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Historia 63522 — capítulo 9

  • Bloom Venus Ryddle... Bienvenida querida, pasa, estás en tu casa - Una hermosa mujer de rubios cabellos, ojos azules, facciones suaves y delicadas, con una figura ideal para su aparente edad apareció frente a la confundida chica, quien por el trayecto de las cosas no estaba acostumbrada a ser llamada así. Entró a la lujosa mansión, siendo recibida por un elfo doméstico llamado 'Krutchen' quien tomó su pequeño saco mugriento (heredado de Molly) y la pasó al recibidor. Ésta quedó impresionada, examinó cada detalle del lugar dónde se encontraba. Piso de mármol y los muebles más finos. Esculturas hechas de muggles por doquier, un gran y amplia chimenea lucía su fuego imponente ante ella y un mil de cuadros de la familia Malfoy estaban colgados en cada pared del lugar
  • No quería molestar - Dijo Bloom mirando a un hombre alto y fornido, cabellos rubios y ojos grisáceos, Lucius Malfoy 
  • Vamos... No eres molestia alguna - Invitó a que se sentase con un sutil movimiento, ella accedió y tomó lugar en uno de los amplios sillones de ahí - ¿Que te trae a esta, tu casa? 
  • Gracias - Respondió cortés - Es difícil explicarlo pero...
  • Te has enterado de la verdad, ¿Cierto?
  • Sí
  • Pero que no te avergüence - Mencionó con altanería - Hija del señor tenebroso, serás toda una leyenda y...
  • ¡No quiero ser leyenda! - Interrumpió descortés - Solo quiero saber... ¿Porqué?! ¿Cuál es el propósito de esto?! y... ¿Porqué se me había ocultado?
  • Calma - Respondió relajado mientras servía en dos pequeñas tazas algo de té, de las cuales sirvió una a Bloom 
  • Sí, gracias - Comenzó a desesperarse - Pero no vengo a tomar el té. Quiero respuestas, y las quiero ahora... 
  • Haremos un trato
  • Nada de tratos Malfoy... Sabes bien, que si vine aquí es porque se que eres su aliado, te conozco y no quiero uno de tus sucios juegos, pues si soy su hija, no te conviene tratarme así. Tarde o temprano me enteraré 
  • De acuerdo, de acuerdo... Solo relájate y bebe el té - Gruñó de mal modo - ¿Qué es lo que quieres saber?
  • ¿Porqué con ellos? - Omitió su petición de tomar aquella bebida - ¿Porqué dejarme con los Weasley?... Son tan buenas personas y... - Calló un momento,  - Y que pasó con mi madre? Ella lo decidió así?
  • Nadie lo hizo - La miró fijamente, era como si leyera sus pensamientos y adivinara aquellas absurdas preguntas de 'huérfana' que todo niño sin padres hace - No sabíamos de tu existencia hasta hace poco... De haber sido así, hubieras crecido aquí para que el señor tenebroso, a su regreso nos recompensara 
  • Él esta muerto - Afirmó con seguridad - Y aquí hubiera crecido llena de maldad, sin valores... sin meta alguna más que la de servir a un ser vil - Sonrió - Como tu hijo Lucius no podía decir nada, se tenía que tragar su enojo, pues sabía a la perfección quién era ella y lo que sucedería si se daba cuenta de todos los oscuros secretos que guardaba dentro de si misma.
  • Como tu digas - Se limitó a decir - Pero es tu destino, tu deber, quedarte aquí, ser una de nosotros... Eres su hija y si él no vuelve como dices tu serás quien nos...
  • Ni lo menciones - Se paró indignada - Te lo advertí, no me diste respuestas así que iré  otro lado... Pero jamás - Acercándose a el, miró sus enormes ojos, los cuales evidenciaban nervios por su presencia - Nunca... me vuelvas a decir que hacer, y mucho menos si se trata de aquel ruin monstruo... Podré llevar su sangre, pero no soy su hija  Miró a sus alrededores, casi todos los mortífagos estaban ahí, enmascarados y encapuchados, no había salida alguna y solo podía sentirse un pequeño pedazo de nada ante esa situación. Pero en su mente, imaginó Londres, aquél placido lugar que ella consideraba como su ciudad, como el lugar que la vio nacer, lo conocía a la perfección, cada calle, cada monumento, cada edificio, las casas, los parques, todo... Y en una fracción de segundo se encontraba ahí, casi inconsciente y al borde del desmayo cerca del Big Ben. Cuando se dio cuenta de que estaba fuera de peligro, se sonrió a si misma y cayó, sin saber que sucedería luego y despreocupada al fin, esperando que aunque fuera por milagro, alguien la encontrase en su inconsciencia.