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Testigos de la Felicidad — capítulo 2
Este capítulo fue el que más me costó hacer :D sé que no está muy bien, especialmente la última parte, pero lo mejoraré. Como ya dije, pondre otro capítulo para explicar mejor las cosas ya que aquí como que ocurren muy precipitadamente xP
Haber si les gusta!
Hora de leer!
Capítulo 2
― Esto es raro― comentó Draco paseando su vista por los nueve thestrals que acababan de ser amarrados a su trineo rojo.
Ya era 24 de Diciembre y nuestros cuatro protagonistas ya se estaban preparando para partir usando unos trajes idénticos a los del verdadero Santa Claus. Tenían desde el saco rojo y blanco hasta las botas negras. Al principio no estuvieron conformes de utilizar semejante ropa de circo, según Draco, pero se tuvieron que resignar cuando la directora les recordó la promesa de reemplazar a Dumbledore.
Nos debes una grande, viejo, pensaron todos en dicho momento sin nada más que decir.
Hace unos minutos la directora les había dado dos trineos que los ayudaría a recorrer todo el globo. Según dijo, estaba equipado con la última tecnología muggle, les indicaría el clima de los lugares a los que acudirían, ella misma sería capaz de comunicarse con ellos y, la lista de todos los regalos ya estaba incorporada en una de las tantas computadoras del transporte.
― ¿Y estos para qué se supone que son? ― cuestionó Draco señalando a las criaturas previamente mencionadas.
― Son sus renos― respondió la directora con una pequeña sonrisa―. Albus los ha utilizado para transportar su trineo, y ahora les toca a ustedes.
― ¿Esos son renos? ― cuestionó Ron con una ceja alzada
― Por supuesto que no, Señor Weasley― contestó la profesora molesta―. Al parecer los muggles que lograron verlos lo relacionaron con dichos animales. De ahí viene la leyenda del trineo jalado por renos. Como ellos no conocen nada de la magia, pensaron que eran unos simples mamíferos cuando en realidad son solo los thestrals. Qué imaginación la de ellos. Pensar que un reno puede volar― exclamó.
― Sí, sí, claro, lo que diga― interrumpió Draco viendo como los elfos le ponían a las criaturas unos cuernos y al primer thestral una nariz roja. Sonrió ante la gracia pero continuó preguntando―. Pero, ¿y los regalos?
― De eso no se preocupen― dijo la directora haciendo un gesto despectivo de la mano restándole importancia y entregándole a cada grupo un desgastado saco marrón―. Lo único que tienen que hacer es decirle al saco el nombre completo del niño y el regalo aparecerá en su interior como por arte de magia― finalizó riéndose de su propio chiste.
Los cuatro estudiantes la miraron extrañados y si hubieran estado junto a ella, lo más seguro es que hubieran retrocedido un paso asustados.
― Por cierto, casi me olvido. Hay un hechizo que Albus creó para que el trineo y los thestrals vayan más rápido― avisó.
―¿Qué tan rápido?― preguntó Ron emocionado
― Créame, Señor Weasley, muy rápido. Tanto que si necesitan recorrer kilómetros para llegar a un destino, será como aparecerse en el lugar que quieran en un parpadeo, no lo sentirán― informó―. El hechizo requiere mucha energía, por eso lo harán de a dos. Si por alguna razón uno se siente incapaz de seguir moviendo su varita, tendrán que abortar la misión. Es tanta magia la usada que un mago tan joven como ustedes podría hasta perder la vida.
Los compañeros se miraron entre sí serios.
― El hechizo es: "Caritas numquam moritur" y no se olviden de pensar en el lugar al que quieran ir mientras recitan este hechizo― indicó―. Ustedes podrán hacerlo. Albus y yo confíanos en ustedes, sabemos que no nos defraudaran― aseguró.
― Por supuesto que no, profesora― habló Hermione decidida.
Los cuatros jóvenes se pusieron los cinturones de seguridad, ahora sí, listos para partir.
― Deben estar aquí antes de las seis de la mañana― indicó la directora―. Y recuerden esto, mis jóvenes pupilos, ante cualquier emergencia pongan siempre su mejor sonrisa y digan la frase favorita de Albus en estas situaciones: "Ho ho ho"― finalizó con una sonrisa alejándose del grupo y alzando la mano despidiéndose.
― ¡Vamos! ¡Rudolph! ¡Cometa! ¡Relámpago! ¡Trueno!... eh… ¿cómo se llamaban los demás?― preguntó Draco llevándose una mano al mentón y poniéndose a pensar.
Hermione soltó un gran suspiro de resignación negando con la cabeza.
Los thestrals comenzaron a elevarse. Los jóvenes se miraron decididos y exclamaron al unísono con un solo movimiento de varita: "Caritas numquam moritur".
Hermione y Draco se aparecieron en un pequeño pueblo de Portugal. Vieron en una de las pantallas del trineo que les indicaba a qué casa ir y se estacionaron en el techo del hogar indicado.
― Bien, tú anda. Yo te esperare aquí― dijo el joven Malfoy recostándose en su asiento sin importarle la furiosa la mirada de la castaña.
― Oh no. Tú vienes conmigo, Malfoy. Por las buenas o por las malas― exclamó haciendo tronar sus nudillos.
Draco soltó una sonora carcajada.
― ¿Tú? ¿Qué me vas a hacer? ¿Acusarme con un libro?― cuestionó con una sonrisa burlona.
El thestral de la nariz roja comenzó a gruñir y moverse furiosamente tratando de liberarse de sus correas al escuchar el comentario del rubio.
― Creo que está de mi lado. Así que decide Malfoy, ¿vienes o libero a Rudolph?― propuso con una inocente sonrisa.
Draco fijó su mirada en la criatura, quien se volteó lo suficiente como para que el rubio viera un brillo de maldad en sus oscuros y casi imperceptibles ojos. Temeroso de que su compañera cumpliera lo dicho, agarró el saco y se dirigió hacia la chimenea, rodeando claro, a los thestrals que lo miraban de mala manera.
― ¿Y ahora qué?― preguntó observando el gran vacío que los esperaba dentro de la chimenea.
― Te lo explicaré cuidadosamente, Malfoy― comenzó a decir Hermione antes de hablar lentamente como si de un retrasado se tratara el rubio―. Nosotros. Bajar. Por. Ahí.
― ¿Por quién me tomas, Granger? Yo no soy tu patético amigo Weasley, así que trátame con mayor respeto― replicó dándole la espalda para ponerse a pensar e idear un plan para bajar.
Hermione se puso roja de la furia y sin pensar en lo que hacía, empujó a Draco con fuerza dentro de la chimenea. El rubio cayó pesadamente al suelo, se paró y comenzó a sobarse el brazo con el que había detenido su caída.
― ¿Ups?― escuchó Draco decir a Hermione, quien saltó hacía el vacío no sin antes hechizarse para caer cual pluma al piso. Realizó el contra maleficio y observó a Draco divertida.
― Pudiste haberme roto el brazo, ¿sabes?― exclamó el rubio frunciendo el ceño.
Su compañera lo calló haciéndole un gesto de silencio.
Por primera vez pudieron ver la casa en donde se encontraban. Alrededor de la chimenea habían tres sillones de cuero, y en una esquina había un gran árbol decorado con luces y esferas de color rojo y verde. Había guirnaldas colgadas de las paredes y uno que otro muérdago colgado del techo para los más incautos. Debajo del árbol de Navidad habían pocos regalos, y a un costado, se encontraba un plato con galletas y un vaso con leche para el tan esperado Papá Noel.
― Oliveira Da Silva, Mayra― dijo Draco metiendo su cabeza en el saco.
Hermione se tapó la boca tratando de no reír al ver tan cómica escena. Con ternura, le sacó el saco de la cabeza y metió la mano antes de alzar una bonita muñeca pelirroja con vestido verde agua. Lo colocó con cuidado debajo del árbol y agarró una galleta del plato. Draco la imitó y se tomó la leche de un sorbo.
― Rápido. Tenemos otros miles de regalos que entregar― apuró el rubio posicionándose dentro de la chimenea y alzando la varita para salir volando. Hermione lo siguió con prisa y se subieron al trineo, el cual estacionaron en un techo a unas cuadras más.
Realizaron lo mismo por una hora y Draco ya se estaba aburriendo. Se detuvieron en una de las últimas casas de España pero el rubio no se movió.
― ¿Qué ocurre ahora, Malfoy?― preguntó Hermione exasperada por los continuos berrinches de su compañero.
― Me estoy arrepintiendo de esto― respondió― Ahorita mismo podría haber estado en Malfoy Manor junto a mis padres, comiendo...
― ¿Qué te parece si me cuentas tu interesante vida mientras entregamos el regalo?― propuso con una falsa sonrisa. Rudolph, el thestral, soltó un bufido.
Draco lo miró con odio y siguió a la castaña hasta la chimenea por donde bajaron. La casa, como otras, no era muy diferente. Tenía el habitual árbol decorado y galletas y un vaso de leche al costado.
― Como te seguía diciendo, yo debería estar en Malfoy Manor comiendo un gran banquete junto a mi familia. Pero no, ustedes como son tan egoístas me hicieron aceptar a la fuerza este estúpido trabajo― decía furibundo viendo como la chica ponía un osito de peluche en su lugar y se comía una galleta.
― Malfoy, ya cállate. Acá el único egoísta era tú por no querer ayudar a la directora y a Dumbledore en esta tarea, estamos aquí para llevar felicidad a los niños no para…― se detuvo abruptamente al escuchar unos pasos por las escaleras.
Se miraron horrorizados ante la idea de ser descubiertos, y sin más, se escondieron tras un sillón.
― ¿Santa? ¿Eres tú?― escucharon la voz de un niño.
Con cuidado, Hermione asomó su cabeza. Vio a un pequeño de unos 3 o 4 años parado en medio de la sala bostezando cansado, tenía un pijama rojo con dibujos de carritos y cargaba un viejo oso en la mano.
― ¿Por qué te escondes, Santa?― preguntó el niño dirigiéndose hacia el sillón en donde él creyó ver un destello rojo.
Al llegar, vio confundido a los dos jóvenes sentados en el piso de su casa.
― Eh… ¿Ho ho ho?― dijo Draco alzando una ceja sin saber qué más decir.
― Hola, pequeño. Verás, yo soy Hermione y el es Draco. ¿Cómo te llamas?― preguntó con una amable sonrisa.
― Yo soy Adrian.
― Oh, pues Adrian, se ve estás cansado, ¿por qué no te duermes?― propuso sin abandonar su sonrisa―. Ven― dijo cargándolo y comenzándolo a mecer lentamente.
― Gracias por el regalo, Señorita Claus― fue lo último que dijo el pequeño antes de caer en los brazos de Morfeo.
― ¿Ves, Malfoy? Es por esto que aceptamos este trabajo. Sólo imagínate, hay miles, no, millones de niños que esperan a ese gran hombre de rojo― comenzó a decir Hermione entregándole el niño a su compañero―. Draco, te aseguro que mañana por la mañana, cuando Adrian se despierte y vea a su nuevo oso, una hermosa sonrisa aparecerá en su rostro― le dijo acariciando los oscuros cabellos del niño―. Este regalo traerá felicidad a esta familia, y fuerza también para seguir adelante. La navidad trae ilusión, Draco. Y cuando ves a un pequeño angelito como él tan feliz, tan alegre e inocente, sientes… sientes tu espíritu lleno, Draco, como si eso fuera lo único que quisieras ver el resto de tu vida― finalizó viendo como el rubio acomodaba al Adrian en un sillón y lo tapaba con una manta.
Adrian abrió los ojos por un momento fijando su mirada en el joven Malfoy.
― Gracias a ti también, Santa― dijo con una pequeña sonrisa antes de bostezar y cerrar los ojos.
No, gracias a ti. Gracias por hacerme entender.
Draco sonrió sinceramente y se dio media vuelta.
― ¿Sabes? Creo que ya lo entendí― comentó antes de darle un beso en la mejilla y salir por la chimenea.
Siete horas después, ya habían terminado con la parte del mundo que les había tocado, dejando regalos, comiendo galletas y saboreando la leche preparada por lo niños.
Estaban sentados en los jardines de Hogwarts, pensando en los pequeños que en ese momento deberían estar abriendo sus regalos.
Sonrieron satisfechos al saber que su labor estaba terminada.
― ¿Sabes qué significa "Caritas numquam moritur"?― preguntó Hermione. Draco negó con la cabeza―. El amor nunca muere.
Viejo cursi
Pero cuánta razón tenía.
Amor fue lo que dieron; y en cada familia, el amor se está viviendo gracias a ellos.
Gracias a Dumbledore, el viejo cursi.
Sí, sí, ya dije que lo mejoraría y me pondré manos a la obra... bueno en cuanto actualice mis otras historias ya que al parecer algunas lectoras me van a matar si no publico pronto :D
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Se me cuidan**!!!**
Carla Malfoy =]