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Mándame una señal — capítulo 5

-Vamos Edward, solo saldremos a tomar una copa - me sonrió la secretaría.

-No puedo - le asegure con una media sonrisa - otro día.

-Acabas de llegar - comento la mujer haciendo un puchero - deberías salir a divertirte.

-Mi hija me espera - por lo regular cuando lo decía, dejaban de insistir.

-¿Ya eres papá? - dijo sorprendida - te ves muy joven, para ser padre.

-Y pensar que están a punto de gritarle suegro en la calle - la voz se me hizo conocida, y giré la vista, un hombre en silla de ruedas y el cabello negro y largo como lo recordaba.

-Billy - sonreí al verlo y me acerque a saludarlo - años sin verte.

-Lo sé - acepto con una media sonrisa - creo que los deje de ver, cuando Emma tenía como seis años.

Si la última vez que habíamos ido a Forks, había sido cuando mi hija era muy pequeña, ya que después mi familia decidió que pasaríamos Navidad que era cuando viajábamos, en algún lugar cálido, y bueno después mis padres viajaban muy seguido a Nueva York a visitarnos al igual que mis hermanos, por eso dejamos de venir.

-Lamento mucho, lo de tu esposa - ante la mención de Tanya, mi sonrisa se esfumo - sé que es un golpe duró.

-Demasiado - admití - aun no puedo superarlo del todo, y bueno Emma está aun en proceso.

-Carlisle me dijo - poso su mano en mi antebrazo - pero sé que ella lo va a superar.

En verdad eso esperaba, porque no sabía si iba a volver a soportar, ver a mi pequeña en el hospital, por un intento de suicidio, enserio no era tan fuerte, no podía perderla a ella también, y supuse que Tanya lo sabía, era por eso que se había salvado de todas las pastillas que se había tomado.

Me despedí de Billy y camine a mi oficina, para ver algunos planos de un puente, que deseaban hacer en Port Angeles, me la pase todo el día encerrado, mejorando los planos y cambiando algunas cosas, no vi que hora era, siempre me metía mucho en esto. Escuche el teléfono, así que lo tome sin observar quien era.

-¿Diga? - conteste.

-¿Qué haces? - esa voz era de Alice.

-Terminando unos planos - respondí, dando un sorbo al café que había pedido hacía dos horas y como es lógico ya estaba frío - pero ¿necesitas algo?

-Yo no - se notaba la molestia en su voz - pero Emma ahora está encerrada en su recamara, porque su padre no vino a comer.

-¡¿Qué?! - me fije en el reloj, y eran las ocho, mi hija me iba a matar - ¿Por qué no me hablaste antes?

-Pues llevo al menos diez llamadas a tu oficina, pero simplemente no me comunican - se defendió - y bueno tu celular lo obtuve hasta que mamá llego.

-Voy para allá - después de decir eso colgué.

Guarde los planos, y corrí hacia el estacionamiento, la oficina apenas parecía quedarse vacía, pero en ese momento no me importó, necesitaba llegar a casa, y hacer que mi hija abriera esa puerta y poderme disculpar, por lo olvidadizo que había sido.

Espere a que el elevador abriera, pero parecía que el destino no deseaba que llegara a tiempo a casa, enserio maldije miles de veces, no haberme dado cuenta del tiempo, en cuanto se abrió entre, el elevador venía solo con una persona más que llevaba en sus manos una enorme caja con muchas cosas, escuche un suave sollozo.

-¿Está bien? - pregunte.

-Me acaban de despedir - soltó una suave voz, que me recordó a la de Tanya, y sentí como mi piel se erizaba, al igual que con ella.

-Cuanto lo siento - enserio que me estaba volviendo loco.

-No sé que voy a hacer - sollozo con más fuerza - apenas si puedo, y no sé como se lo diré a mi hijo.

-Encontraras un empleo pronto - le asegure.

-Gracias - en ese momento pude ver su rostro, era hermosa, sus ojos azules a pesar de estar rojos e hinchados eran preciosos - y lamento, que hayas tenido que escucharme.

-No importa - le asegure - soy Edward Cullen.

-Victoria Lefevre - respondió tratando de sonreír.

En ese momento el elevador se abrió, en verdad quería pasar más tiempo con ella, pero el destino no lo deseaba, me despedí de ella, y subí al auto, en cuanto estuve solo recordé a mi hija, si creo que soy un mal padre, por pensar en esa mujer, en vez de mi pequeña.

No sabía como iba a estar, pero lo más seguro, es que estuviera molesta, pensando en formas de que le recompensará el no haber ido a comer, como la mayoría de las veces, extrañaba a la Emma feliz y divertida, la que siempre se la pasaba riendo de todo, y se la pasaba haciendo todo lo que le pasaba por la cabeza, pero ahora estaba demasiado pegada a mí, se había vuelto dependiente a mí, y yo en cierta en forma a ella.

Llegue a casa de mis padres, en donde vivía temporalmente, en la sala estaba Alice, Jasper, Emmett y Rosalie. Sin saludar subí hacia las recamaras, cuando llegue la puerta de su recamara estaba abierta, mi madre estaba sentada en la cama, revisando la mano de mi hija.

-¿Qué hiciste? - mi voz sonó ronca - me prometiste que no volvería a pasar.

-Edwar…

-Es que no puede ser que falte a una comida, y tú te dañes así - ni siquiera deje que mi madre hablara - se supone, que estabas mejorando, no puedes volver con eso de los cortes.

-Se me cayo el vaso - me espeto - y me corte cuando quise levantarlo.

-Creo que es mejor que los deje - comento mi madre, que beso la frente de mi hija.

En ese momento me sentí estúpido, por reprocharle algo que no debía, después de todo había sido un accidente, se giró viendo por la ventana, primero la había dejado plantada para comer, y ahora la acusaba de volver a lastimarse, ¿Qué clase de padre era?

-Lo siento - me disculpe.

-No importa - aunque su voz fue distante.

-Se me paso el tiempo - repuse, tratando de buscar una buena excusa - y bueno me di cu…

-Enserio - susurro - no tienes que darme explicaciones.

-No quiero que estés enojada - comente caminando hacia ella.

-No lo estoy - en ese momento su voz se quebró.

-¿Qué paso? - sabía que algo había pasado, para que pareciera que quería llorar.

-El sueño - aun no me veía - no quiero tenerlo - en ese momento se giró a mí - de nuevo, veo a ese hombre, y ya no quiero.

Se abrazo a mí con fuerza, sabía lo que ese sueño le traía, era el recuerdo de ese fatídico día en que Tanya murió, y parecía que solo la había dejado en paz dos meses, ya que ahora de nuevo regresaba, se aferro a mi camisa, me dolía verla así.

-¿Por qué no me dices que paso? - jamás había querido hablar conmigo de ese día.

-No puedo - murmuro.

-No va a pasar nada - le asegure - estoy aquí para protegerte.

-Eso dijo ella - soltó un sollozo - no quiero, que tú también me dejes, no quiero.

-Tranquila - le pedí, mientras acariciaba su cabello - todo va a estar bien.

-No me dejes - me pidió - cántame como cuando era niña.

No podía negarle una canción de cuna, a mi niña, así que me recosté con ella en su cama, y la abrace como siempre, en ese momento era más frágil.

Esta es tu canción, la escribí para ti

Lo que te haga feliz,

lo que te haga sentir que estoy junto a ti,

nuestro amor no es normal,

más profundo que el mar.

Si tuviera que elegir el tener que morir,

solo lo haría por ti;

porquetu eres un lunar en la espalda,

que aunque no pueda verlo, siempre me acompaña.

Te Amo, Te Amo,

tan fácil decirlo, tan difícil sentirlo,

Te Amo, Te Amo,

voy a escribirte con nubes,

cuatro palabras que digan:

Mi niña de Amor,

Te Amo, Te Amo.

Cuando quieras llorar,

cuando creas sufrir

voy a usar mi barbilla,

para darte cosquillas

hasta hacerte reír.

Nunca olvides que yo,

fui tu primer amor,

muchos otros vendrán,

pero no podrán amarte como yo.

Es que tu eres una huella en la arena,

que aunque el agua la borré, en el alma se queda

Te Amo, Te Amo,

tan fácil decirlo, tan difícil sentirlo,

Te Amo, Te Amo,

voy a escribirte con nubes,

cinco palabras que digan:

Te Amo, soy tú papá

En cuanto termine la canción note que se había quedado dormida, me levante con cuidado para no despertarla, en verdad que esperaba que esto de haber venido fuera buena idea, no deseaba ver a Emma de nuevo sumida en depresión.

-Emma despertó gritando cosas - repuso mi madre.

-Tenía mucho que no lo hacía - susurre.

-Pero me preocupan sus palabras, porque gritaba cosas como no me toques, mamá no dejes que ellos me toquen - arrugue la nariz, ya que siempre gritaba Mamá por favor despierta - y en cuanto la desperté, parecía un ratón asustado.

-Caius dijo que era mejor esperar a que ella me dijera lo que había pasado ese día - comente suavemente - que no debía forzarla, porque solo la lastimaría más, pero sé que por algo se siente culpable, aunque no entiendo porque.

-Dale tiempo - mamá poso su mano en mi hombro.

 Victoria Lefevre

Bueno al igual que los personajes, la canción no es mía sino de Servando y Florentino se llama "Te Amo" espero ke les guste

Capitulo dedicado a:

Zhere StAr De Black

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