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Historia 60335 — capítulo 2
Esta había sido una buena noche, había familias londinenses descansando la mañana del domingo. Algunas otras se preparaban para un viaje familiar, sí, ésta había sido una buena noche. Una buena noche para casi todos, una noche si preocupaciones, una noche de sueños cualquiera, una buena noche.
Claro que para Hermione Granger, ni si quiera había llegado la noche. No pudo conciliar sueño después de la llegada de Harry. Y para ella no había pasado la noche. Alrededor de las seis de la mañana, cuando los primeros rayos de sol se asomaban entre las nubes de septiembre y sobre el horizonte. Hermione Granger se preparó una taza de café, recogió el diario muggle y recibió una lechuza con el Profeta. En sus páginas no aparecía noticia alguna sobre la reciente muerte de su mejor amiga.
"Debe ser que soy de los primeros enterados." se dijo con convicción.
Una vez en su cocina calentó agua para café y empezó a preparar el desayuno. Después de todo, Ronald y Harry despertarían en cualquier momento.
El aceite en la sartén comenzaba a calentarse. Los cinco huevos en el tazón eran mezclados con especias, hierbas y queso. Un omelette, en ese momento la pericia necesaria para hacer algo más elaborado se había escapado de sus manos, un omelette. Faltando segundos para que el omelette estuviera listo pasos despreocupados resonaban por el pasillo. Era Ronald. Había despertado temprano. Llamado por el sonido del aceite y el olor del queso llevó su cuerpo a la cocina con la esperanza de ver a su esposa haciendo el desayuno.
-Buenos días.-dijo ella al verlo entrar.
-Buenos días.-contestó él.
-Es algo temprano para un domingo, ¿no cree?
Ron se acercó a ella por detrás y abrazó por la cintura.
-Rodé a tu lado de la cama y no te escuché gritarme. Creo que estoy tan acostumbrado a eso, que al no oírte entré en pánico.
Por un momento Hermione creyó que no decirle sería lo mejor, por otro creyó que soltarlo de golpe lo era. Pero no se decidió por ninguno, optó por decirle después del desayuno.
-Harry está aquí, ¿puedes ir a despertarlo?-dijo ella sirviendo jugo de calabaza en tres vasos.
-¿Harry, es en serio? ¿Qué hace aquí?
-Te lo diré, diremos luego. Por favor, ve a despertarlo
Y eso hizo Ronald subió al cuarto de huéspedes abrió la puerta y no lo encontró. Bajó las escaleras de nuevo hizo una mueca de duda a Hermione y ella señaló la sala. De nuevo Ron camino con el propósito de despertar a su mejor amigo y por segunda vez falló, ya que tampoco se encontraba en la sala.
Hermione que había alcanzado a Ron en la sala se sorprendió por igual de no verlo dormido en el sillón como había estado hace unos minutos.
Los cónyuges recorrieron toda la casa buscaron en baños y habitaciones pero, no lo encontraron, ni lo iban a encontrar. Ya que Harry Potter no estaba dentro de la casa.
Harry estaba en el techo, observando la inmensidad de la ciudad de Londres. Preguntándose si, para ellos, ¿habría sido una buena noche? Preguntándose si alguno de ellos habría sufrido lo mismo que él. Harry Potter estaba en el techo observando la inmensidad de Londres, donde para él hubo muchas buenas noches.
Aún tenía ese hueco en el estómago. Alrededor de dos meses antes se había enterado de que su esposa tenía cáncer. Un cáncer curable, pero, al final de cuentas, cáncer.
Ambos se sorprendieron al oír la palabra en St. Mungo's. Harry entendía parte de lo que era, Ginny, al haber vivido con magos toda su vida, no. "Es una enfermedad muggle" les dijeron. "Ya que en mayoría son muggles los que la presentan. No podemos curarla con magia, no sabemos cómo. Tampoco sabemos muy bienque es. Su esposa Sr. Potter, podría ser ingresada al pabellón de enfermedades muggles, si lo desea, pero no es mucho lo que podemos hacer." Es una enfermedad muggle les dijeron, es una enfermedad muggle les mintieron. El cáncer no era una enfermedad muggle, y ahora lo sabía, el cáncer era una enfermedad humana. Una enfermedad humana, tratable, complicada. Sólo que ellos no sabían los pormenores. "Metástasis cerebral*", les hubiera dicho un doctor. "Etapa dos, probabilidad del cincuenta porciento de sobrevivir a una cirugía. El cáncer avanza rápido, pero de no ser erradicado por completo tendría mínimo diez años más de vida." Harry no lo sabía, nunca podría haber sabido. Aun no lo sabía.
Hacía dos meses se había enterado. Hace trece horas había muerto.
Recordó cuando era Hedwig. Recordó como era volar, sólo que ahora era diferente. No había una escoba de por medio. Eras tú y el aire. Tú y el infinito. Eras tú. Era un sueño. Se preguntó si podría volar de nuevo.Saltar del techo y batir sus alas para regresar con Ginny. Ser Hedwig otra vez. Abrió sus alas al mundo y se dispuso a despegar en vuelo.
-Hagas lo que hagas, no saltes.
Miles de sogas se aferraron a una de sus alas anclándolo, sogas tan fuertes que le impedían moverse. Miro hacia su ala viendo como zafarse. Solamente que ya no era un ala. Sus prominentes alas de plumas blancas se habían transformado en un brazo. Las miles de sogas no eran miles y no eran sogas eran dedos. No eran fuertes sino frágiles dedos de mujer. Pero de cualquier manera, esos dedos frágiles de mujer, seguían anclándolo, aferrándolo a la vida.
Harry se dio la vuelta para ver de quien eran esos dedos que no lo dejaban volar. Durante un segundo no reconoció la cara de aquella persona, trató deshacer el agarre de sus manos. Pero éste se volvió más fuerte, y se convirtió en un abrazo.
-Herms, ¿lo encontraste? Uh.
Hermione deshizo el abrazo y llevó a Harry hacia Ron- jalándolo más que nada-.
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