Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 61726 · de

Historia 61726 — capítulo 1

Ves como Julie corre desesperada hacia esa maltrecha gasolinera que se encuentra en el centro de un pueblo desolado. La nieve y el viento la azotan duramente produciéndole ronchas y entumeciendo en sus delicadas extremidades. Ese no era el sitio para un modelo ¡ni mucho menos! Julie debería estar en un hotel de cinco estrellas rodeada de lujos.

Sus ojos denotan terror, lanza periódicamente miradas hacia atrás, para cerciorarse que nadie la persigue. Una de esas impresionantes botas hace que se tropiece y caiga de manera estrepitosa sobre la gélida nieve amontonada. Pero la ves recuperarse inmediatamente acongojada y alcanzar por fin la puerta de la gasolinera.

Un brutal impacto en la cara de Julie hace que se le rompa la nariz con un crujido repulsivo y caiga sobre una estantería llena de chucherías.

Julie se toca la cara amedrentada y angustiada notando como la sangre cálida se desliza por su rostro helado.

Puedes ver como se aterra aún más cuando nota la cuenca del ojo vacía, su ojo había salido rodando por el mugroso terrazo de la gasolinera.

Su grito fue pavoroso y quieres ayudarla pero un segundo impacto con lo que pudiste otear que era una gran pala de nieve, la deja inconsciente mientras resbala lentamente hacia el suelo.

Hilos rojos recorren su cuerpo escultural hasta la muerte.


Mario se agacha encogido debajo de la ventana. Desesperado se tapa los oídos con fuerza y cierra los ojos. Comienza a hiperventilar, le está dando un ataque de asma. Esa mujer, la que por la mañana había coqueteado con su padre, había sido brutalmente asesinada. Tiene que ser fuerte, tiene que buscar a su padre en esa noche gélida y tenebrosa, aun saltándose la advertencia de que no saliera de la habitación del motel cochambroso en el que se alojaban esa noche. Por estúpido, por haberse escondido en el coche de su padre para correr una aventura, ahora se encontraba ahí muerto de miedo.

Mario se pone en pie tembloroso, camina tambaleándose hasta que coge su ritmo habitual. Se ajusta bien el abrigo al cuello y sale acongojado hacia el pueblo desolado en busca de su padre.


¿Qué pasaba en ese pueblo de noche? Ni siquiera habían dado las nueve de la noche y ya nohabía una luz que reflejara actividad dentro de las casas. Aunque no me extrañaba, en aquél condenado lugar hacía un frío de muerte. Me acomodo bien la bufanda que me había regalado mi hijo sobre la nariz. Ya la tenía colorada por la congelación.

Divisé en la lejanía que la gasolinera del pueblo tenía las luces encendidas. Le di las gracias al señor porque estuviera abierta las veinticuatro horas.

Mis botas dejaban las huellas sobre la nieve helada que se acumulaba por todas partes. Deseaba llegar a la gasolinera, parecía que el hecho de pensar en la luz me calentara el cuerpo. El viento silbaba por entre los árboles de los alrededores. No tendría que haber parado en ese lugar, tendría que haber llegado hasta mi destino aunque me hubiera llevado toda la noche de conducción. Y encima, mi hijo se había colado en mi coche y lo había dejado en la habitación advirtiéndole que no saliera. Yo tenía algo importante que hacer en ese momento.

Por fin llegué yabrí la oxidada puerta. Que poco cuidadas tenían las cosas allí, pensé al entrar ya que la puerta costaba abrirla y una estantería con chucherías estaba totalmente derribada.

—Buenas noches señor— dijo un muchacho desde detrás del mostrador—. Perdone como está todo, no me ha dado tiempo de recoger.

El muchacho mostraba una sonrisa afable y su tono de voz era conciliador.

—No te preocupes, chico. Hay veces que no hay tiempo en un mismo día para hacer todas las cosas que quieres— contesté despreocupadamente. Me acerqué al mostrador para poder hablar más de cerca con el dependiente.

—Tiene toda la razón señor.

—Quiero preguntarte una cosa— comencé a decir sin rodeos— ¿Has visto a una mujer escultural con cara de ángel? Es modelo y había quedado con ella, pero no la encuentro. Se llama Julie.

El dependiente me sonríe y asiente con la cabeza.

—Hace un rato vino a comprar una botella de licor y me dijo que si alguien venía preguntando por ella le indicara el sitio de encuentro.

— ¡Estupendo!— comenté entusiasmado frotándome las manos.

— ¿Ve aquel motel de allí?— señalo a través de la ventana con una sonrisa picarona—. Habitación 306.

— Muchas gracias, chico— grité mientras salía corriendo por la puerta de la gasolinera.


Escuchas ruido fuera, ya no sabes si es la lluvia torrencial o esa persona que estás esperando. Tu espera había sido larga y tortuosa, temías por tu vida a cada segundo. Escuchas una llamada en la puerta y tú, con el corazón en un puño, le indicas que entre.

La habitación la has mantenido a oscuras en todo momento y, cuando ese cuerpo de hombre atraviesa el marco de la puerta, le asestas un golpe brutal con la lámpara del motel en la cabeza. El hombre cae redondo al suelo produciendo un ruido sordo. La sangre le resbala por la brecha que le has hecho en el cráneo.

Ese hombre te había llamado a la habitación y te señaló que en un momento de la noche entraría allí y te mataría. Has sido más lista que tu agresor y aliviada vas a salir de aquel horrible lugar. Allí en pie, tras pasar el marco de la puerta, te encuentras a un niño que te mira con odio fijamente a los ojos.


Ya me había cargado a esa tal Julie. Me encantaba hacer ese tipo de trabajo y Evelyn me había pagado estupendamente por un par de asesinatos: el de su marido y su rival en las pasarelas. Ella y yo hacíamos un gran equipo. Qué suerte haberme encontrado con ella y que estuviera tan necesitada. Solté una risa lujuriosa, era una mujer muy mala. Ahora debería ir a por la chica del motel. Esperaba que ella se hubiera cargado al marido de Evelyn. Así no me manchaba tanto las manos.

Tenía que reconocer que el sitio donde me encontraba daba grima. Evelyn sabía elegir un sitio bastante tétrico para sus acciones. La niebla era tan espesa en ese momento de la noche que no veía nada ni a un palmo de mí. Los pies se me helaban por momentos, podía notar como el frío penetraba en mis dedos. Iba lentamente hacia la habitación 306, con suerte la chica se habría quedado en tal estado de shock que no se habría movido del lugar.

Al llegar encontré una escena bastante peculiar: la chica estaba tirada encima del hombre al que envié. La sangre borboteaba de su estómago y de su corazón. Tenía varios agujeros en esas partes pero no podía conectarlos con algún objeto conocido. Un niño apareció desde la penumbra con los ojos llorosos y un lápiz ensangrentado en la mano.

Ese maldito niño había matado a mi presa, a la chica a la que torturaría, de la chica que iba a sacar un buen pellizco negociando con sus padres. Ese estúpido niño me había quitado de las manos millones de dólares.

Lo miré a los ojos con una sonrisa en los labios.

—No tengas miedo—le dije con dulzura—. Ven conmigo. Te llevaré a un lugar seguro.

El niño asustado agarró mi mano manchándomela de sangre. Lo conduje hacia la habitación de al lado, la 305. Entramos y cerré la puerta con el pestillo. El niño me miró asustado.

—Vamos a lavarte esa sangre. No querrás que la policía sepa lo que has hecho ¿no?

Asintió levemente y por su propio pie entró en el baño. Llené el lavabo hasta arriba y cogí su mano para lavarla. ¡Que inocente son los niños! Lo tomé por el cuello e introduje su cabeza en el agua helada. Se tambaleaba, intentaba gritar pero sólo se oía el chapoteo que hacían las burbujas que salían de su boca. La agitación poco a poco terminaba hasta sostener en mis brazos el cuerpo inerte del niño.


Una sala llena de señores con batas blancas miraban conmocionados a otro que llevaba una camisa de fuerza y que en su cara tenía dibujada una sonrisa lujuriosa.

— ¿Y ahora qué? — pregunta uno con la cara desencajada por el terror.

—Hemos tenido que matar a todas las personalidades del señor Looper para saber quiénes son los asesinos de las doce modelos que han muerto durante el año pasado. Ahora podemos condenar a éste lunático. Evelyn Torres y David Doyle son las personalidades asesinas.

—Por favor, llévenselo a una celda de aislamiento—. Pidió otro de los señores con voz grave.

La sala se quedó en silencio sepulcral mientras el señor Looper era llevado a su celda. Nadie podía creer que hubiese sido tan difícil encontrar a un asesino entre tantas personalidades, en una sola persona.