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Historia 62161 — capítulo 1

No debieron haber hecho ese recorrido de noche, si se piensa cuidadosamente tal vez aunque hubieran pasado por esa carretera, sin pavimentar y olvidada por dios, de día no hubieran podido evitar nada, tal vez, estaba predestinado. Lo que les sucedió casi no fue fuera de lo común.

Usualmente cuando estás en un pueblo a la mitad de la nada a las tres de la mañana después de censar a media población reacia de responder sus datos lo que haces es pedir posada o llegados a extremos dormir en el auto, pero Miguel tenía prisa de llegar a su casa con su mujer, Fernando quería ver un partido de futbol la mañana siguiente, y el conductor Rubén solamente estaba harto de oírlos quejarse.

Eran ellos tres encargados de un censo poblacional quinquenal llevado a cabo por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, un equipo más mandado a las faldas de un volcán activo a informar si los niños del pueblo de Xalitzintla saben leer o no, y estaban cansados, tan cansados, que a Rubén se le cerraban los ojos, no se dio cuenta a tiempo de la desviación en el camino, se enfrentó a los árboles a toda velocidad, dio un volantazo y salió del camino, frenó con brusquedad y los dos pasajeros de la camioneta gritaron. Bajaron los tres del vehículo espantados, y a trompicones, medio metro más y se hubiera vuelto papilla contra el denso bosque. Rubén maldecía e hiperventilaba, Fernando rezaba, Miguel en cambio se tambaleaba a punto de vomitar, no solo por el viaje tan brusco sino porque se había golpeado la cabeza contra la ventanilla cuando frenaron y tenía la camisa empapada en sangre, por mucho que intentaba evitar la hemorragia con las manos, la sangre goteaba entre sus dedos, repiqueteando en el suelo como lluvia.

No se dieron cuenta, claro que no, uno nunca se da cuenta; se limitaron a llamar a una ambulancia, avisar que el suelo en el que estaban parados crujía y que esperarían a unos metros del carro, buscaron sus coordenadas en el GPS e informaron su localización exacta.

Cuatro horas después estaban camino a la ciudad, casi a salvo. ¿De qué no se dieron cuenta? Simple, el suelo comenzó a crujir después de que Miguel derramara su sangre sobre este.

Murió primero Rubén, y francamente no hubo mucha gente que le llorara, era prepotente y machista, había llegado a la ciudad apenas seis meses antes y todo el mundo sospechaba algo de él, seguramente tenía un par de cadáveres en el armario, de igual manera era una mala noticia que se hubiera volado los sesos. Todo empezó a sonar un poco más misterioso cuando Fernando se suicido de la misma manera tan solo tres días después y era extraño porque había condenado la acción de Rubén y había asegurado con severidad que su compañero ardería en el infierno por la eternidad, cuando la mujer de Fernando se tiró de la azotea del edificio donde vivían no fue tan extraño, a veces sucede que las personas no pueden con tanto dolor, pierden a su otra mitad y piensan que no vale la pena ya. Empezó a ser caso de noticias amarillistas cuando la mamá de la esposa de Fernando hizo lo mismo, y luego la mejor amiga de la anciana y luego… Nadie lee los periódicos amarillistas, ven las imágenes de reojo con morbo pero no se ponen a leer el artículo si no está escrito en rojo con letras gigantes.

Total, para cuando alguien unió cabos y encontró la conexión de los suicidios, que todo empezaba con solamente tres trabajadores del INEGI, Emmanuel ya estaba completamente a su suerte. Una verdadera tragedia, había empezado con su hermano mayor Miguel quién no había tenido la prudencia de quedarse ni una noche en el hospital después de haber sufrido una contusión y un descalabro gigante atravesando su frente, lo que él realmente quería era estar a tiempo enfrente de su televisor para un partido.

Su equipo perdió, era gran fanático pero aún así no había razón suficiente para haber sido encontrado al día siguiente colgando de la ventana, por suerte, no se colgó en una ventana con vista a la calle (evitando traumar a decenas de transeúntes) sino al patio de servicio, por mala suerte fue Emmanuel quién lo encontró, todo el mundo le había dicho que ser tan bueno en la escuela, y tan buen samaritano eventualmente iba a ser dañino para su salud, se lo decían sus amigos y luego se reían de la broma con envidia diluida, claro, nadie pensó que al salir tan temprano de su departamento para tender su ropa para que su madre no tuviera tantacarga de trabajo iba a encontrar a su hermano colgando justo encima de él. Lengua morada y ojos fuera de las orbitas, se imaginan la escena, un solo grito desde el fondo de su aterrada alma y sus padres observaban el panorama junto a él.

Olor a flores, y a velas derritiéndose, y todo el mundo lo veía con pena, pobre chico, pobre Emmanuel, una perdida así a tan temprana edad, pobres padres, su vida nunca volveríaa ser igual; finalmente, muchas palabras y ninguna tenía sentido ya.

La tierra de la tumba de Miguel no se había terminado de acomodar del todo, cuando hicieron un espacio junto a él para acomodar a su madre que se había metido un balazo, tardaron días en sacar la mancha de la pared de la cocina, francamente, para cuando el papá de Emmanuel se aventó del balcón yaa nadie le sorprendió. Y ahora quedaba solo él, quince años y viviendo en un departamento demasiado grande para él solo y sin un peso para pagar la renta un mes más, su escuela solo atinó a darle una beca para que terminara su preparatoria. Pero él ya no estudiaba, no era más el estudiante modelo ni el hijo ejemplar, ya no dormía y ya no pensaba y suponía que el paso a seguir era buscar un método diferente al adaptado por su familia entera, solamente para que no dijeran que era no era original.

Cuando una tragedia así sucede se pierde el contacto con la realidad, tal vez fue por eso que le pudo ver, que pudo hablar, y que se le dio una oportunidad. Metido en su cama en la oscuridad, con los ojos secos de lágrimas, decidiéndose entre sobredosis o meterse a la ducha con el tostador fue cuando lo vio. Una figura, una simple silueta de voz ronca y malas intenciones.

-Estás loco.- fue lo primero que la figura dijo antes de soltar la carcajada, demasiado entusiasmo para alguien que apesta a muerte y podredumbre.- estás tan loco que puedes verme.

Y él ni siquiera se salió de su cama asustado, ya no tenía la fuerza ni para sorprenderse de ver una entidad frente a su cama. Se encogió de hombros, levantó la mirada indiferente.

-Esto es divertido, tú eres divertido te daré la misma información que le di a tu familia y tú tendrás lasmismas opciones ¿Listo? -silencio- tienes un ciclo terrestre para ofrecerme una vida, puedes darme la tuya o puedes regalarme a alguien más, y si no te gustan las opciones anteriores vendré yo, cuando de la media noche y jugare un poco con tus tripas antes de comerme tu corazón. Tú eliges.

¿Sintiendo arcadas todavía? Emmanuel ya las sentía, la piel erizada y la vejiga a punto soltarse.

-¿Y porque yo haría eso? ¿Por qué querrías tú que lo hiciera?- Y ahora grita y la voz se le hace tan aguda que es casi hilarante.

-Perdón.- ríe nuevamente el personaje.- no me he presentado, dónde están mis modales. Soy un Dios de la religión antigua te diría mi nombre pero no creo que puedas pronunciarlo, y ¿sabes? Durante quinientos años he tenido muy poca acción, solían ofrecerme niños todos los días, todos los habitantes de estas tierras tenían comprendido las ventajas de nuestro trato.- su tono de voz cambia, un poco más hosco, un poco más violento.- y luego llegaron los colonizadores y lo arruinaron todo, quinientos años sin sangre, no sabes el tormento que he sufrido, y seguramente no te importa, pero fue tu hermano quién me despertó, así que le agradezco viniendo a ti, tienes una oportunidad, te he explicado el trato, toma mi palabra niño y aprovéchalo.

-Mis padres.- susurra comprendido Emmanuel- Mis padres y mi hermano se negaron.

-y se ofrendaron a mí.- concordó el espectro y después desapareció.

Emmanuel no pudo dormir después de eso, paso la mañana haciendo arreglos, metiendo sus cosas en cajas, marcando quién quería que conservara cada cosa y quién tendría que hacerse cargo de su tortuga. Cuando termino de escribir una carta de suicidio que no sonaba extremadamente dramática ni muy desequilibrado se dirigió al metro, había decidido tirarse de un puente en una vía muy transitada, quería que mucha gente supiera de su sacrificio. Era la mitad de la tarde, había decidido no esperar hasta la noche para que se hiciera un caos vial aún más grande.

Llego entonces a la estación en la que se tenía que bajar, los focos del subterráneo titilaban y su corazón bombeaba con tanta fuerza que las venas de la frente se le marcaban, y su camisa vibraba con cada latido. Bajo del vagón sudando y aterrado, un niño pequeño paso frente a él, descalzo y riéndose.

Y él pensó, en todo la vida que le escapaba entre los dedos, en todas las cosas que nunca haría.

Y el niño corría desenfrenado dando vueltas, jugando con una pequeña pelota.

En todos los sentimientos que nunca experimentaría, en los lugares que no visitaría.

Y el niño le sonrió.

Fue casi un reflejo, casi como si no quisiera hacerlo y una fuerza extraña se hubiera apoderado de su brazo derecho, agarrando del cuello de la camisa agarró al niño y lo aventó a las vías del tren que se distinguía avanzando velozmente por los rieles. No se quedó ahí a esperar lo inevitable, oyó un chillido y un golpe. Pero él ya se encontraba en la salida de la estación, corría con toda la fuerza de sus piernas cuando La figura se apareció frente a él, sonriendo con tantas ganas como el niño.

-Y eso es todo Emmanuel, eres libre, me has ofrendado una vida y a cambio se perdona la tuya, tengo que agregar sin embargo que hiciste una buena elección, me encantan los niños.

Emmanuel cayó al suelo con el sudor goteándole.

-Mi nombre es Mitlantecuthli.- prosiguió el espectro.- di mi nombre después de haberme sacrificado un niño y tus deseos serán cumplidos. El Dios desapareció en un parpadeo.

Y mientras Emmanuel se levantaba del suelo y caminaba hacia su casa, no iba pensando en la encrucijada religiosa en la que se encontraba, en el cadáver del niño aplastado por el metro, en el negocio maldito que había hecho con una deidad Azteca, No, lo que él iba pensando no podría estar más lejos de esas divagaciones moralistas, él iba pensando que después de hacerlo una vez no parecía tan malo, y que realmente ya no le importaba la nueva forma de lograr favores divinos, a él lo que realmente le importaba es que se le fueran a acabar los niños que sacrificar.