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Historia 70150 — capítulo 1
Los personajes son de J.K.Rowling, específicamente de la Tercera Generación. ¡Felíz día del amor y la amistad! Gracias por leer. Él negó con la cabeza. Era una mala idea. Corrección: era una terrible idea. Lo sabía perfectamente, pero se trataba de un recurso desesperado para unir a sus familias. La verdad es que les parecía una tarea imposible, pero nada perdían con intentarlo, o al menos con eso trataron de convencerse.
Desde que aquello comenzó, tuvo a toda la familia de Rose vigilando sus pasos y no fue fácil. Su propio padre se mostraba escéptico con esa relación; no le veía futuro. Scorpius no estaba seguro de que la idea de su novia de reunir a ambas familias sirviera de algo sino para traer más problemas, pero aceptó a regañadientes. Suponía lo que les esperaba.
Pero ella lo valía. Sí que lo valía. Como la vez que le pidió ir al parque de diversiones, y el chico detrás de ellos en la montaña rusa vomitó justamente en su nueva camisa. O como cuando los primos y el hermano de Rose habían inventado la "semana de pruebas" exclusivamente para él.
Jamás olvidará aquel balde de agua helada que lo despertó un lunes, ni el caramelo del jueves que le hizo crecer el pelo, que le quedó tan largoque le llegaba hasta el suelo - y mucho menos el apodo de "Rapunzel" que Fred Weasley le inventó para refregárselo en la cara cada vez que podía-. Y su trasero tampoco olvidaba la prueba final, que le hizo no poder sentarse por dos semanas.
Ella lo vale todo.
El día tan temido llegó. Draco Malfoy llegó a la casa de los Weasley con el aire de quien no sabe cómo llegó allí. Estudió el umbral, como si esperara que algo lo atacara desde dentro; incluso lanzó un hechizo que detectaba que hubieran puesto alguna trampa, receloso. Scorpius rodó los ojos.
—Bien, no hay peligro de que el imbécil de Weasley nos diera una desagradable bienvenida.
Astoria Malfoy soltó una risita nerviosa y tocó a la puerta. Una mujer castaña de aspecto agotado los recibió. Los saludó educadamente. El único en no responder fue Draco, que permanecía en un silencio inusual. Llegó al living y miró el suelo, como si no creyera aún que sus zapatos de reconocida marca italiana estuvieran pisando semejante territorio.
Fueron guiados a la cocina. Sobre la mesa había dos botellas de vino vacías. Ron estaba sentado con una copa llena en la mano y su hijo a su lado, riendo de un chiste acababa de decirle. Rose intentaba quitarle la copa a su padre, que refunfuñaba:
—Déjame, Rosie, estoy bien… ah, mira quiénes vinieron.—replicó volviéndose a los recién llegados. Hermione lo miró fulminante, advirtiéndole con los ojos que se comportara.
—No me sorprende que estés emborrachándote a semejante hora—musitó Draco despectivamente—. No tienes clase, Weasley.
—Draco.—susurró Astoria con exasperación, antes de que Ron tuviera tiempo a replicar. Aparentemente tenía la esperanza de que la cena fuera en paz.
—He preparado un pastel de riñones—repuso Hermione, intentando cambiar de tema para que el ambiente se relajara. Se acercó a la cocina y con un rápido y nervioso movimiento de varita, los platos y vasos se colocaron ordenadamente en la mesa—. Tomen asiento allí…
Astoria y Scorpius se sentaron frente a Ron Weasley, que acabó su copa de un trago. Draco siguió de pie en la puerta, incrédulo.
—Es una broma, ¿no? No pienso sentarme en la misma mesa que los Weasley.
—Puede quedarse allí parado el resto del día vernos comer, si así lo prefiere, señor Malfoy.—intervino entonces Hugo que, al igual que su padre, estaba ligeramente alegre por el alcohol. Éste le dio una palmada en la espalda como si lo felicitara.
Draco gruñó y se sentó, apoyando los codos sobre la mesa con tanta fuerza que la tambaleó. Vio a Hugo con los ojos entrecerrados, seguramente pensando que parecía el mismo Ron adolescente que recordaba en sus tiempos de escuela. Deseó hechizarlo por su impertinencia.
—Esto está delicioso, señora Weasley—comentó Astoria luego de unos cinco e interminables minutos de silencio, intentando ser educada. Scorpius sonrió a su madre, satisfecho de que al menos ella no estuviera haciendo una escena, y Rose, a su lado, hizo lo mismo—. Yo suelo cocinar…
—… cosa que es lo que deberían hacer los sirvientes que tenemos en la mansión, querida.—repuso Draco secamente, dejando en claro que el hecho de que su esposa cocinara para ellos era algo casi indecente.
Ron tosió algo que sonó a "típico". El rubio le dirigió una mirada asesina.
—¿Algo que decir, Weasley?
—Eso es algo típico de los Malfoy, ¿verdad? Dejar que los elfos domésticos hagan todo el trabajo. No me sorprendería saber que tu hijo no sabe lavarse ni sus propios calzones.
Scorpius se sonrojó, no se sabía si a causa de la vergüenza o la rabia.
—¡Papá!—intentó callarlo Rose. Hermione se tapó la boca con una mano y Astoria bajó la mirada a su plato, sin saber si intervenir o no.
—¿Qué? Es la verdad. ¿Sabes lavarte tus propios calzones?—Esta vez Ron le habló a Scorpius, con frialdad. Él no supo qué contestar, así que prefirió callar— ¿Lo ven? Estoy en lo cierto.
—Oh, así que con eso estamos, ¿eh?—repuso Draco, sonriendo con malicia— Puedes decir lo que quieras de mi familia, pero al menos en ella no hay incesto como en la tuya.—añadió, claramente refiriéndose al romance que tenía Hugo con Lily Luna.
Ron y su hijo menor dejaron caer los cubiertos al mismo tiempo en un gesto idéntico. El último tensó la mandíbula, sin moverse; su padre se paró, dejando caer la silla al suelo con un fuerte estrépito.
— ¡No te atrevas…!
—Sí me atrevo. ¿O qué, Weasley? ¿Le pondrás veneno a la comida la próxima vez que venga a cenar? No te tomes la molestia, porque jamás regresaré a esta mierda de…
—¡Papá!—Scorpius se levantó del asiento, con ganas de taparle la boca con las manos.
—¡Deja que termine, Scorpius! ¡Y tú!—Ron señaló a Draco con un dedo tembloroso— ¡Dime lo que quieras decir en la cara!
—¡Déjalo en paz, papá!-Esta vez fue Rose quien regañó a su padre. Los cuatro estaban de pie, mientras que Astoria y Hermione veían el espectáculo con horror, y Hugo parecía divertido.
—Tranquila, Rose. Durante casi siete años siempre gané estas peleas a tu padre.
—¿Ah, sí?
Rose tardó en reaccionar al momento siguiente, cuando vio que su padre agarraba un pedazo de pastel con la mano y lo lanzaba directo a Draco Malfoy, con la intención de ensuciar su impoluta camisa blanca con salsa.
—¡NOOOOOOO!
—Perfecto. Simplemente perfecto—Rose iba de un lado hacia el otro de su habitación, inquieta. Scorpius estaba sentado en el borde de su cama, alzándose de hombros con resignación—. ¡Es imposible que nuestras familias convivan!
Scorpius se puso de pie, se paró frente a ella, que detuvo su incesante caminar al instante, y tomó su mano entre las suyas.
—Te amo, Rosie—susurró de pronto, dándole un pequeño beso en la mano. Era así, cuando estaban a solas, que podía permitirse expresarse con tal fluidez—. Sé lo que eso implica. Llevará tiempo; no puedes esperar que dos personas que llevaron odiándose tantos años acaben con su enemistad de un día para el otro.
—Pero ya son gente adulta…—repitió la pelirroja, un poco distraída al sentir el roce de los labios del muchacho contra su piel.
—También nosotros—le recordó él pacientemente—. Somos mayores de edad. No pueden impedirnos nada.
Rose sonrió tristemente.
—Es verdad. Tenemos que tener paciencia. Es que… a veces tengo la sensación de que les causamos demasiados problemas, que sería más fácil si…
—¿Si qué?—la instó Scorpius— ¿Si no estamos juntos?
—Sí…
El rubio resopló.
—¿Sería más fácil para ti?
—No, no lo sería porque…—Rose sonrió de pronto, divertida, y se inclinó para depositar un pequeño beso en sus labios— te amo, Scorpius.Aún si no sabes lavarte tus propios calzones.
Se echó a reír de la expresión de desconcierto del rubio, que enseguida se unió a sus risas.
—¿Siempre será así contigo, Weasley?—murmuró, si bien no sonó a queja.
—Siempre—remarcó ella, empujándolo fuera de la habitación con prisa—. Ahora vete, que papá ya está bastante nervioso sabiendo que estamos aquí solos.
—¿Y el beso de despedida de Rose Weasley para mí?
—¿Y la patada en el trasero de Ron Weasley para ti?—bromeó Rose, cerrándole las puertas en las narices— Vete, Malfoy.—rió desde el otro lado.
Scorpius bajó las escaleras y cuando llegó a la planta baja se topó con la mirada enardecida de Draco Malfoy y Ron Weasley. Parecían contenerse para no arrojarse el uno sobre el otro.
Puso los ojos en blanco, se despidió de los señores Weasley con toda la cortesía de la que fue capaz y salió con sus padres para regresar a su Mansión.
Sabía que tenía razón, que llevaría tiempo. Ella lo vale todo, se dijo a sí mismo por enésima vez. Valía las amenazas de sus numerosos primos y hermano, los choques de su propia familia con la suya… Sí, podía soportarlo, y también cientos de reuniones familiares así.
El amor, después de todo, vuelve masoquista a cualquiera.