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Historia 60487 — capítulo 2

Narcisa exigió ver a Astoria Greengrass, y el conde no tuvo más remedio que obedecerla. Draco se preguntaba en qué estaría pensando su madre, pues mientras seguían al conde se la veía ausente ¿Acaso se habría dado cuenta de que sus planes no servían para nada? Lucius, por su parte, estaba muy serio, aunque todavía no había dicho nada. Su hijo le conocía bien, y supo interpretar su expresión. Quizá incluso la enfermedad de Astoria fuese una ventaja para ellos.

El conde se detuvo ante una puerta y golpeó con los nudillos. Una elfina muy mayor, con aspecto de matrona, les abrió la puerta, y saludó con una reverencia.

-Kali, los señores Malfoy desean visitar a Astoria -aunque por su tono de voz no parecía que estuviese haciendo ninguna petición.

-Pero señor, la señorita no puede recibir visitas -protestó la elfina.

-Podrá -Greengrass pasó por delante de ella, y los demás le siguieron.

Draco comprendió de inmediato que la historia de la enfermedad era cierta. La habitación estaba a oscuras, y sólo un par de velas dejaban adivinar la forma de los muebles y la presencia de los ricos tapices y cortinajes que adornaban las paredes y tapaban las ventanas. Hacía un calor sofocante, y olía a medicina, a sudor y a enfermedad.

La estancia era en sí misma un sitio claustrofóbico y agobiante, y Draco pensó que él también se moriría si estuviese encerrado allí.

La joven Astoria yacía en su cama, completamente tapada. Con la tenue luz apenas se distinguían sus facciones, aunque el color marchito de su piel indicaba que la enfermedad se encontraba muy avanzada.

Narcisa se acercó a ella y le tomó el pulso y la temperatura, con el ceño fruncido. Cruzó una mirada con su marido, y ambos parecieron entenderse en silencio.

-¿De verdad cree que no hay solución? -preguntó Lucius, con voz grave.

-Hay pocas esperanzas de que sobreviva, y aunque así fuera, le quedarían secuelas de por vida -respondió el conde.

-Tonterías, esta chica está más fresca que una rosa -protestó Narcisa, con tal seguridad que Draco volvió a mirar a la enferma, por si no había visto algo importante-. Además, es joven, y eso cuenta a su favor. La juventud es la mejor medicina. ¿Cuántos años tiene? ¿Quince? ¿Dieciséis?

-Diecisiete -corrigió el conde. Miraba a Narcisa, como si estuviese esperando para ver cómo se desarrollaba la conversación. Ella volvió a cruzar una mirada con Lucius, y este volvió a tomar la palabra.

-Sebastien, eres demasiado ligero al decir que tu hija no vivirá -dijo-. Yo no veo ningún motivo para creer eso. Seguro que en unas pocas semanas está completamente recuperada.

-Ojalá sea como vosotros decís

-Tonterías, estás siendo demasiado pesimista -dijo Lucius-. Deberíamos seguir con las negociaciones -sugirió, señalando hacia la puerta.

El conde y Lucius salieron de la habitación, y Narcisa aprovechó para interrogar a la elfina.

-Dime ¿Cuánto tiempo lleva tu señora enferma?

-La señorita Astoria cayó enferma tras acabar sus estudios en Beuxbattons -respondió dócilmente, agachando la cabeza.

-¿De pequeña era muy enfermiza?

-¡No señora! La señorita siempre ha gozado de buena salud. Tenía una salud de hierro, señora. La señorita Astoria era una joven muy vivaz y alegre. Kali se entristece al ver así a su señorita.

-No me cabe la menor duda -murmuró Narcisa-. Pero dime ¿Alguien más de la familia ha contraído la misma enfermedad?

-La señora condesa falleció hace años, por causas similares.

-Gracias por la información -dijo Narcisa, muy satisfecha. Tomó a su hijo del brazo y le condujo fuera de la habitación.

-¿Madre? ¿Qué pasa? -preguntó, al ver la forma en la que le brillaban los ojos.

-Ahora no, Draco -dijo ella. Se unieron al conde y a Lucius, y para sorpresa de Draco, siguieron negociando tranquilamente la oferta matrimonial, como si nada hubiese pasado.

Lo más sorprendente era que ahora los Malfoy no regateaban tan duramente como al principio, y terminaron ofreciendo mucho más dinero y tierras de lo que habían tratado de acordar en un principio. Y el contrato se firmó, Draco fue testigo de ello, aunque su firma no fue necesaria. Los Malfoy y Greengrass se despidieron en los mejores términos, y los primeros salieron del castillo realmente satisfechos.

En cuanto estuvieron en su mansión, Draco exigió una respuesta.

-Te casarás con la condesa -le dijo su padre.

-Entonces ¿No se va a morir?

-Pues claro que morirá; esa chica no vivirá más de tres meses -dijo Narcisa, muy contenta-. Y precisamente por ello te vas a casar con ella.

-¿Qué?

-¿No lo ves? ¿Ella morirá y tú serás conde! Viudo y conde, con toda la fortuna de Greengrass en tus manos -suspiró. Draco lo comprendió todo, y esbozó una mueca de repulsión.

-Piénsalo, Draco, ella se va a morir de todos modos ¿Por qué no aprovecharlo? -dijo su padre, tan satisfecho como ella-. Además, así podrás casarte con Pansi ¿No era eso lo que querías? Supongo que su familia olvidará este desplante cuando sepan que van a casar a su hija con un conde -se rió. Narcisa le imitó, celebrando su buena suerte, pero Draco no le veía la gracia. Aunque no conociera a Astoria de nada, le resultaba repugnante que estuvieran deseando su muerte sólo para obtener su fortuna.

-Pero si se va a morir ¿Por qué ofrecisteis tanto en mi dote? -preguntó.

-Si hubiese sido cualquier otra, incluso Pansi, la cifra no habría llegado ni a la mitad -confesó Lucius-. Pero no estamos comprando una esposa ¡Estamos comprando un condado! -exclamó-. Y lo único que tienes que hacer es casarte con ella y enviudar.

-Tendrán que llamarte excelencia -sonrió Narcisa, mirándole con orgullo-. ¿Quién lo diría? Mi hijo, un conde…

-¿Y si no se muere? -preguntó Draco, casi desesperado.

-Por supuesto que morirá, ya la has visto -Lucius agitó una mano-. Sólo es cuestión de tiempo.

Pero su alegría por el futuro de su hijo se vio interrumpida cuando un elfo entró para avisar de que los señores Parkinson estaban allí.

-Oh, Lucius -exclamó Narcisa, con exasperación.

-Tranquila, arreglaremos esto -la tranquilizó él-. Diles que entren -ordenó.

Por la expresión que tenían los señores Parkinson se podía adivinar que no estaban demasiado contentos. Draco se escabulló de la habitación a toda prisa, aunque antes de cerrar la puerta, pudo oír las primeras protestas del señor Parkinson.

-¿Qué es esto, Lucius? ¡Habíamos acordado…!

Draco llamó a otro elfo.

-¿Está Pansi Parkinson aquí? -le preguntó.

-Sí señor, está esperando en el invernadero, señor.

A Draco no le apetecía verla, pero aun así se encaminó hacia donde le había indicado el elfo, procurando no arrastrar demasiado los pies. Encontró a Pansi de espaldas a él, en una pose estudiada que pretendía ser de enfado y altanería. El rubio no tenía ganas de pelear, pero intuía que por mucho que se esforzase, iba a ser uno de esos días, así que respiró hondo antes de acercarse a ella.

-Me alegro de verte -mintió. Ella resopló con desdén. Le había visto acercarse por el reflejo de las vidrieras, así que no estaba sorprendida de oír su voz.

-No me digas -respondió, con voz desdeñosa-. Creí que no sería así.

Draco no quiso ni imaginar lo que los padres de Pansi y ella habían estado diciendo tras enterarse de su nuevo y ventajoso compromiso.

-Sé que estás enfadada -dijo, tratando de ser amable.

-¿Ah, si? ¿Y por qué debería estarlo? -preguntó ella, con la voz cargada de reproche. Draco se vio obligado a recurrir a toda su paciencia para no responderle mal.

-Veo que ya sabes de mi compromiso con Astoria Greengrass -Pansi le miró de reojo, pero apartó la vista de inmediato. Draco se preguntó si Astoria sería tan tonta y malcriada como ella.

-Mis padres están muy ofendidos. Dicen que nos habéis tomado el pelo.

-¡Yo no sabía que mis padres hubiesen pactado con los tuyos algo acerca de nosotros! -protestó Draco.

-¿Ah, no? ¡Pues es lo que todo el mundo daba por hecho! -Pansi se giró y le miró a la cara, con una expresión de furia sin igual-. ¡Todo el mundo! Y ahora soy el hazmerreír porque tú has decidido…

-¡Yo no he decidido nada!

-…¡porque tú vas a casarte con esa condesa! -terminó de gritar ella.

-¿Y qué más da que me case o no? ¡Se está muriendo! -gritó él a su vez-. Mi madre dice que no vivirá más allá del día de la boda -le espetó furioso. La cara de Pansi cambió por completo.

-¿La condesa se va a morir? -preguntó interesada.

-Si.

-Pero tú vas a casarte con ella antes -dijo para asegurarse. Él asintió. Entonces Pansi sonrió-. ¡Draco! ¡Eso es maravilloso! ¡Vas a ser conde! -exclamó, con los ojos brillantes. Su mente, afilada como el acero, pensaba "Y yo seré condesa"

Ya no estaba enfadada.

"Y a esto se reduce todo" pensó Draco "A nadie le importa que la condesa muera o no, todos se preocupan por sus propios intereses. Aún estoy esperando a que alguien me pregunte qué quiero yo"

Pansi comenzó a cotorrear acerca de la futura boda de Draco. Estaba tan encantada que parecía que ella era la futura novia.

-Y espero estar entre las primeras filas, por supuesto, si no, no sé qué dirá la gente. Por supuesto, no puedo ser dama de honor, sería de mal gusto -se rió, como si eso le pareciese ridículo-. Pero sí que podría sentarme en una mesa cercana a la vuestra, ya sabes, en el banquete…

Draco la dejaba hablar, sin escucharla realmente. Por alguna curiosa razón, estaba imaginando cómo sería su vida al lado de Pansi. Se veía con la edad de su padre, con esa mujer a su lado, incapaz de callarse o de tener un pensamiento coherente, preocupada por el qué dirán, pero haciendo el ridículo continuamente… ¿Tenía que reducirse todo a eso? ¡Tenía dieciocho años! ¿De verdad no había nada más en su futuro?

Ah, claro, su padre le había hablado de la otra opción: las amantes. Podría tener una querida viviendo en otra casa, sin que lo supiera su mujer. Ni siquiera era necesario que viviese con Pansi, con tal de que les vieran en público juntos era suficiente…

Pero ¿Era eso lo que quería? ¿Una existencia llena de falsedades y mentiras? ¿Vivir el resto de su vida al lado de esa chica a la que difícilmente podía aguantar? ¿Besarse con ella? Vale ¿Salir con ella? De acuerdo. Pero ¿Casarse con ella? Eso ya era otra cosa.

"¿Tengo elección?" se preguntó "Seguramente no" dijo una voz dentro de su cabeza.

-Y en su funeral tendré que llorar mucho, cómo no, y por supuesto, guardaremos luto ¡No podremos casarnos hasta que no dejemos de llevar esa horrible ropa negra! Además, no me sienta bien, pero a ti no te importará que deje el luto lo antes posible ¿Verdad, Draco? Y tendré que consolarte, por supuesto ¡Qué viudo más afligido vas a ser! Y en el fondo estarás deseando que se muera ¡Qué risa! ¿No te parece?

"Si" pensó él con amargura "es terriblemente gracioso"