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Hogar convertido en paraiso — capítulo 1

Mientras observaba el oscuro cielo desde la Torre de Ravenclaw muchas cosas pasaban por mi cabeza… algo lógico; sí, pero eran cosas en las que nunca antes me había detenido a pensar. Tomé de mi mochila un pedazo de pergamino usado, era de la clase de Adivinación así que por un momento no importó. Mi lechuza ululó al pie de la ventana al percatarse que yo estaba a punto de escribir una carta. Aunque esa carta jamás se entregaría…

Entendía muy bien la frase muggle que citaba: "Nada es para siempre".

Porque después de dos años de lucha contra mis sentimientos, después de dos años de que esperaras por mí, fue que pudimos estar juntos.

Recuerdo la primera vez que tomaste mi mano encaminándonos así a nuestra primera cita.  Recuerdo la primera vez que nuestros labios se encontraron unos a otros, fundiéndose así en nuestro primer beso. Sucedió bajo la lluvia;  justo a lado del lago negro. No estábamos solos, el canto de las sirenas acompañó en todo momento nuestro mágico momento.

¿Sabes? Sonrío al verte a través de mis ojos. Al rememorar aquellas tardes en las que te apiadabas de mí y con una sonrisa burlona me explicabas detenidamente lo que el profesor Snape en cada clase intentaba que yo aprendiera; recuerdo esa dedicación tuya a los estudios, esa afición por ser sanador por sobre todas las cosas.

   ¿Cómo explicar que ese tiempo a tu lado había sido el mejor del mundo? ¿Cómo hacerle ver a las personas que si lloro de repente al escuchar cierta canción o frase es porque tu rostro inunda mi mente, llenando de tu aroma la habitación? Dime; ¿Cómo explicar que tu voz me susurra lentamente cuanto me quieres?

No evito el hecho de que en estos momentos mis ojos estén inundados de lágrimas. Hace tanto tiempo que no te veo, que no te toco, que no te escucho… que duele; duele bastante.

Sé bien que no es bueno pensar en ello,  sé que el daño a mi misma se vuelve más grande, algunos lo llamarían masoquismo pero, contemplo las estrellas, aquellas  que solían ser nuestras cada noche que pasamos juntos  y se vuelve inevitable no pensar en ti.

El recuerdo de nuestro primer baile acude a mi mente, aquel que fue organizado por tu perfecta familia, recuerdo nuestros atuendos y la perfecta sinfonía que escribíamos con tan solo mirarnos. No necesitamos música para poder bailar, la música éramos nosotros; tú y yo juntos. Recuerdo cada verso susurrado en la penumbra hacía tu musa inspiradora. Recuerdo cada roce, cada caricia, incluso puedo recordar cada mirada.  

Recuerdo también, la ocasión en que fuimos reprendidos por McGonagall debido a no estar en la Torre a la hora que establecida junto con las bellas palabras que me otorgaste antes de los TIMO's. Einevitablemente recuerdo tu hombro, aquel que tantas veces me brindaste para poder llorar.

Y por si no fueran ya suficientes recuerdos, más veces de las que desearía,  recuerdo aquella noche en la cual la bóveda estrellada fue testigo de nuestro amor. Cuando aún siendo tan jóvenes decidimos avanzar, decidimos que el otro era la persona que siempre habíamos esperado. Cómo olvidar aquellas palabras tuyas: "Eres el amor de mi vida"… ¡Que frase tan fuerte! Pero que bien me sentí al escucharla.

Constantemente me pregunto "¿Por qué?" ¿Por qué si todo era tan maravilloso, por qué si después de tanto tiempo habíamos logrado estar unidos el destino nos había separado?

Es idiota culparte por aquel hechizo mal logrado… por aquella noche en la que te empeñaste demasiado en lograr aquella poción de Snape… cuando nuestras vidas ya habían cambiado… ¿Por qué si me enamoraste decidiste dejarme?

Así como Merlín nos regaló nuestro amor, así sin más nos lo arrebató y como toque final, te arrebató a ti de mi lado.

  ¿Qué debería hacer? ¿Debo olvidarte? Si es así… ¿Cómo? Si en cada sueño veo tu rostro empapado de sudor sobre mis piernas, y como escenario la sala común destrozada… te escucho decir que tienes miedo, que no quieres dejarme, que no te quieres ir. Recuerdo la voz chillona del profesor Flitwic pidiendo que me alejara, los gritos a nuestro alrededor. Incluso puedo escuchar mi grito aterrado suplicándote: "¡No! ¡No me dejes!"… pero aún así me dejaste.

   Con tu rostro en mis manos, con tus ojitos dormilones mirándome… con tu boca tratando de forma una sonrisa… yo prometí estar por siempre a tu lado… ¿Y sabes? Eso me está llevando a la tumba…

Bajé la pluma húmeda. Sentía mi rostro hinchado por las lágrimas ¡Qué suerte que fuera el último día de clases! Abajo todos cenaban felices, despidiendo el curso, los de séptimo: como yo, despedían la etapa en Hogwarts. Mientras yo, escaleras arriba sin cesar el llanto, me despedía de ti.

Me recosté sobre la mesa, cerré los ojos y comencé a soñar contigo. Yo sabía que eso sucedería, después de verte de tal manera en mi mente estando consciente…

   Estabas tan deslumbrante como siempre, sonreíste al verme. Con esa sonrisa que siempre lograba hacerme perder toda cordura. Extendiste tu mano hacía mi, portabas el uniforme de Hogwarts junto con la bufanda de nuestra casa, Ravenclaw. Corrí buscando refugio en tus brazos.  ¿Qué más podía hacer? Esa era justamente mi reacción al verte en mis sueños…aunque esta vez se sintió diferente. Tu cuerpo era sólido, no se trataba de la ilusión de tenerte en mis brazos. Tu aroma me llenó, ese combinado perfecto de madera y tierra mojada que te caracterizaba. Tu calor me inundó ipso facto apenas tocaste mi cuerpo.

  -Estás aquí- dijiste con una enorme sonrisa aunque minutos después fue sustituida por una repentina expresión de tristeza, lo cual me hizo notar que algo no estaba bien- … estás aquí.

Hundí mi rostro en tu pecho, amoldándome a él. Me envolviste con tus brazos y besaste mi cabeza.

-Te he extrañado demasiado- murmuraste y sentí tu cálida respiración.

Sentí como tus lágrimas goteaban sobre mis brazos desnudos, alcé mi rostro buscando tu mirada y te contemplé.

-¿No te alegras de verme?- cuestioné sintiendo una punzada en medio de mi pecho.- Yo si me alegro, me hacías falta.

-Lo sé.- murmuraste muy bajo- Lo sé mi hermosa princesa. Gracias por venir, pero no debiste.

-¿Venir? ¿A dónde? Fuiste tú quien vino, como en cada sueño- Se separó de mí, y un intento de sonrisa se dibujo en su rostro.

 -¿Dónde estamos?- dijo de pronto.

Observé el lugar con atención. Era la torre de Astronomía. Una brillante luz entraba por las ventanas, caminé para observar si se trataba de una simple torre o verdaderamente nos encontrábamos en el colegio. Confirmé al ver los enormes jardines pertenecientes a Hogwarts. Nuestro segundo hogar.

-Estamos en nuestro hogar- murmuré al volver con él.

-Y siempre estaremos en nuestro hogar. Dicen que cuando alguien muere se dirige al paraíso, para mí siempre lo fue el colegio. Desde primer año, cuando te vi ser seleccionada enfrente de todos, desde aquel momento en que me saludaste y te presentaste, el colegio se transformó en mi hogar, mi lugar preferido, mi paraíso personal. Desde el momento en que aceptaste ser mi novia no existió otro lugar que no deseara más que el colegio. ¿Sabes? Siempre odié las vacaciones. Jamás podía verte, y volver a Hogwarts para verte nuevamente sonreír o mirarme del modo en como lo haces, era siempre mi mayor satisfacción -confesó.

   Me tomó varios segundos comprenderte porque al final yo sentía lo mismo por el colegio.

-Si el colegio es mi hogar contigo eso significa que…- se me quebró la voz.

-Estás conmigo mi hermosa princesa. Una parte de mí se alegra pero la otra se lamenta. No deberías estar aquí, aun no.

Volví a abrazarlo.  Aferrándome a él con más fuerza que nunca.

-No importa la manera, estando contigo estoy bien, nada importa- murmuré muy bajo.

-¿Segura?-

   -Tan segura como de que la luna es mucho más bella que el sol que entra. Porque para mí, Hogwarts se convirtió en mi hogar cuando te conocí, cuando me brindaste tu amistad por el simple "hola" que te di. Cuando te desvelaste conmigo para explicarme las cosas que McGonagall y Bins no lograron hacerme comprender en semanas. Hogwarts se hizo mi único hogar cuando supe que me amabas tanto como yo a ti, porque siempre será el lugar que me dio tantas alegrías a tu lado. Porque fue en el colegio donde me dijiste: "Eres el amor de mi vida". Y aunque solo una vez yo lo dije, aquí te lo repito, dentro de nuestro hogar, aún eres el amor de mi vida.

Sonreí y él me imitó. Nuestras sonrisas eran sinceras, de felicidad. Levantó mi rostro y plasmó sus labios sobre los míos de la manera más cálida, como hacía mucho tiempo no podía hacerlo.Y en esos momentos… sentí que la frase "nada es para siempre" era cierta. Pero esto que vivía no era el para siempre que yo esperaba del amor que le tenía. Era más del para siempre que podía esperar.