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Un bebé detiene la guerra — capítulo 13
Severus estaba echado en el sofá, del salón de su madre. Eileen estaba sentada a un lado. Miraba con atención, mientras su hijo divagaba sobre lo que acaba de pasar. — Entonces ocurrió algo que imagino, aún no comprendes. Tuviste relaciones sexuales con una mujer que conociste desde niña. Que viste crecer y educaste. Por supuesto no se siente como esperabas, se siente un remordimiento de consciencia. Aún así le descubres cosas. Creías saberlo todo. Snape se acomodó en el sofá y miró a su madre. — Créeme, lo sé. Cosas de madres que ya sabemos. Se quedó quieto, mientras su madre se levantaba de su asiento y con una sonrisa, colocaba en las manos de su hijo, un poco de té caliente y galletas. — Toma, necesitas relajarte. Sobretodo, dejar de usar tu cabeza— dijo, mientras la golpeaba con su puño, suavemente. Como si fuese una puerta— para pensar estupideces. Ante aquella queja, Severus perdió color y su pálido rostro, terminó del color de la leche. — ¡No son estupideces! Pensarías lo mismo de una mujer que prácticamente conociste como una niña y a la que has visto en tú cama, como una mujer. Eileen soltó un suspiro largo y pausado. — Evidentemente, Severus, tiene que e iba a crecer. No iba a ser una niña, dentro de tu cama. Severus dio un sorbo al té y miró a Eileen que continuaba detenida frente a él. Suspiró y replanteó su pregunta siguiente. — ¿Cómo debo decirle esto, madre?— era la primera vez que le había oído llamarla así, durante mucho tiempo. Sí, su hijo estaba desesperado. Y en demasía. — ¿Decirle qué, Severus? Miró atentamente, mientras le enseñaba un objeto. Algo pequeño, que cabía en su puño. Sonrió y colocó una mano sobre el hombro de su hijo. Severus se sentía abochornado, mientras su madre sostenía aquella pieza y lo admiraba como si se tratase de algo jamás visto. — Te ayudaré, lo prometo. Hermione estaba sentada en el salón, cuando la encontró. Mirarse a los ojos, resultaba un tema incómodo. Así que, Severus Snape, pasaba directamente a la conversación. — Me parece que esta vez sí fui paciente, para almorzar juntos. Hice algo diferente y la verdad, si me lo preguntara, creo que fue una experiencia maravillosa. Me encanta cocinar en esa cocina y he percibido, que le ha agregado cosas nuevas. Sobretodo cuando por "accidente", ella murmuró que le encantaría hacer un pastel de limón. Allí estaban todos los ingredientes al día siguiente. Cuando, por ejemplo, no podía alcanzar el salero. La repisa ahora era mucho más baja. — Aunque si sigue consintiéndome así, creo que me voy a malcriar. Severus sonrió suavemente, ante la quieta conversación que Hermione era capaz de sostener, luego del sexo. Se llevó la palma de la mano a la frente y cerró los ojos, como si evocara algo. Hermione esperó pacientemente. — Mi madre. Quiere pasar tiempo de "caridad", cont....contigo— soltó de pronto. Las formalidades se debían, luego de haberse conocido más que de una forma "estudiante- alumno". Aún así; seguía sonando extraño. Y sin embargo, Hermione no se inmutó— ¿Querrías ir a dormir con ella? ¿A casa? Hermione parpadeó por unos instantes y Snape hizo un movimiento con los hombros. — Me parece bien. Si así consigo que deje de ir a verla, cada vez que tiene un dilema que no puede resolver. Severus.— agregó al final y Snape torció el gesto, con una sonrisa. — Bueno. Ella no me quiere allí, esta noche. Así que tendrá mucho tiempo sin oír mis diatribas mentales. Estaré aquí esta noche. Ella no dijo nada y el silencio precedió a otra cosa. El almuerzo. — Al menos, antes de irme, podríamos tener un último almuerzo. Me gustaría ver, que esto que he preparado, no decida comérselo. No tenía hambre en ese momento, con todo lo que tenía que pensar. Y aún así, haría el intento por hacerlo. El almuerzo tenía un buen aspecto. Pese al poco apetito que tenía. Hermione tenía grandes aptitudes para la cocina. — Esta vez lo hice yo misma, aunque las primeras veces, usted no quiso creerme. La comida más silenciosa que había experimentado. No tenían prácticamente nada; de qué hablar. Y mientras hacía grandes esfuerzos por comer, Hermione había ladeado la cabeza hacia él y despegado los labios como si pensaba hablarle. Snape esperó. — ¿Cree que estará bien? Es decir...solo. Sin mí. Severus asintió y Hermione sonrió. — Quizá lo considere tonto, infantil. Pero por las noches, me gusta saber que duerme. Quiero decir, que no entrará en "pánico" si yo estoy aquí. No sé si eso sucederá esta noche. Perfecto. Ambas mujeres dedicadas a cuidar de él. Negó con la cabeza y admiró el almuerzo sobre la mesa. — Incluso; le prometo que comeré debidamente. Hermione asintió y entonces, la comida terminó. La miró con una valija en la puerta y supuso que tenía que acostumbrarse a la sensación de que no iba a ser la primera vez; que la vería de esa forma. Cuando descubriera quién era. Cuando supiera de sus intenciones. Seguro estaría lista para partir. — Entonces, aquí lo dejo. Hasta mañana, supongo. Cene muy bien y no desespere. Severus arqueó una ceja, a lo que Hermione respondió soltando la valija cuidadosamente y caminando hacia él. Se detuvo a escasos centímetros y en silencio, lo rodeó con sus brazos. Snape permaneció quieto, como si lo hubiese mirado un basilisco. Directamente a los ojos. Hermione descansaba su cabeza sobre uno de sus hombros y mantenía los ojos cerrados. — Cuídese, ¿sí? Al poco tiempo, había cerrado sus brazos alrededor de su cintura y asentía suavemente. Se separó de ella, a los pocos segundos. Desconocía el plan de su madre. Pero ya comenzaba a sentir que haberle dicho la verdad, había sido una mala idea. Estando allí, Hermione sentía que haberlo dejado solo, también era una mala idea. Su madre la recibió con una gran cena y ella, había dejado algo modesto, cubierto por un envase de plástico y una pequeña nota. Pero por supuesto, él no la leería ese día. Ya estaba dormido. Prefería dormir sin soñar, que imaginarse en aquella cama sin ella. Aún sabiendo que ella estaba con su madre. Pesadillas que se volvían realidad. — ¿Estás preocupada por algo en particular, Hermione?— dijo Eileen, al mirar su rostro. — Sí. No puedo mentir. Su hijo tiene la facilidad de preocupar a las personas. — Muchas veces me enloquecía. Pero no sólo precisamente porque siempre se metiese en problemas. Sino porque pensaba que no saldría de ese hoyo negro en el que estaba sumido. Hoy, lo noté distinto. Muy cambiado. Creo que eso te lo debo a ti. — ¿Era distinto? Eileen se acomodó en su cama, mientras Hermione dormía en una que estaba contigua a aquella. La miró con una sonrisa. — Mi hijo siempre fue un hombre apasionado. Siempre ponía lo mejor de sí, en todo lo hacía. Pero desde que se dejó influenciar por las artes oscuras, quedó completamente absorbido. No supe nada de él, sino hasta hace poco. Cuando Albus decidió que reanudar las relaciones entre nosotros, era la mejor forma de sanar su desvencijada alma. Por supuesto que siempre estuve allí, aunque jamás respondía mis cartas. En cuanto lo vi por primera vez, no pude creer lo mucho que había cambiado. Y cuando me confesó que la mujer que había amado, había muerto, creo que eso terminó de romper su alma. No sé si lo has certificado, pero él es capaz de llorar. Aunque no lo parezca. Y eso hizo aquel día. Estaba muy arrepentido. Hermione asintió. ¿Qué iba a decir? Si lo había visto, pero hasta ese día, no comprendía por qué. — Lloraba, ese día. Se echaba la culpa de arruinar la vida de otros. Así como piensa que hará contigo. Básicamente, es muy falto de confianza, pero muy valiente. Decidido. Lo siento, está en mi papel de madre, hablar de las cosas buenas de mi hijo. — Me encantaría que dejara de venir a consultar sus dudas. Podría hacerlo conmigo, para empezar. El ambiente en su hogar, sigue siendo un poco pesado. — Querida. ¿Tú lo amas? ¿Amas a Severus? Lo que quería decir... — Me parece un gran hombre. Hasta lo que he conocido y vengo conociendo. Nunca dudé de su fidelidad a Albus Dumbledore. Y todavía no dudo de ello. Pero hay algo que no comprendo. Eileen la animó a preguntar. — ¿Por qué la comunicación entre ustedes, si es tan sólida, estaba quebrantada? — Quien tú Sabes, es un ente muy poderoso. Había engañado a Severus, muchas veces. Le prometió fama, le prometió una vida mejor. Lo desligó de los seres que lo amaban. Siempre comentaba que no me necesitaba. Que podía estar bien, a sus anchas. Escapó una noche y jamás escribió. Jamás dejó un por qué en papel. Estaba enceguecido por el odio que sentía. La vida jamás lo trató muy bien. Hermione tragó con fuerza. — Él...él alguna vez...¿asesinó a alguien? Eileen ladeó la cabeza hacia un lado, un par de veces. No estaba segura; pero asumía que sí. Casi siempre mataban a alguien. — Supongo que sí. Aunque eso tendrás que preguntárselo a él. Eventualmente.