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Historia 62697 — capítulo 3
Llegaron a casa del chico en no más de cinco minutos, estaba cerca del castillo y no era más que una cabaña de madera, paja y unos pocos ladrillos. Sin duda aquel chico era pobre. ¿Pero por qué le habían encargado justo a él la misión de matar a un noble teniendo a mil jóvenes aprendiendo las artes de la guerra para ser nombrados caballeros? Aquello era demasiado extraño.
-¿Quién eres?- preguntó Evidence.
-Creo haber respondido ya a esa pregunta.- dijo mientras tomaba hilo y aguja y comenzaba a coser el corte.
-No pregunto por tu nombre, sino por quién eres.
-No te hará muy bien saberlo.
-Me da igual.
-No soy lo que tú piensas, es difícil de entender.
-En ese caso explícamelo.
-No querrás volver a saber de mí.
-Eso no puedo saberlo hasta que no me diga quién eres.
-La pregunta correcta no es quién soy, sino qué soy.- la chica se quedó sin palabras por unos segundos.
-¿Qué…?
-Escúchame bien porque esto solo te lo voy a decir una vez.- Mateo dejó de coser la herida y se sentó frente a ella.- Yo no soy lo que tú piensas. ¿Has oído hablar alguna vez de los ángeles guardianes?
-Sí…
-Bien se supone que todo humano nace con uno, que los protege a lo largo de su vida, y que, aunque ellos no lo sepan, siempre están cerca de ellos, velando su sueño, en el momento de nacer, en el de morir... ¿Pero qué pasa cuando una persona nace sin ángel guardián? Que no tiene a nadie que la proteja, y eso es lo que te pasó a ti. Tan sólo una vez cada mil años nace una persona así y son las protagonistas de grandes profecías, porque ellas no están en el camino de la luz, sino en el de las sombras, y no es un ángel guardián la que las cuida, sino un ángel negro.- Evidence puso cara de susto, los ángeles negros eran seres demoníacos, que iban contra la Santa Biblia, como la brujería, y a las brujas se las quemaba en la plaza del pueblo.- Ese ángel dota a su protegido de poderes mágicos, ¿crees que a las pobres chicas que queman en la plaza son brujas de verdad? No, son inocentes, si de verdad fuesen brujas los simples humanos no hubiesen podido apresarlas, hubiesen muerto todos en el intento. Tú, sin embargo, sí que posees poderes dentro de ti, y ayer, el día de tu cumpleaños, despertaron. A partir de ahora tu vida está destinada a grandes cosas.
Evidence se quedó sin habla, no sabía si sentirse alagada, asustada, o si debía pensar que el chico castaño de penetrantes ojos verdes que tenía delante estaba loco.
-Creo que no ha sido buena idea venir aquí…- se levantó para marcharse, pero Mateo la cogió del brazo. Obligándola a quedarse.
-Tienes que creer lo que te digo, si no recibes entrenamiento pronto tus poderes acabarán venciéndote y te consumirás en ellos. Recuerda siempre que son a la vez tus mejores aliados y tus peores enemigos. No olvides eso nunca.
-¿Cómo piensas que voy a creerte?
-Lo vas a hacer.- Giró su cabeza hacia un grupo de cuchillos que había sobre la mesa. Y en un abrir y cerrar de ojos estos volaron hacia Evidence, quien, asustada, puso sus manos ente su cara, intentando protegerse.
Pero las armas nunca llegaron a rozarla, sino que se quedaron suspendidas en el aire antes sus manos, obedientes.
-¿Me crees ahora?- si eres capaz de hacer eso sin saber controlas tu magia, imagina lo poderosa que serás cuando puedas hacerlo.
-Pero…
-Yo soy como tú, Evidence, nosotros no morimos nunca, a no ser que un puñal de oro traspase nuestro corazón.
-¿Quieres decir que…?
-Tengo mil ciento cuarenta y tres años.- Después de eso ninguno de los dos habló, sino que se quedaron mirando el uno al otro, evaluándose.
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