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Sigues aquí — capítulo 5
En cuanto bajamos del avión, el sentimiento de desolación, de abandono y sabía la razón, ya que estaba de nuevo en el lugar, en donde lo había conocido, sentí una opresión en el pecho, ese lugar también me recordaba a él.
-Mami - al escuchar su voz, me di cuenta que las lágrimas no se habían logrado esconder - no llores, no me gusta que lo hagas.
-Lo siento - me disculpe, tomándolo en brazos - eres lo más importante que tengo - susurre, besando su mejilla - Te Amo, bebé.
-Yo Te Amo más, mami - me limpió la mejilla - pero quiero verte feliz, y sé que papá también quisiera eso.
Bese su cabello, en verdad necesitaba recorrer un poco de ese lugar, tenía que recordar cada cosa de lo que había vivido en ese lugar, no solté a Andrew, él era lo único que me quedaba de Patrick, y en cierta forma mi hijo me hacía sentir que una parte de mi marido aun seguía aquí.
-¿Quieres conocer el lugar? - le pregunte a mi pequeño, asintió levemente - mamá, caminare un rato - repuse suavemente.
-No tardes - me beso le mejilla.
Sin soltar a mi hijo, comencé a caminar por lo que recordaba lejanamente, tenía dieciocho años cuando había dejado ese lugar, eso quería decir que llevaba doce años sin pisar ese lugar, las calles habían cambiado bastante, al menos había más carros de los que recordaba.
-¿Renata? - no recordaba esa voz, así que giré y me encontré con un hombre de cabello negro, ojos azules, en verdad no recordaba conocerlo - en verdad eres Renata Geller.
-Lo siento - me disculpe, abrazando con más fuerza a mi hijo - pero no te recuerdo.
-¿Cambie tanto? - en cuanto vi esa sonrisa de lado.
-¿Richard? - no podía creer que lo estuviera viendo - en verdad que envejeciste - bromee.
-Pues tú sigues preciosa - ante eso sonreí.
-Sigues igual - Andrew observaba confundido al hombre - es un amigo - le susurre - es Richard, fue amigo de tu padre.
-Veo que tienes un hijo - clavo su mirada en él
- ¿Quién fue el afortunado?
-Me casé con Patrick - una sonrisa amarga, se formo en mi rostro.
-¿Te casaste con mi amigo? - me miro con una falsa molestia, y de nuevo reí.
-La hiciste sonreír - Andrew observo a Richard, y le sonrió.
-Solía hacerlo con facilidad - le confesó elevando los hombros.
-Papá también lo hacía - me obligo a bajarlo - pero desde que él no esta, nadie había podido hacerlo, debes enseñarme.
-Claro - le sonrió, mientras se hincaba para quedar a su altura - pero dime tu nombre campeón.
-Andrew - veía que a mi hijo le había caído bien - ¿eras amigo de papá?
-Fuimos grandes amigos - le paso la mano por el cabello - eres idéntico a él.
-Es lo que mi mamá me dice - se irguió orgulloso.
-Pues tu madre tiene razón - clavo su mirada en mí - ¿y Pat donde está?
-Murió - respondió Drew como le llamaba Pat - por eso, no debes hablar de papá, frente a mi mami, porque se pone triste.
-Lo siento - se disculpo.
-No importa - aunque de nuevo sentí la opresión en el pecho.
-Iba ir a casa de Marian - me informó - tal vez, ver a tus amigos te ayude, además creo que a Andrew conocer a los amigos de su padre le vendría bien.
-¿Podemos ir? - esos ojos iguales a los de su padre eran mi debilidad.
-Muy bien - le extendí la mano, para comenzar a caminar - creo que me vendrá bien, saber un poco de Marian.
Los tres comenzamos a caminar hacia la casa de la que en mis tiempos de escuela, había sido como mi hermana, mi diario personal, sabía toda mi vida y la vida de Richard, ella había sido en cierta forma la mejor amiga de ambos.
En cuanto llegamos frente a un edificio, me hizo entrar, subimos por el elevador, en donde él marco el número 9, me guió a la puerta que tenía el número 903, llamo a la puerta y se tardo como dos minutos en abrir la puerta.
-Pensé que hoy tenías una cita - le espeto, en cuanto clavo su mirada en mí - Renata - en menos de lo que imagine me abrazo - no puedo creer, que estés aquí.
-Deberías dejarnos pasar - le reprocho Richard.
-Lo siento - se disculpó - pasen - mi pequeño se pego a mí - ¡oh! Tienes un hijo - solo asentí - es de Patrick ¿cierto? - de nuevo moví la cabeza a modo de afirmación - vaya, si que volvió a nacer en él.
-Tío - ante aquella voz, note a una chica como de unos dieciséis años, cabello negro y ojos marrón.
-Sabrina - llamo Richard - ella es Renata, Renata ella es Sabrina.
-Pensé que jamás podría conocerte - y sin más me abrazo.
-Sacó eso de mi hermana - susurro.
-¿Es hija de Rachel? - pregunte.
-¿De quién más iba a ser? - me respondió.
-¿Conoces a mi madre? - clavo su mirada en mí.
-Cuando era niña, pase mucho tiempo en casa de tus abuelos - respondí - crecí con los regaños de tu madre, y bueno con los destrozos de tu tío.
-¿Siempre ha sido ha sí de estricta? - arrugo la nariz, lo que me causo gracia.
-Créeme teniendo como hermano a Richi - comento Marian - era lógico que Rach, trata de poner orden.
-Aunque cabe mencionar, que jamás hizo caso - repuse - siempre terminaba, rompiendo todo.
-Vamos, no era así - se quejo.
-Cuando tú y Patrick se unían, era mejor amarrarlos, porque podían deshacer la casa, en un abrir y cerrar de ojos - le recordó Mary, pero ante la mención de mi marido, sentí un nudo en la garganta.
-Debo irme - dije, tomando a Andrew - debo llevarlo a descansar - señale a mi hijo - fue un largo día, además del que el viaje fue bastante agotador.
-Pero debemos vernos - replico Mary.
-Estaré aquí, por una larga temporada - conteste -voy a estar en casa de mis padres.
-Te acompaño - sin poder decir nada, Richard, ya me había abierto la puerta - nos vemos después.
Volver a ver a mis amigos, había sido algo bueno, aunque saber que ellos también eran amigos de él, dolía en verdad lo hacía.
Marian
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