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Maestro y sirviente. Ginny Vs Lucius — capítulo 2

Explicaciones tediosas

Despertó sobresaltado, ante el recuerdo. Ante el signod e que estaba solo en aquella fría cama. Arrinconado en la pared. Se llevó una mano al rostro y lo frotó varias veces. Había estado sufriendo los juegos de las pesadillas, desde que la guerra se había terminado.

Narcisa había caído. Entre sus brazos y manchada de sangre, expiraba su último aliento. Sus últimos gramos de felicidad.

La guerra le había quitado aquello que más le importaba en su vida. Dentro de su vida como mortífago. No había contemplado perder a su esposa. A la mujer que amaba.

No había contemplado perder a su hijo. Draco...

¿Dónde podría estar él justo en ese momento? No precisaba. Esperaba más bien; que estuviera sano y salvo. Ya con la derrota de haber perdido a su esposa, de haberla visto morir entre sus brazos y no haber podido serle de utilidad, bastaba.

Y ahora, el bastardo ministro lo convertía en el esposo de Ginny Weasley.

Pero para su infortunio, las cosas apenas comenzaban. Ginny parecía dispuesta a hacerler pagar; cada una de aquellas sensaciones que él había evocado en su persona.

Miedo. Odio y terror. Rechazo.

Todo eso pronto sería cobrado en venganza. Por cuenta propia.

Ni siquiera temía a su presencia. Ella ya no era la misma tímida niña, que había visto una vez. Era una mujer con sed de venganza.

Y lo iba a sentir.

Salió de la habitación, cuando recordó que la cena se había acordado a esa misma hora. Al bajar las escaleras, Ginny estaba de pie junto a la mesa y lo miraba con una expresión que le evocaba náuseas. Una expresión de diversión.

Ella se divertía con las sensaciones de tristeza que por primera vez; asotaban su helado corazón. Su frívolo corazón mortífago.

O de ex mortífago.

Caminó alrededor de la mesa, no quería acercase a ella. No quería incluso encontrarse en el mismo ámbito. En el mismo espacio.

Se sentó en el lugar que consideró, le correspondía. Con una sonrisa suave, Ginny hizo lo mismo, lo imitó y se sentó al final de la larga mesa.

Apenas alzó la mirada de su sopa. Ella, era el primer plato. Algo que parecía ser un consomé. Pero no estaba allí para adivinar qué tenía la comida.

¿Veneno? Eso esperaba.

Ella no se movió, apenas solo para tomar la sal a pocos centímetros de ella. Mágicamente llegó hasta estar frente a él.

De resto, la noche pareció ser silenciosa. Luego de la sopa, todo cambió.

— La cena de hoy, guisado con papas. Me pareció una buena idea. Al menos no será insípida, me tomé la libertad de condimentarla muy bien.

¿Importaba en realidad o solo era absurda charla sobre hábitos culinarios? Inspiró y no dijo nada, incluso ni alzó la mirada de su plato.

— Digamos que a la vida le hace falta algo de sazón. En su caso, mucho menos. ¿Recuerda?  Creo que leí en algún lugar, que a su esposa le encantaba el guisado. Pero es una lástima que...

Soltó el tenedor, que hizo un ruido seco en la mesa. Ginny bajo la servilleta, curvó sus labios en una débil sonrisa. Mirando el desencajado rostro de su "pareja". Lucius inspiró y ladeó la cabeza para mirar el utensilio de cocina.

¿Podría incluso dejar de recordarla en las comidas?

— ¿Qué? ¿Dije algo que no debía? Cuánto lo siento.

Se quedó en silencio, mientras el hombre se levantaba y bajaba la vista hacia la cena. Ginny suspiró y alzó la mirada de su cena.

— ¿No piensa comer?

— No tengo hambre, gracias— le espetó, con un mal gesto. La mujer asintió en silencio y continuó con su cena, como si nada hubiese sucedido y esa conversación, tampoco. Lucius sin embargo, ladeó la cabeza hacia la habitación y se dijo si prefería pasar hambre y morir de innanición o...

Si prefería morir con aquel tenedor. Enterrado entre sus brazos.

Cualquier cosa era mejor. Aún pudiendo imponerse. Aún pudiendo doblegarla hasta convertirla en una pequeña hoja.

Ya no tenía sentido, con su esposa muerta.

— Tiene suerte de que esté en desventaja, Weasley.

— Aquí no se trata de ventajas o desventajas, señor Malfoy. Se trata de aquel que sea más inteligente que el otro en cuestión. Me atrevo a pensar que soy lo suficientemente lista como para saber, que tras esa máscara...no hay nada. Nada más que un infeliz hombre, que sin su señor tenebroso no es más que eso. Un deprimente individuo.

Imposible cuestionar tal lógica, sin sentir deseos de asesinarla. Que comenzaban a cruzar su sistema nervioso, como choques de electricidad.

— Puede ahorrarse su charlatanería barata.

— ¿Sensible? Es que seguramente se dio cuenta de que eso es lo que aspira en su vida. Señor Malfoy. No tendrá nada más. No de ahora en adelante.

Por como sonaba aquel mensaje, esperaba recibir alguna clase de tortura china o algo particular. Algo que Ginny Weasley se había estado reservando y muy pronto estallaría.

Muy pronto viviría en carne propia, lo que él le había hecho vivir a ella. Eso pensaba mientras ella bebía un poco de vino tinto.

Estaba preparado para cualquier eventualidad. Menos convencido, pero preparado para soportar cualquier estupidéz, proveniente de la mujer sentada frente a él.

— Se le enfriará, si es que pensaba comérselo.

— Me comería sus entrañas de ser posible.

— Imagine que se come las de su ex esposa, en ese guisado. Lucen igual que las de ella. Ensangentadas. Formando bultos y esparcidas por un suelo blanco. De mármol.

Sí, esa no era la niñita que conocía.