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Ansias de libertad — capítulo 1
Tú harta de tanta duda, yo de preguntarle al viento, tú ¿que dónde conocí a la luna? ¿yo? ¿que en qué coños ocupo el tiempo? -En salir, beber, el rollo de siempre, meterme mil rayas, hablar con la gente, llegar a la cama y... ¡joder, que guarrada! sin ti.
Esa sensación tan inmensa te envuelve cuando llega el fin de semana y cada uno que llega vuelves a notarla y no quieres dejarla escapar. Ese efecto que te envuelve cuando el viernes sales de trabajar y te sientes libre como una papel dominado por el viento; libre como las hojas que caen de los árboles el otoño; libre para salir y despejarte, y dejar de lado tus complicaciones diarias. Y ver de nuevo ese rostro que tanto te camela, esos ojos que te llevan a un mundo nuevo, un mundo antes desconocido para ti pero que a la vez sientes tan cercano.
Voy que ni toco el suelo y espantao hasta las nubes, no sé si son tus besos o este tripi que me sube.
Por fin es la hora, llegas temprano al rio, el lugar de reunión de todos los viernes de ese verano, pero enseguida comienza a llegar gente. Te sientes como en una nube, ya estás en tu salsa, ya comienzas a hablar con uno y otro, a regalar besos y abrazos, a sentirte querido por todos. Te pasan ese cigarro lleno de psicodelia que al darle unas cuantas caladas te ayudará a dejar el mundo terrenal que tanto odias y envolverte en un mundo de fantasía. Necesitas ser libre. Y llega tu ser querido que comienza a envolverte de besos, esos besos que tanto has ansiado toda la semana aunque tu vicio no te deja lucidez suficiente para recompensarlo lo suficiente.
Ya no me acuerdo de na, que todo era de colores. ¿Dónde estarán los besos? - se los han quedado las flores.
Salir, beber, el rollo de siempre, meterme mil rayas, hablar con la gente, llegar a la cama y joder que guarrada sin ti, y al día siguiente...
¡Qué libre te sientes! Quieres hablar con todo el mundo, hacer amistades, reírte hasta más no poder y quedarte sin aire y beber hasta perder el conocimiento. El calor sofocante de ese viernes de verano se pega a tu piel como una sanguijuela y un deseo irracional de saltar hacia el rio se apodera de ti. Pero ¿quién te lo va a impedir? ¡Es una locura! Y eso es lo que tú quieres hacer esos fines de semana ¡locuras! Así que avisas a un amigo que está igual de loco que tú y os tiráis al rio mientras escucháis las carcajadas de todas las personas de la reunión. Sales a flote, libre, y comienzas a nadar como un pez para sentirte independiente y ese frescos que refresca todo tu ser. Para tu sorpresa, comienzas a notar como el agua se agita demasiado y empiezan a salir cabezas alrededor tuyo. Muchos amigos más se han apuntado a tirarse. La noche fue muy loca. Te gustaría que todos los días del año fueran así, que no tuvieras que trabajar, que no tuvieras responsabilidades, que todos los días fueran como cuando eras más pequeño, en el que tenías tres meses de verano para ti, para hacer lo que quisieras.
Y al llegar a casa me saludan: -¡oye!, ¿dónde vas cabrón?, ¿dónde te has metido? -te aseguro que no he estao de más, que no he perdido el tiempo, que lo he gastado en:
Salir, beber, el rollo de siempre, meterme mil rayas, hablar con la gente, llegar a la cama y joder que guarrada sin tí, y al día siguiente...
Pero el fin de semana termina, llega ese temido domingo por la noche y miras por la ventana de tu habitación pensando en la semana que te espera, esa en la que tienes que conducir hasta llegar a tu trabajo y quedar atrapado en un atasco monumental; esa en la que tienes que aguantar a tus jefes dándote órdenes; esa en la que acabas tan cabreado con tu miserable vida que quieres que llegue el fin de semana para dejar esta vida terrenal y absurda; esa en la que no puedes sentir los besos de tu amado recorriendo tu cuerpo como si estuviera prohibido…
Para algunos vivir es galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos. Yo más humilde soy y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente
La semana ya ha pasado y quedan solo unos segundos para que den las tres de la tarde y puedas salir de aquel edificio de opresión y esclavitud que te tiene absorto toda la semana. Solo unos segundos para volver a sentir la libertad en todo tu ser y ser tú mismo.
Salir, beber, el rollo de siempre, meterme mil rayas, hablar con la gente, llegar a la cama y joder que guarrada sin ti, y al día siguiente... Ya no me acuerdo de naaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa