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Confundio — capítulo 2
Comienzo:**¡Es mi mujer, que ella te lo diga!**Ante tal confusión, Dumbledore pensaba que lo mejor era traer a Hermione y que ella misma resolviera el dilema. Sin embargo, Sirius sabía ya la respuesta y se negaba a escribirle a Hermione. Estaba en casa, con Nymphadora y Teddy. Inspiró ante la insistencia de Minerva y comenzó a escribir un pergamino. Estaba tan enfadado que su letra era apresurada y muy apretada. "Este ser que llaman Snape, asegura que tú eres su esposa" Al leer eso, se sorprendió abiertamente. ¿Desde cuándo? Caminó hasta el salón y tomó su largo abrigo de invierno. ¿Casada con Snape? Al llegar al hospital, todo iba de mal en peor. Severus estaba levantado, sosteniendo un brazo de Sirius y parecía agresivo. Su labio inferior le temblaba fuertemente y no despegaba la vista de su esposo. — ¡Sirius!— chilló ella, caminando hacia él y tomando su brazo. Severus lo soltó de inmediato y desvió la vista— ¿Cómo te atreves a pelear con alguien que está herido? ¿Crees que es competidor para ti? Sirius bajó la vista y se quedó en silencio, mientras ella sonreía y los miraba a ambos. Estaba bien, esas viejas riñas. Mientras él no lo golpeara, estaba bien para ella. Se inclinó para besar su mejilla y Severus soltó una especie de bufido. Hermione bajó la vista hacia el hombre. — ¿Señor...? — Ella es mi esposa. Se casó conmigo antes de que cayera en la inconsciencia.— dijo con voz suave y Hermione meditó. ¿Lo había hecho? No lo recordaba. — Pero señor, Sirius tiene razón. Estoy casada con él. Snape no contestó y colocó una mano sobre el marco de la cama. El dosel. Miró en dirección a Sirius y se puso en pie, lentamente. Se tambaleó ligeramente y suspiró en contesta. — La hechizaste. No sé que diablos hiciste, pero sé que ella me recordará. Se dará cuenta de quién es su verdadero esposo. Hermione se preguntó si Snape se había golpeado con algo, además de haber sido mordido por la serpiente. No contestó, mientras Sirius negaba con la cabeza y caminaba en dirección a Dumbledore, en la puerta. Tenía muchas cosas que aclarar con él. Hermione se quedó allí. — Profesor Snape, yo... Severus suspiró nuevamente y no dijo nada, negó con la cabeza y Hermione trató de sonreír. ¿Qué podía decir al respecto? Estaba considerando que Snape no estaba dentro de sus cabales. No se encontraba en su sano juicio. — Hermione... — ¿Sí, señor? — Severus. Soy Severus, ¿recuerdas? — Sí, lo recuerdo. Aunque nunca le gustó que lo llamara de esa forma.— meditó en silencio y sonrió. — pero creo que puedo llamarlo Severus, si eso quiere. Antes de que pudiera decir algo más, Snape se había inclinado hasta estar a una distancia peligrosa, de ella. Con una sonrisa suave, colocó una mano sobre su hombro y Hermione brincó ligeramente. Había enredado sus dedos en su cabello y la contemplaba con una mirada cálida. Iba a decir algo más, pero se vio imposibilitada. La habían besado. De una forma tan suave que no se hubiera percatado, de estar dormida. O de no haberlo visto. — Profe...sor...Severus... Sirius se había dado la vuelta para contemplar a su esposa y se encontraba con aquella desagradable sorpresa. — ¡Te lo advertí, Quejicus! Caminó hacia él, con determinación y lo apartó con una mano. Snape cayó sentado sobre la cama. — ¡Es mi esposa, Snape!