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¿Por última vez? — capítulo 1

Una gruesa capa de nieve cubría las calles y tejados ofreciendo la apariencia de que los escasos transeúntes que se llegaban a ver en la cuadra caminaban sobre copos de algodón. Bajé del auto tranquilamente, sin apurarme. Apenas abrí la puerta del coche, el frío invadió mi cuerpo. Era una mañana verdaderamente helada.

No podía evitar mirar hacia todos lados para saber si algún vecino me estaba observando. Mientras eso ocurría, mi mente hacía todos los intentos posibles por tranquilizarme y decirme que nadie, ni en la más remota de sus alucinaciones, podría llegar a creer que él y yo teníamos un romance. La mayoría del mundo vivía en la afortunada equivocación de que nosotros nos queríamos como si fuéramos hermanos.

Pero tras un primer y confuso beso furtivo, surgieron los primeros roces entre nosotros. A esta altura, ya podía asegurar que lo nuestro era un amor imposible ¿Pero cómo fue que, nosotros dos, siendo quienes éramos, terminamos enredados de esta manera? Tal vez era culpa del placer que se siente al experimentar lo prohibido. A lo mejor todo tenía que ver con que nadie me había protegido nunca como lo había hecho él. O puede que simplemente fuera todo causado por ese "no sé qué" que sentía cada vez que él me sonreía o que mi mirada encontraba casualmente sus ojos azules.

Pero esta vez sería diferente. Al menos a eso iba decidida. Las cosas debían cambiar. Por primera vez en mucho tiempo, no iba a buscar un encuentro furtivo mientras él estaba solo en su casa. Ahora estaba dispuesta a terminar con un romance que, si bien había sido una de las mejores experiencias de mi vida y jamás podría negar que lo había disfrutado, estaba condenado al fracaso y al rechazo. Lo nuestro era simple y sencillamente un amor imposible, de esos que solo terminan con un triste adiós o con un trágico final.

Respiré hondo antes de llamar a la puerta. Una parte de mí quería acabar con todo eso de manera rápida y abrupta; mientras que la otra mitad de mi ser insistía en que lo mejor era que las cosas siguieran su rumbo tal como estaban. Eso implicaba seguir con la rutina de decirle a Harry que iba a visitar a Luna cada jueves por la mañana, mientras él no parecía notar, o al menos no hacía ninguna pregunta sobre la razón por la cual me arreglaba y maquillaba mucho más que para cualquier otra actividad en la semana.

Y no es que no quisiera a mi marido, al contrario. Lo amaba muchísimo, y si estaba casada con él no era porque mi otro romance fuera imposible, sino por amor. Adoraba a Harry así como también a los tres hermosos niños que con él había tenido. Simplemente que cuando me encontraba con el hombre que en ese momento me esperaba del otro lado de la puerta de entrada, me sentía completa. Él era todo lo que yo necesitaba para aliviarme de los problemas cotidianos;del cansancio de estar horas en la casa escuchando las peleas entre James y Albus o los llantos de Lily.

Tal vez mi mayor problema era que desde que tenía once años estaba enamorada de los dos. Al principio tardé en darme cuenta de que lo que sentía por ese chico, aquél del que parecía imposible me enamorara y que incluso muchos creían lo odiaba, era un amor idéntico al que sentía por Harry. Sin embargo, el paso de los años se encargó de confirmármelo.

Apenas sonó el timbre, él apareció. Su sonrisa tierna, sus rizos, sus pupilas azules… todo eso hacía que mi decisión de abandonarlo comenzara a flaquear; con sólo verlo ya se me hacía más difícil. De todos modos, yo sabía que jamás podría abandonarlo en todo el sentido de la palabra. Sólo dejaría de verlo el día de su muerte o la mía. No solamente nuestro gran amor nos unía. Me abrazó al mismo tiempo que me invitaba a pasar. Por el orden reinante en el lugar, era evidente que su mujer acababa de salir.

Ella siempre salía a media mañana y regresaba pasado el mediodía. Yo ya sabía sus horarios a la perfección. No abandonaba su hogar hasta que no estuviera todo perfecto e impoluto.

Me adentré algunos pasos y dejé mi capa sobre el sofá.

La puerta se abrió y ella caminó con lentitud, casi de manera dolorosa, no comprendía por qué su cara era tan larga. La miré por un momento, mis ojos azules penetraron los suyos en donde sólo encontré algo de dolor y arrepentimiento. ¿Se lamentaba, acaso, de todo lo que había pasado?

Dejó su gran abrigo sobre el sofá y me miró casi de manera suplicante. Caminé lentamente hasta donde estaba ella y la abracé fuertemente, como temiendo que se desvaneciera como el humo de la estufa; o que se fuera volando y no volviera nunca más. La abracé con fuerza, casi con fiereza. Tratando de retenerla más tiempo.

Levanté su cara con temor y busqué sus ojos, pero estaban escondidos detrás de sus párpados. Sentía su angustia, y me mataba saber lo que estábamos haciendo. Porque yo quería a mi esposa, la amaba, pero aquella pelirroja de ojos tiernos y poderosos me volvía loco. Era como si ella me complementara a la perfección.Siempre me preguntaba desde cuándo sentía aquello, y suponía que desde el momento en que la vi con otros, o quizás antes. Quizás siempre la amé, por eso hacía que mi esposa se alisara de vez en cuando el cabello.

Siempre la amé

Busqué con ansias sus labios y los uní contra los míos, con temor. Busqué sus inhalaciones y sus respiraciones, quería absorberla en un suspiro. Ginny posó su mano en mi mejilla con lentitud, y luego simplemente se dejó caer en mis brazos completamente. Yo la abracé. La besé. La mimé como a una chiquilla hasta que sus suspiros fueron más pronunciados.

Alargué mis manos por todo su torso, ahora desnudo, y la llevé conmigo a dar un paseo excitante y placentero. Su cuerpo era muerte, muerte viva. Y, si su cuerpo era muerte, estaba dispuesto a morir todos los días con ella. Por un vago momento perdí la noción del tiempo. Luego de unos minutos estábamos dando tumbos hasta llegar a mi habitación, en donde se desparramaron nuestras ropas. Nos miramos por un segundo y luego todo pasó. Sus manos. Sus pies. Mis brazos la rodearon y nos amamos, aunque fuera por una última vez. Mi piel recorrió la suya que me quemaba con cada pasada. Estábamos sumergidos en algo más profundo y cálido que cualquiera de los océanos. Sus manos temblaban. Las mías la rodeaban con ternura cuando entré en ella por primera vez. Nuestras miradas se encendieron, al igual que mis movimientos. Mi boca recorrió su cuerpo. Su cuerpo recorrió mi boca de una manera tan endemoniadamente excitante. Yo susurraba por lo bajo. Ella gemía lentay sonoramente.

La rodeé con mis brazos por última vez y rodé hasta que Ginny quedó sobre mí. Apoyó su cabeza contra mi pecho desnudo y cerró los ojos. Siempre cerraba los ojos y me escuchaba respirar acompasadamente. Levantó la cara y me miró. Yo le devolví la mirada y le sonreí casi tímidamente.

—¿Crees que esto esté mal? — me susurró quedamente.

La miré por un momento, y la abracé aún más fuerte. Siempre había temido aquella pregunta, y procuraba no hacérmela a mí mismo. Sin embargo, sabía queno podría evadirla para toda la vida.

—¿Te sientes mal conmigo? — me miró extrañada por un momento, y luego negó con la cabeza —. Entonces no creo que esté mal. Mamá decía que viviéramos para amar…

— Si mamá lo supiese nos habría matado.

—Mamá entendería…

—¡Esto está mal, Ronald!

La abracé aún más fuerte y sentí su respiración sobre la mía.

—Te amo, Ginny. Te amo como a mi vida, no te vayas nunca.

— Yo también te amo, Ron. Pero siento que engaño a Harry ¡Los amo a los dos! ¡Siempre lo he hecho!

—Yo también te amo a ti y a Hermione, amo a mis hijos ¡Daría mi vida por ellos! — suspiré fuertemente—. Pero te necesito —admití en un hilo de voz.

—También te necesito…

Me abrazó con fuerza, y yo le devolví el abrazo. Vi que miró el reloj, cosa que también hice. Doce y treinta. Me miró asustada y fue por su ropa y su capa, Hermione no se demoraría mucho. Me dedicó una última mirada, se acercó lentamente a mí y me depositó un suave beso en mis labios. ¿Acabaría esto algún día?

Bien, esperamos y haya sido de su agrado. Esperamos sus reviews y opiniones, muchas gracias por leer y, por si lo haces, comentar :)

Petisa Mestiza&Dann 19