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Samira Hale Cullen:Venganza. — capítulo 8

Te amo mi amor.

Pocos días después de que Alice llamara a Carlisle, empezaron a llegar vampiros a la isla Galápagos, entre ellos los primeros que aparecieron fueron las Amazonas, Los Delani y por último los Cullen. Jasper tuvo que calmar los ánimos de todos, debido a las fuertes impresiones que causaban hacia ellos. Lo bueno era que de momento eran dieciocho vampiros y los que quedaban por venir todavía, lo malo es que no sabian con exactitud si Alec e Iker podían haber conseguido a más. Por ello Edward, Eleazar y Carlisle se habian ofrecido en ir a buscarlos lo antes posible, pero claro con mi ayuda ya que ellos no sabian donde se encontraban exactamente y yo aún no estaba preparada para tener un encontronazo con Alec, pero por otro lado tenía que hacerlo por el bien de todos.Ahora estabamos a punto de llegar a Australia, no nos llevaría más de diez minutos encontrarlos. Edward iba el primero porque a través de mis pensamientos y de su rápida movilidad nos llevaba una gran ventaja. Poco a poco fuimos encontrando la gran casa de Alex y allí estaban todo esperándonos. Después de presentar a todos los que no se conocían comenzaron a hablar de la estrategia. Escuchaba atenta a todo lo que decían, más que nada porque eso a mí me incumbía y por otra parte para evitar las miradas que me lanzaba Alec, pero en ese momento Eleazar dijo algo que no me cuadró y Edward negó con la cabeza de que no debía intervenir. -¡Pero es que no os daís cuenta!-chillé atrayendo la atención de todos-Esto no sería tan difícil y me hicieraís un poco de caso. Mi plan es simple, me entregaré de buenas, cerraré mi mente por si hay algún lector de mente por allí cerca o simplemente utilizaré el escudo. Haré todo lo que me pidan, si es necesario me uniré a la guardia, intentaré contentar a todos, incluso a Jane, aunque la verdad nose como lo haré. Debeís confiar en mi, si yo me entrego podeís tener como escusa de que quereís recuperarme y aparecereís para la guerra-acabé cansada de repetir siempre lo mismo.Antes de que nadie dijera algo en contra de mi plan intervinieron Alex, Stefan y Damon, ellos creían que era una buena idea ya que si conseguía distraerles lo suficientes como para hacerles creer que no habría lucha, los pillaríamos por sorpresa.La decisión estaba tomada en dos lunas partiría yo con mi hermano Iker hasta mitad de camino después continuaría yo sola, esa era la parte más difícil.Ahora me encontraba yo sola caminando hacía la playa, para despejar mis dudas, aunque en realidad se fueron esfumadas porque apareció alguien con el que se había alejado mucho últimamente, Marcos.-¿Qué haces aquí?-inquirió Samira.-Vaya no tienes humor ni para los amigos, no pensarías que te ibaa dejar sola-conestó del modo más natural. Sonreí, él nunca me había defraudado, simplemente él era único.Se fue acercándo poco a poco hasta que lo detuve.-Lo siento Marcos pero yo no soy para ti a parte estoy confundida yo...-la voz se desvaneció.-Tú amas a Alec, pero pensé que vosotros ya no teniaís nada-contradijo.-Y es así, pero tu eres mi amigo, mi mejor amigo-repuse-Además tengo muchos problemas la hermana de mi ex-novio intenta matarme, mi mejor amigo está enamorado de mi, mi hermano es muy sobreprotector, Vladimir tiene una loca obsesión por mi y para colmo me enamoré de la mejor persona que conocí en la vida que la alejé de mi para que no sufriera daño alguno por lo que me ocurriera-conté todas mis penas-Es mejor que me dejes sola, más que nada lo necesito-pidió Samira.-¿Qué haces ahí?-preguntó Marcos a los arbustos. Y derepente salió de los arboles.-Nada que te interese esto no va contigo es entre ella y yo-continuó.Tras unas refunfuñas de Marcos desapareció dejándonos a solas. Estaba demasiado nerviosa había escuchado todo lo que había dicho.-Es cierto que me dejaste por si algo te pasaba-no era una pregunta.-Yo creo en las segundas oportunidades, a pesar de que fui tu tua cantante puedes tener otra si me ocurriese algo y sé qu encontrás a otra mejor que yo-finalicé.-No hay nadie como tú, como tú no hay dos-continuó-Te quiero, te amo demasiado, crees que me quedaría aquí si te ocurriera algo, si hiciera falta hiría al infierno por estar contigo-susurró-Te quiero-susurra muy cerca de él.Casi le gustaría pronunciarlo en silencio, susurrarlo. En cambio, Alec se limita a sonreírle y a mirarla. Ella es dulce, suave, sensual, con una ligera mueca de enojo en la boca, con los labios entreabiertos que todavía saben a amor. Su amor. Su gran amor. Se detiene, se yergue. Una duda. -¿Alguna vez te ha gustado otro, Samira?-le pregunta Alec permanece absorto, en silencio, inmóvil, se aparta un poco de ella como si pretendiese enfocarla. Sonríe. No, no es posible. ¿Qué estoy diciendo? A Samira no  le gusta otro... Eso es imposible. Pero de nuevo lo asalta la duda, una penumbra breve, un espacio de la vida al que él no ha tenido acceso. Y su frágil seguridad se deshace en un abrir y cerrar de ojos,como un helado en manos de alguien resuelto a hacer dieta un día de mediados de agosto, en la playa.Ella no contesta porque él sabe de sobras que eso es mentira y nunca podría engañarlo.Ha pasado ya más de un mes desde que están allí en Australia.Azul, de la espléndida isla de los enamorados.Regresa en un instante a ese lugar.Finales de septiembre.—Alec, mira... Mira... ¡No tengo miedo!-le dice.Samira está en lo alto de un peñasco, completamente con la ropa mojada, recortada por el sol que se encuentra a sus espaldas. Sonríe a contraluz y grita:—¡Me tirooo! —y salta al vacío. Su melena oscura con algunas mechas aclaradas por el sol y el mar, por todos esos días que han pasado en la isla, la sigue ligeramente rezagada. ¡Plof! Está en el agua. Mil burbujas en torno a ella, que desaparece en el azul del mar. Alec sonríe y sacude la cabeza, divertido. —No me lo creo, no me lo creo...-se decía.Se levanta de un peñasco más bajo y se tira también. En un abrir y cerrar de ojos,emerge junto a las burbujitas y la ve reaparecer risueña. —Entonces, ¿qué?, ¿te ha gustado? Tú no te atreves..-dice ella.—Pero ¿qué dices?-inquiere él sonriendo.—En ese caso, vamos, prueba... No tengo todo el día...-continua ella.Se ríen divertidos y se abrazan, mojados, agitando los pies bajo el agua a toda velocidad para mantenerse a flote. Se dan un beso salado, prolongado, suave, con el sabor dulce del amor. Sus cuerpos calientes se aproximan y se unen en el agua fresca. Están solos. Solos en medio del mar. Y un beso, y otro, y otro más. De repente se levanta una ráfaga de viento. Como si tuvieran frío se acercan uno al otro... -Mmmm… podría pasarme la vida en tus labios... - Susurró a la vez que dejaba suaves besos sobre mi boca anhelante.Sus palabras me acariciaban y me envolvían, al igual que sus dedos jugueteaban con un mechón de mi cabello, colocándolo detrás de mi oreja y acariciando la punta. Y esos ojos entornados y seductores, conectaban con lo más profundo de mi alma.-Te amo-susurraron a la vez. Le bese los labios dulcemente. Lentamente el beso se fue convirtiendo en más… pasional, sus labios saboreaban los míos. Su boca se amoldo a la mía, sus manos acariciaron mi espalda, mientras que las mías se enredaban en su cabello. Suspire en su boca, su lengua pidió permiso para entrar en mí boca, se lo concedí, nuestras lenguas danzaron un baile sensual, sentí sus manos subir por mí blusa, hasta sacarla, me deshice de su playera, luego él de mi falda, yo de su pantalón, sin dejarme de besar el cuello, lamiendo y mordiendo todo a su paso, haciéndome gemir de placer.