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Emparentados — capítulo 3
D R A M I O N E****comediaLuego de haber descubierto que estaba emparejada con Draco, se sintió un poco tonta de pensar que todo iba a estar bien. Bueno, al menos no tenían que alojar al bebé en sus vientres. Solo iban a fecundarlos y a mirarlos crecer, como si se trataran de un par de huevos. Lo único malo de todo ello; era que los unía un hijo a tempranas edades de sus vidas. Nada peor que eso. Supuso. Esa mañana en particular, el desayuno no parecía tan alegre como los estudiantes creían que sería. Algunos estaban contentos con sus parejas y otros no dejaban de quejarse, mientras entraban bostezando y mirándose de mala gana. Con una sonrisa escueta, Ron se preguntaba si su hijo/hija, heredaría la locura de Luna. Para Luna, resultaba algo divertido. Para ellos, un desastre en cómodo empaque. ¿Por qué siempre el ministerio tenía que ver en sus sufrimientos? Porque eran un conglomerado de estúpidos. Sirius iba a reventar en cuanto supiera la verdad sobre Hermione. Pero nada podían hacer al respecto. A no ser que ambos padres no consintieran la moción y tuvieran que desistir. Conocían a Albus Dumbledore. Los convencería de lo contrario. Así era aquel hombre. Decidido a cumplir lo establecido. Y sabía convencer a las personas. Muy bien, de hecho. Ese día, tenían que sentarse con sus respectivas parejas y charlar al respecto. Pero claro, Draco no hablaba y Hermione mucho menos. No sobre tener hijos a esa edad y con él. ¿De qué iban a hablar? ¿Del clima? ¿Del sexo? No tenía ni un solo tópico en mente. — Vamos, anímense a conocerse mejor— dijo y Harry negó con la cabeza. Como si en un futuro distante, eso pudiese suceder. No tenía sentido hacerlo. Conocía a Katie Bell, pero no tenía interés particular en charlar amenamente. Le asustaba el hecho de ser padre a tan temprana edad y no podía pensar en nada más. — Es una mala idea, Albus— dijo Snape, sin poderse contener por más tiempo. Minerva no podía evitar coincidir con él. No resultaba nada sencillo, intentar hacerlos "procrear" los unos con los otros, de forma gratuita y sin la escogencia de la pareja. Eso solo causaría una revolución. Por sobretodo cuando empezaran a idear planes para safarce de las responsabilidades. A intercambiar parejas o algo parecido. Porque podría pasar ¿O no? Podría sí. — Muestren espíritu— les dijo Dumbledore y tanto Minerva como Snape, se miraron en silencio. Espíritu. Eso no faltaba allí. Todos tenían deseos de acabarse los unos a los otros. Iban a terminar como espíritus, si no hacían algo inteligente, para evitar esa idea tan descabellada. — Muy bien, alumnos...este será el plan de acción. Sus padres tienen diez días para decidir qué harán. Si lo aprueban o no. Lo que haremos, será tomar una muestra de un óvulo femenino y un espermatozoide masculino. Los juntaremos y creando las condiciones adecuadas, formaremos un embrión. Estúpida idea. Mal pensada y por sobretodas las cosas... Imposible. ¿O no? Podría. Aunque con Albus, todo podía suceder. Era como una especie de castigo. Dumbledore todo lo podía y nada se le resistía. Era un todo poderoso y lo que se decía, era ley. Como lo conocía, los padres terminarían asintiendo a la petición. Incluso los padres de Malfoy. Hermione sabía que los suyos dirían que sí, siempre y cuando sirviera para ayudar a la causa. Sus padres seguían siendo ignorantes del tema. Aunque ella hubiera convivido con ellos por ser su hija. No encontrarían fallos en el plan de Albus. Snape se mantenía vigilante, por cualquier percance. No estaba seguro de que algunos lo tomaran tan bien como otros. Y sin quererlo, su mirada se posó sobre Hermione y Draco. Menos ellos dos. Menos ese par.