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El héroe de la historia — capítulo 1
Tú sabías que se encontraba entre la espada y la pared, pero no podías avisarle, ya que él no sabía siquiera que existías. Suspirabas al verlo caminar, hablar, regañar… aunque él no consiguiera escuchar tus palabras, esas palabras que le dedicabas cada vez que aparecía, cada vez que le quitaba puntos a alguna casa, tus palabras de "amor" como dirían algunos. Y tú sabías que él no era malo, que estaba metido hasta el cuello en algo que nunca había planeado, en algo que le debía a esa pelirroja de la que antaño estaba enamorado y creías que aún lo estaba.
Y allí se encontraba él, como si no supiera que una batalla en Hogwarts era inminente, hablando huraño como siempre con la profesora Sprout. Unos escasos minutos atrás había entrado por las puertas cristalinas del invernadero tres, haciendo ondear su capa con el viento que producía su caminata y, que a ti, te hacía suspirar como una boba.Esos labios finos y quebrados preguntaban a la profesora si tenía listos los ingredientes que le había pedido el día anterior. La profesora había contestado que sí, se apartó un momento del profesor y recogió algunas plantas que tenía en una caja bien cuidada. Se la entregó al ojinegro y le preguntó para qué las utilizaría, ya que esas plantas no eran muy convencionales, pero la respuesta que recibió fue fría y seca como él. "No es de su incumbencia" había dicho con ese semblante serio que le caracterizaba y dejó sola a la profesora Sprout con cara de pocos amigos. No le había agradado esa contestación.
Con la caja entre sus brazos la llevó como a escondidas hasta su despacho, debía crear la poción antes de esa noche porque Dumbledore le había dejado bien claro, antes de su muerte que el día fatídico en el que Hogwarts caería Lupin debería estar al cien por ciento. No le agradaba la idea de que estuvieraun hombre lobo merodeadora por el castillo y mordiera al que se encontrara por ahí, uno de ellos podría ser él y debía sobrevivir hasta el momento clave, debía llevar al chico ante Voldemort. Ese era su cometido final.
Con la sabiduría que lo caracterizaba, la poción estuvo perfectamente realizada en pocas horas.La embotelló debidamente con la dedicación que siempre volcaba hacia su trabajo y se encaminó hacia la lechucería desde donde enviaría una lechuza con la poción hasta Lupin que seguramente estaría descansando por el agotamiento que le produciría esa noche de luna llena. Él sabía que al tomar la poción Matalobos, recobraría parte de la fuerza que estaba perdiendo y sería perfectamente capaz de estar en la batalla sin problemas. Lo observabas caminar por el sinuoso camino hasta su meta y cada vez tenías el ceño más fruncido, el momento se estaba acercando y tú sabes que él morirá.
El tiempo pasaba mientras él volvía al castillo y en el despacho del director miraba hacia el bosque prohibido. Quedaban pocas horas, ya se veía llegar la influencia de Voldemort y sus secuaces. La marca le ardía, el tiempo empeoraba…estaba cerca.
La batalla estalló y él se encontró que el señor Tenebroso lo había reclamado, sus planes se estaba yendo al traste, no podía ir por el chico, él tenía otros planes para el profesor de pociones. Y al final, como tú bien sabías acababa matándolo.
Cerraste el libro con fuerza indignada, tomaste tu ordenador portátil y comenzaste a escribir una situación diferente. Para ti, Severus Snape no debía morir y como escritora que te considerabas le ibas a proporcionar el final que se merecía. Para ti, él es un héroe.