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Historia 69328 — capítulo 1

Sus pies estaban delcazos y la frialdad del suelo bajo sus pies, resultó ser dolorosa. Heló sus huesos de inmediato y deseó que un poco de sol, diera con su rostro seco, duro. Tenía mucha hambre, su estómago rugía con rabia. Hacía un par de días, que no probaba un solo bocado de algún alimento. Se sentía famélica. En cualquier momento iba a desfallecer.

Se miró entonces, en un viejo espejo dentro de aquella habitación en la que pensaba, estaba recluida. En la distancia, de una vieja ventana al final de su "dormitorio", podía ver una enorme montaña. Pero sus sentidos estaban muy débiles como para constatar lo muy cerca o lejos que estaba de un lugar así.

Miró por sobre su hombro, mientras le daba la espalda al espejo, para mirar por la ventana. Había una desagradable marca sobre su cuello. Una mancha negra que parecía ser un código de barras, con muchos números.

Trató de restregarlo durante días y noches, pero jamás pudo quitárselo. Desde que había despertado, había descubierto que todo lo que conocía, ya no existía en esa "realidad". Estaba conservada como una muñequita, dentro de una habitación extraña.

Todos los días, había un par de prendas nuevas. Zapatos de tacón, un hermoso vestido. Pero; jamás salía ni sabía quién los traía hasta aquella enorme cama. Se detuvo junto a su dosel de madera y admiró el nuevo vestido de aquel día. Rojo escarlata y unos hermosos pendientes con diamantes.

Pero se olvidaban de alimentarla y resultaba incómodo. Se olvidaban de permitirle ver la luz del sol, de hablar con sus amigos.

Durante todos aquellos días, solo miraba el tejado y trataba de recordar aquellos momentos de su vida, donde la felicidad tocaba su corazón. Ya no lo hacía. Ya no lo sentía.

—Si quieres tenerla dentro, importancia no tiene. — Bellatrix Lestrange sonreía sin disimulo, mirando en dirección a la puerta que siempre permanecía cerrada y que aquel hombre resguardaba celosamente. — pero el señor ansía hablar con ella. Tiene que saber dónde está Potter.

Un hombre alto y con enormes colmillos, que parecían moverse al compás de su enojo, asintió con la cabeza. Fastidiado de oír la chillona voz de aquella mujer.

Sus enormes y fibrosas garras, se cerraron sobre el pomo de aquella puerta negra y esta se abrió. Muy lentamente.

Había una jovencita mirándose en un espejo, mientras sostenía aquel vestido rojo entre sus manos. El espejo desvencijado y sucio, mostraba una figura negra que se acercaba tras ella y con una sonrisa maquiavélica, colocaba una mano sobre uno de sus hombros. Sintió una de las punzantes garras sobre su piel y enseguida se dio la vuelta para mirar.

Era la aparición más espantosa que jamás había visto.

Era él. Estaba allí, junto a ese hombre.

Y Bellatrix Lestrange, estaba tras él. No podía olvidarlo. ¿Y cómo? Lo recordaba perfectamente.

La marca en su brazo: "Sangre sucia".

Chilló de miedo. De terror. De dolor.