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Como Enamorar a Granger En Diez Pasos — capítulo 38

Draco

     Levanté mi varita y tiré la puerta de la habitación en donde Pansy se encontraba. Las cabezas se voltearon curiosas y asombradas. No me importaba, no me interesaba si me querían expulsar esta noche del castillo.

-¡Ahora me dirás todo, venenosa serpiente! -la amenacé con mi varita apuntando justo a su cuello, a milímetros que sintiera la madera presionar contra su piel.

      Cualquier persona se habría asustado terriblemente de esto, empezado a hablar y rogar que no les hiciera ningún daño. Quizás tratarían de calmarme. Pansy, por otro lado, no era cualquier persona. La chica malvada comenzó a reír hasta que las lágrimas le salieran.

      Estaba perdiendo mi paciencia y consideraba seriamente tirarle un crucio a esa mal nacida venenosa pero si razonamiento (el cual aún conservaba) me recordaba que eso sería mala idea, no solo se lograría vengar contra Hermione si no que la dejaría probablemente sin poder hablar.

     Bajé la varita y acerqué mi rostro al de ella, lo suficiente para notar su respiración alterada por ello pero así sería la única forma para parar su risa. Se dibujó una delicada sonrisa sobre sus labios.

-Cálmate, Draquito, para todo hay tiempo -respondió ella más tranquila

     Para ella todo era un juego, un gran absurdo juego en el que ella siempre debía ganar pero no creo que recordaba que yo nunca jugaba para perder. Ahora era Pansy pero luego me tendría que enfrentar a mi padre… el simple pensamiento de ello me alejó de Pansy dejándola en libertad.

-Te buscan… -me anunció Blaise apareciendo a mi lado con un tono de voz como si alguien hubiera muerto, tal vez alguien moriría pronto. Tragué con fuerzas.

    Seguí su cabellera rubia y larga por los pasillos oscuros del castillo en silencio. No tenía nada que decirle ni sentía la necesidad de hacerlo como normalmente. Entró al gran comedor y lo seguí sin comentario alguno. ¿Sabría cuánto deseaba que no habláramos de eso? No importaba si lo sabía de cualquier manera, me recordé.

-Supongo que ya sabes porque estás aquí -dijo con un tono de voz demasiado calmado comparado con el que escuché que le contaba a Snape.

-Sí, lo sé bien, padre -me limite a protestar o alargar mi respuesta

-Draco, eres mi único hijo -dijo con una elevación en su tono tan grande que pensé que comenzaría a gritar -¿Tienes la mínima idea de que es enterarme de esto por una carta que no es tuya? -dijo recuperando su tono calmado pero mirándome con los mismo ojos de decepción y enojo.

-Entiendo que no era la mejor forma de que te enteraras, padre - respondí de nuevo de esa manera neutral en que trabajaba tanto, evitaba sus ojos no por miedo pero por la reacción que tendría.

-Recuerdo haberte enseñado mejor que eso. Te enseñamos bien sobre la pureza de la sangre. Te explicamos su importancia y ahora vienes y dices que estás enamorado de una sangre sucia que—

-¡No la llames así! -le dije levantándome de mi lugar violentamente

     Lucius Malfoy, sabía bien como mantener un tono calmado a la hora de hablar, sabía cómo pretender ser o tener algo que no existía en sí. Lucius Malfoy era un hombre superficial, cruel y egoísta. Ponía a sí mismo de primero y si algo parecía avergonzarlo ante la gente, lo eliminaba. Lucius Malfoy nunca fue el padre ideal, si yo no tenía mucha paciencia no sé como describir a mi padre. Solo conocía una técnica para enseñar de  la cual recuerdo bastante bien.

      Casi al instante que le reclamé sobre el nombre que dijo para referirse a Hermione y él se levantó. Como si toda la furia que había sentido desde que abrió el pergamino hasta ahora se desató en lo que se escuchó en un sonido ni muy alto ni muy bajo. Nadie más pudo escucharlo.

     Froté el lado de mi rostro lastimado y tomé asiento silenciosamente. Creo que debo estar agradecido que no lo hiciera con su varita.

-¡No quiero verla contigo nunca más! ¿Entiendes, Draco? No dejaré que por un capricho de un joven inexperto mi familia sufra la consecuencia como los Weasleys… -pronunció con desprecio, desprecio puro y solido. -¿Entiendes?

     Solamente moví mi cabeza de arriba hacia abajo aún con una mano sosteniendo un lado de mi cara y manteniendo los ojos en la mesa.  Él se levantó bruscamente y se alejó hasta oír el sonido de las puertas cerrarse.

      Por alguna razón seguía sintiendo esa furia interior que parecía controlarme y no podía detenerme. Regresé a la sala común, seguro que me había quedado una marca pues atraje los ojos de varios estudiantes y miradas tristes.

     Por fin, los ojos oscuros que buscaba. Parecía no ver mi marca pues sonrió de medio lado, o quizás no le importó. Me acerqué y sonreí devuelta con media sonrisa.

-¿Te dieron una lección? -preguntó con su tono sexy mientras tiraba de mi corbata. -Parece que necesitas una amiga ahora, deja que Pansy te cure, Draquito -dijo mientras me tiraba hacia su habitación.

      Una voz me decía que no entrará, ¿escuché a esa voz?