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Mi verdadero padre — capítulo 3

SS×HP×SSEsa mañana, Lily y yo estábamos armando un rompecabezas. Erisabeth estaba dormida y parecía que no se despertaría en un par de horas. Mientras jugábamos, James y Albus intentaban armar un aereoplano de madera que Ginny había comprado en una tienda de rebaja, en una calle muggle. Había estado buscando juguetes nuevos y los había encontrado allí. Los juguetes para personas magas, ya eran muy comunes para mis hijos. Experimentar novedades, resultaba bastante atrayente. Mientras Ginny intentaba pegar las partes del aereoplano, escuchamos que Erisabeth se levantaba. Parecía que lloraba una vez más. Se levantó para ir hasta su encuentro, pero la detuve para que me permitiera ir por ella. Erisabeth me contaría lo que sentía, mucho más que a la propia Ginny. Así era su código. Hablar con su padre. Caminamos Lily y yo, hasta su habitación. Ella estaba sentada en la cama, limpiándose las lágrimas de su rostro. Al vernos, colocó sus piernas cerca de su abdomen y apoyó su cabeza en ellas. Lily se sentó a pocos centímetros de ella y la miró con dedicación. Yo me senté junto a ellas y esperaba por su comentario. — ¿Tuviste una pesadilla? Asintió lentamente con la cabeza y yo suspiré ligeramente. Me preguntaba si tenía que ver con lo que yo estaba pensando. Era mi hija. La conocía bastante bien. — ¿Quieres decirme con qué estabas soñando? — Papá. — ¿Y qué te dijo papá? Ella me miró y guardó silencio por unos minutos. Lily parecía muy interesada en saber qué ocurría con su pequeña hermana. Parecía dispuesta a ayudarla, si no podía lidiar con sus miedos más profundos. Inspiré y esperé pacientemente. No quería presionarla. — Papá iene. — ¿Papá viene? Asintió con más fuerza y yo me pregunté si podía ser cierto. Si Snape estaba presente en su cabeza o si ella en verdad; necesitaba ayuda. La pequeña estaba asustada. Podía Snape estarse comunicando con ella. Aún después de muerto. — ¿A dónde viene? O... ¿de dónde? ¿Cuándo? Le hacía preguntas que una niña no podía responderme. Y sin embargo; parecía que necesitaba esas respuestas para ayudarla. Estaba atado de manos. Normalmente en estos casos; debía tener una solución. Pero no. No la tenía. Solo era un padre. No era el gran Harry Potter con ella. Tenía que encontrar una forma viable de ayudarla, sin lastimarla. Y si en verdad no mentía, Snape no me estaba facilitando las cosas. Lily sonrió dulcemente y se encargó de abrazar a su hermana. No entendía la mitad de lo que estaba sucediendo, pero estaba abrazándola como si en realidad, solo fuese un sueño común y corriente. Eso me gustaba de ella. Su paciencia. Su amor y su comprensión. A veces me solía recordar a Ginny. Y en la paciencia; a Severus. La pequeña se bajó de la cama y caminó hasta mí. Se abrazó a mi torso. Hipaba mientras me miraba en silencio. Quizá su depresión iba más allá o simplemente iba más lejos de lo que mi alcance podía vislumbrar. Susurré palabras de aliento a ambas pequeñas. Lily solía afectarse mucho más que el resto de sus hermanos, cuando Erisabeth sufría. James no la conocía muy bien y Albus, él siempre era amable con todo el mundo. Pero creo que por ser niña, se identificaba más con Lily. — Anda. Ve a jugar con Lily. Ella y tú, pueden jugar juntas. Asintió y entonces la vi partir. Estaba un poco conmocionada aún; pero se fue con ella. Me dije a mí mismo, que Severus no podía regresar como un fantasma y acosar a mi hija. Quizá sus sueños, solo eran llamados de su consciencia. Llamados de auxilio. Quería volver a verlo. Quería estar con su padre. Una vez más. Al salir, Ginny me esperaba en el salón. Le hablé de aquel sueño que mi hija había tenido y para ella; era más grave de lo que parecía. Y sin embargo, yo seguía sin verlo como una enfermedad. Yo lo veía como una depresión. Una tristeza por su partida. — Harry. Ella necesita una ayuda que ni tú ni yo podemos darle. Quizá una persona que no la conozca. Que trate de lidiar con ese problema; desde otro punto de vista. Ya sabes, de una forma en la cuál ni tú ni yo intervendríamos. Nuestro amor nos cegaría a encontrar una forma de ayudarla. Nuestros prejuicios. Sí. Quizá ella sí necesitaba ayuda. Quizá yo no se la estaba dando. Quizá ella necesitaba ver a alguien. Además de a mí y Severus. Las palabras de Ginny, comenzaban a resultarme inteligentes. Tenían sentido común. Y creía que ella solo quería ayudarme. Había estado cegado por mi propio dolor y no estaba percatándome del que mi hija estaba sufriendo. Quizá necesitaba un buen consejo. Ayuda de alguien que no estuviera ligado con el problema. Exteriorizárselo a alguien que tuviera las herramientas adecuadas, para solventarlo a corto o largo plazo. No importaba cuánto. Solo quería verla bien. Porque la amaba. Porque es mi hija. Y bien, era lo más importante que tenía. Aparte de mi nueva familia.