← Un bebé detiene la guerra · de
Un bebé detiene la guerra — capítulo 3
Hermione se detuvo junto al sofá en el salón, mientras Severus aparecía en aquella enorme habitación. No tardó en ser puntual.Y allí estaba, mirándola de forma insondable. Tenía una apariencia que no le gustaba. Parecía que había llorado. Pues supuso que ese era el efecto que iba a tener sobre ella, esa noticia.
Pero la respuesta lo había desconcertado.
— Antes de que comience— dijo ella con trémulo y Snape no contestó— quiero decir; que hago esto por Dumbledore. Por la orden.
Severus soltó un hondo suspiro. Claro. ¿Qué otra cosa podía tener en mente? Ayudar. Ese era su trabajo desde que prácticamente había asesinado a Lily Evans Potter.
— Y antes de que lo pregunte, le diré por qué la he escogido.
Hermione sentía el corazón en su garganta. El pulso bajo.
— La escogí a usted porque...— respiró y exhaló— Porque de tener un "hijo", quisiera que usted fuese la madre del niño.
Hermione no contestó. ¿Cabía la posibilidad de existir amor en su mensaje? Trató de pensar claramente, pero la ligera idea de tener un hijo, algo que conllevara una responsabilidad, eso la desesperaba. Quería sentir que todo iba a terminar bien, pero se mentía a sí misma.
¿Snape estaba enamorada de ella?
Leyó su mente, a través de su mirada. Tuvo que terminar siendo sincero. Porque mentir, podía arruinar la única solución a la guerra.
— Confío en usted, señorita Granger. Creo que usted, es la más indicada para hacer algo así. Creo que usted es la única capaz de... con la única que me...
Eso era prácticamente una declaración de... ¿amor?
— Señor, no sé qué decirle al respecto. Nunca me imaginé en esta situación. Pero debo decir y afirmar, que con usted podría conseguirlo. Lucius y Draco, habrían sido mi fin.
Asintió ante aquello. Lucius habría sido su muerte. Sonrió suavemente. Ese hombre jamás podría tratar a una mujer, como debía. Se dijo que Hermione Granger, era la más sensata. La más idónea para tener un hijo con él.
¿O trataba de ocultar algo?
¿Amor?
Hermione se quedó expectante, mirándolo con una inspiración. ¿Y cómo iba a terminar la historia? ¿Solo hacer el amor, iba a acabar con todo? Pensó y una idea atacó su cabeza. Tenía sentido. Si quería tener un hijo él...
— Supongo que tengo que intentar conquistarla. Enamorarla.
Era la parte graciosa del asunto.
Ella asintió y Severus, dio un paso al frente. Estiró su mano, suavemente. Ella lo contempló sin decir nada, casi podía decir que sorprendida. Pero ya la noticia se había llevado sus sorpresas.
— ¿Puedo pedirle que me acompañe?
Hermione asintió y estiró su mano para tomar la del profesor. Snape antes de continuar su camino, se dio la vuelta y ella lo contempló. Se detuvo para mirarlo. Meditaba mientras sostenía su mano y sonrió como si hubiese escuchado un gracioso chiste.
— ¿Me permitirá conquistarla, señorita Granger? ¿No se opondrá? Aún puede decidir y si ha dicho que sí...
Ella no se retractó. No dijo que no y Snape tomó eso como un aval. ¿Sería lo suficientemente atractivo? ¿Cómo podía constatar que ella sentía atracción sexual por él? Solo si la conquistaba. Pese a que eso tomara mucho para la orden.
Caminaron hasta detenerse en la puerta del cuartel. Severus suspiró, dormir en una habitación separada era mucho más fácil. Pero eso no habría servido.
— La llevaré hasta mi hogar, ahora. Cierre sus ojos y piense en este lugar.
Hermione asintió, escuchando el lugar de sus finos labios. Cerró los ojos y lo pronunció tres veces seguidas. Sintió la experiencia del estiramiento corporal y luego, que sus pies tocaban algo sólido. Suspiró. Siempre se mareaba en aquellos momentos donde tenía que aparecerse.
— ¿Se siente bien?
Asintió una vez más. No podía hablar. Las náuseas se lo impedían. Severus esperó y luego de verificar todos los hechizos protectores y que ella estuviera bien, caminaron hasta la pequeña y desaliñada casa en la que él vivía.
Ella nunca había estado allí y jamás había pensado en ver algo así.
— No te fijes en la decoración— dijo, sin poder evitar ver el gesto de desdén que ella había hecho. Y ella sin poder evitar sentir algo así, por el ambiente en aquella casa.
— Disculpe...yo no quise.
Severus negó con la cabeza, soltando su abrigo y tomando el abrigo de Hermione. Resultaba ligeramente desconcertante, que él actuara de esa forma.
— Si tiene hambre, hay aún... cena en la alacena.
Hermione quiso preguntar, pero la cocina pequeña le dio la respuesta. La alacena se alzaba frente a ella. Aún estaba tibia.
— Sírvase lo que quiera. Iré a revisar, la cama.
"La cama". De ahora en más, tenía que acostumbrarse. Se quedó en el piso inferior, cenando algo que tenía sabor a papas y carne. Admiró sus alrededores y escuchó un sonido fuerte. Dejó de comer y subió las escaleras. Severus aireaba las sábanas. La habitación con decoraciones fiorentinas. Mármol y otras tantas cosas, que el piso inferior no tenía.
Iba a dormir allí. Junto a él.
— Creo que es muy apresurado. Así que preparé otra cama. Otra habitación. Puede dormir allí si quiere.
Eso... estaba mejor. No podían dormir juntos la primera noche.
— Iré ahora. Estoy algo cansada, mareada. ¿Podría indicarme d´nde está?
Severus eso hizo.