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Historia 64287 — capítulo 1

Estaba intentando dormir, desde hacía unas horas. Sin embargo; no podía dejar de pensar en que algo faltaba en mi habitación. En mi cama. Era ese aroma, ese extraño aroma que provenía de cada centímetro de tela que recubría ese viejo colchón y esas delgadas almohadas. Era aquel aroma, con el que me había acostado la noche anterior. No diría que nos conocimos, propiamente. No... Fue más como un encuentro casual, diría. Como una especie de aparición, el destino que cruzaba junto a nuestros pies. Aquella noche... inolvidable.  En ese momento me di cuenta de que las fuerzas que actuaban sobre el universo, estaban actuando sobre mí en aquella oscura calle, en esas fechas de invierno. Y me habían forzado a encontrarlo. No me habló. No dijo nada para que yo pudiera clasificarlo de algún modo. Solo me miró silenciosamente y yo sin notarlo, estaba cautivada por sus ojos. Solo eso podía ver. Dos pequeños ojos, ocultos tras lo que parecía ser una máscara. Llevaba una gruesa capa negra. No me dejó hablar, no me permitió moverme. Solo sostuvo uno de mis brazos y cubrió mi boca con una de sus manos. Podrían decir que se trataba de un secuestrador, de un vil hombre que quería lastimarme. Pero era mucho más que eso.  Cuando me permitió respirar, cuando me permitió verlo otra vez, me di cuenta de que era mucho más que eso. Me guió hasta un callejón y se llevó un dedo a los labios. Supuse quería decirme, que guardara silencio. Eso hice. No me había permitido hablar desde un principio, así que no representaba gran cambio. Introdujo una mano dentro de sus bolsillos y colocó en una de las mías, un trozo de papel. Un sobre. No comprendía por qué un hombre que desconocía totalmente, colocaba un sobre de papel en mis manos. Una vieja carta. Cualquier persona a la que un extraño visitante, le hiciera semejante cosa, seguramente saldría huyendo. Y sin embargo yo, seguí allí. Hipnotizada con sus brillantes ojos dentro de aquella máscara. Sentía como si nos conociésemos de toda la vida. Y sin embargo, no podía precisarlo. Me causaba miedo y al mismo tiempo... Curiosidad. Quise mirar el sobre, pero aquel hombre no me lo permitió. Yo estaba en París, Francia. Disfrutaba con mi familia, vacaciones en mi tierra natal. Luego, tenía que regresar a la escuela. A mi vida como bruja. A mi vida mágica. Eso era. Mi vida era tan mágica, que hasta extraños como aquel hombre, aparecían de pronto en ella. Me encogí de hombros al verlo. No quería oír mi voz, ni dejarme oír su voz. No quería descubrirse el rostro y no permitía que las sombras, cubrieran el mío. No me permitía abrir la carta y esperaba que entendiera todo lo que ocurría. Acarició mi rostro con su pulgar, varias veces. Mirándome a los ojos. Sin despegarme la vista. Creí que quizá me confundía con alguien. Quizá, por la forma en que me abrazó. Por la forma en que levantó mi mentón y por la forma en que besó mis labios. Mi rostro contra su fría máscara. Contra sus cálidos labios. Luego de eso... solo me dejó. Allí, sola. Eso era lo que recordaba de ese visitante tan extraño.  Volví al hotel como si nada hubiera sucedido. A mirar a mis padres, que se preguntaban el por qué de mi demora. Les mentí, dije que me confundí. Me perdí. Pero en realidad, solo estaba recordando cada detalle de mi misterioso encuentro. Lo confieso, que no me resistí a abrir aquel sobre. Solo había una letra. Parecía una "S". Quizá una "D" o una "L". Podía ser cualquier cosa. Una inicial, un mensaje. Pero no. Para un mensaje se necesitaban más letras. Podía ser un código. Decir "Sí", decir: "Dime" o decir "Loco". Loco era la mejor oferta. Lo único que sabía, era que aquellas vacaciones con relación a las anteriores, iban a ser las más diferentes que jamás había vivido. Y todo eso, en una noche. Ahora, mi noche de recuerdos. Mañana partiríamos nuevamente a la rutina, a lo mismo. Pero al menos tendría algo nuevo que contar. Algo nuevo que ofrecer.