← Bella e Voldy · de
Bella e Voldy — capítulo 3
Caminaba lentamente, por aquellos largos pasillos. Una enorme escalera se erguía ante ella y una enorme sonrisa, se postró en los labios de su anfitrión. *— ¡Bella! Bellatrix Lestrange, hace ya tanto tiempo que no veo tu hermoso rostro entre mis filas.*Continuó sonriendo. Sabía que había anhelado ello, más que nada en el mundo. Caminó hasta detenerse frente a él. Ya no era el mismo hombre, pero seguía amándolo. Seguía sintiendo algo por él. *— Déjenla sola. Ella y yo tenemos tanto de qué hablar— dijo y su serpenteante voz, erizó su piel. Como antes.*Subió las escaleras de aquella enorme mansión y miró a su alrededor. Las habitaciones, empolvadas, llenas de ese lujo al que ella una vez vivió acostumbrada. Pero claro, Voldemort solo merecía lo mejor. No podía tener algo que no fuese poder. No merecía otra cosa. — Te ves cansada, exhausta. Solo hablaremos un par de minutos y luego podrás irte a dormir, Bella. — No tenga cuidado, mi señor. Por usted de pie estaré. Eternamente de ser necesario. Ninguno de sus súbditos tenía esa determinación que ella poseía. Esa pasión al hablar de él. Le encantaba escucharla. Le encantaba notar en su rostro, aquel placer al pronunciar su nombre. Al escuchar su voz y sentir sus manos sobre ella. Sin importar se tratara de torturas. Ella jamás se enfadaría, jamás perdería el rumbo. Era tan fiel, tan fiel como un can. Fiel a su amo, incondicionalmente. La guió por un oscuro pasillo, hasta una habitación central. Una enorme cama con sábanas de seda, de color como el vino. Rojo sangre. — Bienvenida a casa, Bellatrix. — Me siento honrada de estar en su presencia— dijo, arrodillándose en el suelo y bajando la cabeza. Lentamente. — El honor es nuestro, de tener a una mortífaga de calidad. Levántate, no te he llamado para que me rindas pleitecías. Asintió y se levantó lentamente, desviando la vista. Voldemort había sonreído con ese gesto y negó con la cabeza. Muy típico de todos sus súbditos. Sus rojizos ojos, brillaron al ver a la mujer frente a él. — Mírame, Bella. — Sí, mi señor. Inspiró al mirarla. Los dementores no habían sido buenos con ella. Había perdido aquellos rasgos que tanto amaba, que tanto ansiaba ver. Y aún así, era una mujer hermosa. — Mírate. Esos animales han hecho de ti, un cambio tan inhumano.— dijo y alzó una de sus pálidas manos, para acariciar su rostro— ¿Qué fue lo que te hicieron, Bella? — Una tortura indescriptible, pero he sobrevivido. Todo gracias a usted. A sus enseñanzas, mi señor. A todo el... ¿Amor que le profesaba? Guardó silencio y Voldemort sonrió ante su mirada perdida. Conocía lo que iba a decir. Ella era la única a esas alturas que seguía manteniendo esos sentimientos, pese a que de latigazos trataran de mitigarlos. De derrotarla con dementores. De desviar sus intenciones. Solo ella. Solo ella... con el tiempo. — Lo sé perfectamente, Bellatrix. Muy bien sé, lo que te han hecho pasar. Por eso he pedido que te llamaran. Por eso he querido verte. Eres mi servidora más leal, más fiel. Snape y tú han sido... ¿Snape? ¿Qué tenía Snape que demostrar? Era solo una rata inmunda de cañería, que como ya había oído, trabajaba para Dumbledore. — ¿Severus, señor? Pero Severus...y Dumbledore. — Ah, creo que no lo sabías antes. Severus está encubierto, trae los más importantes secretos de Hogwarts. Él y tú, son mis ayudantes más preciados. Y ahora que has regresado... No pensaba compartir su puesto con nadie. Ni siquiera con alguien como Snape. — Necesitas descansar. Reponer energías, Bellatrix. Tengo trabajos muy importantes solo para ti. Pero necesito que descanses. Que duermas todo lo que necesites. De esos sueños que te quitaron aquellos dementores. Quiso contestar, pero ya su señor se había levantado y sonreía en silencio. Se mantuvo allí, mientras él solo la miraba. — Rodolphus regresará mañana, lo verás muy pronto. Antes de hablar, Voldemort había depositado un beso en sus labios. Beso que no tardó en corresponderle.