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Historia 61876 — capítulo 1

CUANDO TODO COMENZO.....

James paseaba de un lado a otro, tanto que la gente que estaba observándolo terminaba mareándose, si, Jemes recorría de un lado a otro aquel pasillo que para ser exactos era el de un hospital. Pronto y después de varios meses de espera se convertiría en padre. Se despeinaba el cabello, miraba una y otra vez su reloj, ya habían tardado demasiado.

-Cornamenta- Exclamaba una voz sumamente familiar. James se volvió hacia la voz y para observar a su mejor amigo acercarse y darle un caluroso abrazo- James no quisiera importunar, pero luces algo nervioso.

-¿Eso crees?

-Tranquilo hombre, esas cosas siempre suelen tardar.

-¿Cómo lo sabes? Tu.. tu.. tu ni siquiera eres casado- decía James mientras se derrumbaba en el sofá de aquel hospital.

-¿Tiene mucho que Lily entró?- preguntó curiosamente Sirius mientras James observaba una vez más su reloj y asentía en silencio- Entonces seguramente pronto conocerás a tu heredero.

-O heredera

La puerta del fondo se abrió dando paso a un sanador de aspecto serio que se dirigió lentamente a James. Como era de esperarse James se levantó a toda prisa al ver al sanador.

-¿Cómo está mi esposa? ¿Y el bebe? ¿Qué ha sido? ¿Niño? ¿Niña?

-Tranquilícese señor Potter- el sanador utilizaba un tono de voz seca e insensible- debo decir que su esposa y el niño están bien..

-¿Entonces ha sido un varón? -preguntó de forma interruptora James.

-Si, usted acaba de convertirse en padre de un varón, dentro de un momento podrá pasar a verlos.

-Sanador.. -James parecía no callarse nunca- GRACIAS.

El sanador simplemente asintió para después desaparecer por la misma puerta que había salido y dejando a un James y a un Sirius celebrando. El sanador como era lógico se dirigió inmediatamente a la sala donde ya se encontraba el pequeño bebé Potter. Una enfermera lo terminaba de revisar, él como sanador simplemente debía asegurarse que todo estuviera en orden.

-Es un niño muy sano ¿No lo cree?- preguntó la enfermera mientras envolvía al pequeño niño con las sábanas que Lily y James había entregado horas antes- es una verdadera lástima lo que ocurrió con su hermana.

-Debo pedirle señorita Christine que no mencione nada de lo sucedido esta noche, a nadie ¿Me entiende?-Añadió rápidamente el sanador- Los Potters no saben nada de lo referente a su hija.

-¿Es decir que usted no piensa decirles lo de la pequeña? Pero yo creí que…

-Ellos acaban de tener un hijo y eso es todo.

-Pero señor, ellos han tenido dos hijos éste bebé y...

-Escúcheme con atención, no he podido decirles nada porque eso significaría un gran sufrimiento para ellos. ¿De que forma espera que reaccionen cuando les diga que su pequeña hija de tan solo minutos de nacida fue vilmente raptada?

-Pero ellos son los padres, deben saber que han tenido dos hijos, una niña y un niño, y que además su hija está por ahí en algún lado-la enfermera insistía, por lo que demostraba a simple vista era una persona justa.

-Ha sido mi culpa- decía el sanador mientras agachaba la mirada- siyo no me hubiera distraído, ésa niña estaría ahora a punto de conocer a sus padres. Es por eso que no puedo decírselo a los Potters, al menos no hasta que encuentre a la niña. Y se lo juro, juro que voy a encontrarla y regresarla a sus padres.

La enfermera Christine le miró con cierta tristeza y a la vez compasión, aquel hombre acababa de adquirir un compromiso que quizá nunca llegaría a cumplir. Tomó con suma lentitud a pequeño bebé Potter que dormía profundamente, le miró y después observó fijamente al sanador.

-Está bien sanador, se harán las cosas como usted diga, solo recuerde la promesa que acaba de hacer-añadió la enfermera mientras ésta salía de aquella habitación dejando al sanador lleno de culpas y remordimientos.

El sanador simplemente azotó el puño contra la pared para después seguir un poco de lejos a la enfermera Christine. Pudo observar el rostro de Sirius y James al ver por primera vez a aquel bebé. Se dio cuenta que no podía, que por su sentimiento de culpa no podía opacar la felicidad de aquella joven pareja. Él acababa de tomar una difícil decisión: dedicaría su vida entera(si así tenía que ser) a buscar a aquella niña que, por culpa de él había sido separada de sus padres.

Lejos de aquel hospital, y lejos de toda aquella felicidad, una mujer corría aceleradamente por un barrio muggle. En sus brazos y tratando de ocultarlo, llevaba a una recién nacida. Comenzaba a obscurecer y con ello parecía que una tormenta caería. Las primeras gotas cayeron sobre su cabeza, era inevitable, aquella mujer sentía miedo, se había robado a una niña de un hospital…Recorrió con la mirada aquel barrio, era estrecho y las casas por las que ella caminaba denotaban soledad, tristeza y quietud, lo pensó dos veces. Su mayor deseo había sido convertirse en madre algún día y hoy con esa pequeña en brazos su deseo se veía cumplido, pero había un problema un gran problema: Aquella pequeña no era suya.

Pensó por un momento en regresar al hospital y regresarla, pero eso implicaría declararse culpable. Tomó un decisión y al poner fijamente su mirada en una de las casas se dirigió con ahí con suma rapidez. Al estar parada frente a la puerta de aquella casucha, descubrió levemente el rostro de aquella pequeña niña que dormía profundamente. Le besó fugazmente su frente mientras le susurraba al oído un leve "Perdóname".

Acomodo a la pequeña en el tapete de entrada de aquella casa, la observó y poniéndose de pie llamó a la puerta con insistencia. No pensándolo corrió a ocultarse. Le preocupaba el hecho de que nadie salía a abrir la puerta, estaba dispuesta a recoger nuevamente a la niña cuando aquella puerta se abrió. Un hombre de estatura media, con piel pálida y rostro inexpresivo se colocó en la puerta, se podría decir que por instinto aquella pequeña comenzó a llorar provocando de que la mirada de aquel hombre se fijara en ella. Frunciendo su ceño se agacho a recoger a aquella pequeña niña que lloraba mas fuerte que nunca. Buscó con la mirada al responsable de aquel acto, sin embargo por mucho que buscó no logró encontrar a nadie. La lluvia estaba demasiado fuerte, no podría aunque quisiese salir abuscar a la madre de aquella niña. Suspirando con desagrado se introdujo en su casa con aquella pequeña en brazos.

Todo sería diferente para todos, los Potter por su lado celebraban el nacimiento de su primogénito, al que habían decidido llamar Harry, el sanador por su lado renunciaba al hospital con la única finalidad de encontrar a la hija perdida de los Potters y Severus Snape por su parte se confundía cada vez que lo pensaba, él no soportaba a los niños del vecindario, pero tampoco se sentía capaz de abandonar a su suerte a aquella pequeña niña.