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En el andén. — capítulo 13
La duda
El frío empezaba a ser insoportable, y sus brazos rodearon con fuerza la cintura de la joven, la espalda de ella cómodamente recostada contra su pecho y ambos sentados entre los recovecos de su espeso y solariego jardín.
Rose se arrebujó entre los brazos de Draco, voluntariamente ajena al frío que la invadida, buscando aquel calor que se había convertido en familiar, atrayente. Los días pasaban y Draco y Rose se buscaban a escondidas, juntos desafiaban al frío, a la noche y a las crecientes sospechas que sabía que tenía Astoria.
Ambos compartían un agradable silencio, reconfortados por la presencia del otro, mientras Draco acariciaba con suavidad el cabello de la pelirroja y ella sonreía encantada, obligándose a no pensar en otra cosa, cuando lo sucedido con Scorpius, seguía instalado en la mente de Draco, atormentándolo.
Sentado en la mesa de la cocina creyó que sus problemas no volverían por un tiempo, afanó una copa de hidromiel que Kossy, diligente, le entregó sin que llegara a pedirla y desapareció con la misma presteza. Se había decidido a evitar a Astoria, se había convencido de que podía hacerlo eternamente y no preocuparse por ella, hasta quería creer que Scorpius se resignaría, pero cuando lo vio entrar en la cocina, como un terremoto, se percató de su error.
-Lo sabías ¿No es así?-Inquirió, cuando Draco casi se atraganta con su copa.
Trató de evadir a pregunta, fingió no comprenderla, y se comportó como el estúpido desgraciado que fue un día, miró a Scorpius que bullía de ira y la culpa amenazó con atravesarle el pecho.
-Por qué si no ibas a decir, tan seguro, que ella nunca me querría-La voz se le quebró al enunciarlo y miró a Draco suplicante, en busca de una respuesta, que él no sabía cómo dar.
-Scorpius-Su cobarde intento de explicación empezó con un ligero balbuceó, un fracaso total-, no sé de qué…
-¿Quién es?-Exigió el chico, mirándolo con expectación, caminando por la cocina como si de un león enjaulado se tratase, Draco bajó la vista, ligeramente perdido por la conversación, sin saber en realidad que sabía su hijo, que había pasado mientras había estado con Rose, que había dicho- ¿Lo sabes? Si lo sabes dímelo, ¿Quién es? ¿Quién me ha robado a Rose?
Draco golpeó la mesa, poniéndose en pie con un súbito respingo, la copa de hidromiel tembló has amenazar con caer y el chico dio un respingo, tratando de recuperar la compostura que había perdido al salir de la habitación de Rose.
-¡Compórtate!-Exigió el mayor de los Malfoy, fuera de sí- ¡Por Salazar, Scorpius! ¿No eres un Malfoy? Haz el favor de actuar como tal-Sugirió, clavando la vista en su hijo que lo miraba con expectación-. Acepta tu responsabilidad, has tenido siete años que no has aprovechado, ¿No es así?-Inquirió de un modo retorico y exaltado- No culpes a nadie más, te lo dije hijo, ya es tarde ahora.
El chico se sentó en una silla, advertido y calmado ligeramente y sus manos se posaron sobre la mesa, temblorosas.
Su padre no se equivocaba, él había perdido cientos de oportunidades, de haber sido valiente y haberla invitado a un baile, o acompañarla a Hogsmeade, o, simplemente, haber confesado sus sentimientos las cosas serían distintas ahora, pero había perdido la ocasión, sólo podía culparse a sí mismo y no a aquel que la hacía tan feliz, lo había visto en sus brillantes ojos cuando había preguntado.
-Es cierto-Lo verbalizó Scorpius, aliviando enormemente a Draco que se sentó de nuevo, tomando aire desesperado-, pero sigo sin entender como tú… ¿De verdad sabes quién es?-Insistió el muchacho, cuando Draco, liberador, le tendió el vaso de hidromiel medio lleno a su hijo, quien más lo requería en ese instante.
-No me corresponde a mí decírtelo-Susurró-, si Rose lo considera apropiado, ella lo hará-Concluyó, recordándose a sí mismo, sin convicción, que no mentía.
El chico asintió, bebiendo con lentitud del vaso, sus mejillas se enrojecieron por el calor y tosió un par de veces antes de atinar a beber otro trago.
-¿Puede preguntar al menos como tú lo sabes y ni Al ni yo, sus mejores amigos, estamos enterados?-Insistió el joven, con voz entrecortada por ese calor que sentía en su garganta, reconfortante.
Draco mintió, con doloroso descaro, explicó que Rose había enviado una carta, que se lo había oído comentar cuando la vio con su prima en Madame Malkin, que la pelirroja se lo había contado cuando él, preocupado por su hijo, se lo había preguntado y que juró que guardaría el secreto.
La mentira le quemaba por dentro, y cuando Scorpius, convencido y más tranquilo se marchó, atinó que lo mejor que podía hacer era pasarse a Whisky que guardaba en la alacena y que dejó sobre la mesa, necesitado.
Entrecerró los ojos, afligido, al tiempo que sus recuerdos posteriores se diluían y sus manos aferraban a Rose con más fuerza, la apacible tarde terminaba y el sol se escondía mientras los restos de nieve relucían con los anaranjados rayos, la temperatura descendía y Draco sentía el temblor de Rose entre sus brazos, en esos instantes la sensación de que todo valía por estar con ella se instalaba en su mente y se resignaba a vivir escondido y mentir a aquellos a los que quería, la verdad sería más dolorosa y estaban atrapados en un punto sin retorno.
-¿Draco?-Rose rompió el silencio, sacando al rubio de sus cavilaciones, miró a la chica con los ojos entreabiertos, con un amago de sonrisa en sus labios- ¿Estás bien? Pensaba que te habías quedado congelado.
Ambos sonrieron y Rose pasó su mano enguantada por el brazo de Draco, como si pretendiese ofrecer calor.
-Contigo aquí eso sería imposible-Aseguró, apretándose con más fuerza dentro de su abrigo-, pero deberíamos volver, no me gustaría que cogieras una pulmonía y tu padre en persona venga a matarme una tarde apacible, suficientes motivos tiene ya.
Rose no pudo evitar un risita al imaginar a su padre, el alto y fuerte Ron, atacando a Draco por un resfriado, aunque al pensar como se sentiría cuando supiese de su amor, la risa se convirtió en un gesto de feo horror.
-No dejaría que te tocase-Le defendió ella, poniéndose en pie con reticente lentitud y tendiendo la mano al rubio para ayudarle a levantarse-. Vamos, abuelo, ¡Arriba!
Draco frunció el ceño, y una malvada sonrisa apareció en sus labios, negándose a sentirse ofendido cuando agarró la mano de Rose con aparente inocencia, hasta que tiró de ella y la volvió a hacer caer al suelo, preparado para atraparla con un suave gritito sorprendido por su parte.
La besó sin apenas darle tiempo a reacción, sin atreverse a calcular cuánto tiempo llevaba sin hacerlo, lo había hecho varias veces aquel día, a escondidas, en aquel recoveco del jardín inmenso de la Mansión Malfoy, pero no era suficiente, lo echaba de menos, y cada vez que la besaba, sentía la necesidad de hacerlo de nuevo, por siempre, sin detenerse nunca, de nuevo, sólo esos instantes parecían llenos de paz.
Rose soltó una risita cuando él la soltó al fin, obligado por la falta de aire y no por la inexistente voluntad de hacerlo, y su mirada divertida logró sonrojar a la chica.
-¿A quién llamas abuelo, niña?-Inquirió, frunciendo el ceño con descaro.
Rose volvió a acomodarse en su hombro, y Draco no insistió en posibles resfriados de nuevo, volvió a abrazarlo sin prisa por dejarla ir, con una sonrisa tranquila en sus labios, cálidos todavía por el contacto con los de la pequeña chica.
-Perdona-Susurró ella, temblando, pero el frío ya no tenía nada que ver que la pequeña convulsión de la pelirroja, Draco y sus besos, sus finos labios y sus manos, de finos y largos dedos, acariciando con suavidad su cuerpo, enredándose entre sus cabellos, como un sueño hecho realidad, del que no quería despertar aunque amenazase con convertirse en pesadilla.
-Pronto tendré que volver a Hogwarts-Recordó la chica, con pesar-, se acaban las vacaciones, ¿Qué haremos entonces?
Futuro, amenazante e inevitable regresaba con ellos, con fuerza, Draco volvió a entrecerrar los ojos, sin querer pensar en lo que ella demandaba saber, justamente.
-No lo sé-Reconoció, besando con ternura, con actitud tranquilizadora, la frente de ella-, pero no tengo ninguna intención de dejarte, lo resolveremos, de algún modo.
Rose asintió, convencida de que él decía la verdad y todo iría bien, aunque sabía que sería difícil, ya lo era, Scorpius parecía triste a diario y se había disculpado con ella, en innumerables ocasiones, Rose no estaba enfadada, no tenía derecho para estarlo y ambos trataban de regresar a lo que antes eran, confidentes, aunque ella no podía revelarle su mayor secreto y él no se atrevía a preguntar su mayor duda, incómodos ambos, luchaban por una amistad que Scorpius quería salvar, quería a Rose y no podía perderla sólo porque ella no le correspondía del mismo modo, prefería ser su amigo que no ser nada y Rose no sabía con qué intención tomarse eso.
-Podemos fugarnos cuando termine Hogwarts-Sugirió la pelirroja, bromeaba, pero la posibilidad les pareció tentadora a ambos por un instante.
-No-Allanó Draco-, perderías a tu familia, a demás, vosotros los Gryffindors no huís de los problemas, ¿No?-No pudo evitar que la burla trasluciera en sus palabras y le propinó un golpecito en el hombro, con medida fuerza- Vaya, Rose, tu madre golpeaba más duro, una vez me dio en la nariz-Confesó, señalando su rostro con gesto indignado sin poder evitar el viejo rencor.
Rose entreabrió la boca por la sorpresa y no pudo evitar reír, recordando aquella otra anécdota que arrancaba risas en casa cuando se recordaba los viejos tiempos.
-Algo he oído, ¿Por un hipogrifo?-Torció la cabeza, fingiendo recordar, y sus labios formaron una sonrisa cariñosa, tratando de disculparse- Fue tu culpa, hubiesen decapitado a ese animal por tu culpa-Draco frunció el ceño, casi molesto por la elocuencia de los padres de la chica.
-Vale Weasley, no es justo-Protestó con falsa indignación-, ¿Es que acaso sabes todos mis trapos sucios? No entiendo como narices me quieres.
Rose rió y como si tratase poner fin a una rencilla sumamente antigua, posó sus labios con suavidad sobre la nariz de Draco, congelada por el frío, Draco sonrió de inmediato, alzando la cabeza para volver a atrapar los labios de la chica, tentado por el tacto de sus labios allí donde un día su madre le golpeó, con fuerza impensable.
-Es obvio-Replicó la joven cuando se separaron-, y tú eres sincero, yo ya sabía esas cosas cuando te vi en King's Cross, y ni por esas.
Draco acarició la sonrosada mejilla de ella, recordando aquello que ella le contó en la estación, se lamentaba por no recordar ese día, ese instante que fue tanto para Rose, Draco no podía recordar que la había visto, y que aquel simple intercambio de miradas cambiaría la vida de ambos, de aquel día, él sólo podía decir que despidió a Albus con la calidez justa para que el pequeño se sintiese seguro y que discutió con Astoria por la prolongada estancia de su madre en su propia casa. También recordaba la fría mirada de Potter, y el modo casi cortes con que él respondió, pero por más que lo intentaba, no podía recordar a la niña que fue Rose Weasley y a la que tuvo que ver.
Recordaba otros días, de otros años, otras miradas y otras sensaciones, pero se reprochaba por no ser capaz de atesorar algo tan importante como aquello.
-Rose-Balbució, nervioso-, lo siento pero yo no…
La chica posó un dedo sobre los labios de él, obligándole a callar.
-No importa-Lo disculpó, adivinando lo obvio, sonriendo-, no podías fijarte en una niña de once años, había cientos en el andén. Además, pensaría muy mal de ti si lo hubieses hecho.
Ambos rieron y Draco volvió a ver cuánta razón tenía la comprensiva chica, de nuevo seguro de no merecerla, pero infinitamente agradecido de que ella estuviese dispuesta a convencerle de lo contrario.
Esperó a que la chica retirará el dedo de sus labios para atraerla hacia él, bruscamente, y besarla una tercera vez, casi con devoción incontrolable y la chica se dejó caer sobre el cuerpo del hombre, incapaz de sostenerse, incrédula por el modo en que él la besaba, esa necesidad que ella no podía comprender, esa que tenía miedo que un día desapareciese y que se sorprendía de descubrir cada vez que él la besaba.
Se quedaron allí, negándose a separarse, siempre parecía demasiado pronto para ello, y ambos, continuaron allí, tal vez durante horas, tal vez sólo minutos, pero Astoria ya se había cansado de observar, se incorporó cansada de permanecer a cuclillas donde estaba, en otro recoveco del inmenso jardín de la Mansión Malfoy, donde Draco y Rose se creían a salvo.
La mujer se alejó en silencio, sin hacer ruido al caminar, con una sonrisa satisfecha en sus labios. Estaba sorprendida, y en un primer momento, cuando había visto como su esposo besaba a esa niñata sangre sucia, ella se había enfurecido y logró contener la tentación de irrumpir en la estancia y maldecirlos a ambos. Astoria hubiese esperado más de Draco, pero no era la infidelidad lo que la ofendía, ni siquiera el amor, tal vez el hecho de que fuese esa estúpida niña y no una mujer de la altura de Draco la que debía recibir los favores de Malfoy, la afortunada chica que recibiese beneficio por ser la amante de un hombre rico, Rose Weasley no tenía ese derecho, la escoria que la pelirroja era no tenía la alcurnia que se requería y no debía tener el privilegio de ser feliz con Draco Malfoy, a fin de cuentas, aunque él la engañara, no podía dejarla, no podía amar a otra, ella y su maquiavélica cabeza se encargarían de que ninguno de los dos riese junto por más tiempo.
-0-
Estaba absolutamente congelada, pero cada segundo había merecido la pena, la chica escribía con presteza, dos cartas, una para sus padres y la otra para Lily, nerviosa, necesitaba contarle a alguien lo que pasó con Scorpius, su silencio la hería, y ni Draco lo sabía.
La joven miraba el oscuro cielo fuera de la Mansión, apenas se distinguía nada en la inmensidad de la noche, las sombras de los arboles del jardín se perdían a lo lejos y ella, mentalmente, pensaba en los dos escasos días que le quedaban en aquel lugar, los últimos dos días junto a Draco, al que se había convencido de no perder.
Confesó lo sucedido a su prima, el miedo a perder a Scorpius y el terror a perder a Draco, preparada para la retahíla de reproches y advertencias de la pequeña Potter, y preparada para "ya te lo dije" que de seguro iniciaría la carta de la otra pelirroja.
Enrolló la carta cuando esta estuvo terminada, y la enrolló lista para enviarla a casa, se imaginaba a su padre histérico por la demora de la misiva prometida a diario y como debía pasear por casa, amenazando con hacer un traslador para presentarse en la Mansión y rescatar a sus hijas de las malvadas manos de Malfoy, su lugar favorito en la tierra.
Y a su madre, resoplando con un libro en la mano e ignorando a su marido, mientras Hugo se reía de él y resoplaba en acuerdo con su padre.
Rose los añoraba, las navidades con su familia eran muy cálidas, con sus seres queridos, numerosos, la casa se llenaba de alegría y color, de barullo y de canticos navideños, allí, con los Malfoy, aun cuando la casa estuvo llena de invitados, el lugar era frío, silencioso y de un monótono gris. Draco decía que ella había traído luz y calor, ella creía que con él bastaba. No lo había pasado mal, ni se arrepentía de estar allí, incluso a pesar de lo sucedido con Scorpius, aquello que la atormentaba y le impedía dormir, ahora era real y la acompañaba en sus sueños y su inquietud era más ligera, había merecido la pena.
Pero ahora tenía la sensación de que al volver a Hogwarts todo volvería a ser igual, como si nada hubiese pasado, volvería a pasar noches en vela preguntándose por un hombre al que de nuevo en secreto debía amar, y, ahora, en sí él pensaría en ella también, rezando por que fuese así.
Detuvo esos pensamientos y se concentró en los escasos días que le quedaban allí, para nada dispuesta a echarlos a perder, estaría con Draco todo el tiempo posible, se empataría de él por si después, ya nunca más podía hacerlo.
Enrolló los dos pergaminos cuando la tinta se hubo secado y se dispuso a bajar para anudarlos a la pata de la lechuza de los Malfoy que pasaba por casa de los Weasley más de lo que seguramente deseaba.
Pasó presta por el salón, tenía tiempo antes de que la cena se sirviera y la chica trató de correr, pero se detuvo al ver a Astoria, de pie, con los brazos cruzados y la vista clavada en ella, barriéndole el paso.
-Buenas noches, señora Malfoy-Saludó, tratando de hacerse a un lado para pasar y seguir su camino, sin detenerse a mirarla.
-Buenas noches, mocosa-Contestó con asco la mujer, un amago de sonrisa apareció en sus labios y Astoria no se movió un ápice de su posición.
Rose frunció el ceño, y trató de nuevo de pasar, pero la rubia mujer soltó una leve risita, casual y con medida intensidad, apoyando la mano en sus caderas.
-Eres muy lista, mocosa-Se rió ella, señalando con malicia a Rose, que no comprendió la intención de Astoria.
-Gracias-También sonrió, intentando el paso por tercera vez, la señora Malfoy borró la sonrisa.
-Y una repelente, incauta-Continuó, volviendo a alzar un dedo acusador.
-Disculpe, pero tengo cosas que hacer, sino se le ofrece nada…
-Escúchame bien-Exigió, avanzando dos pasos para encarar a Rose que no retrocedió-. Esta es mi casa, no importa cuán confiada estés, o cuanto creas que él te apoya, al final se quedará conmigo y tú no tendrás nada, ni siquiera a él.
Rose palideció, Astoria sonrió satisfecha, sus ojos centellearon y Rose siguió mirándola, sin apartar la vista, con sumo descaro.
-Disculpe señora, pero no comprendo de que me habla-Dijo ella, apretando el sobre en su mano-, yo no quiero nada de su casa y…
-¿Crees que eres la primera?-Provocó, sus ojos con una nota de conocimiento y un brillo de su falso pesar- ¡Pobre, Rose! Qué tonta. ¿Te ha dicho que no permitiría qué nada os separara?-Rose la miraba, pálida y sus ojos, muy abiertos, se negaban a ceder a la falsa mirada de Astoria, divertida en el fondo, cuando ella tomó aire con brusquedad- ¡Qué ilusa, pequeña! ¿Le creíste?
-N-no sé de qué… -Repitió, pero ella misma se interrumpió al comprender lo inútil que era.
-Claro que lo sabes-La corrigió Astoria-, ya estoy acostumbrada, cuando estas vacaciones terminen te dejara, nunca duran mucho-No pudo evitar sonreír, y Rose al fin retrocedió un paso, olvidando la alegría de aquella tarde-. Perdona, pero sólo trato de advertirte, no me gustaría que sufrieras como las demás. Eres más lista, Weasley.
Fue Astoria quien, de un empujón, apartó a la pelirroja de su paso y avanzó hasta el comedor, conteniendo una sonrisa, contaba con el hecho de que la chica no la creería, por supuesto que no lo haría, contaba con ello, pero esa duda se instaría en su cerebro y la decepción sería mayor cuando esa duda se confirmase, convencería a Draco de que no podía seguir con aquella estupidez, él sólo podría darle la razón, por más que no lo quisiera.
Si no le hubiesen temblado las piernas, Rose hubiese corrido a toda prisa, sin embargo, se limitó a avanzar, sus pasos, lentos e inseguros avanzaron por el pasillo, olvidando cual era su destino inicial, las palabras de Astoria, pronunciada con aquella aguda voz, se repetían en su cabeza y ella, en shock, no alcanzaba a discernir lo ridículo que tenía que ser.
Cuando se sentó sobre la escalera se convenció de que no creía a esa mujer, pero temía que ella lo supiese, y la seguridad con que hablaba de esas otras veces, de esas otras chicas, y se preguntaba si existían de verdad.
Scorpius asomó la cabeza por la puerta del salón, y se sorprendió al verla sentada, con gesto indescifrable y un punto de miedo en sus ojos marrones, no se atrevió a sentarse junto a ella y preguntar, pero la llamó con suavidad.
-¡Rosie!-Dijo con calma, hasta que ella salió de sus cavilaciones y lo miraba, parpadeando con sorpresa al verlo allí- La cena está lista, ¿Vienes?
Rose asintió, y se puso en pie tras su amigo, su mente trabajaba con lentitud, adormecida con la sorpresa, el miedo de que Astoria les había descubierto y nada le impedía contárselo a su hijo.
Entró en el salón, su cuerpo se dejó caer sobre la silla, sin fuerza para sostenerse y percibió la mirada de superioridad de la señora Malfoy, que la aguijoneaba incansable.
Alzó la vista para mirar a Draco, le sonrió, con esa sonrisa que sólo le dedicaba a ella, esa que no le había visto más que cuando sus ojos se encontraban y el tiempo parecía detenerse, y recordó todo lo que habían vivido juntos, los besos a escondidas y las confesiones susurradas, y lo vio en sus ojos, él no mentía, él no la había engañado ni era capaz de hacerlo. Le sonrió de vuelta e ignoró las palabras de Astoria, imposibles, pero el miedo, la duda, no desapareció de su mente.
Holaaa!!!!
Siento no haber podido actualizar ayer, tuve una semana liadilla, XD
Espero que me disculpéis y el cap os guste
Nos vemos en los comentarios.
Muchos besos
Aivlis Malfoy