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La Tercera Generacion de Hogwarts II — capítulo 16

Rompecorazones en paro.

Como cualquier día; el Sol salió, asomando sus tímidos rayos entre las nubes de Londres. El Támesis los reflejaba entre sus aguas grises, y es que no era precisamente un rio de agua cristalina. Los autobuses rojizos de dos plantas paseaban por la ciudad; con turistas que no paraban de fotografiar monumentos de los que algunos ni siquiera sabían que eran. Las personas salían a trabajar; trajeados, o simplemente con un uniforme de cajera.

Lejos de aquel bullicio de gente que formaba las mañanas de la ciudad; Hyde Park enseñaba los paseos matutinos de las personas; y corriendo por Rotten Row dos niñas se dirigían hasta varias calles más atrás del gran parque:

-¡Lily¡¡ Para, no puedo correr tanto¡- se quejaba la niña de cabello rizado y platino que había dejado atrás.-¡No sabes si han llegado tus padres¡

Pero la niña pelirroja de ojos marrones seguía corriendo; y paró en seco antes de cruzar Kensington Road, la calle que separaba Hyde Park de las demás casas gemelas de Londres. Cuando la joven rubia llego a su lado, miro aterrorizada al ver cuántos coches pasaban por aquel lugar. Lily se mordió el labio, quizás su amiga Patrice no llegaba a entender que su padre era el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, y tomaba a su hija por la más buena del mundo. La joven Potter había hecho prometer a su elfo domestico que no haría nada de su escapada a la casa de Patrice la noche anterior al otro lado del Hyde Park; pero seguramente Harry se daría cuenta. Y en esos instantes debería estar preparando el desayuno. Kreacher nunca preparaba el desayuno solo acondicionaba la casa, por un respeto que Lily nunca llego a entender del todo, el elfo; no dejo de ser un elfo domestico como los demás cuando Hermione, como Jefa del Departamento de la Ley Mágica, defendió los derechos de los elfos.

-¡Crucemos¡-las niñas se dieron la mano, y aprovechando el semáforo en rojo, a doscientos metros de ellas; sortearon los coches mientras estos pitaban con impaciencia.

Lily reconocía que no debía haberse dejado llevar por Patrice, que era una chica con demasiado carácter. Pero le había tentado con decirle a todo el mundo que le estaba empezando a gustar Christian Redgrave, y por orgullo Lily acepto la escapada.

Corrieron por la acera, y giraron a la derecha en Exhibition Road, para luego colarse en la calle Princes Garden. Al llegar al número catorce, las chicas se arremolinaron en la puerta, y esperaron a que un sorprendido Harry les abriese la puerta.

-Hola, papi- saludo Lily, entrando como si nada; un sábado a las ocho de la mañana.

Su amiga entro tras ella, mientras sonreía sin preocupación.

Ginny, salió algo distraída de la cocina; y observo como su hija subía con tranquilidad fingida las escaleras. La mujer miro a su esposo, quien se había quedado paralizado. Las niñas cerraron la puerta del cuarto de la joven Potter; y Kreacher aprovecho para salir.

-Ya ha venido la señorita Lily de su paseo nocturno- anuncio el elfo, volviendo a la cocina.

Ginny advirtió con la mirada a Harry, y este subió serio y con serenidad hasta el cuarto de su hija. Abrió la puerta, y se encontró a su hija mordiéndose el labio; y a Patrice mirándole con indiferencia:

-Patrice, la madre de Lily te llevara a tu casa….y Lily recibirás un castigo mágico- le advirtió con sarcasmo.

Patrice miro a Harry divertida:

-¿Cómo los de la Niñera Mágica?

-Exacto, como los de la Niñera Mágica.

Lily miro esperanzadoramente a la ventana, sin duda alguna estaba mágicamente muerta.

Espero diez minutos hasta que todo se hubiese calmado, y luego tenía pensado ir al despacho de su padre a darle explicaciones sobre su escapada. Observando el reloj paso el tiempo, y cruzo el pasillo hasta la puerta del despacho de su padre; la entreabrió y observo como un hombre alto y fornido entablaba una conversación con su padre:

-…Sin olvidarnos de que colaron a un basilisco en mitad de una prueba; siento volver a decirlo pero será anulada en cuanto McGonagall presente la propuesta ante el departamento entero. Es una locura, se lo aviso de adelanto, Potter. Preferiríamos que fuese en Francia, pero con lo pasado en estas últimas semanas creemos que no es el lugar correcto…Y… ¡Por favor, Potter, le aconsejo que le diga a la directora que se olvide¡- el hombre parecía algo desconcertado, y Lily observo como Harry perdía por un momento el control de la conversación.

-No, Minerva la presentara; y se desarrollara el año que viene. Esta dicho; con la Seguridad ya me encargo yo, si no fuese porque el Ministro Frances…- Harry se quedo mirando fijamente a la puerta, y Lily no pudo evitar sonrojarse, el hombre se paso la mano por el pelo despeinándoselo aun mas- Pasa Lily, Broptom; ella es mi hija menor Lily.- El hombre algo más viejo que su padre, la estudio con la mirada.- El es John Broptom, del Departamento de Cooperación Mágica Internacional…Lily; ¿querrías venir luego?

La pequeña volvió a su cuarto, y recordó que Hugo le había dicho que había sido un basilisco lo que había acabado con el hijo del Ministro, y lo que había entrado en Hogwarts….¿Que pasaba con el basilisco?¿Que es lo que pretendía aquella anciana amable que venía algunas Navidades a la Madriguera?

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Harry se instalo en la cabina telefónica; y sintió aquella sensación extraña que sentía cuando esta convertida en ascensor; bajaba hasta el Ministerio Mágico. Observaba como la gente entraba y salía de los ascensores; y recordó como hacia veinte años el se había hecho pasar por un hombre del Ministerio; colándose en el. Y ahora añoraba aquel tiempo, en el que no tenía que levantarse temprano para pasarse horas y horas en un despacho.

El ascensor estaciono en el Primer piso; donde un hombre algo deteriorado por la edad, una mujer delgada y también anciana; y un joven atractivo entraron. El hombre se aparto con desprecio del joven; y este sonrió al ver a Harry. Se acerco a él y le dedico una sonrisa.

Harry también se alegraba de verlo; pues le había tomado cariño a aquel joven auror. Le había seguido, ayudado y defendido desde que decidió presentarse como auror; nadie del Ministerio quería que alguien como ese joven; fuese un auror; y ponían como excusa la seguridad.

Pero Harry era el Jefe de Departamento de Seguridad desde hacia dieciséis años; y el había decidido que ante seguridad no pasaba nada. La alarma había saltado en el Ministerio hacia dos años con su opinión; pero el recién nombrado Ministro McKing, defendió la idea de que un licántropo no era un peligro en absoluto.

Desde entonces, Harry y Ron; quien también había ayudado concienciando a otros aurores; habían simpatizado con el muchacho.

-Moonlight- le llamo, haciendo uso del nombre que el mismo utilizaba; aunque su verdadero nombre fuese Alexander- Necesito hablar con usted en mi despacho.

El ascensor paro; y ambos salieron. Se dirigieron hasta el despacho que le habían otorgado a Harry. Al abrir la puerta, el semblante serio del hombre de ojos verdes cambio a alguien afable; y observo al joven de pelo moreno y ojos negros:

-¡Me alegro de verte¡- exclamo fundiéndose en un abrazo.

El sonrió:

-Yo también, Harry.- el aseguro; mientras Harry se sentaba en el sillón.

-Me tienes que hacer un favor, y es demasiado peligroso.- Moonlight esbozo un sonrisa- Dentro de un mes, o algo así; tendrás que ir a un sitio…algo lejos de aquí. No me preguntes donde porque no lo sé. Simplemente es un recuerdo; y quiero que investigues lo que te encuentres. Pero no te hagas el valiente porque no se a que te vas a enfrentar. ¿Prefieres ir con Ron?

El joven negó con la cabeza:

-Iré yo, tampoco será tanto.

Harry le miro algo serio y comento:

-Tendrás que elegir un lugar para desaparecer; cuando vengas.- le advirtió.

-Hogsmeade.- dijo seguro de si mismo.

El hombre se extraño:

-¿Hogsmeade?- pregunto confuso.

-Tengo una amiguita allí…- le aseguro, mientras Harry ponía los ojos en blanco.

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El agua del Lago Negro, reflejaba los rayos de Sol; mientras que el castillo quedaba en él como un eterno retrato. La nieve desaparecía poco a poco; pero no era de extrañar que volviese a nevar a finales de febrero. Aunque parecía un día algo cálido; el aire era helador. Los alumnos se levantaban temiendo que aquella tarde nevase; y poco a poco bajaban a desayunar.

Aquel día era viernes, y como todos los viernes; sobre unas largas mesas que habían alojado a las puertas del Gran Comedor; reposaban los periódicos de: "El Diario del Castillo". Al entrar al desayuno, muchos alumnos se habían llevado un ejemplar.

A James no le interesaban; y no le atraía las noticias; aunque no le importaría saber cómo iban las ArpíasHolyhead. Se sentó al lado de Joe West, pues seguía sin hablarse con Fred o Susan; aunque estos se hubiesen reconciliado. El chico de pelo negro no se opuso a que se sentara a su lado; es más, comento alguno jugada que había hecho el Gryffindor en algún entrenamiento.

Pocos minutos más tarde, notaba como algunas chicas le miraban; pero no de la forma con la que la hacían antes. De forma diferente; y sentía como algunas risas de sus amigos a cuatro asientos a la derecha; iban por él. Joe también lo noto, por lo que pregunto a Matt Olsen que estaba enfrente que ocurría:

-James Potter, me temo que has sido víctima de "El Calderón del Cotilleo".- James frunció el entrecejo, y William Thacker, sentado a su izquierda le paso el periódico; justo abierto por un articulo con una foto mágica suya sonriendo encantadoramente. Sin apartar los ojos del periódico lo leyó:

"Rompecorazones en paro.

Uno de los chicos más deseados de Hogwarts, el fantástico buscador: James Sirius Potter; queda soltero tras una ruptura algo extraña con la dulce Gryffindor Bárbara Coleman.

Sin ninguna razón que sepamos; esta ruptura ha causado el distanciamiento de James con sus amigos, el golpeador y apuesto Fred Weasley, y la encantadora Susan Jordan; de los que apuntan a James como alguien que no muestra respeto alguno.

Aunque James no ha salido ni mostrado afecto de cariño (más del que suele utilizar, puesto que según fuentes; ha "tonteado" con alguna). Ya sabéis chicas de Hogwarts, este rompecorazones está en paro…Y necesita alguien para llenar su corazón; el que no sabemos si alguna vez será ocupado realmente por alguien.

Pero no os abalancéis todas a la caza de Potter, consejo de expertas.

Informando para "El diario del Castillo"

Jeanne Lake"

James no pudo más que hacer una bola el periódico y lanzarla sobre la mesa de Ravenclaw; donde estaba sentada la periodista del artículo.

-¿Puedo consolarte, Jimmy?- pregunto, mordiéndose el labio tontamente Joe. Esto caso la risa de los de alrededor. Que no veían la rabia de James.

El joven notaba como las chicas le miraban coquetamente; y el joven soltó un bufido. Al menos, medio Hogwarts desaparecería ese fin de semana; pues era la salida a Hogsmeade; y el no podía ir.

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Hola a todos.

No tengo tiempo de deciros nada; ni de poneros las preguntas.

Vosotros mismos.

Os quiere

Hanuky