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Amanecer Por Edward Cullen — capítulo 16
Me levanté ágilmente de la cama produciendo una oleada de plumas alrededor de Bella, definitivamente mi humor que hasta ahora era inconsolable estaba transformando en un túnel de esperanza. En un segundo me enfundé unos pantalones cortos de color caqui.
Puede que el haber hecho daño a Bella no fuera lo peor del mundo comparado con que ella sigue respirando y hasta hace escasos minutos estaba muy feliz.
Me contó pacientemente que de haber podido leer su mente más de una vez, yo podría saber como se sentía ella y no montar tanto numerito dijo textualmente.
Fui entendiendo y mi mal humor se disipaba, puede que no todo estuviera tan mal hecho,-A pesar de todo Bella, no volveré a hacer el amor contigo, no hasta que seas transformada.
Intenté sonar lo más casual posible diciendo esto ultimo, pero lo cierto es que de haber podido me hubiera ruborizado, esta vez no era un trato, era una decisión firme e inamovible.
Se quedó contemplando mi rostro, pero en verdad estudiaba mi cara para saber si iba en serio así pues tuve que asegurarle que estaba totalmente convencido.
-¿y que puede hacer tu marido para arreglar la mal entrada mañana? Me respondió su estomago y dejé ir una carcajada -hora de desayunar, son más de las doce, no te alimento lo suficiente…
Me dirigí a la cocina mientras Bella me miraba con cara de póquer, por suerte ella al igual que mi familia ya estaba acostumbrada a mis cambios de humor, no tuve que explicarle que mi cabeza a veces liberaba más endorfinas de lo habitual al igual que un torrente de serotonina inexplicable.
La equipada cocina de acero inoxidable era muy agradable, preparé algo rápido pero cuando estaba por batir un huevo escuché un jadeo proveniente de nuestra habitación, me llevó medio segundo llegar al lado de Bella. Se miraba horrorizada el pelo… bueno el nido de pelo mejor dicho, la metí en el baño y empecé a extraer plumas enredadas en las marañas de pelo.
Me hizo gracia que fuera eso lo que le preocupara y no su cuerpo mal herido amoratado, pensé fugazmente en hacer un chiste malo pero me lo reprimí.
Ella enfundo ambos brazos alrededor de mi torso mirándome de manera poco convencional en ella, tensé mi mandíbula y medité la idea de que no me había expresado en ingles con ella cuando le dije que no volveríamos ha hacer el amor de momento.
Escapé de su abrazo velozmente y besé sus labios sin detenerme a contemplar su todavía cuerpo desnudo, hice una mueca de camino a la cocina, y planeé muy fríamente la idea que pensaba llevar a cabo para agotar a Bella y sus atractivas insinuaciones que después de todo yo deseaba.
Se sentó en un taburete negro tapizado y comió lo suficiente para dos, obviamente debía cuidar más sus dietas y dejar de obviar sus necesidades como humana.
Me apoyé innecesariamente sobre la encimera y mudo de palabras sonriendo de esa manera tan especial para ella, la observé terminarse todo el plato.
Mientras Bella se duchaba a través de una delgada pared que podría hacer añicos llamé al servicio de limpieza para que vinieran a arreglar el desastre de ayer.
Estudié detenidamente el exterior de la casa contemplando cada colina y alto montículo.
Esta semana llevaría a Bella de excursión a ver los exóticos pájaros, la próxima semana iríamos a explorar los arrecifes de corales, y la siguiente si teníamos suerte y no se lesionaba contaba con un montón de DVD que le propondría ver casi a diario.
Me sentí mal, y un pinchazo en mi nuca me recordó que no debería ser así. Pero estaba totalmente dispuesto ha hacer cualquier cosa y lo admito a distraer a Bella para que olvidara el asunto del sexo.
Salió de la ducha con una delgada toalla blanca enfundada en su cuerpo, me habría maravillado pero sus moratones me hacían daño verlos. Se vistió con un extraño e inusual en ella biquini blanco y la arrastré afuera de la casa con palabras como delfines, morsas, coral papagayos…
Como si fuera un comerciante ambulante que intenta lloverse el gato al agua.