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¡No me jodas! — capítulo 2

Severus se dijo que estaba ya vuelto loco. Oía cosas por todos lados. Se comenzaba a sentir como Harry. Oír y que nadie le creyera lo que estaba diciendo o que dijeran que nadie lo había dicho. Sabía que Flich dormía en el mismo lugar que él, casi. Y aún así; podía escucharlo. Parecía que estaba hablando, pero solo estaba dormido. ¿Por qué oía voces en su cabeza? Era como escuchar los pensamientos de las personas, sin siquiera usar la Oclumancia para ello. Comenzaba a resultar incómodo y por lo demás, desesperante.

Inspiró, tratando de calmarse. Había pasado junto a algunas jovencitas y había escuchado sus pensamientos sobre los chicos que resultaban más guapos e incluso, cuándo pensaban perder la virginidad y de qué forma. Algunas eran mucho más valientes que otras. Y sin duda alguna, los chicos no tenían una inteligencia muy alta. Sobretodo los que resultaban calenturientos y que trataban de mirarlas por debajod e las faldas, pero dismiludamente.

Hogwarts estaba lleno de depredadores sexuales y en ese momento, se daba cuenta de ello. Respiró pacientemente y se preguntó qué estupideces encontraría dentro de las mentes del trío. Mientras estaba sentado en el desayuno, esperaba que el bullicio terminara de acallarse. No podía pensar en todas esas ideas, corriendo en su cabeza y transmitiéndole "x" cantidad de tonterías. Trató de pensar claramente.

No podía ni oírse a sí mismo. Maldijo la varita de Ronald Weasey y trató de no sentirse mareado, por las estupideces que escuchaba de las gemelas Parvati. "Firenze es un hermoso especímen".

Claro que lo era. De una mitad caballo y la otra, humana. Por supuesto que sí. Y unos Nargles también lo serían.

Caminó hacia la clase de pociones que acostumbraba dar. Con una sonrisa suave, ladeó la cabeza hacia el trío y los contempló fijamente. Ron aún huía de la mirada de Snape y no dejaba de arrepentirse de las fatídicas lecciones que había recibido. Harry sonrió y comentó, que al menos habían sido mejores que las que él había recibido, donde Snape le había hecho sufrir mucho dolor y tristeza misma.

Hermione los miraba con una sonrisa suave y suspirando, se sentó en su lugar. Severus sabía que durante su clase, nadie hablaba y quería saber qué pensaban de él. Como le tenían tanto miedo. Sonrió despectivamente y miró a Hermione a los ojos.

"Bueno, se supone que necesito mi libro de pociones y..." "Ah, Ron se sentó a mi lado. Ojalá se diera cuenta de muchas otras cosas. Además de saber que tiene mucosa en su nariz, que debe sacarse y admirar."

No quiso saber más. Aunque siempre había creído que ella sentía algo por ese niño idiota de cabeza de zanahoria y lleno de aire, que no hacía otra cosa que vanaglorearse de cosas que no tenía y además...

¿Estaba actuando como una persona celosa? Frunció el ceño y sonrió. Hermione lo miró con sorpresa. ¿Por qué Snape la miraba y sonreía como demente? Estaba pensando en una forma de torturarla. ¿Quizá?

Razonó que su planteamiento era estúpido y lleno de miedos sin sentido. Se serenó, respirando suavemente y acudiendo a su razocíneo. Aunque no todos tenían la misma suerte.

Dean por ejemplo. "El profesor va a comernos. Un día legalizarán la dieta en base a estudiantes y seremos su principal plato".

Eso no sonaba nada mal.

— ¿Profesor Snape, se siente bien?— la voz de Hermione retumbó en su cabeza y bajó la vista hacia ella— hace media hora que está parado aquí y no ha comenzado la clase. ¿Necesita algo, señor?

No. Nada. Solo dejar de oír los pensamientos. Aunque reconocía que algunos eran bastante interesantes.

— Nada, señorita Granger. Aunque le recomendaría que dejara de pensar si sacar su libro de texto o mirar al señor Weasley. Lo primero es más productivo para usted.

Hermione se sonrojó, encogiéndose en su asiento. Severus sonrió suavemente y caminó hacia su escritorio. Todo estaba bien, siempre y cuando pudiera usar esa información para utilizarlos a ellos.