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Historia 60640 — capítulo 1
Nuestra vida es siempre así. Nos peleamos, nos reconciliamos… es lo que tiene ser hermanos. Aunque pensándolo bien, creo que aunque no fuéramos hermanos seguiría siendo así nuestra relación.
—Leire, ¿en qué piensas?
Esa voz me sacó de mi ensimismamiento, volví a la realidad. Estaba sentada bajo un gran cerezo en flor, con la cabeza de él en mis piernas. Estaba echado en el césped perpendicular a mí, jugando con un mechón de mi pelo castaño que, rebelde, se desprendía de todos los demás.
—Pienso en ti, como siempre—contesté burlona. Siempre me hacía la misma pregunta y yo siempre le respondía igual.
Él es mayor que yo, referente a la edad, porque en la mentalidad… en ese terreno le ganaba con creces. No es que fuese tonto, sino inmaduro.
—Leire, estoy harto de esta situación.
— ¿Cuál?— pregunté intrigada.
—Ésta —dijo sobresaltándose y alzando sus manos por encima de mi cabeza, haciendo que perdiera la visión del magnífico campo que tenía delante. En seguida, volvió a relajarse y bajó las manos—. Esto de ser fuerte, apuesto e inteligente.
—No veo porqué hay que quejarse. A mí me gusta— comenté tranquilamente.
— ¡Venga ya!— dijo mientras se incorporaba y me miraba ésta vez desde arriba—. Nunca he tenido novia, aunque podría tener a la que quisiera.
—Sabes tan bien como yo que no le gustamos a los humanos.
No sabía por dónde quería salir con esa conversación, él nunca me había comentado que quería tener sentimientos por esos seres primitivos
— ¿Ya te cansaste de mí?— pregunté juguetona pero mi cara tenía una mueca de querer llorar.
—Sabes que no. Nunca, nunca podría apartarte de mi lado—. Se sentó a mi lado de nuevo y me abrazó con uno de sus musculosos brazos— Pero estoy harto de convertirme en cosas diferentes para sobrevivir, no voy a poder mantener esta forma mucho tiempo y es la que más me gusta.
—Lo sé — le contesté como si lo comprendiera—, sé que te gustan esos pechos que les cuelgan a las jovencitas — palpé las que yo poseía y nos echamos a reír.
—No entiendo. Somos dioses para ellos y no nos prestan atención— siguió con su penuria mirando al horizonte. El brillo de sus ojos me hipnotizó por unos segundos.
—Porque no se detienen a observarnos. Aún con lo hermosos que somos, no nos ven se relacionan con nosotros nada más, pero hay excepciones y ya lo sabes.
—Sí, pero esas personas sólo han sido juguetes. No han significado nada, sólo "sexo" como ellos lo llaman.
—Sí… vacío— dije pensando claramente por donde dirigía él la conversación. Ya sabía qué le frustraba e intentaría ayudarlo en lo que pudiera.
—Y sin embargo— prosiguió— esas personas que nos ven tal y como somos poseen un estímulo para matarnos. Es una obsesión para ellos veros muertos una vez que nos localizan.
—Son nuestros antagonistas hermano— le dije mientras me apoyaba suavemente en su regazo. Él empezó a acariciarme dulcemente el rostro.
—Por lo menos hemos sobrevivido estando juntos muchos siglos. Nos complementamos bastante bien, hermana—. Agachó su rostro y me besó en los labios. Olía a césped recién cortado, como siempre y sus labios eran cálidos cual tarde primaveral.
—Ya empezamos— dije en cuanto dejó de besarme poniendo los ojos en blanco— me temía que terminaríamos así después de una conversación profunda. Me has dado un regalo con ella y ahora tú quieres la recompensa.
—Ésta vez no—me dijo en todo serio mientras yo me estaba levantando para darle su regalo. Me desconcertó totalmente— Hace tiempo que quería decirte algo.
— ¿Qué es,hermano? — pregunté con la sangre helada por el miedo a que me dejara.
—Me he enamorado… de una humana.
Mi cara no debió reflejar nada bueno por lo que intenté cambiar de estado de ánimo, aunque por dentro mi corazón había estallado en mil pedazos y sus cristales se clavaban en mi interior.
—Enamorado… no entiendo esa palabras— contesté volteando mi cara para que no viera mis lágrimas luchando por salir e intentando salir del paso como si no supiera sobre ese hermoso sentimiento, ese sentimiento que yo sentía por él.
—Es como estar contigo, pero hay chispa dentro de mí que me empuja hacia ella. Sólo existe ella.
— ¿Me dejarás sola?— pregunté con la voz rota por el dolor y la amargura. Sentí sus manos intentando girar mi cara para que viera su hermoso rostro, pero oímos un ruido estruendoso y olfateamos a un depredador.
Estaba cerca, muy cerca y no nos dimos cuenta por la estúpida conversación.Inmediatamente, nuestros cuerpo quisieron cambiar de forma. Él se convirtió en un gran perro de caza y yo en un águila majestuosa.
Alcé el vuelo y cuando estaba cerca del sol escuché un estallido. Una punzada de dolor recorría mi ala derecha y un reguero de sangre manchaba el limpio cielo azul.
Caí, caí sin control. Al llegar al suelo un perro de caza corrió hacia a mí y gimoteó.
— Lo siento mucho, hermana. Te pondré a salvo y te curaré aunque me cueste la vida. No hay ninguna chica, lo único importante en mi vida eres tú. Era todo una broma y quiero estar toda la vida a tu lado.
Me recogió delicadamente con su hocico y huimos con sonidos de escopeta de fondo.