atendió una mesera bastante atractiva que debía tener un poco más edad que Edward, pero aún así no dudo en coquetearle. Le dijimos que debíamos esperar por lo que nos quedamos sentados cada uno en su silla, uno al lado del otro para poder dejarles un lugar cómodo a Stan y Ángela.
-Creo que deberías cantar esa canción mañana en Seattle - opinó Edward mientras se quitaba la gorra pero no los lentes.
-Si, estaría bien - admití asintiendo - ¿Crees que le gustará a las personas?
-Claro, es sentimental y cierta - me dijo -. A cualquiera le gustaría.
-Gracias - agradecí.
-¿Crees que podrás hacer todas las canciones para fin de año?
-Claro - me encogí de hombros -. No debe ser tan difícil, las canciones las hago rápido.
-Pero debes tener en cuenta que ahora, además de la escuela, tienes la discográfica y tener que tardar horas o a veces dos o tres días para grabar una canción.
-Acabo de aceptar mi vida por primera vez, no me lo arruines - le supliqué logrando que riera.
-Okey, okey - aceptó.
Nos pusimos a hablar de mañana, como sería todo, los horarios, que preguntas quizás me harían. Mason y los demás representantes que tenía yo en mi discográfica se encargaron de dejarles claro que no hicieran preguntas ni de Edward, ni preguntas familiares, nada que fuera personal. Me agradecí de eso ya que no creía poder soportar preguntas personas como las que haría cualquier programa de chismes.
Habrán pasado unos minutos cuando vimos como Stan y Ángela entraban al restaurante, muy elegantes. Stan con un traje de etiqueta color marrón oscuro mientras que Ángela a su lado vestía un vestido negro con unas botas largas y un collar de piedras negras ( ) De todas las veces que la había visto creí que sería una chica que no le gusta usar vestido pero creo que me equivoque.
Una vez que nos vieron se acercaron a nosotros, nos pusimos de pie y saludé a ambos con un beso en la mejilla. Cuando nos sentamos los cuatro tenía a Ángela sentada frente a mí mirándome algo avergonzada.
-Lindo vestido, Bella - me dijo intentando sacar un tema de conversación entre nosotras.
-Gracias, igual el tuyo - dije mientras me pasaba una mano por la cara para ponerme el cabello detrás de la oreja.
-Te ves extraña vestida así - me di cuenta que no era un insulto.
-Fui obligada - me encogí de hombros -, ¿y tú?
-Igual - ambas nos reímos.
Miré a Stan y me di cuenta que quería que siguiera hablando con ella para que no se sintiera incomoda por lo que decidí hablar, aunque ella se adelanto.
-Oí que ganaste el concurso de talentos.
-Oh, si. Fue un golpe de suerte - comenté.
-Nada de eso - negó -. Estuve allí cuando todos concursaron pero luego de eso tuve que irme así que no supe quien ganó. Lo hiciste muy bien. Me alegro que Jessica hubiera perdido, se veía patética.
-Lo sé - me apoyé con los brazos sobre la mes apara acercarme más a ella -. Con ese vestido, ¿dónde creía que estaba? ¿un desfile?
-Si, no entiendo que quería lograr con eso - ella también se acercó, apoyándose con sus codos en la mesa -. Esa chica está realmente loca por los jueces, en especial por ese tal Edward Cullen. En mi opinión, fue lo más patético que pude haber hecho.
Me di cuenta que no se había dado cuenta que Edward estaba a mi lado por lo que agregué:
-Osea, ¿Edward Cullen? - pregunté como si no fuera la gran cosa - Tampoco es que se tratara de alguien más lindo como Brad Pitt.
-O de Orlando Bloom.
-O Jhony Deep.
Escuché como Edward tosía a mi lado aún con los lentes puestos.
Ángela y yo lo miramos, y ella se quedó callada al ver como se quitaba los lentes para dejar ver su rostro. Stan comenzó a reírse a carcajadas y yo me uní a ellas sin poder evitarlo, la cara de la pobre Ángela era de horror.
-Edward Cullen - fue lo único que fue capaz de decir.
-¿Qué tal? - saludó Edward con una sonrisa para no ponerla incomoda.
-¿Pero…? ¿Qué haces aquí? - preguntó.
-Soy la cita de Bella - respondió.
-Yo… cuanto lo siento - se disculpó -. No quería… no sabía que… ¿por qué no me dijiste, Stan? - miró a su pareja con cara de desconcierto y enfado.
-Creí que te darías cuenta cuando lo vieras, pero me equivoqué - se defendió -. No te sientas mal, él no esta enfadado.
-Pues yo sí - dijo, y tomó el pañuelo que se había puesto en el regazo y lo dejó en la mesa con fuerza para luego ponerse de pie y caminar a la puerta.
-¡Ángela! - gritó Stan mientras se ponía de pie para buscarla.
Miramos por la ventana como lograba detenerla en la vereda sosteniéndola de la mano y girándola a verlo.
Me di cuenta que Ángela estaba muy frustrada, no enfadada, y parecía avergonzada por lo que había hecho. Stan intentaba calmarla hablándole con calma y despacio, pero ella respondía con fuerza. Cuando la conversación se calmó pude ver como Stan ponía en práctica lo que yo le había enseñado y la miró a los ojos fijamente sin separarse, y Ángela olvidaba completamente su enojo al tener una mirada así para ella. Él llevó una mano a su mejilla poco a poco mientras ella daba un paso al frente para quedar a solo unos centímetros de distancia.
-¿Cuántos años tiene Stan? - pregunté sin dejar de ver.
-Veintiuno - respondió él también sin sacar los ojos de la ventana.
-Y Ángela dieciséis, qué conveniente, ¿no? - no me giré a ver su rostro - El chico es mayor y no tiene miedo a estar con ella.
-Quizás, pero Stan no tiene las mismas responsabilidades que otras personas o la misma imagen que cuidar - se defendió -. Él puede vivir la vida, cosa que yo no puedo, y no tiene que preocuparse por lo que piensen los demás, solo debe ser quien quiera ser.
-¿Y tú no?
Me giré a verlo a Edward en el momento que vi como Stan y Ángela se besaban.
-No - negó -. No puedo, tengo que cuidar de mi imagen por que eso cuida a muchas personas más, no solo a mí. Si me mantengo al margen, será mejor para mantener la reputación de muchas personas más, no solo yo.
-No puedes cuidar siempre de los demás, ya lo he intentado - admití -. En algún momento puedes fallar y eso dolerá mucho, pero si de verdad te aman, no se enfadarán.
-Quiero hacerlo, quiero cuidar de todo el que tenga a mi alcance, incluso a ti - lo miré desconcertada -. Sé que cuido de ti al no estar contigo todo el tiempo, sé que cuido de tu nueva reputación, tu familia y tu trabajo. Y el simple hecho de saber que hago lo correcto, me da la suficiente fuerza para alejarme.
-¿Y si te dijera que, el que te alejes, no hace que cuides de mí?
-Sé que es mentira por que, si me tuvieras cerca como tengo ganas de estarlo, hay muchas consecuencias que traerá, y, ¿sabes qué? No son agradables.
-Dijiste que era la única que te entendía, te escuché decirlo en tu casa - noté que dejaba escapar un bufido de frustración al darse cuenta que lo había escuchado.
-Tú me cambiaste, Bella, y aún creo en lo que dije - aseguró - pero no puedo hacer nada. Dices cosas que nadie se anima a decir y me hacer ver cosas de las que no me había dado cuenta. Pero no lo entiendes... tú eres diferente. Eres normal y extraordinaria, y no quiero que cambies.
-¿Cómo sabes que lo haré?
-Por qué siempre sucede lo mismo. Tú tienes mejores oportunidades, no debes detenerte ahora ni rendirte. Ahora yo tengo muchas cosas que hacer: renunciar frente a un montón de fans decepcionados de mí, comenzar una nueva carrera como tu productor, rogar que todos los que me conocen no me odien después de esto de dejar de ser cantante.
Me di cuenta que eso era mucho trabajo.
-¿No hay algo que quieras hacer que te relaje un poco?
-Sé lo que quiero hacer, no quiero decepcionar a nadie - admitió.
-Creo que no te entiendo… - solté de repente -. Todo lo que tú dices es tan excepcional y público, debe ser difícil hablar con alguien sin que tenga un billón de formas diferentes de entenderlas. Tener una imagen debe ser difícil, y tener una buena imagen... peor.
-No tienes idea, pero pronto lo entenderás. Aunque juzgando por como eres, estoy segura de que serás mejor que yo.
-No lo creo.
Cuando los chicos volvieron, pudimos comenzar a pedir algo que comer.
Nos pusimos a hablar sobre la mitad de año que aún nos quedaba de clases, como nos iba a mi y Ángela en nuestras materias de escuela, y como les iba a los chicos con la Universidad. Aunque claro ellos tenían más clases privadas que públicas, ya que les era difícil ir a la Universidad y estudiar sin que alguien se les acercara. También hablamos sobre mi carrera, Ángela estaba en el diario escolar así que me preguntó si podría poner en él sobre el concurso, que había ganado y que ahora se aproximaba un disco de mi parte, y no pude negarme por que Stan estaba allí y estaba seguro de que haría lo que fuera para no decepcionar a Ángela. Me sentía feliz de ellos, hacía mucho tiempo que no veía a una pareja como ellos.
Cuando terminamos de comer los chicos pagaron por nosotras. *¡Típico de hombres!*Y salimos del lugar, Edward de nuevo disfrazado entre el sobrero y los lentes, y caminamos unas cuadras hasta encontrar una heladería donde compramos cada uno un helado, el mío de chocolate. Llegamos a una plaza donde vimos unas hamacas por lo que Ángela se sentó en una de ellas y Stan comenzó a balancearla un poco mientras yo y Edward nos sentábamos en uno de esos juegos giratorios. Edward me ayudó a subirme ofreciéndome su mano, me senté en un asiento cualquiera y él giró un poco el juego para luego subirse. Mientras girábamos lo único que podía ver era a Edward sentado a mi lado con las manos agarradas a la baranda y los ojos cerrados, como si fuera un niño pequeño. Me reí al verlo, parecía tan infantil y tierno su rostro que me daban ganas de pellizcarle las mejillas. Una vez que nos detuvimos volví la vista a los demás juegos y vi como Ángela y Stan se tomaban de las manos mientras se sentaban en una silla que daba la espalda a nosotros para dejar ver una fuente de agua muy hermosa ( ) Edward también miró la cascada, se puso de pie para tomar mi mano y ayudarme a bajar del juego, y dirigirnos juntos a otra banca de madera donde nos sentamos juntos.
-De verdad le gusta, ¿no? - dije yo mientras miraba de reojo a la pareja feliz.
-Eso creo - dijo él también mirando -. Nunca se había comportado así con una chica, esta es la primera vez que lo veo tan feliz.
-Y Ángela nunca había estado más hermosa y contenta desde que la conozco, aunque claro la conozco poco, pero se ve en sus ojos.
-Eres buena descifrando los sentimientos de las personas, ¿no? - me preguntó sonriendo.
-No son muy difíciles de ver - me encogí de hombros -. Puedes verlo en sus ojos, en la manera que hablan, en como caminan, en sus expresiones. Llevo años descifrando los sentimientos de la gente, en mi vida me ha sido muy útil darme cuenta cuando la gente está mintiendo y cuando no.
-Ojala fuera tan fácil para mi también darme cuenta cuando la gente miente.
-No es difícil, claro que cada uno tiene su forma de mostrarlo - admití -. Dependiendo de la situación podría morderse el labio, mover los dedos, tocarse el cabello, mirar hacia todos lados, quizás tiene algún tic que hace cuando miente en el ojo o en la boca, hay muchas opciones.
-Algún día las pondré en práctica.
-Debe haber algo en lo que seas bueno descifrando.
-Bueno… me es fácil saber lo que la gente piensa
- soltó -. Claro, excepto en ti, pero con las demás personas si.
-A ver… - miré a mí alrededor y apunté a un hombre vestido de cuero con una mujer *de plástico,*por decirlo de alguna forma ya que se veía que se había hecho muchas cirugías - ¿qué piensa ese hombre?
-Mmm… a juzgar por como la mira de esa manera creo que piensa en tener sexo con ella.
-¿Y la mujer?
-Su mirada de codicia la hace ver que piensa en dinero.
-¿Aquel de allí? - pregunté a un hombre a unos metros de nosotros que estaba solo, sentado con la mirada perdida.
-Parece pensar en algo muy profundamente así que puede ser en algo bello como una mujer o algo tierno como un animal.
-Estas mintiendo - le dije.
-¿Quieres apostar? - se escondió un poco a mi lado y hizo un sonido de ¡Miau! Como los gatos.
El hombre miró rápidamente a nosotros por lo que yo miré hacia otro lado y comencé a sentir especial atención a la madera de la banca.
-¿Y yo?
-No lo sé, pareces tener una mirada, una expresión, unos ojos, todo indicando millones de expresiones, así que no sabría decirte. Por eso es difícil contigo saber lo que piensas. Eso me vuelve muy ansioso cuando estoy contigo, quiero decir… puedo saber lo que todo el mundo piensa pero no lo que tú piensas, eso es frustrante como verás. Te preguntaría cada dos minutos lo que piensas para poder estar al tanto.
-¿Te gustaría saber que pienso ahora? - pregunté.
-Si.
-En lo mucho que extraño el sabor de tus labios - dije sin miedo - pero sé que no puedo probarlos por que no estaría bien.
-Ya me has hablado de eso y dejaste claro que no quieres que te bese alguien con quien no tienes algo oficial - dejó en claro Edward mirándome.
-Lo sé, pero a veces es como una necesidad que tengo a querer abrazarte y besarte.
-Lo segundo no puedo cumplirlo pero si quieres un abrazo, sabes que estoy aquí - admitió abriendo sus brazos un poco.
Sonreí con tristeza y pasé mis brazos por su cuello mientras él acariciaba mi espalda.
Después de que pasaran unas horas tuvimos que encaminarnos de nuevo al lugar donde habíamos dejado los coches, despedirnos de Stan y Ángela, y subirnos al Volvo plateado. En el camino dejé mi bolso detrás, el día ya llegaba a su fin así que no me sería necesario tomarme una pastilla esta vez. En el camino Edward estuvo muy callado, ninguno de los dos dijo ni una palabra. En el momento que entramos en la ciudad de Forks de nuevo fue cuando Edward al fin habló:
-Sabes que pasara ahora, ¿no? - me preguntó cuando nos detuvimos en un semáforo.
-¿De que hablas?
-De esto, no puedes decirle a nadie lo que pasó - me dijo mientras volteaba a verme -. Ni siquiera a Jane.
-¿Por qué? No va a publicarlo en su blog ni nada
- bromeé.
-¿No lo entiendes? Nadie puede saber que estuvimos juntos - dijo serio -. Desde ahora comenzamos de nuevo con la relación de cantante a productor.
-¿Por qué nadie puede saber lo que ocurrió? - pregunté.
-Por que quiero cuidar de ti, tal como te prometí.
-¿Cuidándome como? ¿Escondiendo lo que ocurrió? ¿Por qué no quieres que nadie sepa?
-Por que soy Edward Cullen y tú eres una chica ordinaria.
Eso me golpeó el corazón muy duro que hizo que mi expresión pasara al dolor.
-¿Qué pasa? - me preguntó preocupado al ver mi rostro.
-Dímelo tú, ¿primero dices que soy fantástica y después te parezco una chica ordinaria?
-Vamos, sabes que no es eso lo que quise decir - se defendió.
-No importa lo que quisiste decir, lo dijiste - intenté abrir la puerta pero estaba cerrada.
-Bella.
-¡¿Qué?! - pregunté mirándolo con lágrimas en los ojos.
-Necesito que no le digas a nadie de esto, por favor - suplicó.
-Osea que, ¿quieres que mienta?
Asintió algo avergonzado.
-Sabes que, trato hecho - solté a punto de gritar -. No hay nada en lo que paso que quiera recordar.
-Por favor, Bella, sabes de que hablo - me dijo -. Los paparazis arruinan todo lo que haces, te persiguen hasta lograr lo que quieres y cuando lo hacen, lo echan todo a perder.
-Ya no es necesario que los culpes, tú solo ya lo echaste a perder - saqué el seguro de la puerta y salí de el coche sin detenerme.
Cerré la puerta con fuerza y comencé a caminar por la calle lo más rápido posible.
Una vez que estuve lejos del auto, me quité los zapatos y comencé a correr lo más rápido posible hacia mi casa sin girarme en ningún momento. Corría lo más rápido posible, lo que más me daba mi ser a pesar de toda la energía que estaba gastando en esto y la poca que me quedaba para respirar. Mi enfermedad me dificultaba ambas cosas así que sería mejor que me calmara un poco antes de que me desmayara. Tenía un ritmo en mi mente dándome vueltas, un ritmo fuerte y doloroso. Pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam, pam. Pam, pam, pam, pam, pam. Pa, pa, pam, pa, pa pam.
Cuando llegué a mi casa me di cuenta que había dejado mi bolsa en el coche de Edward pero no tenía tiempo para preocuparme de eso, quería entrar, me estaba quedando sin respiración y mi nebulizador para asma estaba adentro, en alguno de los cajones de la cocina. Saqué rápidamente la llave que dejábamos siempre debajo de la alfombra y abrí la puerta para cerrar de nuevo y correr a la cocina. Abrí los cajones con rapidez y tiré al suelo todo lo que encontraba dentro, no podía verlo por ningún lado, tiré cuchillos, tenedores, algún que otro utensilio más, todo lo que encontraba lo tiraba. Me di cuenta que no estaba allí y ya no podía respirar mucho tiempo más por lo que corrí al baño de abajo para buscar también por allí. No lo encontraba en ningún lugar, todo estaba volviéndose más oscuro de a poco hasta que ya no pude sentir más nada.