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Harry y Bella Potter y La Orden del Fénix — capítulo 1
¿Tu... no... me quieres?
NO
NO
NO
NO
NO
Esa palabra resonaba dentro de mi cabeza haciéndola palpitar como si fuera un tambor hasta hacerla casi estallar.
Yo había dado todo por él, pero no era suficiente. Siempre supe que en realidad no me quería. Y ahora tenía la respuesta. ¿Por qué iba a quererme? Yo era solo una estúpida, torpe y fea humana que no merecía su amor. Una lágrima solitaria rodó por mi mejilla.
El viento sopló a mi alrededor agitando las copas de los árboles. Seguía en el mismo sitio en el que Edward me había dejado sola.
Solo tenía dos salidas.
Quedarme en casa de tío Charlie y dejarme morir de pena, eso si yo no decidía acabar antes con mi vida, claro.
O...
Volver con Harry.
Volver con Hermione. Con Ron. Con Fred, George, Ginny, Luna, Neville...
Si...
Estaba decidido volver a Hogwarts. Pero entonces el frío llenó la estancia y me volví al tiempo que observaba a dos enormes dementores echarse contra mí. Uno me cogió del cuello y sentí como empezaba a absorver mi alegría cuando le di un latigazo con la varita. Me levanté y apunté a ambos dementores con la varita.
-EXPECTO PATRONUM -bramé, y un espléndido puma plateado se abalanzó contra ellos haciéndolos retroceder hasta el punto de huida. Estaba por irme cuando de repente una lechuza se posó enfrente de mi con un vociferador que empezó a hablar con una voz chillona.
Señorita Potter,
Ha llegado a oidos del Ministerio que ha utilizado un conjuro
de forma ilegal en zona muggle antes de haber llegado a la
edad requerida para ello, que ahora está estipulada en 17 años.
Por ello, por la presente queda expulsada de la Academia Hogwarts
de Magia y Hechicería. En pocas horas destruiremos su varita.
Siempre suya,
Mafalda Hotkins
Directora del Departemento
Contra el Uso Indebido de
La Magia en Menores
Ministerio de Magia
Era obvio, debía escapar ya. Me desaparecí, sintiendo el familiar tirón en el ombligo, viéndome rodeada de un torbellino de colores y aparecí en la puerta de micasa. Pasé hecha un basilisco. Subí arriba y me encontré con los Cullen que me miraban sorprendidos.
-Bella ¿cómo has llegado tan deprisa? -preguntó Emmett.
-¿¡Y a ti que cuernos te importa!? -le grité furiosa. Sin preambulos entre en el cuarto.
-¿¡Qué haceis aquí!? -grité de nuevo, Esme se encogió ante el tono que usé con ellos y soltó un pequeño sollozo.
-Te prometí que sería como si nunca hubiera existido -murmuró Edward mirando al suelo.
-¿Quieres... tus regalos? -pregunté con un nudo en la garganta.
-No Bella, yo... solo...
-Pues bien, aquí tienes -repuse poniéndole los billetes de avión de sus padres y el vetido y el collar de sus hermanas en las manos.
-Bella, tu no me has entendido, amor... Verás... Tu... Yo... Con nosotros estás...
-Ah, y toma esto también -terminé sacando el CD que me había regalado con mi nana.- Oh, que desconsiderada soy, si no te cabe en las manos ya nada. Bueno no te preocupes Cullen, te lo pondré para llevar -repuse partiendo el CD por la mitad ante sus ojos y poniéndoselo en un bolsillo.
-Ahí tienes -le grité ante los ojos atónitos de todos, que parcía que no se creían lo que veían.- Ahora, ¿os vais?
-Yo... Bella... Lo has entendido todo mal... Si tan solo pudiéramos hablar...- parecía arrepentido por lo pasado en el bosque pero lo pasado, pasado está, no se puede ir hacia atrás.
-¿Os vais? -repetí, y al ver que no se movían, jugué sucio.- Teneis dos opciones, u os vais por las buenas, o por las malas, es decir, me pongo a gritar VAMPIROS a pleno pulmón.
-No serías capaz -replicó Rosalie, aunque parecía asustada. Estaba comenzando a marearme.
-Pruébame -repliqué retadora, pero de repente noté como me desplomaba.
-Bella, ¡BELLA! -me gritaba una preciosa voz insistente. Parecía preocupado. Me movía intentado espabilarme, con una mano tras mi cabeza y otra en mi cintura. Reuní todas mis fuerzas para responderle.
-Edward -conseguí decir. Entonces se me cerraron mis pesados párpados y todo se volvió negro, viniéndoseme la noche encima.