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Historia 64541 — capítulo 1

"Mierda...mierda"

— Deja de quejarte, maldita sea. Y de moverte— le respondieron y aquel hombre alto y barbudo, miró hacia abajo. Sus pies sobresalían de la cama. — Necesitamos una cama más grande. Esto es ridículo. — Nadie te dijo que vinieras a dormir conmigo. ¿O sí? Así que no te quejes. — ¿Qué? ¡Si fuiste tú quien escribió anoche!— chilló el segundo, haciéndose el ofendido— No fui yo quién escribió: "No pienso que lo seas, solo guardo las apariencias y dije lo que tenía que decir" El primero, a su lado, respiró con fuerza y negó con la cabeza. ¿Por qué insistía en dormir con eso? ¿En dormir a su lado? Qué tontería. — Te perdono y aún así, actúas como todo un inverbe. ¡Se supone que solo sería por esta noche y justo en este momento, me arrepiento de...! El segundo tomó las cobijas con rabia y se las echó encima, dejando al primero con frío y con una expresión asesina, en su rostro. No resultaba gracioso, tener que aprender a dormir con él y sus... ¡oh, sus enormes pies que sobresalían de la cama! — Devuelve eso a su sitio o las encogeré del tamaño de tu dedo! — Inténtalo y ya verás. ¡Además, tú solo hablas y hablas, yo estoy muerto de frío! ¿No podías irte a dormir a un lugar más cálido? — ¡Échale la culpa a tu querido y amado director, que me puso este trabajo! Eres igual que él y que Potter. Se levantó de la cama, de un salto y el hombre a su lado, lo miró estupefacto. Caminaba en el frío suelo, maldiciendo a todo lo que encontrara. Se introdujo en el armario de pociones y sacó unas viejas mantas que ya había visto antes. Como pasaba tanto tiempo dentro, no le parecía difícil, aprenderse lo mismo, de memoria. — Ya está. Deja de quejarte y duérmete. Ya tengo mi cobija y tú la tuya. Hasta mañana, Quejicus. — ¡No sé por qué insisto en dejarte venir! — Fuiste tú ya te dije, quién me pidió "disculpas" por las palabras que soltaste en la cocina de Molly. Sonó a disculpas y no me harás pensar que no eran eso. "No querías decir eso que salió de tu boca, exactamente y yo...tampoco, supongo. Viejos hábitos que nunca mueren" — ¡Yo no dije eso, Black! Yo dije expresamente, que no necesitábamos decirnos "insultos" si pasabas metido, la cuarta parte de tu vida, dentro de esta cama. — ¡Ah y ahora lo cambias. Pero si la anterior sonaba más bonita! El lado guapo, del profesor de pociones— dijo, apretándole una de las mejillas. De forma dolorosa. — ¡Ya basta. No seas ridículo! Se echó a reír y se dejó caer en la cama, con sus brazos detrás de su cabeza. Mirando el techo. Snape permaneció sentado en la cama. — Puedes decirle a tu querido director, lo que pienso de ti. Que eres un perro sarnoso y un elemento inútil para la orden. — Cállate, yo sé lo que estás pidiendo. Tienes una mala forma para eso, Quejicus. Muy mala. Con decirlo, yo te lo daría si quieres. Negó con la cabeza y se cruzó de brazos. — Y según tu... ¿qué es lo que quiero y necesito, enfáticamente? Sirius se levantó de un brinco y de un momento a otro, estaba encima de él, en la cama. Sonrió con malicia, aprisionando sus brazos con sus manos. — No hagas preguntas estúpidas, que me van a llevar a darte respuestas estúpidas. Hace frío y será mejor que nos calentemos pronto. "Nunca vi a dos personas que se tuvieran tanta antipatía, como James y Snape" Quizá Sirius. Equivocado el pensamiento.