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Un bebé detiene la guerra — capítulo 1

Dumbledore sonreía ante la noticia que corría entre las manos de los distintos miembros de la orden del fénix. Tenía que ser lo más extraño que muchos habrían leído. Pero él sin embargo, había leído cosas mucho peores. Proviniendo de Tom, muchas cosas podían ser peores a eso. Inspiró suavemente, mientras Sirius intentaba entender el mensaje. No resultaba para nada alentador y por como los conocía, ninguno se sacrificaría a algo como eso. Unificar a mortífagos con aurores. Eso tenía que ser un chiste pésimo de los juegos de Lord Voldemort. Pero bien; algo tenían que hacer. No podían desaprovechar semejante oportunidad de oro. Sonreía de pensar en quién podía ofrecerse. Mientras pensaba, un hombre pasó a su lado y él suspiró pesadamente. Lo conocía, prácticamente lo había criado. Como a muchos otros. Incluso a Tom; quién había tenido la misma suerte que él. Que su pupilo. Que ya era todo un hombre y por supuesto, al servicio de la causa. Fuera la que fuera. — Severus...tú puedes hacerlo. Estoy seguro de que no te importará tener un hijo; solo para detener esta locura. Aunque no voy a obligarte, si decides no hacerlo. No ayudar. Sabes que Sirius no lo hará y Nymphadora...pues no lo sé. Creo fervientemente; que ella ama a Remus Lupin y dudo que aspire a... Severus Snape había alzado una mano suavemente. Sonrió de la misma forma y Albus esperó. Ansiaba que le permitiera cumplir con una tarea tan prosaica en cierto sentido. Era más fácil acostarse y embarazar a alguien, que usar la magia para detener una guerra inútil. Incluso si luego, Tom se arrepentía de lo que había prometido. Severus abrió los ojos, cuando los había cerrado para meditar y asintió ligeramente. Dumbledore sabía lo que eso significaba. Sabía que había asentido a su petición más extravagante de todos los tiempos. — Muy bien. Lo haré. Si eso quieres. Aunque te aviso en este momento, que no será nada sencillo. Que conllevará más que una simple pregunta. Un simple ofrecimiento. Dumbledore asintió ligeramente. — Ya lo sé, Severus. Créeme que lo sé. Sin embargo, Tom no cuenta con que tú eres mi aliado y te ofrecerás. Preguntaré de una vez, sabes que debo. ¿Con cuál de las mujeres en el cuartel, quieres hacer este "trabajo"? Severus ladeó la cabeza y meditó. Despegó los labios y Dumbledore se sorprendió ligeramente. Bueno... No se lo esperaba a ciencia cierta. Y mientras estaba en la cama de una de las habitaciones del cuartel, esperando algún mensaje, Hermione miraba el tejado y suspiraba. ¿Cómo podrían solventar semejante dilema? ¿Quién se ofrecería? ¿Podía ella sacrificarse? ¿Podía Nymphadora? ¿Remus o incluso Harry? No cabía en su mente, que alguien pudiera ofrcerse. — Hermione...afuera hay una carta para ti. Creo que es del profesor Snape. Bajó la vista, cuando se hubiera distraído en una vieja mancha en el tejado. Parecía ser una vieja gotera. Tan vieja como el tejado. Asintió y se puso en pie. Nymphadora le abrió paso y ella sonrió, mientras bajaba por las escaleras. Quizá era algún mensaje de Ron o de algún amigo. Severus Snape no le escribiría para otra cosa. Caminó hasta el recibidor y miró la carta. La desplegó ante sus ojos y con un suspiro, leyó rápidamente. Fuera lo que fuera, sorprendió a Nymphadora. La miró mientras dejaba caer la carta y se llevaba una mano a la boca, sorprendida. Caminó hasta ella y leyó entre líneas.