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El horrendo secreto de Hermione Jane Granger — capítulo 1

Esa mañana, por una curiosa razón, Hermione Granger se había despertado de mal humor. No podía encontrar su zapato derecho, por ninguna parte. Por más que lo intentaba, solo tenía su zapato izquierdo. Quería ir a Hogsmade en realidad. Pero ¿cómo iba a irse? ¿Descalza? Negó con la cabeza y trató de serenarse. Tenía que encontrar su zapato. Con calma. Paciencia. La habitación grande y ella solitaria, tratando de encontrarlo. Inspiró suavemente y en la última cama de la habitación, lo encontró. Debajo, enredado entre las sábanas y las cobijas desordenadas. Allí estaba su preciado zapato. — ¡Hermione, vámonos ya!— escuchó la voz de Ron en un grito y calzándose el zapato mientras caminaba, abrió la puerta y asintió desde las escaleras. — ¡Es que no podía encontrar mi zapato y no sé como fue a parar en la cama de Ginny! — Bueno, entonces ya vámonos. Harry y ella nos esperan con Minerva. Seremos los últimos. Podrían dejarnos. Hermione corrió tras él, mientras se detenían en la fila. Harry sonrió al verlos, ya creía que ambos terminarían sin ir. Minerva los miró con un gesto severo y Ron se encogió de hombros en la fila. — Ella no encontraba uno de sus zapatos.  — Y asumo, señor Weasley, que usted le estaba ayudando a encontrarlo. Porque la señorita Granger es tan ineficiente por sí misma. Ron se había sonrojado y se encogió en la fila. Hermione hizo lo mismo, mientras las 3 casas restantes, se reían. Por supuesto que era vergonzoso. Inspiró en silencio y miró a Ron, de mala gana. ¿Por qué tuvo que haber dicho semejante cosa? Con decir que se había caído o que la estaba buscando, era suficiente. Pero gracias a ese comentario, la hacía parecer una tonta de capirote. Bien, esas cosas siempre pasaban. La visita a Hogsmade siempre resultaba ser divertida. Pese al frío que estaba haciendo en ese preciso momento, la diversión no se acababa. Las tiendas, los tarros de hidromiel y las golosinas. Las bromas de zonko... Todo eso colocaba una sonrisa en cualquier niño. Aún con Voldemort al acecho, esa era la mejor forma de olvidarlo. Se detuvieron frente al caldero chorreante y abrieron la puerta. El ambiente alegre se pudo sentir de inmediato y la calidez también. Con una sonrisa, Hermione apartaba una mesa y Ron buscaba las bebidas. Harry y Ginny, miraban el ambiente. Nunca cambiaba. — Entonces los próximos partidos serán muy pronto. ¿No es así, Harry?— dijo Ron y el muchacho asintió, mientras las chicas hablaban de cualquier cosa, menos de Quiddicth. Aunque Ginny demostraba interés marcado, de vez en cuando. Solo Hermione no tenía el interés en participar. Solo en apoyar a su equipo y a sus amigos. Para Harry bastaba. Luego de una cálida charla, los cuatro, caminaron por Hogsmade. Aún había mucho que mirar. Muchas tiendas que pisar y tan poco tiempo. Ron trataba de decidirse si pasar por una tienda enorme de caramelos, pudre dientes o si terminar en Zonko, comprando bombas fétidas y bromas para Snape. Harry miraba el rostro de Hermione, serio y convencido de que lo mejor era visitar algo productivo. Pero él ni siquiera quería ir a una tienda de libros. — Miren, la casa de los gritos.— dijo Ginny, mientras el resto peleaba— podríamos ir y... ¿quién tiene miedo? Hermione negó con la cabeza. — Se nos está prohibido ir... Antes de que Ginny contestara, oyeron una voz que siseaba en el fondo. Arrastrando las palabras. Harry se dio la vuelta, con tedio. Conocía esa voz donde fuera y resultaba bastante molesto; que ni en Hogsmade, pudiera safarse de él. — ¿Miedosa, Granger? No sobrevivirías ni un minuto, en ese lugar. Lleno de ratas, arañas e insectos. — Me pregunto— dijo Ron con una sonrisa maliciosa— ¿Por qué no estás dentro, con tus amigas ratas? Draco soltó un gruñido y sus amigos pensaban ir a golpearlo, pero él los detuvo con sus brazos y sonrió ligeramente. — Déjenmelo a mí. Si solo son un pobre tonto. Una sangre sucia y san Potty. — ¿Qué dijiste?— gritó Ron, al escuchar.— Vuelve a llamarla así y voy a... — ¡Sangre sucia! ¡Sangre sucia! Hermione lo miró, ligeramente impactada. Sin embargo, no había notado que sus ojos comenzaban a humedecerse, paulatinamente. Caminó hacia Malfoy, sentía mucha ira. Mucha rabia, ebulliendo en su interior. Ron alzaba sus puños y miró a Hermione con sorpresa, cómo se acercaba a Draco Malfoy. Estaba llena de ira. Y de pronto... Algo gritó tan fuerte de forma tan ensordecedora, que todos debieron cubrirse los oídos. ¿De dónde provenía ese espantoso chillido de los miles de demonios?