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Historia 61034 — capítulo 1

A James Sirius Potter se le ha muerto su mejor amiga. La persona con la que ha compartido toda su vida. Y le duele, le duele como no le ha dolido nunca nada, porque sabe que esta vez, no es una pelea que haga que no se hablen durante un par de días, ni es un viaje familiar de unas semanas. No, esta vez les separa la línea de la vida. Y le duele, le duele muchísimo. No quiere pensar en que nunca más la verá. Pero le es imposible, todo le recuerda a ella. Cada parte de su casa es un recuerdo con ella, cada persona que conoce le recuerda a ella. Era su mejor amiga y ha muerto. Merlín, dieciocho años.. Tenía toda una vida por delante. Y no quiere pensar en el hijo de bashnee que tiró la bludger y la hizo caer de cien metros de altura. Tampoco quiere pensar en el momento en el que, tras un día de larga espera en la sala de espera del hospital San Mungo, le dijeron que había fallecido.

Se estaba terminando de atar la corbata negra. Hoy era el funeral. La vería en una caja de madera. Se había prometido no llorar, pero aún no había salido de su casa y solo de pensar a donde tenía que ir, su corazón se quebraba más y más y sus ojos querían llorar.

-¿Estás listo?-Le preguntó Harry Potter, su padre. El le iba a llevar al funeral, a el y sus hermanos. Hogwarts había dado un permiso especial para asistir al funeral de Jenna. Porque Jenna era demasiado querida por todos. Y ahora estaba muerta, joder. Se sentía impotente, frío y dolido. Se sentía muerto por dentro.

-Sí, ya voy papá.-Dijo con voz ronca. Se montaron en el coche junto con Albus y Lily. El funeral de Jenna sería en Godric Hallows, y Lily aún no tenía permiso de aparición. La miró. Su hermanita pequeña, de quince años. Siempre sonriendo, siempre feliz, ahora ya no tenía una sonrisa, pero los ojos rojos si.

El cementerio estaba lleno, no solo iría la familia de Jenna, más de la mitad de Hogwarts estaba allí presente. Desde alumnos a profesores. Porque Jenna no habría sido una estudiante modelo, pero se hacía querer. Demasiado incluso. Todos iban de negro, y nadie podía decirse que sonriese, algunos intentaban animar a la señora Jones, pero ella no era capaz ni de hablar. Su hija estaba muerta. Su niña... Los Potter se acercaron a ella, a su lado, estaba Ginny Potter. Había estado con la señora Jones todo el día. No se atrevía ni a pensar lo que podía hacer esa mujer. Ni quería imaginarse como se sentiría tener un hijo muerto. No quería.

-Hola, señora Jones.-Murmuró James, con la cabeza gacha. Ella le abrazó y lloró en su hombro. James miraba al frente, mientras pasaba la mano por la espalda de la madre de su difunta amiga. Luchaba por no llorar. No quería hacerlo y no podía permitírselo. El era el fuerte, siempre lo había sido. Tenía que serlo.

La ceremonia comenzó y pronto empezó a llover, conjuraron paraguas y solucionado. No podían dejar eso para otro momento, tenían que cerrar esa maldita herida. O al menos, intentarlo.

-"Una buena amiga"- Dijo uno de los primos de Jenna. Iban hablando de ella por turnos. Pronto le tocó a el.

Se vio frente más de doscientas personas, atentas, mirándole. El solo quería acercarse a Jenna y gritarle que se despertase, que se levantase. Que no se fuera. Pero estaba estático. No podía hacer ni decir nada. Tomó aire e inspiro.

-Jenna.. Jenna lo era todo para mi.-Le sonaba tan raro hablar en pasado de ella..-No era grande físicamente. ¿Qué medía 1'64?-Intentó bromear, y al parecer lo consiguió, una leve carcajada grupal llegó a sus oídos, pero el quería escucharla diciendo "Eh, que estoy aquí, Potter" con su tono burlón.- Pero era grande de espíritu. Muy grande. Gigante incluso.-Miró al suelo.

Flash Back

James tenía tres años. Un hermano, muchos primos y nuevos vecinos. Había oído que sus vecinos tenían una niña de su edad. No la quería conocer, el pensaba que era como sus primas, que solo hablaban de muñecas. Cuanto se equivocaba. Ginny lo llevó al parque, y allí estaba ella. Tenía el pelo castaño, como los ojos.

-¡HOLA!- Le dijo.- Me llamo Jenna. ¿Y tú?

-Yo soy James.-

-¿Quieres jugar?-

-¿A qué?-

-No sé, yo tengo una escoba de juguete...-

-¡Yo también!.-

-¿Jugamos?-

-¡Vale!

Fin Flash Back

Sonrió al acordarse. Una conversación corta e infantil que les unió para siempre.

-Fue mi mejor amiga..Desde siempre.-Su voz se quebró.- Todos la vimos reír, llorar de alegría y de tristeza.. Ser feliz.-Suspiró. La echaba de menos.-Todos sabemos que no le gustaban las canciones lentas. Le iba el rock, empezar a gritar y a saltar..-

Flash Back

Un James de nueve años entraba en la habitación de su mejor amiga. Esta saltaba en la cama a ritmo de una canción muggle.

-¿Qué demonios haces, Jenna?-Preguntó su madre con los brazos en jarras, y una sonrisa.

-SATISFACCIOOOOOOOOOOOOOOON- Imitó al cantante. Se sabía la canción de sobra.

Abrazó a su amigo,llevaba sin verle dos semanas. El había ido de vacaciones a ver a su tío Charlie, a Rumania.

-Te he echado de menos.-Dijo cuando se separaron. Su madre rió, y salió de la habitación tras decirles que no rompiesen nada.

-Yo también a ti.-Le contestó el.

-¿Sabes? Este año Mark.-Su hermano mayor.-Entra en Hogwarts.-Contestó emocionada la niña.

-¡Que guay!-

-Solo quedan dos años.-Suspiraron.

Fin Flash Back

-Lo viví todo con ella..-Empezó.-El primer viaje a Hogwarts...La selección... Los TIMOS, los EXTASIS, la graduación..Dieciséis años de mi vida casi, con ella.-Miró al frente. Esperaba verla llegar y poder abrazarla.

Había muchas cosas que no había dicho en esa cronología de su vida con Jenna, no había contado como con quince años la empotró contra una estantería de la biblioteca para acabar besándola como un maldito idiota. Tampoco había contado la primera vez que sintió celos, al verla en Hogsmeade con otro chico, tomados de la mano en cuarto. Si las miradas hubieran matado, aquél Ravenclaw estaría mil veces muerto. Mucho menos había contado como con dieciséis años despertaron desnudos y abrazados en la cama de el en Gryffindor. Ni como durante las comidas en la Madriguera a las que Jenna iba,-casi todas-, el agarraba su mano por debajo del mantel, sin que nadie más lo notase. Y como eso, tampoco había contado como, la última vez que Jenna durmió en casa de los abuelos Weasley, a las tantas de la madrugada, James Sirius la tiraba a la cama y la succionaba como si no hubiera día siguiente.

Y para Jenna no lo hubo. Después de aquella noche, llegó el fatídico partido de Quidditch. La habían cogido en las Arpías, era el inicio de temporada, nada importante. Si no fuera porque fue el último día de su vida.

James Sirius Potter se dio cuenta tarde de que lo único que nunca había vivido con Jenna era un "te quiero", ni un "te amo" por parte de ninguno, aunque ambos supiesen que el otro ya no sabía como respirar sin el otro.

El funeral acabó después de algunos otros comentarios, -como los de Lily, quien había dicho que Jenna había estado presente desde que nació en su vida y la quería como a su hermana mayor-

Todos se fueron, hasta la señora Jones, que fue de las últimas en irse, pero Mark Jones, -el hermano mayor de Jenna-, se la había llevado entre lágrimas. James Sirius tenía la mano en los bolsillos del pantalón de traje negro que llevaba, se había desanudado la corbata y estaba frente a la lápida de su mejor amiga o algo más. Nunca concretaron nada.

Joanna Jones

2005

  • 2023

Porque tu familia y tus amigos no te olvidarán nunca.

Te queremos.

Joanna..Que formal sonaba eso en sus oídos, para el siempre había sido Jenna, para el y para el mundo realmente. James Sirius conjuró unas flores. Lirios azules. Los favoritos de Jenna. Se arrodilló ante la lápida y los depositó.

-Yo..Debí decirte esto antes, pero.. Te amo, Jenna Jones.-Las lágrimas empezaron a brotar, pero se las limpió con el dorso de la camisa. Tenía que ser fuerte. Él había sido el fuerte siempre. Se levantó y, aún con las manos en los bolsillos desapareció del cementerio, solo que ahora, llevaba en su retina grabada para siempre aquella lápida.

Pasaron los años, James Sirius Potter ya no tenía dieciocho años, tenía casi los cincuenta. Ya tenía sus propios hijos, y sus nietos, que tenían dos y tres años. Ese día volvía al cementerio. Iba a despedir a su padre. Llevaba, veintisiete años sin pisar el cementerio de Godric Hallows, -sus abuelos Weasley habían sido enterrados en el jardín de la Madriguera, así como querían hacerlo con Harry, pero en sus últimas voluntades estuvo ser enterrado junto a sus padres- Si no hubiera sido su padre no habría ido, ese cementerio le recordaba a la época de su vida que se esforzaba por no recordar. Jenna.

Decidió hacerle una visita a la lápida de su vieja amiga. Para su sorpresa, no estaba olvidada, ni mucho menos. Cuanto menos, estaba impecable y con flores nuevas. Lirios azules.

Una voz, habló por detrás suya. Se giró y allí, estaba Lily Potter II. Su hermana menor.

-No la has echado de menos en veinte años..Y vienes hoy. Curioso, muy curioso sin duda.-Lily llevaba enfrentada a su familia desde que se casó con Scorpius Malfoy a los dieciocho.

-¿Qué tiene, que haya venido hoy, Lilliane?-Pregunta el, intrigado.

-Que hoy es cuatro de octubre.-Lily usa una risa frenética, como si eso la hiriese.

-Hoy..-Susurra el.-Hoy es el cumpleaños de Jenna.-Susurra de nuevo.

-Sí. Yo llevo viniendo desde que murió. El día de su cumpleaños y el de todos los santos, más el día en que la enterraron. Hasta que te casaste con Angie venías. Luego te olvidaste de Jenna con excusas como "He de ir a comer a casa de mis suegros" "Es que tengo que ir con Angie a tal sitio" y a Jenna, que la diesen. Total, estaba muerta, ¿No? Te olvidaste de ella veinte años de tu vida.-Lily mencionó.

-¿Crees que no duele? ¿Crees que no duele pensar que en vez de haberme casado con Angie, me hubiera podido casar con Jenna? ¿Crees que no duele saber que a lo mejor, yo estaría ahora con Jenna? -Le gritó.-¡JENNA ESTÁ MUERTA! ¡MUERTA! ¡HAY QUE PASAR PÁGINA!- Se encontró chillando.-Han sido VEINTE AÑOS, ¡Tu no tenías ni veinte años cuando ella murió!-Rió ahora el frenético.

-No, pero yo, yo aún la llevo en el corazón.-Lily Potter, ahora Lily Malfoy, se arrodilló frente a la tumba y dejó una foto. Luego desapareció.

James se acercó a contemplar la foto.El corazón, se le encogió. Eran Jenna y el. Con quince años. En el jardín de la casa de el. Era una foto mágica, por lo que tenía movimiento. Ella hacía caras frente a la cámara, cuando de repente, el se acercaba corriendo y la tiraba al suelo, donde empezaban a reírse y a dar vueltas. Era una de las fotos preferidas de Jenna. Decía que le recordaba a una película muggle que le enseñó su hermano de pequeña.

-Feliz Cumpleaños, Jenna.-

-Gracias.-Se escuchó detrás. Se giró sobresaltado. No había nadie, pero el, podía jurar que esa había sido la voz de Jenna. La recordaba como si ayer mismo la hubiera sentido contra su oreja diciéndole que es su mejor amigo.