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Historia 65965 — capítulo 2
Al regresar a casa, Arthur Weasley se encontró con la grata sorpresa de que su esposa lo esperaba en la puerta. Los gemelos seguramente, habían hecho algo muy grave. Aunque su expresión; poco le dejaba ver. Suspiró lentamente y trató de mantener el calor familiar y continuar sonriendo, pese a que el rostro de Molly, se ensombrecía cada vez más.
Ladeó la cabeza hacia el campo y se preguntó si podía regresarse de donde había venido. Con una sonrisa suave, miró a su esposa. Aunque su pie se movía con violencia y sus brazos estaban cruzados. Su mandíbula estaba rígida.
Arthur Weasley, necesito una explicación. Eso había escuchado. No sonaba nada bien. Aunque podía imaginar lo que le ocurría. Era noticia de muchos y en boca de todos. Con un suspiro, nuevamente, se sentó en el sofá del salón y quitándose el gorro, esperó pacientemente.
— ¿Cómo es eso, que nuestros dos hijos, Fred y George, son ministros de magia?
Sí, era eso. Sonrió nuevamente y la mujer no doblegó su carácter ni un ápice. Trató de hablar, pero solo balbuceaba. No podía pensar en nada más. Estaba un poco confundido. Los acontecimientos también lo habían tomado por sorpresa.
A él y a sus compañeros. Y seguramente; al resto de los mortífagos, magos y aurores en el mundo. No sonaba nada bien.
Seguro hasta Voldemort, pensaba igual que ellos. Los gemelos Weasley, como ministros. Tenía que ser una broma. Un error. Un reporte falso del Corazón de Brujas o del Quisquilloso.
Sabía de algunos que la pasarían mal con ellos al poder. Sobretodo; personas como Snape, cuya vida se había dedicado a odiarlos y a perturbarlos. A llamarlos despectivamente por sus cabezas, el color de sus cabellos, su procedencia, sus modales.
Y vengarse iba a ser hasta una buena idea. Snape no era que lo detestara, pero un poco de escarmiento no le iba a hacer nada mal.
Sonrió solo y Molly lo miró de mala gana. Tuvo que mirarla seriamente y meditar. ¿Por qué sus hijos habían enviado propuestas y habían hecho una campaña en secreto?
Porque estaban locos. Quizá porque no tenían cerebro y no sabían en lo que se estaban metiendo o porque habían visto la mala gestión del resto de los ministros.
Estaba bien. Eran malos y necesitaban nuevas propuestas. Cabezas frescas.
Aunque sus hijos eran un poco preocupantes. Un poco locos.
— Será mejor que reviertas esto, Arthur. Será mejor que le pidas al ministro de turno, que no acepte este tipo de cosas. No quiero saber que nuestros hijos han cometido este juego tan atroz y continuarán siendo ministros. ¡No quiero saberlo!
Pero bueno ¿qué iba a hacer él? Ya estaba hecho. El pueblo los había escogido. Aunque no tenía idea de cuándo habían votado. No exactamente.
Se preguntó, qué iba a hacer para remediarlo.
— Fred y George, bajen en este mismo instante. ¡Ahora!
Sus dos hijos bajaron las escaleras, fingiendo que eran como perros regañados. Con enormes ojos tristes y miradas de soslayo. Molly negó con la cabeza.
— Eso no me convence. Y ahora le explicarán a su padre; qué fue lo que hicieron. Y Arthur verá la forma de revertirlo. ¿No es cierto, papá?
— Eh... sí, Molly.