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Tengo un peluche que se parece a Snape — capítulo 3

Lily pasó largas horas durmiendo, en los brazos de Snape que ya comenzaban a dormírsele. Respiró pesadamente, bajando la vista y preguntándose cuándo se despertaría. Ella movía la cabeza de un lado al otro y parecía profundamente dormida. Se convertía en la noticia de muchos, todos creían que se veía adorable, mientras Lily estaba rendida entre sus brazos. Hermione había regresado con el muñeco que resultaba ser una perfecta réplica suya. Estaba más blanco, más "pálido", luego de haberlo lavado. A semejanza de su musa, de la inspiración por la cuál lo había tejido. A semejanza de Severus Snape. Luego de unos minutos, escuchó una especie de murmullo sobre su oreja. Parecía que Lily comenzaba a despertarse. Se rascaba la nariz con una de sus manos y miraba por sobre su hombro, a los presentes. Había alzado su cabeza violentamente y miraba a Hermione a un lado. Luego, lo miró a él y sonrió. Había comenzado a aplaudir y se había llevado las manos a la boca. — Emione emione... — Sí, es el profesor Snape. Lo viste hace un rato. ¿Quieres venir conmigo? Mamá ha de estar cerca y creo que el profesor está cansado y también querrá irse a dormir. Severus sentía que sus brazos resultaban ser incorpóreos, ya no los sentía. Lily negaba con la cabeza, mientras él la colocaba en los brazos de Hermione y ella pataleaba. — Lo siento cariño, pero tu madre no se casó con él y por ende, tenemos que dejarlo ir. ¡Eres idéntica, de seguro, a tu abuela Lily Evans! El hombre pensaba lo mismo y comenzaba a preguntarse si aquella fascinación que ella tenía con él, se debía a ello. Tenía que estar loco para pensar en eso. Hermione había colocado en sus manos, al pequeño Snape de felpa y sin embargo, Lily lo había arrojado una vez más al suelo. Negaba frenéticamente con la cabeza y estiraba sus manos hacia Snape, que permanecía de pie a unos pocos metros y no había dicho palabra alguna, mientras Hermione se alejaba. — No cariño, él no viene con nosotros.— Escuchó de su madre y giró la cabeza para mirarla, con lágrimas en sus ojos verdes y pequeños.— te dije que era una mala idea, Hermione. — Pues no ha habido forma de quitarle esa fijación particular que tiene. Dejó el chupete, pero no ha podido dejar al profesor Snape. — Bien, entonces habrá que comprarle otros muñecos y ver sus reacciones ante ellos. Pero a no ser que volvamos al real profesor Snape, como un muñeco... Antes de continuar su camino, la pequeña Lily había soltado un estruendoso llanto y Ginny trataba de consolarla. Mientras eso hacía, Severus había comenzado a sentir una especie de cosquilleo en sus manos. No prestó atención y con una respiración profunda, se perdió de vista ante los ojos de la pequeña, que hipaba para respirar. Fuera como fuera, aquella noche había sido la más rara noche que había experimentado. Mientras dormía, había soñado que estaba en la cama de Lily, siendo su muñeco y ella dormía abrazada de él, aplastándolo con su cuerpo y chupándose uno de sus dedos. Babeándolo de forma tal, que imposibilitaba su visibilidad. Como fuera, se sentía más ligero de lo habitual y no comprendía por qué. Respiró y se dio la vuelta en la cama, para continuar durmiendo. Mientras lo hacía, había comenzado a sentir que algo estaba frío en su cama. Bastante normal, no la compartía con nadie. Pero aparte de fría, parecía húmeda. Ya estaba grande para esos accidentes, así que abrió los ojos. Enrojecidos por el cansancio. Quizá había una gotera en el techo. Conociendo al castillo. O tal ves ese bendito Peeves estaba jugándole una broma. Bien, palpó la cama y no comprendía el origen de la humedad. Nada caía en su mano, así que no parecía ser una gotera. O tal vez había cesado la lluvia. No, estaba bajo techo y eso era impo... Nada en Hogwarts era imposible. Miró a su alrededor, buscando su varita. ¿Dónde estaba? Intentó apartar sus sábanas de encima, pero se dio cuenta de que tampoco podía sostenerlas y que estas parecían enormes. Alzó una de sus manos para fijarse si había dormido sobre ellas y estaban dormidas, y le pareció que no podía verse los dedos. ¿Por qué? Demonios ¡no había luz! Se movió hacia un pequeño punto iluminado por la luna y se miró la mano. ¿Por qué todos sus dedos eran blandos y estaban unidos en uno solo, como una enorme paleta de tela? ¿Qué estaba pasando que se sentía liviano y aprisionado por algo enorme que parecía respirar y echar aire sobre su cabeza? ¡OH POR MERLÍN!